{"id":87965,"date":"2026-07-09T09:25:57","date_gmt":"2026-07-09T12:25:57","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/09\/un-hospital-espanol-es-parte-de-la-nueva-fotografia-del-parque-del-este\/"},"modified":"2026-07-09T09:25:57","modified_gmt":"2026-07-09T12:25:57","slug":"un-hospital-espanol-es-parte-de-la-nueva-fotografia-del-parque-del-este","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/09\/un-hospital-espanol-es-parte-de-la-nueva-fotografia-del-parque-del-este\/","title":{"rendered":"Un hospital espa\u00f1ol es parte de la nueva fotograf\u00eda del Parque del Este"},"content":{"rendered":"<p>Se escucha antes de verso.<\/p>\n<p>Entre la llovizna y el verde espeso del Parque General\u00edsimo Francisco de Miranda, en Caracasantes de cruzar el primer gran kiosco que se asoma desde la avenida Francisco de Miranda, el o\u00eddo capta un sonido ajeno al paisaje habitual. Una zeta castellana, la apertura limpia de las vocalesel tono preciso de quienes han montado hospitales en otras latitudes y esta ma\u00f1ana del 7 de julio, le explican a un bombero de Madrid d\u00f3nde debe ir exactamente una letrina port\u00e1til en tierra venezolana. Espa\u00f1a est\u00e1 aqu\u00ed.<\/p>\n<p>En trece carpas de lona color gris claro, alineadas, precisas, la Cooperaci\u00f3n Espa\u00f1ola mont\u00f3 un hospital que huele a desinfectantea lona calentada por el sol del mediod\u00eda ya la comida que dos cocineros de la ONG CESAL preparan para los cincuenta voluntarios del campamento.<\/p>\n<p>Cincuenta voluntarios atienden hasta 200 personas diarias | Foto Karem Gonz\u00e1lezAfuera, a menos de cien metros, una mujer bebe caf\u00e9 y comenta que, el d\u00eda anterior, las cuadrillas terminaron de limpiar el desastre que hab\u00eda. Hace siete d\u00edas el Parque del Este no era el Parque del Este. Hoy el espacio respira. Todav\u00eda con dificultad, pero respira.<\/p>\n<p>A lo largo del jard\u00edn xer\u00f3filo, junto a la concha ac\u00fastica, permanecen las cintas amarillas de advertencia. Zonas restringidas, vestigios de una ciudad improvisada sobre otra ciudad. &#8220;No pasar&#8221;, &#8220;Peligro&#8221;, &#8220;Cuidado&#8221;. Son los l\u00edmites que trazaron los cuerpos de seguridad para proteger las zonas m\u00e1s vulnerables tras la avalancha de refugiados que provoc\u00f3 el doble terremoto del 24 de junio. Nadie ha retirado las cintas. Ciertos suelos siguen sin ofrecer garant\u00edas durante la noche, cuando la vigilancia disminuye y los da\u00f1os estructurales se vuelven invisibles.<\/p>\n<p>Siguen activos los centros de acopio tras el doble terremoto ocurrido en Venezuela | Foto Karem Gonz\u00e1lezDesde la entrada del estacionamiento de la autopista se extiende una hilera de toldos multicolores. Ropa, comida y enseres b\u00e1sicos son clasificados y redistribuidos por los voluntarios. El volumen de donaciones baj\u00f3 respecto a los primeros d\u00edas, cuando los camiones de carga se deten\u00edan a cada momento, pero el flujo es constante.<\/p>\n<p>La emergencia no termina porque la autopista recupera el tr\u00e1fico o las aplicaciones de entrega a domicilio retomen sus rutas. Esa es la superficie. La reconstrucci\u00f3n ocurre m\u00e1s despacio, en capas que no se ven desde afuera, con el ojo apurado.<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n del parque hacia La Carlota est\u00e1 100% operativa y recuperada | Foto Karem Gonz\u00e1lezDentro del parque, la cotidianidad se fragmenta. Adultos mayores cumplen su recorrido matutino. Parece que necesitan de ese ritual hoy m\u00e1s que nunca para no perder la cordura. Una femenina entrena en una de las canchas de f\u00fatbol en la zona de selecci\u00f3n de La Carlota. Hay padres con ni\u00f1os peque\u00f1os que aprovechan la suspensi\u00f3n de las clases para correr entre los \u00e1rboles. En las caminer\u00edas, algunas personas hacen respiraciones o yoga descalzas, con los pies en el pasto. El lago de los barquitos est\u00e1 tranquilo pero operativo. El kiosco de las cocadas y el local junto a las canchas de p\u00e1del mantienen las puertas abiertas\u2026<\/p>\n<p>El parque no luce igual. Pero sus cicatrices ya permiten que la vida pase por encima. La escena ser\u00eda casi dom\u00e9stica si no existiera, pegada al borde, la memoria inmediata del derrumbe.<\/p>\n<p>Las lluvias recientes devolvieron el verde a sus caminer\u00edas y el floreado a sus \u00e1rboles | Foto Karem Gonz\u00e1lezLos animales tambi\u00e9n resisten. Los monos, el perrito de agua que se viraliz\u00f3 hace semanas por las condiciones del espacio que habitaba, ahora limpio y adaptado; las tortugas, las ardillas, los patos reciben atenci\u00f3n. Los cuidados se mantienen. El parque no perdi\u00f3 a sus especies durante el terremoto. Eso, en estas semanas, es una se\u00f1al de que algo se mantuvo en pie.<\/p>\n<p>Acento espa\u00f1ol y un hospital sin paredesEl hospital de campa\u00f1a START, Equipo M\u00e9dico de Emergencia Tipo 1, de la Agencia Espa\u00f1ola de Cooperaci\u00f3n Internacional para el Desarrollo \u2014AECID\u2014 tiene como prop\u00f3sito contener el desborde.<\/p>\n<p>Es un mecanismo dise\u00f1ado espec\u00edficamente para emergencias masivas donde la infraestructura sanitaria local queda comprometida y la demanda supera cualquier capacidad instalada previa.<\/p>\n<p>Antes de aterrizar en Venezuela, este mismo equipo oper\u00f3 en el terremoto de Turqu\u00eda, en las inundaciones de Mozambique, en los da\u00f1os del hurac\u00e1n Melissa en el Caribe en 2025.<\/p>\n<p>&#8220;Desgraciadamente, nos ha tocado mucho&#8221;, dice Pilar Baselga, jefa de la misi\u00f3n. &#8220;Y estas alarmas son cada vez m\u00e1s recurrentes&#8221;.<\/p>\n<p>Pilar Baselga, jefa de misi\u00f3n del hospital de campa\u00f1a INICIO | Foto Karem Gonz\u00e1lezEl equipo lleg\u00f3 el 1 de julio. La tarde del d\u00eda 4, con los permisos de las autoridades venezolanas, comenz\u00f3 a trabajar. Tres d\u00edas de montaje bastaron para instalar electricidad, agua potabilizada, letrinas, \u00e1rea cl\u00ednica, zona de pernocta, cocina.<\/p>\n<p>Baselga economiza las palabras. Sabe que cada minuto cuenta. Jefa de misi\u00f3n de la AECID, coordina a treinta sanitarios voluntarios del Sistema Nacional de Salud Espa\u00f1ol \u2014m\u00e9dicos, enfermeras, enfermeros\u2014 y diez log\u00edsticos: bomberos de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de Madrid que se encargaron del montaje de la infraestructura, el saneamiento, la instalaci\u00f3n de agua y electricidad. En total, cincuenta personas.<\/p>\n<p>El agua es uno de los recursos m\u00e1s preciados no solo por el personal sino por quienes van a atenderse al hospital | Foto Karem Gonz\u00e1lez&#8221;No queremos molestar donde lleguemos&#8221;, dice. &#8220;No queremos sobrecargar a los pa\u00edses. Somos totalmente autosuficientes energ\u00e9ticamente, en agua, en comida&#8221;.<\/p>\n<p>Esa agua es la que consume el m\u00e9dico personal, la que beben los rescatistas y la que abastece a las fuerzas de seguridad del per\u00edmetro. Es agua garantizada al margen de las fallas cr\u00f3nicas de la red p\u00fablica local.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s llamativo es la autosuficiencia: el hospital genera su propia electricidad, potabiliza el agua del parque con sistemas tra\u00eddos desde Espa\u00f1a, tiene cocineros propios y letrinas independientes.La autosuficiencia no es solo operativa. Cuando se asiste a una tragedia, se llega para sumar. El hospital procesa su propia realidad. El parque cuenta con suministro de agua, lo que facilit\u00f3 las labores, pero el equipo trajo desde Espa\u00f1a plantas potabilizadoras port\u00e1tiles que filtran, cloran y almacenan el l\u00edquido. El agua que sale de esos sistemas es la que consume el hospital, la que bebe los rescatistas que trabajan cerca, la que sirve al personal de seguridad en el \u00e1rea. Agua garantizada, sin importar lo que ocurra en la red local.<\/p>\n<p>Las especialidades del hospital incluyen pediatr\u00eda, ginecolog\u00eda, traumatolog\u00eda, laboratorio de an\u00e1lisis, radiolog\u00eda con rayos X, farmacia y un gabinete psicosocial con psiquiatra y psic\u00f3logo.<\/p>\n<p>Es una cobertura que en condiciones normales requerir\u00eda una instalaci\u00f3n permanente. Aqu\u00ed \u00f3pera en trece carpas, doce horas al d\u00eda, de siete de la ma\u00f1ana a siete de la noche.<\/p>\n<p>Hace apenas una semana, el Parque del Este era un campamento de damnificados | Foto Karem Gonz\u00e1lezEn los dos primeros d\u00edas completos de operaci\u00f3n, el promedio ronda las doscientas personas atendidas. &#8220;Mucha gente entra a salud mental&#8221;, se\u00f1ala Baselga. Despu\u00e9s menciona traumatolog\u00eda. Luego las consultas respiratorias, los chequeos generales. Los &#8220;no me encuentro bien&#8221; que en otro contexto resolver\u00edan con reposo domiciliariopero que ahora llegan al hospital porque la casa ya no existe.<\/p>\n<p>El hospital no opera directamente en La Guaira. Las autoridades venezolanas trasladan en autobuses a personas desde los campamentos cercanos hasta el parque.<\/p>\n<p>La sustentabilidad es la mejor forma, dice la jefa de misi\u00f3n espa\u00f1ola, de ejercer las labores de salud en el hospital de campa\u00f1a.Quien pueda acercarse por sus propios medios tambi\u00e9n es recibido. Para los casos que superan la capacidad del hospital, hay ambulancias que derivan hacia hospitales de referencia. El START funciona como primer nivel: contiene, estabiliza, trata. Lo que excede sus l\u00edmites, lo transfiere. Lo que no puede ver, lo deja para despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Garantizan operatividad hasta el 20 o 24 de julio. &#8220;Eso depende de las autoridades, de c\u00f3mo vayan gestionando la din\u00e1mica de la poblaci\u00f3n&#8221;, afirma.<\/p>\n<p>Ojos apagadosCruzando la laguna hacia el lado de La Carlota, junto a uno de los kioscos m\u00e1s grandes del parque, hay un grupo de guardaparques de Inparques sentados en un banco. No son visitantes descansando. Llevan dos semanas operando como rescatistas dentro del espacio.<\/p>\n<p>Cuando el parque era campamento de refugiados, ellos eran el tejido que sosten\u00eda el caos interno: orientaban, conten\u00edan, asist\u00edan. Ning\u00fan comunicado los nombr\u00f3. Ninguna foto oficial los busc\u00f3.<\/p>\n<p>Los guardaparques de Inparques trabajaron durante la instalaci\u00f3n del refugio | Foto Karem Gonz\u00e1lezNo quiero hablar con c\u00e1mara. No dan su nombre. Pero el cuerpo habla por ellos: los p\u00e1rpados pesados, han dormido poco; la voz sin inflexi\u00f3n pues han repetido las mismas instrucciones cientos de veces y los ojos apagados de aquellos que han procesado m\u00e1s de lo que le correspond\u00eda en el tiempo que les dieron.<\/p>\n<p>En dos semanas ser\u00e1n relevados por otro grupo. Mientras tanto, siguen en ese banco, entre un parque que vuelve a ser parque y una emergencia que todav\u00eda no termina.<\/p>\n<p>El Parque General\u00edsimo Francisco de Miranda lleva d\u00e9cadas cargando el peso simb\u00f3lico de Caracas. Ha sido refugio, espacio de protesta, lugar de encuentro, escenario de fiestas y de luto.<\/p>\n<p>El Parque del Este recibe a sus habitualesLo que ocurri\u00f3 en junio de 2026 le a\u00f1ade un cap\u00edtulo que no estaba en ning\u00fan manual: el de un parque que se convirti\u00f3 en ciudad cuando la ciudad no pudo serlo.<\/p>\n<p>Las lluvias de la temporada hicieron su parte. El pasto luce verde, los \u00e1rboles est\u00e1n florecidos, el suelo abandon\u00f3 el tono \u00e1rido de la sequ\u00eda. El ambiente huele a tierra h\u00fameda ya caf\u00e9 filtrado. Hay parejas, aunque pocas: el amor, dice alguien en voz baja al pasar, todav\u00eda tendr\u00e1 que esperar un poco m\u00e1s aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Hay ni\u00f1os en los juegos. Hay corredores. Hay gente meditando descalza junto a los helechos.<\/p>\n<p>Los pocos ni\u00f1os que se ven disfrutan de los parques y \u00e1reas de diversi\u00f3n.Fotos: Karem Gonz\u00e1lezY hay, a metros de todo eso, cincuenta espa\u00f1oles que atienden a doscientas personas por d\u00eda entre las palmas. Durmiendo en el mismo terreno donde operan, bebiendo el agua que potabilizaron ellos mismos, comiendo lo que cocinaron sus propios cocineros.<\/p>\n<p>\u201cUn abrazo a todo el pueblo venezolano de parte del pueblo espa\u00f1ol\u201d, dijo Pilar Baselga antes de despedirse y seguir a la siguiente entrevista. Lo dijo sin \u00e9nfasis especial; Ten\u00eda que volver al trabajo. Y eso resume lo que hay aqu\u00ed: gente que vino a trabajar. Que trajo todo. Que no pidi\u00f3 nada. Que mont\u00f3 un hospital en un parque y no hizo ruido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se escucha antes de verso. Entre la llovizna y el verde espeso del Parque General\u00edsimo Francisco de Miranda, en Caracasantes de cruzar el primer gran kiosco que se asoma desde la avenida Francisco de Miranda, el o\u00eddo capta un sonido ajeno al paisaje habitual. 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