{"id":86155,"date":"2026-07-05T13:15:41","date_gmt":"2026-07-05T16:15:41","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/05\/que-senti-al-volver-a-la-guaira-y-ver-que-el-lugar-en-el-que-naci-esta-ahora-devastado-y-con-cadaveres-apilados\/"},"modified":"2026-07-05T13:15:41","modified_gmt":"2026-07-05T16:15:41","slug":"que-senti-al-volver-a-la-guaira-y-ver-que-el-lugar-en-el-que-naci-esta-ahora-devastado-y-con-cadaveres-apilados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/05\/que-senti-al-volver-a-la-guaira-y-ver-que-el-lugar-en-el-que-naci-esta-ahora-devastado-y-con-cadaveres-apilados\/","title":{"rendered":"Qu\u00e9 sent\u00ed al volver a La Guaira y ver que el lugar en el que nac\u00ed est\u00e1 ahora devastado y con cad\u00e1veres apilados."},"content":{"rendered":"<p>Aunque crec\u00ed en Caracas, nac\u00ed en La Guaira, un lugar al que siempre regres\u00e9 y del que guardo algunos de mis recuerdos m\u00e1s felices. Por ello, volver ahora y ver la destrucci\u00f3n provocada por los terremotos de la semana pasada me dej\u00f3 una profunda impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Recuerdo los fines de semana c\u00f3mo me emocionaba de ni\u00f1o cuando mi mam\u00e1 me despertaba temprano para decirme que \u00edbamos a pasar el d\u00eda en La Guaira, a la casa de mi abuela.<\/p>\n<p>Era, como para muchos venezolanos, sin\u00f3nimo de playa, sol y diversi\u00f3n. Para m\u00ed, adem\u00e1s, lo era de familia, e incluso del lugar donde pas\u00e1bamos las Navidades.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en la adolescencia, mi relaci\u00f3n con La Guaira cambi\u00f3. Ya no iba solo con mi mam\u00e1, sino con amigos.<\/p>\n<p>Busc\u00e1bamos la manera de bajar desde el valle de Caracas hasta la playa: cualquier forma de hacer ese recorrido de 45 minutos cuando a\u00fan no pod\u00edamos conducir. Compr\u00e1bamos lo necesario para pasar el d\u00eda entero y volvimos al caer la noche, intentando aprovechar cada minuto de sol.<\/p>\n<p>Un par de veces me fui sin pedir permiso; Al regresar, mi madre me mir\u00f3 de reojo al verme bronceado. Me preguntaba d\u00f3nde hab\u00eda estado, pero ya sab\u00eda la respuesta.<\/p>\n<p>Incluso despu\u00e9s de irme del pa\u00eds, La Guaira sigui\u00f3 presente. El aeropuerto de Maiquet\u00eda es la principal puerta de entrada y salida de Venezuela, as\u00ed que lo primero que veo al volver al pa\u00eds es eso: el mar y la gran monta\u00f1a que separa La Guaira de Caracas.<\/p>\n<p>Por eso, estar hoy aqu\u00ed es dif\u00edcil de similar para m\u00ed y para cualquier venezolano.<\/p>\n<p>La magnitud de la destrucci\u00f3n es impresionante. De La Guaira que conoc\u00ed queda muy poco, apenas vestigios de una ciudad completamente transformada por dos terremotos que, en menos de un minuto, lo cambiaron todo.<\/p>\n<p>Cientos de edificios colapsaron en la regi\u00f3n. El gobierno habla de millas de v\u00edctimas y hay estimaciones de decenas de millas de desaparecidos. Pero la realidad es que la cifra sigue estando incierta. Algunos hablan de m\u00e1s de 50.000 personas desaparecidas.<\/p>\n<p>El coordinador residente de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla del Tindaro, se\u00f1al\u00f3 este martes que, aunque todav\u00eda se est\u00e1n rescatando sobrevivientes de entre los escombros, ya se encuentran en proceso de adquisici\u00f3n de 10.000 bolsas para cad\u00e1veres.<\/p>\n<p>Playa Los Corales | BBC MundoOtra VenezuelaUno de mis recuerdos de infancia m\u00e1s recurrentes \u2014y que todav\u00eda hoy me transmite tranquilidad\u2014 es el de los domingos en La Guaira. Despu\u00e9s de pasar el d\u00eda entero jugando con mis primos, regresamos a Caracas ya muy de noche. Yo iba tan cansado que me quedaba dormido apenas me sentaba en el asiento del veh\u00edculo, y mi madre me despertaba al llegar a casa.<\/p>\n<p>Aquella era otra Venezuela. Otra Guaira.<\/p>\n<p>Ya no era la &#8220;Venezuela saudita&#8221; del boom petrolero de los 70 \u2014cuando la moneda era tan fuerte que muchos viajaban a Miami a gastar sin medida\u2014, pero el pa\u00eds todav\u00eda arrastraba algo de aquella prosperidad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda pasado el Viernes Negro y la crisis que le sigui\u00f3, pero durante los 90 a\u00fan quedaban rastros de una vida m\u00e1s estable. De eso todav\u00eda tengo recuerdos.<\/p>\n<p>Era un pa\u00eds con menos inseguridad, donde se pod\u00eda viajar de noche sin miedo, algo que cambiar\u00eda dr\u00e1sticamente a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Y era una Guaira que a\u00fan no hab\u00eda sido golpeada por la tragedia de Vargas de 1999, cuando las lluvias torrenciales provocaron deslaves e inundaciones que dejaron millas de muertos. Hasta hoy, el n\u00famero exacto de v\u00edctimas no se conoce y las estimaciones llegan hasta los 50.000.<\/p>\n<p>Tampoco se sabe con precisi\u00f3n cu\u00e1ntas personas perdieron sus hogares, aunque se habla de decenas de millas. Mi abuela fue una de ellas.<\/p>\n<p>Nunca volvimos a pasar Navidad en aquella casa con vista al mar Caribe, tan presente en mi infancia.<\/p>\n<p>La Guaira de mis recuerdos tampoco hab\u00eda sido a\u00fan golpeada por la crisis econ\u00f3mica, pol\u00edtica y social que llegar\u00eda una d\u00e9cada despu\u00e9s y que hoy ha dejado profundas huellas en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Cuando muchos venezolanos empezaban a recuperarse de ella, esta nueva tragedia amenaza con profundizarla.<\/p>\n<p>A una semana de la cat\u00e1strofe, muchos venezolanos a\u00fan guardan las esperanzas de encontrar sobrevivientes | BBC MundoHumor y solidaridadMientras reportaba sobre los terremotos, me ocurri\u00f3 algo inesperado. Caminando por un campo de damnificados, reconoc\u00ed un rostro. Era la hija de una vecina de mi abuela. Ahora tiene dos hijos.<\/p>\n<p>Me dijo que me hab\u00eda visto minutos antes, pero que le hab\u00eda dado pena acercarse. Pe\u00f1a de que la viera all\u00ed. De que viera en lo que se hab\u00eda convertido su vida tras los terremotos y a\u00f1os de crisis.<\/p>\n<p>Habl\u00f3 con una ligereza que sorprender\u00eda a muchos, pero no a un venezolano. Me he dado cuenta de que incluso ante tanta adversidad, muchos recurrimos al humor para hablar de lo m\u00e1s duro. Para no quebrarnos, para salir adelante.<\/p>\n<p>Eso lo confirm\u00f3 durante mis visitas a La Guaira estos d\u00edas. Varias de las personas que entrevist\u00e9 \u2014algunas con familiares a\u00fan bajo los escombros\u2014 no dudaron en re\u00edrse de su propio aspecto tras pasar d\u00edas sin dormir.<\/p>\n<p>Uno de los lugares que visit\u00e9 fue Playa Los Cocos, donde muchos caraque\u00f1os iban cada fin de semana. Recuerdo sus restaurantes, sus hoteles, las fiestas.<\/p>\n<p>Hoy solo quedan escombros. Vigas expuestas. Concreto reducido a polvo. Y la emblem\u00e1tica playa est\u00e1 evidentemente desierta.<\/p>\n<p>Muchos familiares a\u00fan siguen buscando a sus seres queridos a una semana de la tragedia | BBC MundoLa tragedia no ha borrado el car\u00e1cter de la gente. M\u00e1s all\u00e1 del dolor, la rabia y la p\u00e9rdida, lo que m\u00e1s me ha marcado es c\u00f3mo ha reforzado una caracter\u00edstica que muchos asocian con los venezolanos: la abrumadora solidaridad.<\/p>\n<p>He hablado con personas que han viajado desde otras regiones del pa\u00eds para remover escombros de edificios cuyos nombres ni siquiera conocen. No buscan a nadie en particular. Solo quiero ayudar.<\/p>\n<p>Otros, que no pueden hacerlo b\u00e1sicamente, colaboran como pueden. Hay grupos que se levantan de madrugada en Caracas para cocinar cientos de arepas y repartirlas en La Guaira. Otros llevan caf\u00e9, agua, ropa.<\/p>\n<p>El Domo Jos\u00e9 Mar\u00eda Vargas, antes sede de eventos deportivos, se ha convertido en un gran centro de acopio. All\u00ed, cientos de personas que lo perdieron todo duermen ahora en carpas o sobre colchones. Muchos repiten lo mismo: lo importante es que est\u00e1n vivos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n ah\u00ed se ve otra forma de solidaridad: mujeres que intentan animar a los ni\u00f1os afectados, muchos de los cuales perdieron a sus padres. Con juegos y palabras tratan de sacarles una sonrisa. A veces lo logran.<\/p>\n<p>&#8220;\u00bfPor qu\u00e9 nos pasa esto si somos un pueblo bueno?&#8221;Ten\u00eda nueve a\u00f1os cuando ocurri\u00f3 la tragedia de Vargas en 1999 y la viv\u00ed de cerca. Mi familia particip\u00f3 durante d\u00edas en las labores de ayuda a los damnificados. Recuerdo a mi madre bajar cada d\u00eda con el rostro tenso y agotado, llevando comida a muchos de los afectados, amigos y familiares. A esa edad, yo me quedaba en casa siguiendo los acontecimientos por televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero esta vez hay algo distinto. Esta tragedia ocurre en un momento en el que Venezuela intentaba levantarse de una profunda crisis que ha obligado a millones a emigrar y ha deteriorado la vida de los que se quedaron. Y eso hace que el golpe se sienta a\u00fan m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 un d\u00eda y medio despu\u00e9s de los terremotos y r\u00e1pidamente me mantuve sumamente ocupado, intentando sostenerme. Pero cada d\u00eda pesa m\u00e1s.<\/p>\n<p>La s\u00e9ptima ma\u00f1ana despu\u00e9s del terremoto, escuch\u00e9 en la radio a una periodista de un medio local que rompi\u00f3 a llorar en vivo. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 nos pasa esto si somos un pueblo bueno y trabajador?&#8221;, pregunt\u00f3 mientras trataba, sin \u00e9xito, de contener las l\u00e1grimas. Dec\u00eda que era una mujer joven que llevaba a\u00f1os luchando por salir adelante, pero que siente que es una tragedia tras otra.<\/p>\n<p>Ese momento me desarm\u00f3.<\/p>\n<p>BBC MundoEl olor a muerteFui a Los Silos, una estructura ic\u00f3nica de 36 metros que domina el horizonte del centro hist\u00f3rico de La Guaira y que fue intervenida por el artista cin\u00e9tico Carlos Cruz-Diez. Ante el n\u00famero de muertos, fue habilitada como una morgue improvisada.<\/p>\n<p>Al entrar, el olor a muerte lo invade todo.<\/p>\n<p>Cientos de personas llegan en busca de sus familiares. Los cuerpos yacen sobre la tierra, expuestos y cubiertos con bolsas de pl\u00e1stico, descomponi\u00e9ndose r\u00e1pidamente bajo el sol. Afuera, alguien susurr\u00f3 que aquello parec\u00eda una pel\u00edcula de terror.<\/p>\n<p>Los familiares intentaban identificar a las v\u00edctimas, pero muchos ya son irreconocibles.<\/p>\n<p>No solo el olor. Tambi\u00e9n los sonidos de La Guaira han cambiado.<\/p>\n<p>Antes se escuchaban las olas del mar, a veces mezcladas con conversaciones y, en otros momentos, con salsa o reguet\u00f3n que sal\u00eda de los restaurantes y bares de la zona, o de los carros y autobuses que transportaban a vacacionistas y locales a lo largo de la costa.<\/p>\n<p>Ahora domina el ruido de la maquinaria, los gritos de quienes buscan a sus familiares. Y, en muchos momentos, el silencio, que es una herramienta: los rescatistas se detuvieron para escuchar si hay se\u00f1ales de vida bajo los escombros.<\/p>\n<p>Pero otras veces el silencio es puro shock.<\/p>\n<p>Recorri\u00f3 hospitales donde familias buscan desesperadamente a sus seres queridos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n habl\u00f3 con sobrevivientes que pasaron horas atrapados y que ahora viven con miedo. Ha habido cientos de r\u00e9plicas.<\/p>\n<p>Yo mismo sent\u00ed una. La ma\u00f1ana del 29 de junio un temblor me despert\u00f3 a las 7:00 de la ma\u00f1ana. Pas\u00e9 horas en alerta, dudando incluso de mis propios sentidos y de si acababa de sentir otro.<\/p>\n<p>Muchos amigos que vivieron el 24 de junio a\u00fan se sienten en la cama que el mundo se mueve.<\/p>\n<p>Una mujer de 35 a\u00f1os me cont\u00f3 que sali\u00f3 corriendo con sus dos hijas cuando comenz\u00f3 el temblor ese mi\u00e9rcoles. Su edificio se fractur\u00f3, pero sigue en pie. Fue uno de los pocos de la zona de Caraballeda, en La Guaira, que no pas\u00f3.<\/p>\n<p>Me dijo que intenta mantenerse fuerte por sus ni\u00f1as, como lo hizo su madre por ella durante la tragedia de 1999, cuando ella ten\u00eda s\u00f3lo 9 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La Guaira, que siempre fue un escape para los caraque\u00f1os, hoy es un lugar marcado por la angustia.<\/p>\n<p>&#8220;Nos levantaremos, como lo hicimos despu\u00e9s de la tragedia de Vargas&#8221;, me dicen.<\/p>\n<p>Yo ten\u00eda 9 a\u00f1os entonces.<\/p>\n<p>Hoy, viendo el nivel de destrucci\u00f3n, me pregunto cu\u00e1nto tiempo tomar\u00e1 esta vez levantarse. Y qu\u00e9 pasar\u00e1 con las millas de personas que ya no tienen hogar, en un pa\u00eds donde las crisis y las tragedias se suceden.<\/p>\n<p>Nunca hab\u00eda visto a mi pa\u00eds sufrir as\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque crec\u00ed en Caracas, nac\u00ed en La Guaira, un lugar al que siempre regres\u00e9 y del que guardo algunos de mis recuerdos m\u00e1s felices. Por ello, volver ahora y ver la destrucci\u00f3n provocada por los terremotos de la semana pasada me dej\u00f3 una profunda impresi\u00f3n. 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