{"id":85923,"date":"2026-07-04T19:17:33","date_gmt":"2026-07-04T22:17:33","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/04\/cuando-la-caza-menor-se-da-entre-el-agua-y-el-rastrojo\/"},"modified":"2026-07-04T19:17:33","modified_gmt":"2026-07-04T22:17:33","slug":"cuando-la-caza-menor-se-da-entre-el-agua-y-el-rastrojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/07\/04\/cuando-la-caza-menor-se-da-entre-el-agua-y-el-rastrojo\/","title":{"rendered":"Cuando la caza menor se da entre el agua y el rastrojo"},"content":{"rendered":"<p>                                              La temporada de caza menor 2026 comenz\u00f3 dejando una conclusi\u00f3n inesperada: contra toda l\u00f3gica aparente, los campos agr\u00edcolas mostraron mayor poblaci\u00f3n de perdices que algunos tradicionales establecimientos ganaderos. La comparaci\u00f3n entre Rauch, Tapalqu\u00e9 y Bol\u00edvar termin\u00f3 revelando un escenario distinto al imaginado antes de salir al monte. Veamos el d\u00eda a d\u00eda de la cacer\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>       El 1 de mayo viajamos junto a Daniel Callisto, mi compa\u00f1ero habitual de cacer\u00edas, y otros dos cazadores \u2013padre e hija\u2013 hacia Rauch. El amanecer encontr\u00f3 los campos cubiertos de humedad, con pastos altos castigados por las heladas tard\u00edas y el pisoteo constante del ganado. Hab\u00eda un sol limpio y un viento moderado, de esos que obligan a las perdices a apretar el vuelo y a los perros a trabajar con precisi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Papeles en regla    Tras cumplir con los controles y permisos correspondientes en la Polic\u00eda Rural, emprendimos camino hacia la estancia Don Alonso, un establecimiento ganadero de unas 5.000 hect\u00e1reas. Apenas ingresamos qued\u00f3 claro que la jornada no ser\u00eda sencilla. Las lluvias hab\u00edan dejado bajos anegados, barro pesado y sectores pr\u00e1cticamente intransitables. Cada caminata exig\u00eda esfuerzo y paciencia. En ese tipo de campos ganaderos el paisaje tiene otra respiraci\u00f3n. Los alambrados largos parecen perderse en el horizonte, los molinos giran lentos sobre aguadas desbordadas y el suelo, siempre marcado por pezu\u00f1as, conserva una humedad oscura que se pega a las botas. Hay manchas de pasto duro, pajonales altos y sectores abiertos donde el ganado domina la escena mucho antes que la fauna silvestre. All\u00ed, las perdices suelen esconderse m\u00e1s de lo que vuelan y cada muestra del perro rompe un silencio espeso, apenas cortado por el viento y alg\u00fan mugido lejano.<\/p>\n<p>       Nos recibieron Luis Marcelo Zegarelli y su hija Gianina, quienes nos hab\u00edan invitado a compartir la salida. Hoy no es frecuente ver a una hija disfrutar de esta actividad junto a su padre, y Gianina particip\u00f3 de cada detalle de la jornada: abri\u00f3 tranqueras, corri\u00f3 boyeros el\u00e9ctricos, junt\u00f3 le\u00f1a para el asado y colabor\u00f3 incluso en la limpieza de las piezas cobradas. Los acompa\u00f1aba Tina, una bretona de cuatro a\u00f1os que Daniel hab\u00eda entregado tiempo atr\u00e1s a la familia, luego del fallecimiento de su due\u00f1o original. La perra mostr\u00f3 un trabajo admirable, con resistencia y firmeza en condiciones realmente exigentes. Nosotros salimos con M\u00eda y Alice, dos hermanas bretonas de apenas dos a\u00f1os y medio, j\u00f3venes todav\u00eda, pero con excelente nariz y un entusiasmo inagotable.<\/p>\n<p>       No era como lo imagin\u00e1bamos\u00a0    La jornada se desarroll\u00f3 con una escopeta superpuesta Perazzi calibre 12\/70 y una Franchi de tiro del mismo calibre, utilizando cartuchos cargados con munici\u00f3n 7 de 28 g. En un terreno as\u00ed, cada disparo requer\u00eda reacci\u00f3n inmediata y precisi\u00f3n absoluta: las pocas perdices encontradas levantaban vuelo corto, bajo y sorpresivo.<\/p>\n<p>    La expectativa inicial era alta. Un establecimiento ganadero de semejante dimensi\u00f3n hac\u00eda imaginar abundancia de piezas. Sin embargo, ocurri\u00f3 lo contrario. Las perdices aparecieron escasas, dispersas y extremadamente dif\u00edciles de encontrar. El exceso de agua y el pasto demasiado crecido parec\u00edan haber alterado por completo su comportamiento. Las perras trabajaron m\u00e1s de la cuenta. Cada muestra era celebrada como una peque\u00f1a victoria y cada pieza cobrada val\u00eda doble por el esfuerzo invertido. Hubo largas caminatas, barro hasta los tobillos y muchas horas de b\u00fasqueda para obtener resultados modestos.<\/p>\n<p>    Las liebres tambi\u00e9n fueron una rareza: apenas vimos una durante toda la jornada. En cambio, los zorros aparecieron con frecuencia, y quiz\u00e1 all\u00ed exista parte de la explicaci\u00f3n sobre la baja presencia tanto de liebres como de perdices.<\/p>\n<p>    Al caer la noche, ya en el hotel, coincidimos con otros grupos de cazadores que ocupaban casi 10 habitaciones. Como ocurre siempre despu\u00e9s de una salida, las conversaciones giraron alrededor de perros, tiros errados, vuelos memorables y piezas cobradas. Fue all\u00ed cuando supimos que, pese a las dif\u00edciles condiciones del terreno, nosotros cuatro hab\u00edamos sido quienes m\u00e1s perdices cobramos durante toda la jornada, con una efectividad cercana al 80 %. No fue una salida de abundancia ni de cogoteras llenas. Fue una verdadera jornada de caza: dura, sacrificada y trabajada metro por metro. Y quiz\u00e1 por eso mismo, una de esas que permanecen para siempre en la memoria del cazador.<\/p>\n<p>    Pero faltaba la contraprueba: a unos 128 km de Rauch, el panorama cambiar\u00eda por completo. En la misma ma\u00f1ana fresca del 1 de mayo, los caminos rurales cercanos a Tapalqu\u00e9 y Bol\u00edvar amanecieron rodeados de lotes de girasol ya cosechados y extensiones de rastrojo seco. All\u00ed comenz\u00f3 su experiencia otro cazador: el franc\u00e9s Laurent Sansot, visitante habitual de nuestro pa\u00eds desde hace casi tres temporadas, quien vino acompa\u00f1ado por su novia argentina, D\u00e9bora Mraz Arancibia, encargada adem\u00e1s de registrar cada instante con su c\u00e1mara.<\/p>\n<p>    La salida hab\u00eda sido organizada por el gu\u00eda Feliciano Aguirre, hombre pr\u00e1ctico de campo, conocedor de cada bajo y cada lote de la zona, quien los pas\u00f3 a buscar temprano por el hotel, con los perros ya inquietos por salir. A Laurent se le entreg\u00f3 una escopeta Huglu calibre 12, liviana y equilibrada, ideal para caminar largos cuadros agr\u00edcolas, utilizando cartuchos Stopping Power de 32 g, munici\u00f3n 7. Las bretonas elegidas fueron Cielo y Chiqui, dos perras que trabajaron con enorme eficacia durante ambas jornadas.<\/p>\n<p>    Y aqu\u00ed apareci\u00f3 la gran diferencia: en los campos agr\u00edcolas las perdices estaban presentes. Bastaba avanzar algunos metros para que los perros marcaran nuevamente. Las aves levantaban r\u00e1pidas entre los rastrojos, cortando el viento bajo y obligando a disparos instintivos. Laurent mostr\u00f3 buenos reflejos desde el comienzo y alcanz\u00f3 una efectividad cercana al 60 %, mientras Feliciano recordaba historias de viejas temporadas y cazadores legendarios de la zona.<\/p>\n<p>    D\u00e9bora caminaba algunos pasos detr\u00e1s, buscando encuadres entre los girasoles secos y los vuelos repentinos. Cada levante ten\u00eda ese sonido inconfundible de alas quebrando el silencio del campo, un ruido que cualquier cazador reconoce incluso antes de ver la pieza. El mediod\u00eda encontr\u00f3 al grupo junto a una arboleda, compartiendo un almuerzo sencillo y repasando los mejores tiros de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>    Por la tarde el viento aument\u00f3 y las perdices comenzaron a moverse menos, obligando a caminar despacio y exigir todav\u00eda m\u00e1s a los perros. Pero la jornada ya estaba hecha. Entre buenas fotos, excelentes lances y conversaciones de campo, Bol\u00edvar volvi\u00f3 a demostrar por qu\u00e9 sigue siendo una referencia hist\u00f3rica para la caza menor bonaerense.<\/p>\n<p>    En otra jornada    El segundo d\u00eda viajaron a Tapalqu\u00e9, donde las condiciones cambiaron abruptamente: una sensaci\u00f3n t\u00e9rmica de -1 \u00b0C, mucho viento y campos todav\u00eda cargados de agua por las lluvias recientes. All\u00ed apareci\u00f3 Frida en acci\u00f3n, otra bretona que tuvo una actuaci\u00f3n impecable. Marcaba y cobraba las piezas con una precisi\u00f3n pocas veces vista. Aunque el cupo se complet\u00f3 con relativa facilidad, las liebres siguieron siendo escasas: apenas se vieron cuatro entre ambas jornadas.<\/p>\n<p>    La conclusi\u00f3n termin\u00f3 siendo tan clara como inesperada. Esta vez, y contra la l\u00f3gica tradicional, los campos agr\u00edcolas de Tapalqu\u00e9 y Bol\u00edvar mostraron mayor poblaci\u00f3n de perdices que los grandes establecimientos ganaderos de Rauch. La llanura, una vez m\u00e1s, dej\u00f3 en claro que nunca entrega respuestas definitivas. Porque el campo cambia, las especies se adaptan y cada temporada escribe su propia historia sobre el barro, el rastrojo y el viento fr\u00edo del oto\u00f1o bonaerense.<\/p>\n<p>    \u00bfTe apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?<br \/>\n  Recib\u00ed las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.<br \/>\n  Suscribite gratis al newsletter.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La temporada de caza menor 2026 comenz\u00f3 dejando una conclusi\u00f3n inesperada: contra toda l\u00f3gica aparente, los campos agr\u00edcolas mostraron mayor poblaci\u00f3n de perdices que algunos tradicionales establecimientos ganaderos. La comparaci\u00f3n entre Rauch, Tapalqu\u00e9 y Bol\u00edvar termin\u00f3 revelando un escenario distinto al imaginado antes de salir al monte. 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