{"id":83771,"date":"2026-06-30T10:16:43","date_gmt":"2026-06-30T13:16:43","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/06\/30\/familias-en-la-guaira-si-la-ayuda-hubiera-llegado-a-tiempo-esto-no-habria-pasado\/"},"modified":"2026-06-30T10:16:43","modified_gmt":"2026-06-30T13:16:43","slug":"familias-en-la-guaira-si-la-ayuda-hubiera-llegado-a-tiempo-esto-no-habria-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/06\/30\/familias-en-la-guaira-si-la-ayuda-hubiera-llegado-a-tiempo-esto-no-habria-pasado\/","title":{"rendered":"Familias en La Guaira: \u201cSi la ayuda hubiera llegado a tiempo, esto no habr\u00eda pasado\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Lo primero que sorprende al recorrer La Guaira no es lo que se ve, sino lo que ya no se siente. Desde el s\u00e1bado pasado, el olor de los cuerpos fallecidos impregnaba el aire costero, obligando a quienes estuvieran all\u00ed a usar tapabocas. Sin embargo, ahora el ambiente se siente distinto. No es que el hedor haya desaparecido por completo, es que el cuerpo, en un mecanismo de supervivencia, empieza a normalizar el horror. La mente se adapta para poder seguir caminando entre las ruinas de un estado que revivi\u00f3 sus peores pesadillas.<\/p>\n<p>El recorrido por Catia La Mar arranca con un silencio sepulcral. La gran mayor\u00eda de las estructuras est\u00e1n en el suelo, convertidas en ruinas, pero lo que m\u00e1s sobresalta es la desolaci\u00f3n de sus calles. No se escuchan los motores de la maquinaria pesada, no hay cuadrillas del gobierno levantando las toneladas de escombros. Solo hay vac\u00edo y ruinas.<\/p>\n<p>Contralor\u00eda del estado Vargas sufri\u00f3 da\u00f1os estructurales | Foto Ezequiel Car\u00edasAl avanzar hacia el sector Puerto Viejo, el panorama se transforma en los fotogramas de la pel\u00edcula. Leyenda de la soja. A ambos lados de la v\u00eda, las edificaciones colapsaron. Al alzar la mirada, las torres A y B de la residencia Belo Horizonte, ubicadas en la cima, ya no se ven. All\u00ed, entre las vigas expuestas, los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Cient\u00edficas, Penales y Criminal\u00edsticas (Cicpc) remueven los escombros buscando cad\u00e1veres. Los acompa\u00f1an algunos familiares aferrados a la esperanza y al milagro de recuperar a los suyos.<\/p>\n<p>El d\u00eda anterior rescataron con vida a una mujer ya su beb\u00e9. Tambi\u00e9n sacaron algunas mascotas con vida. Pero el escenario sigue siendo dantesco. La sociedad civil y los vecinos son quienes, con sus propias manos, mueven lo concreto. Denuncian que las autoridades y la ayuda internacional no aparecen.<\/p>\n<p>Abandono institucional y terror nocturnoEn la playa de Puerto Viejo, el negocio de comida de Andre\u00edna M\u00e1rquez, de 37 a\u00f1os, se ha convertido en refugio. Sobre una colchoneta en el piso, pasa las horas junto a su esposo y su beb\u00e9 de a\u00f1o y medio. Estaban all\u00ed cuando la tierra tembl\u00f3. Presenciaron el desplome de los edificios de su alrededor y a\u00fan les retumban en los o\u00eddos los gritos desgarradores de quienes quedaron atrapados entre las estructuras. <\/p>\n<p>La noche en Puerto Viejo no trae descanso, sino miedo. Sin alumbrado p\u00fablico y bajo una oscuridad absoluta, el peligro acecha. &#8220;En la noche rondan muchos motorizados. Por lo menos yo no dorm\u00ed anoche porque hab\u00eda gente en moto merodeando los edificios&#8221;denuncia. Tambi\u00e9n asegura que estas personas no buscan sobrevivientes. \u201cEs la misma gente de las zonas altas que no sufrieron da\u00f1os, personas oportunistas que bajan a saquear lo poco que queda en los apartamentos abandonados, desconsiderando que abajo a\u00fan hay cuerpos sin recuperar\u201dcomenta.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Andre\u00edna, los pocos guardias y polic\u00edas que aparecen por este sector suelen dedicarse a &#8220;figurar&#8221; y tomar fotos para los informes oficiales. Incluso, los vecinos denuncian que algunas patrullas llegan con las luces apagadas a altas horas de la noche para sumarse al robo. Asimismo, reportan que las m\u00e1quinas del Estado solo se activan si entre los escombros hay un &#8220;familiar pesado&#8221; o una figura de inter\u00e9s pol\u00edtico. &#8220;Un bombero meti\u00f3 su m\u00e1quina, sac\u00f3 a su esposa y se fue; no sacaron a m\u00e1s nadie&#8221;.<\/p>\n<p>A pesar de haber perdido su hogar, valora la vida por encima de lo material. &#8220;La vida es lo primero, si estamos vivos ya eso es ganancia. Lo material se pierde y se recupera. Por eso nunca he sido apegada a las cosas materiales&#8221;.<\/p>\n<p>Solidaridad civil en CaraballedaAl otro lado del estado, en Caraballeda, el panorama muestra otra faceta del desastre. Aunque all\u00ed tambi\u00e9n decenas de edificios residenciales se vinieron abajo, en este sector se concentra el despliegue internacional. Rescatistas de Qatar, Estados Unidos, Espa\u00f1a, M\u00e9xico, Colombia y El Salvador caminan entre las ruinas con equipos de alta tecnolog\u00eda. Sin embargo, los protocolos internacionales no coinciden con la desesperaci\u00f3n humana. <\/p>\n<p>Equipos de rescate de EE.UU. se mantienen en Caraballeda. Foto: EzevisualFrente al edificio Le ClubElisa llora desconsolada. Logr\u00f3 salvar a su beb\u00e9 ya su hija mayor, pero su hija menor qued\u00f3 atrapada en el \u00e1rea de las escaleras cuando la estructura ocurri\u00f3. Elisa asegura que la joven le dio se\u00f1ales de vida al d\u00eda siguiente del sismo, escuch\u00f3 golpes contra la pared. Sin embargo, los rescatistas internacionales avanzan hacia otros puntos si sus dispositivos tecnol\u00f3gicos o la brigada canina no detectan signos vitales. Mientras la madre clama por ayuda y los civiles intentan levantar bloques con lo poco que tienen y como pueden, su indignaci\u00f3n crece al ver a un gran n\u00famero de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en el campo de golf \u201cclasificando pacientemente la ropa donada\u201d en lugar de ayudar a remover escombros, dice.<\/p>\n<p>&#8220;Si la ayuda hubiera llegado a tiempo, esto no hubiera pasado&#8221;repite Elisa entre l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Elisa se aferra a la esperanza de encontrar a su hija | Foto Ezequiel Car\u00edasDiagonal al edificio Le Club, en la avenida Granados, est\u00e1 lo que queda del Edificio Albatros. Un padre espera noticias de su hijo de 22 a\u00f1os y de su nuera, quienes se encontraron en el lugar pasando los d\u00edas por el feriado. Aqu\u00ed, el trabajo de remoci\u00f3n se detiene cada vez que se va la luz natural del d\u00eda. La \u00fanica maquinaria pesada en el sitio lleg\u00f3 gracias a la empresa privada donde trabaja la joven atrapada.<\/p>\n<p>Este padre, que tambi\u00e9n perdi\u00f3 su hogar en Los Corales tras ser declarado &#8220;habitable&#8221;, compara la situaci\u00f3n con el desastre hist\u00f3rico del estado: &#8220;Esto es mucho m\u00e1s grande que la tragedia del 99. No dio tiempo de nada&#8221;. Agradece el apoyo de los ciudadanos que se acercan con agua, aunque critica la mala canalizaci\u00f3n de la ayuda. En el campo de golf de Caraballeda, monta\u00f1as de ropa donada est\u00e1n tiradas en el suelo.<\/p>\n<p>El miedo a la delincuencia tambi\u00e9n est\u00e1 presente en la avenida Granados. Entre los familiares esperando por los suyos, corre el rumor de que detuvieron a un hombre que llevaba consigo el brazo de una v\u00edctima del terremoto, solo para robarle un anillo de oro de los dedos. &#8220;Siempre hay un porcentaje de gente que aprovecha para hacer cosas malas, pero la inmensa mayor\u00eda ha ayudado&#8221;reconoce al padre.<\/p>\n<p>Conectividad provisional y comercios cerradosA pesar del colapso de m\u00e1s de 200 estructuras, algunos esfuerzos de conectividad intentan devolver la comunicaci\u00f3n a la costa. A diferencia de los primeros d\u00edas, la se\u00f1al telef\u00f3nica ha mejorado gracias a las cuadrillas de Movistar y otras empresas de telecomunicaciones que instalan estaciones provisionales para desplegar redes LTE y 5G en las zonas cr\u00edticas. Esto permite a los rescatistas coordinarse mejor desde su campamento base, instalado en el Karting de La Guaira, donde conviven delegaciones de Francia, Per\u00fa, Suiza, Ecuador, Brasil, la Cruz Roja Internacional, Rep\u00fablica Dominicana, Inglaterra, Argentina, Espa\u00f1a y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).<\/p>\n<p>Los rescatistas internacionales instalaron un campamento base en el Karting de La Guaira | Foto Ezequiel Car\u00edasMientras la ayuda internacional se organiza, las estructuras residenciales de la regi\u00f3n quedan marcadas con una letra del alfabeto. Una &#8220;I&#8221; en pintura en aerosol para los edificios declarados \u201chabitables\u201d, y una &#8220;D&#8221; para aquellos que se deben demoler.<\/p>\n<p>Una morgue improvisada a cielo abierto.El destino final de la tragedia se palpa en el sector Los Silos. All\u00ed se ha improvisado una morgue a cielo abierto. En apenas veinte minutos, el port\u00f3n se abri\u00f3 al menos cada tres minutos para dar paso a un nuevo veh\u00edculo con un fallecido. Los cuerpos reposan en hileras sobre el suelo. Un funcionario del Ministerio del Interior y Justicia confirma que el flujo no ha cesado. Para las familias que lo han perdido todo y no pueden costear los servicios funerarios privados, el Estado ofrece traslados y cremaciones gratuitas. En esta morgue improvisada, un grupo de sacerdotes camina entre las filas de cuerpos elevando oraciones al cielo y acompa\u00f1ando a los familiares. <\/p>\n<p>La Guaira intenta sobrevivir de d\u00eda, pero se detiene de noche. La mayor\u00eda de los comercios mantienen sus santamar\u00edas abajo por el temor a los saqueos. Solo abren peque\u00f1os accesos controlados donde los ciudadanos, en largas colas, intentan abastecerse con lo b\u00e1sico. Es el retrato de un pueblo atrapado nuevamente en una tragedia, pero que se levanta gracias a la dignidad de su propia gente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo primero que sorprende al recorrer La Guaira no es lo que se ve, sino lo que ya no se siente. Desde el s\u00e1bado pasado, el olor de los cuerpos fallecidos impregnaba el aire costero, obligando a quienes estuvieran all\u00ed a usar tapabocas. Sin embargo, ahora el ambiente se siente distinto. 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