{"id":79777,"date":"2026-06-21T14:15:43","date_gmt":"2026-06-21T17:15:43","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/06\/21\/el-ultimo-bastion-del-siglo-xix-en-los-teques-la-casa-de-las-carretas-resiste-al-olvido\/"},"modified":"2026-06-21T14:15:43","modified_gmt":"2026-06-21T17:15:43","slug":"el-ultimo-bastion-del-siglo-xix-en-los-teques-la-casa-de-las-carretas-resiste-al-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/06\/21\/el-ultimo-bastion-del-siglo-xix-en-los-teques-la-casa-de-las-carretas-resiste-al-olvido\/","title":{"rendered":"El \u00faltimo basti\u00f3n del siglo XIX en Los Teques: La Casa de las Carretas resiste al olvido"},"content":{"rendered":"<p>Atravesar la imponente puerta de dos hojas de madera es, literalmente, romper la barrera del tiempo. Dejar atr\u00e1s el ruido del tr\u00e1fico actual para adentrarse en el siglo XIX. Adentro, el ambiente cambia: la prisa se diluye y aparece la hospitalidad de Alejandro Caputto y su esposa, la artista pl\u00e1stica Carlota Baptista, quienes reciben a los visitantes con esa calidez que ya parece extinta. <\/p>\n<p>Caputto no es un custodio cualquiera; es descendiente directo de Pedro Trujillo y Felipa Hern\u00e1ndez, el matrimonio que fund\u00f3 en estas mismas paredes una empresa de transporte a base de mulas. Entre el siglo XIX y 1930, desde este punto se despachaban mercanc\u00edas, productos agr\u00edcolas y v\u00edveres hacia Caracas y otras regiones del pa\u00eds. En una Venezuela de caminos de tierra y geograf\u00eda ind\u00f3mita, aquello no era un simple negocio: era una aut\u00e9ntica haza\u00f1a que lleg\u00f3 hasta San Fernando de Apure, entre muchos otros destinos. De esa herencia le qued\u00f3 el nombre al lugar con el que hoy lo conocemos: La Casa de las Carretas.<\/p>\n<p>Una enciclopedia viviente entre paredes de barro.Caminar por la casona es tropezar con la historia en cada esquina. El lugar en s\u00ed mismo es una joya arquitect\u00f3nica, pero su valor se multiplica al observar lo que resguarda: Mobiliario original de \u00e9poca usado por sus fundadores, colecciones de botellas antiguas, armas hist\u00f3ricas, un archivo impecable de postales, facturas de comercios de anta\u00f1o y hasta piezas arqueol\u00f3gicas ind\u00edgenas, la mayor\u00eda de estos tesoros han sido recolectados y documentados por el propio Caputto, arque\u00f3logo, y quien es una enciclopedia viva para todos los visitantes. Es un deleite escucharlo y por momentos perdernos entre relatos y an\u00e9cdotas, en un pasado de la capital mirandina que hoy parece m\u00e1s lejano y difuso que nunca.<\/p>\n<p>El valor de la casa, adem\u00e1s, radica en su autenticidad: es la \u00fanica estructura en todo Los Teques y los Altos Mirandinos que se mantiene 100% original, sin modificaciones, ya que se conserva hasta el piso de piedra del zagu\u00e1n con los desniveles propios producto del paso prolongado de las ruedas de las carretas con peso, as\u00ed como los exquisitos mosaicos de la \u00e9poca con distintos e intrincados patrones. <\/p>\n<p>Sabor a historia y techos en peligroSin embargo, en la Casa de las Carretas no todo es color de rosa. El paso del tiempo y la falta de presupuesto han comenzado a pasar factura desde hace a\u00f1os. Hay paredes que necesitan atenci\u00f3n inmediata, as\u00ed como la poda necesaria de \u00e1rboles en la zona del patio que alguna vez alberg\u00f3 a los animales de carga y que ponen en peligro la estructura; aunque, sin duda, la problem\u00e1tica m\u00e1s urgente es el propio techo de esta estructura original de m\u00e1s de 114 a\u00f1os construida con prapa (una palma nativa de los bosques nubosos andinos y de la Cordillera de la Costa), barro y tejas, el cual presenta severos da\u00f1os estructurales, los cuales no han podido ser subsanados ante la falta de apoyo gubernamental, no solo actual, sino desde el tiempo de la llamada cuarta rep\u00fablica. <\/p>\n<p>Pero como buenos venezolanos, el ingenio no escasea y, ante la falta de apoyo como respuesta para enfrentar el mantenimiento de este lugar hist\u00f3rico, Alejandro y Carlota sostienen el patrimonio con sus propias manos y recursos. \u00bfC\u00f3mo lo hacen? Transformando la historia en sabor. La pareja ofrece almuerzos y abre los espacios para actividades culturales como \u00fanica v\u00eda de autogesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Quien los visita tiene el privilegio de probar la pira, el plato m\u00e1s emblem\u00e1tico de la ciudad y profundamente arraigado en su pasado: una chayota rellena con carne molida de res, ba\u00f1ada en salsa bechamel y queso parmesano sin ning\u00fan aditivo moderno, solamente saz\u00f3n tradicional. El men\u00fa de la resistencia tambi\u00e9n tiene una impecable polvorosa de pollo, ese pastel de masa dulce y quebradiza que contrasta con un guiso perfectamente sazonado. Tambi\u00e9n se pueden disfrutar deliciosos helados de leche de cabra, un men\u00fa para el deleite de los paladares de propios, extra\u00f1os y que sabe a nuestra herencia.<\/p>\n<p>Un llamado desesperadoDuele ver las grietas en las paredes de adobe y tapia, as\u00ed como las filtraciones que amenazan los m\u00e1s de cien a\u00f1os de historia patria que custodian estas paredes. Sin embargo, resulta inyectable la energ\u00eda y el optimismo que irradia Alejandro y Carlota, con una sonrisa amable y unas ganas de seguir demostrando el empuje de los nacidos en esta tierra caracterizada lamentablemente por aquello de lo que adolecemos en muchos casos los venezolanos y nuestras ciudades: memoria hist\u00f3rica y sentido de pertenencia.<\/p>\n<p>La Casa de las Carretas sigue en pie, en medio de una ciudad atropellada por el crecimiento urbano desordenado, pero resistiendo gracias al amor de sus guardianes y al sabor de sus recetas. La pregunta que queda en el aire, mientras se saborea el \u00faltimo bocado de polvorosa, es cu\u00e1nto m\u00e1s podr\u00e1n resistir solos. Es urgente tenderles una mano antes de que este pedazo de nuestra memoria colectiva sucumba, definitivamente, ante los embates del tiempo y la desidia. Si la Casa de las Carretas se pierde, tambi\u00e9n perdemos todos un pedazo olvidado de nuestra identidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Atravesar la imponente puerta de dos hojas de madera es, literalmente, romper la barrera del tiempo. Dejar atr\u00e1s el ruido del tr\u00e1fico actual para adentrarse en el siglo XIX. 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