{"id":7674,"date":"2025-11-08T01:22:02","date_gmt":"2025-11-08T04:22:02","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/08\/andres-bello-y-alejandro-de-humboldt-un-encuentro-memorable\/"},"modified":"2025-11-08T01:22:02","modified_gmt":"2025-11-08T04:22:02","slug":"andres-bello-y-alejandro-de-humboldt-un-encuentro-memorable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/08\/andres-bello-y-alejandro-de-humboldt-un-encuentro-memorable\/","title":{"rendered":"Andr\u00e9s Bello y Alejandro de Humboldt: un encuentro memorable"},"content":{"rendered":"\n<p>ALEJANDRO DE HUMBOLDT, ARCHIVO\u201cAs\u00ed pues, desde su llegada reciben una espl\u00e9ndida hospitalidad de las autoridades y en especial de las \u00e9lites caraque\u00f1as, entre las que se encuentran los Ust\u00e1riz, los Ibarra, los \u00c1vila, los Soublette, los Tovar, los Sanz, los Bland\u00edn. Humboldt se convierte en asiduo visitante de las tertulias capitalinas, y es all\u00ed donde conoce a Andr\u00e9s Bello, quien ten\u00eda 18 a\u00f1os\u201d<\/p>\n<p>Por CESIA HIRSHBEIN<\/p>\n<p>Llegada de Humboldt a Caracas<\/p>\n<p>Desde que inici\u00f3 el proyecto de investigaci\u00f3n para conmemorar los 200 a\u00f1os de la llegada de Alejandro de Humboldt a Venezuela en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos, su esp\u00edritu ha seguido vigente en algunos de mis trabajos. Incluso en caminatas al \u00c1vila, una vez se me apareci\u00f3 de un modo tan real que esa misma noche escrib\u00ed un relato sobre ese encuentro.<\/p>\n<p>Ahora se da la oportunidad de volver sobre sus pasos y relacionarlo con nuestro escritor, poeta y legislador venezolano Andr\u00e9s Bello al cumplirse un a\u00f1o m\u00e1s de su llegada a Caracas.<\/p>\n<p>El 21 de noviembre de 1799 desembarca Alejandro de Humboldt en La Guaira, pernocta en Maiquet\u00eda, y el 22 entra a Caracas por el camino de los espa\u00f1oles, donde lo esperaba su compa\u00f1ero de viaje, el m\u00e9dico y bot\u00e1nico Aim\u00e9 Bonpland, quien hab\u00eda viajado por tierra desde Cuman\u00e1, Humboldt lo hizo bordeando la costa, que fue el puerto de entrada al continente americano de los dos viajeros, cuatro meses antes. Tra\u00eda cartas y pasaportes con sello real, firmados por Carlos IV, a nombre suyo y de su compa\u00f1ero de expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue un acontecimiento social y cultural. Son recibidos con la pompa merecedora de alguien que llega con recomendaciones oficiales de la corte espa\u00f1ola para sus agentes de Am\u00e9rica, tambi\u00e9n tra\u00eda una misiva personal del Marqu\u00e9s de Ust\u00e1riz para sus parientes de la capital. Los agasaja tambi\u00e9n el Gobernador y Capit\u00e1n General don Manuel Guevara Vasconcelos.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, desde su llegada reciben una espl\u00e9ndida hospitalidad de las autoridades y en especial de las \u00e9lites caraque\u00f1as, entre las que se encuentran los Ust\u00e1riz, los Ibarra, los \u00c1vila, los Soublette, los Tovar, los Sanz, los Bland\u00edn. Humboldt se convierte en asiduo visitante de las tertulias capitalinas, y es all\u00ed donde conoce a Andr\u00e9s Bello, quien ten\u00eda 18 a\u00f1os, mientras que el prusiano, de 30, y era ya un viajero experimentado.<\/p>\n<p>Seguro que sinti\u00f3 cierto inter\u00e9s al ver a aquel joven, t\u00edmido, menudo, fr\u00e1gil, entre serio y curioso por todo tipo de conocimiento, sin a\u00fan saber que hab\u00eda algo en su comportamiento que presagiaba el glorioso porvenir que tendr\u00eda. O quiz\u00e1s s\u00ed. En el poco tiempo que pude interactuar surgi\u00f3 una cohesi\u00f3n que me atrever\u00eda a decir m\u00e1gica entre el maestro conocedor de las artes de la naturaleza, de la vida y el pupilo ansioso y atento por aprender. \u00bfSe comunicar\u00edan en espa\u00f1ol que Humboldt dominaba, o quiz\u00e1s en ingl\u00e9s o franc\u00e9s que Bello hab\u00eda aprendido? El caraque\u00f1o tambi\u00e9n ten\u00eda nociones de lat\u00edn y de los autores cl\u00e1sicos, adem\u00e1s era tutor de varios j\u00f3venes mantuanos. Se respetaba su precocidad cultural. \u00a1Qu\u00e9 impacto debi\u00f3 causarle cuando vio delante suyo a un hombre, quiz\u00e1s ex\u00f3tico para \u00e9l, robusto, animado, locuaz, de origen prusiano, que hablaba espa\u00f1ol entre otros idiomas, el alem\u00e1n nativo, el ingl\u00e9s, franc\u00e9s, lat\u00edn y tambi\u00e9n el hebreo, y bronceado por el sol tropical! En una de las cartas desde Am\u00e9rica a su hermano Wilhelm, reconocido ling\u00fcista, le hab\u00eda comentado que se hab\u00eda puesto \u201ccobrizo\u201d. Humboldt representaba para todos y en especial para Bello que apenas se iniciaba en el engranaje de la sociedad, lo alegre, la investigaci\u00f3n en el terreno, la energ\u00eda, la vitalidad. Eran luces y sombras que se entrelazaron para crear una nueva luminosidad.<\/p>\n<p>Humboldt, por su lado, hab\u00eda mostrado desde joven una marcada inclinaci\u00f3n e inquietud por conocer el mundo. En su adolescencia, acompa\u00f1ado de su hermano, dos a\u00f1os mayor que \u00e9l, y de sus tutores, hab\u00eda frecuentado Berl\u00edn, ciudad cercana a Tegel, donde viv\u00edan en un castillo familiar. Comienzan a frecuentar algunos salones de la sociedad berlinesa, sobre todo \u201clos tres \u00fanicos salones de Berl\u00edn en los que, en el curso de los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVIII, se pod\u00eda reencontrar a la burgues\u00eda preocupada por la cultura\u201d, se\u00f1ala Charles Minguet, el historiador que se estudi\u00f3 al Bar\u00f3n de Humboldt. Son los salones de Dorothea Mendelssohn, Henriette Herz, y Rahel Levin, y contin\u00faa: \u201cSus or\u00edgenes israelitas y sefard\u00edes (de estas familias) les permiten (a los dos hermanos Humboldt) una amplitud de miras sobre el mundo exterior, que sin duda la aristocracia prusiana no pod\u00eda y ni aun presentir\u201d.<\/p>\n<p>A los 25 a\u00f1os conoci\u00f3 a Goethe en Jena. Wilhelm, que en ese entonces ten\u00eda ah\u00ed una casa, intercedi\u00f3 por un encuentro con el hermano. Entre el aprendiz y el poeta consagrado se produjo el inicio de una amistad duradera. Goethe en realidad qued\u00f3 fascinado por el naturalista en ciernes.<\/p>\n<p>As\u00ed que al conocer a Humboldt al joven caraque\u00f1o, supo aquilatar sus puntos intelectuales. Pasearon juntos por algunas de las zonas agradables del valle de Caracas. \u00bfLe habr\u00e1 contado Humboldt todas sus aventuras antes de la llegada a Caracas? \u00bfO sobre su experiencia como consejero en la corte del Imperio Prusiano? \u00bfDe sus reuniones intensas y gratificantes en los salones literarios de las brillantes damas jud\u00edas, que fue donde aprendi\u00f3 el hebreo?<\/p>\n<p>Expedici\u00f3n a la Silla del \u00c1vila<\/p>\n<p>El paisaje de la imponente monta\u00f1a del \u00c1vila que estaba a los pies de donde se hospedaba Humboldt, tan exuberante como misteriosa, no se apart\u00f3 de su mente hasta que decidi\u00f3 sondear sus secretos. Entusiasmado como siempre, prepar\u00f3 junto a Bonpland una expedici\u00f3n para el 2 de enero del nuevo siglo, 1800.<\/p>\n<p>Ascienden por la grieta de Chaca\u00edto. &#8220;Nos pusimos en marcha a las 5 de la ma\u00f1ana acompa\u00f1ados de esclavos que llevaban nuestros instrumentos. Compon\u00edamos dieciocho personas que \u00edbamos unos tras otros por un estrecho sendero&#8230;&#8221;, cuenta Humboldt, y contin\u00faa: &#8220;Esta subida, m\u00e1s fatigosa que arriesgada, desalent\u00f3 a las personas que nos hab\u00edan acompa\u00f1ado desde la ciudad que no estaban acostumbradas a escalar las monta\u00f1as. Mucho tiempo perdimos aguard\u00e1ndolas, y resolvimos continuar solos cuando v\u00eda las vimos a todas descender la monta\u00f1a en vez de escalarla&#8221;. Andr\u00e9s Bello form\u00f3 parte de los que \u201cdescendi\u00f3 la monta\u00f1a en vez de escalarla\u201d. Humboldt y Bonpland llegaron hasta el pico oriental de la Silla de Caracas, o Silla del \u00c1vila.<\/p>\n<p>Los viajeros partieron el 24 de noviembre de ese mismo a\u00f1o desde Nueva Barcelona hasta La Habana.<\/p>\n<p>Bello en Londres<\/p>\n<p>Humboldt y Bello no volvieron a verso, pero quedaron en ambos la impronta de aquellos encuentros en la ciudad de Caracas.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s Bello continu\u00f3 su ritmo de trabajo entre el estudio universitario y las tutor\u00edas. Sim\u00f3n Bol\u00edvar hab\u00eda regresado de Europa en 1807. Y de pronto, la vida del estudioso y poeta cambi\u00f3 como si se tratara de una sacudida tel\u00farica. Hab\u00eda que luchar por la independencia venezolana. La Junta Suprema de Caracas cre\u00f3 la misi\u00f3n diplom\u00e1tica liderada por Sim\u00f3n Bol\u00edvar, Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez y Andr\u00e9s Bello como secretario, entre otras razones, por sus conocimientos del ingl\u00e9s y el franc\u00e9s. Partieron a Londres en 1810.  <\/p>\n<p>Bol\u00edvar logr\u00f3 salir de Londres en 1811. \u00bfY Andr\u00e9s Bello? El brillante poeta, escritor y legislador fue abandonado a su suerte, y para colmo, arruinado. Fueron diez y nueve a\u00f1os de exilio forzado. Pero su fuerza espiritual pudo m\u00e1s que la adversidad econ\u00f3mica y la nostalgia por su tierra natal. Aprovech\u00f3 el tiempo para estudiar y escribir, adem\u00e1s de trabajar como tutor y traductor, entre otros oficios. Se involucr\u00f3 tambi\u00e9n en los c\u00edrculos intelectuales, conoci\u00f3 a pensadores como Jeremy Bentham. Public\u00f3 art\u00edculos en revistas, compuso varias poes\u00edas y realiz\u00f3 investigaciones filol\u00f3gicas pioneras. Tambi\u00e9n fue secretario de las legaciones de Colombia y Chile.<\/p>\n<p>Un dato curioso es que Alejandro de Humboldt hab\u00eda viajado a Londres junto a su hermano Wilhelm como parte del s\u00e9quito del rey Federico Guillermo III de Prusia en misi\u00f3n diplom\u00e1tica, estando Bello ah\u00ed, pero nunca se encontraron. Seguramente los vaivenes de la corte absorbieron a los hermanos Humboldt. Sin embargo, Bello tuvo la ocasi\u00f3n de leer las versiones inglesas de la obra de Alejandro publicadas en Londres, lo que consolid\u00f3 su formaci\u00f3n y su visi\u00f3n humanista. Desde entonces escribi\u00f3, entre otros asuntos, textos sobre ciencia, historia, tecnolog\u00eda, geograf\u00eda y astronom\u00eda.<\/p>\n<p>Fund\u00f3 junto a Juan Garc\u00eda del R\u00edo las revistas Biblioteca Americana (1823) y Repertorio Americano (1826-1827), en las que aparecen traducciones de Humboldt, de Herschel, de Horacio, de Schiller y art\u00edculos de inter\u00e9s general. La finalidad de estas revistas, seg\u00fan las palabras de Bello, \u201cera educar a sus hermanos de Am\u00e9rica, ya en la poes\u00eda, ya en la influencia de la literatura sobre la sociedad, ya en la traducci\u00f3n de importantes intelectuales\u201d. De igual modo esboz\u00f3 en la capital industrial sus ideas sobre gram\u00e1tica y legislaci\u00f3n, que m\u00e1s tarde se materializar\u00edan en obras m\u00e1s complejas.<\/p>\n<p>Chile, un nuevo destino para Bello    <\/p>\n<p>La amistad entre Bol\u00edvar y Bello se fue deteriorando de un poco. \u00bfC\u00f3mo entender los m\u00e1s oscuros sentimientos que se esconden en el ser humano? \u00bfVanidad? \u00bfP\u00e9rdida de inter\u00e9s? \u00bfRivalidad? Es dif\u00edcil saberlo. Bello hizo varios intentos por volver a Venezuela y siempre se encontr\u00f3 con la negativa para quien hab\u00eda sido su tutor y amigo. En 1826 le escribi\u00f3 una desgarradora misiva en la que ped\u00eda ayuda econ\u00f3mica, pero no la obtuvo, con el agravante de que su cargo diplom\u00e1tico se le asign\u00f3 a otra persona. As\u00ed las cosas, se encontraron sin fondos y atado a Londres. Se necesitaba de valor para no perderse y desaparecer entre la h\u00fameda bruma londinense.<\/p>\n<p>Pronto la suerte cambiar\u00eda, otros latinoamericanos lo valoraron y vieron en \u00e9l a un hombre con atributos especiales, entre ellos, los delegados chilenos que tambi\u00e9n se encontraban en Londres. Uno en especial, Antonio Jos\u00e9 de Irisarri, amigo personal de Bello y como embajador de Chile en Londres, al entender sus apuros y sobre todo apreciar sus virtudes intelectuales y legislativas, le dio el cargo de secretario personal de la embajada.<\/p>\n<p>Y fue m\u00e1s all\u00e1 el amigo, sab\u00eda que Bello no era hombre de eternizarse en una oficina. Habl\u00f3 con el presidente de Chile, en aquel entonces, Francisco Antonio Pinto y que tambi\u00e9n lo conoci\u00f3 en Londres, para proponerle que se estableciera en Chile \u201cpara ayudar a la joven naci\u00f3n a organizar sus instituciones y su legislaci\u00f3n\u201d. Le financiaron el viaje, y as\u00ed, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de desarraigo pis\u00f3 de nueva tierra americana, pero lejos de su patria. Desembarc\u00f3 el 25 de junio de 1829 en el puerto de Valpara\u00edso, viudo y con dos hijos, Carlos y Francisco.<\/p>\n<p>Entre las m\u00faltiples obras que public\u00f3 Bello en Chile, la Cosmograf\u00eda o descripci\u00f3n del universo.1848, se puede considerar como un homenaje al \u201cilustre\u201d Alejandro de Humboldt. Inspirada en su Cosmosentresaca de esa obra datos para la educaci\u00f3n cient\u00edfica en Chile y en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Miguel Luis Amun\u00e1tegui, disc\u00edpulo y tambi\u00e9n bi\u00f3grafo de Bello, en sus conversaciones apacibles con el maestro, sobre todo en la \u00faltima etapa de su vida, sirvieron para reconstruir muchos de los eventos de su juventud que se incluyen en Vida de don Andr\u00e9s Bello.1882. Ah\u00ed aparece la an\u00e9cdota de la expedici\u00f3n a la Silla de Caracas con Humboldt y Bonpland. Le cuenta Bello como \u201cfracas\u00f3\u201d a mitad de camino en compa\u00f1\u00eda del padre And\u00fajar.<\/p>\n<p>Otro de sus disc\u00edpulos fue Benjam\u00edn Vicu\u00f1a Mackena, escritor, periodista, historiador, pol\u00edtico y viajero. Relata con orgullo \u201csu encuentro feliz con el venerable Alejandro de Humboldt en su modesto gabinete de Berl\u00edn\u201d en el a\u00f1o de 1855. M\u00e1s impacto le provoc\u00f3 cuando \u201cen una breve media hora de conversaci\u00f3n, Humboldt me pregunt\u00f3 si viv\u00eda a\u00fan entre nosotros el se\u00f1or Andr\u00e9s Bello, a cuya familia recordaba haber conocido en Venezuela y cuya posterior fama hab\u00eda llegado hasta \u00e9l hacia largo tiempo\u201d. Vicu\u00f1a Mackena ten\u00eda apenas 24 a\u00f1os y ese evento marc\u00f3 un antes y un despu\u00e9s en su vida, seg\u00fan confes\u00f3 m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Don A. ndr\u00e9s Bello no defraud\u00f3 a sus anfitriones, Antonio Jos\u00e9 Irrisari y Francisco Antonio Pinto, ni a los chilenos en general. Con una obra inmensa, y todos los honores terminar\u00edan sus d\u00edas en Santiago de Chile, el 15 de octubre de 1865 a los 83 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Alejandro de Humboldt, famoso, admirado y respetado hasta sus \u00faltimos d\u00edas, adem\u00e1s de cient\u00edfico y naturalista, ten\u00eda inclinaciones po\u00e9ticas. Seducido por la Ilustraci\u00f3n y el Romanticismo, signific\u00f3 mucho para \u00e9l en aquellas tierras lejanas, llenas de aventuras y exotismo, conocer a Andr\u00e9s Bello, gran poeta de la naturaleza. Admirable el hecho de que se hab\u00edan seguido la pista mutuamente. Humboldt y Bello est\u00e1n entrelazados a la historia de Am\u00e9rica ya la historia de la cultura y la ciencia en general.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ALEJANDRO DE HUMBOLDT, ARCHIVO\u201cAs\u00ed pues, desde su llegada reciben una espl\u00e9ndida hospitalidad de las autoridades y en especial de las \u00e9lites caraque\u00f1as, entre las que se encuentran los Ust\u00e1riz, los Ibarra, los \u00c1vila, los Soublette, los Tovar, los Sanz, los Bland\u00edn. 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