{"id":7666,"date":"2025-11-08T01:22:06","date_gmt":"2025-11-08T04:22:06","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/08\/a-los-90-es-mucho-lo-que-se-puede-contar\/"},"modified":"2025-11-08T01:22:06","modified_gmt":"2025-11-08T04:22:06","slug":"a-los-90-es-mucho-lo-que-se-puede-contar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/08\/a-los-90-es-mucho-lo-que-se-puede-contar\/","title":{"rendered":"A los 90 es mucho lo que se puede contar"},"content":{"rendered":"\n<p>EVARISTO MAR\u00cdN | ROMMEL MAR\u00cdN&#8221;Considero algo muy fortuito y memorable haber disfrutado de una larga y genial conversaci\u00f3n con Jes\u00fas Soto. Al famoso creador del arte cin\u00e9tico lo entrevist\u00e9, una \u00fanica vez en los a\u00f1os de su vejez&#8221;<\/p>\n<p>Por EVARISTO MAR\u00cdN<\/p>\n<p>De no haber sido periodista, quiz\u00e1s habr\u00eda sido excelente panadero. Cocina unos panes bien sabrosos. Amasar y hornear es algo que aprend\u00ed en mi vejez. Me apasionan el pan \u00e1rabe y el pan campesino concha gruesa. El oficio de escribir anda conmigo desde antes de los 19 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Confieso que no concibo vivir sin escribir. Ahora, cuando llego a los 90, Amazon me acaba de publicar en EEUU mi libro Huellas de vida en tinta y papel.. Es glorioso ver mi firma en una publicaci\u00f3n del m\u00e1s grande sello editorial norteamericano. En ese libro compendio algunas de las grandes peripecias que logr\u00e9 vivir con la noticia, en mi \u00e9poca de reportero del prestigioso diario. El Nacional de Caracas y otros grandes peri\u00f3dicos venezolanos, en m\u00e1s de medio siglo de andanzas period\u00edsticas.<\/p>\n<p>En estos a\u00f1os, cuando por primera vez vivo lejos de Venezuela, unas veces en Houston y otras en Miami, logr\u00f3 saber lo que es un amanecer con nieve y temperaturas de hasta 16 grados bajo cero (eso me ha tocado vivir, lejos del tr\u00f3pico, en Houston, Texas) y me da risa solo pensar que en la Navidad de ahora falta conseguirme con Santa Claus y su famoso jojojoj\u00f3. Si lo veo, lo entrevisto.<\/p>\n<p>Con inevitable nostalgia, siempre estoy pensando en los azules del mar y el verdor de muchas monta\u00f1as. Me emociono hablar de muchos a\u00f1os de playa y de inolvidables y frescos amaneceres por entre altos senderos de palmeras y de tupidos y frondosos \u00e1rboles, en esos angostos y pedragosos caminos de mi infancia. Se me hace muy inolvidable verme acompa\u00f1ando a mi madre, Chon Mar\u00edn, con su burra siempre cargada con mercanc\u00eda hacia y desde el Parao, La Valla y la Aguada de Pedro Gonz\u00e1lez, La Estancia, La Rinconada de Paraguach\u00ed, Manzanillo, Aricagua.  <\/p>\n<p>Con mi madre y mi hermano Gilberto, de apenas tres a\u00f1os, el \u00e9xodo hacia los campos petroleros nos aventur\u00f3 por primera vez fuera de Margarita, en 1946. Yo ten\u00eda once a\u00f1os, cuando en agosto de aquel a\u00f1o nos embarcamos en la balandra Julia Mar\u00eda, de Alejandro y Ernesto Mara y navegamos a vela, con buen viento hacia Guanta, por toda una tarde y hasta la madrugada, desde la Playa de Pedro Gonz\u00e1lez. Cuando al final de una tranquila navegaci\u00f3n, la Julia Mar\u00eda ancl\u00f3 en Guanta antes del amanecer, las luces de la aduana se reflejaban sobre el mar tranquilo del puerto. Mi madre Ch\u00f3n ayud\u00f3 al cocinero de la embarcaci\u00f3n para colar el primer caf\u00e9. Ella, Gilberto y yo, dormimos sobre la cubierta del barco, en una estera de palma, bien abrigados con gruesas cobijas.<\/p>\n<p>La solidaridad margarite\u00f1a fue muy grandiosa y feliz para nosotros, en mis primeros a\u00f1os petroleros. Chon Mar\u00edn logr\u00f3 que yo pudiera estudiar en las escuelas de Creole y de Socony, sin tener familiares trabajadores. Ese era un requisito. En Las Delicias de Jusep\u00edn, a los once a\u00f1os era yo alumno de segundo grado en la escuela Jos\u00e9 Mar\u00eda Vargas de Creole. Alberto Rodr\u00edguez, padrino de mi hermano Gilberto, me present\u00f3 como su sobrino. Cuando nos fuimos para Anaco, otro trabajador petrolero, Pedro Rodr\u00edguez, conocido como Perunga y tambi\u00e9n nativo del Valle de Pedro Gonz\u00e1lez, aleg\u00f3 similar parentesco familiar, para inscribirme en el tercer grado en la escuela Socony Vacuum Nro 1. Form\u00e9 parte del primer alumnado, en 1947.<\/p>\n<p>En Jusep\u00edn, donde estudiaba el segundo grado, antes de llegar a clases a las 7 en punto de la ma\u00f1ana, ya hab\u00eda ayudado a Chon vendiendo sus empanadas de caz\u00f3n en la parada de los obreros petroleros. En la tarde, volv\u00eda yo a la parada con mi caja de muchacho limpiabotas. No me iba mal, en algunas tardes llegu\u00e9 a ganar hasta siete y ocho bol\u00edvares. En Anaco, no vend\u00ed empanadas ni limpi\u00e9 zapatos, pero igual ten\u00eda que madrugar ayudando a Chon a moler cuatro o cinco kilos de masa para las arepas, antes de ba\u00f1arme y alistarme para ir a la escuela. Connotada cocinera, ella preparaba vianda para ocho trabajadores de la Socony.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed lo que es trabajar desde aquellos a\u00f1os de mi infancia y creo que eso me ayud\u00f3 mucho en la vida.<\/p>\n<p>Cuando comenc\u00e9 mis primeros ajetreos en el periodismo con el reci\u00e9n fundado semanario Antorcha (en El Tigre petrolero del Estado Anzo\u00e1tegui) me desplazaba \u00e1gilmente hacia el hospital y la polic\u00eda, en mi vieja bicicleta Raleigh. Esa bicicleta fue mi primer veh\u00edculo de trabajo. La suerte estaba de mi lado. Cont\u00e9 con la sabia y siempre muy acertada direcci\u00f3n del fundador de Antorcha, Edmundo Barrios, tip\u00f3grafo y periodista de Ciudad Bol\u00edvar y yo fueron de mucha ayuda los did\u00e1cticos consejos de Juan Meza Vergara, linotipista de origen ecuatoriano con larga experiencia en La Estrella de Panam\u00e1el peri\u00f3dico m\u00e1s antiguo y famoso de toda Centroam\u00e9rica. Meza Vergara fue mi primer maestro en el periodismo. Con el ruidoso teclado de su linotipo, Meza era supremamente diestro para levantar grandes galeradas de texto en plomo. Su grandiosa habilidad para redactar t\u00edtulos era tan admirable como sus experiencias para abreviar textos. En los a\u00f1os que Meza Vergara se altern\u00f3 entre su taller y la redacci\u00f3n,  Antorcha Fue un peri\u00f3dico que circulaba por todo el oriente y sur de Venezuela, sin errores ortogr\u00e1ficos. Eso era algo que se cuidaba mucho en la prensa venezolana.<\/p>\n<p>Es mucho lo que se puede contar cuando se llega a la edad que ahora tengo. Yo puedo decir que he visto muy de cerca la sonrisa de la Monna Lisa. Claro que s\u00ed, la vi en el Louvre de Par\u00eds. Aplaudi\u00f3 a coristas bailando casi desnudas sobre la barra de un bar en Nueva York. Madrugador como siempre he sido, no puedo olvidar el gran placer que da amanecer entre el oleaje del mar. Eso lo viv\u00ed muchas veces de muchacho en la Playa de Pedro Gonz\u00e1lez, en mi Isla de Margarita, Venezuela.<\/p>\n<p>Perd\u00ed la cuenta de las celebridades a quienes tuve la oportunidad de tratar y de entrevistar. Dimitrios Demu, el escultor que esculpi\u00f3 en una plaza de Budapest, la m\u00e1s grande estatua erigida al dictador sovi\u00e9tico Jos\u00e9 Stalin y luego en medio de muchas amenazas y de fuerte represi\u00f3n contra quienes adversaban la ideolog\u00eda comunista, logr\u00f3 escapar hacia Francia, desde Ruman\u00eda, formando parte de mi gran legi\u00f3n de amigos. Siempre contaba que gan\u00f3 el concurso para la estatua a Stalin, compitiendo con m\u00e1s de 30 escultores. De eso y de su espectacular fuga de la \u00f3rbita sovi\u00e9tica, antes del derribamiento del Muro de Berl\u00edn, escribi\u00f3 La Sonrisa de Stalinun libro editado en franc\u00e9s en Par\u00eds. Hasta su s\u00fabita muerte, en 1997, Demu era muy frecuente en mi casa en Lecher\u00eda. Benilde y mis muchachos lo trataban como un familiar. Era de una sencillez incre\u00edble. En Venezuela, leg\u00f3 a la posteridad Los P\u00e1jaros y otros grandes monumentos que cambiaron el paisaje urbano de Barcelona y Puerto La Cruz. Sus maquetas, fotograf\u00eda, r\u00e9plicas y algunas de sus obras en acero inolvidables, se exhiben en el Museo Demu de Lecher\u00eda, edificaci\u00f3n con espectacular parecido a una nave met\u00e1lica espacial, dise\u00f1ada por el genio de la arquitectura Fruto Vivas y financiada por su hermano empresario Nicol\u00e1s Demu, inmigrante rumano que prosper\u00f3 con muchos negocios en Venezuela.<\/p>\n<p>Considero algo muy fortuito y memorable haber disfrutado de una larga y genial conversaci\u00f3n con Jes\u00fas Soto. Al famoso creador del arte cin\u00e9tico lo entrevist\u00e9, una \u00fanica vez en los a\u00f1os de su vejez. En una tertulia con el poeta Gustavo Pereira y el pintor y escultor Gilberto Bejarano \u2014al rescoldo de la Bienal de Artes Pl\u00e1sticas de Puerto La Cruz bautizada con su nombre\u2014 Soto record\u00f3 con emocionada y nost\u00e1lgica expresi\u00f3n, su \u00e9poca de muchacho pobre, pintor de carteles para el cine Am\u00e9rica en el Paseo Orinoco de su Ciudad Bol\u00edvar. Esos recuerdos y los de sus econ\u00f3micamente muy apremiantes, pero muy felices primeros a\u00f1os de perfeccionamiento en artes pl\u00e1sticas en Francia, cuando se ganaba la vida con su guitarra y sus canciones en algunos caf\u00e9s de Par\u00eds, lo terminaban envolviendo en alguna inevitable nost\u00e1lgica, pero enfatizaba que para \u00e9l fueron experiencias muy invalorables. En su \u00e9poca de Ciudad Bol\u00edvar, por lo escaso y caro de la pintura, Soto se las ingeniaba para mezclar el intenso azul del a\u00f1il con otros colores. Eso le permit\u00eda hacer m\u00e1s llamativas las letras de aquellos carteles de cine pintados en r\u00fastico papel de estraza, con los t\u00edtulos de las pel\u00edculas y nombre de los artistas de Hollywood, en los a\u00f1os de la Segunda Guerra Mundial. No olvid\u00f3 nunca que en Par\u00eds vivi\u00f3 noches de muchos aplausos en Montmartre, cantando a d\u00fao con Aime\u00e9 Betancourt, pintora y escultora guayanesa a quien admiraba mucho por su linda voz. &#8220;Las canciones eran m\u00e1s rom\u00e1nticas cuando las cantaba Aime\u00e9&#8221;. En su vejez, Soto acarici\u00f3 la idea de volver a vivir en Venezuela. Eso no pudo ser. A muy avanzada edad y con muy quebrantada salud, la muerte, lo sorprendi\u00f3 en su residencia de muchos a\u00f1os en Par\u00eds. A la muy bell\u00edsima y tropical casa de playa, que se hizo construir en agreste cercan\u00eda de las salinas de Araya, solo pudo venir en dos o tres muy cortas vacaciones. Soto traz\u00f3 su bella arquitectura en su taller en Francia. Descubri\u00f3 demasiado tarde que ese paisaje azul de Araya era el m\u00e1s espectacular para su retiro.<\/p>\n<p>Haber parrandeado con Marco Antonio Mu\u00f1iz, el c\u00e9lebre bolerista, oy\u00e9ndole sus canciones al son de su bella guitarra, forma parte de mis alegr\u00edas. Eso lo viv\u00ed en la casa de un amigo, el periodista Ebert J. Lira. El Cojo Lira se llev\u00f3 al gran cantante mexicano, desde el Meli\u00e1 Puerto La Cruz, para darle una serenata a su mujer, Liseth D\u00edaz, en su cumplea\u00f1os. El fest\u00edn termin\u00f3 con voces muy borrachas coreando con Mu\u00f1iz y su guitarra, \u201cpero sigo siendo el rey\u201d cuando ya el sol repuntaba en el claro amanecer de Barcelona.<\/p>\n<p>Soy un gran admirador de Agust\u00edn Lara y sus boleros. Me desvivo por o\u00edr a Javier Sol\u00eds y a Pedro Infante. M\u00e1s de una vez tarareado los corridos de Jorge Negrete. Mi gran afici\u00f3n por el cine mexicano y sus estrellas, anda conmigo desde muchacho, pero nunca llegu\u00e9 a pensar que alguna vez iba a bailar rancheras con la gran rumbera y la actriz Amalia Aguilar. Eso lo viv\u00ed en el hotel El Lago, en mi \u00e9poca de Corresponsal de El Nacional en Maracaibo, en 1960. Yo la hab\u00eda visto de protagonista en el melodrama musical jesusita en chihuahua en el cine al aire libre de los Carrasco en Las Parcelas de Anaco. En Maracaibo bail\u00e9 con ella al ritmo alegre de unos mariachis. Poco falt\u00f3 para que fu\u00e9ramos novios.<\/p>\n<p>En mi lancha \u201cLa Fiera\u201d viv\u00ed muchas divertidas faenas de pesca, con mis hijos Evaristo Manuel y Rommel. No se me olvida que al sur de la Isla La Pic\u00faa (muy cerca de la ensenada de Santa Fe, en la costa de Sucre) capturamos un d\u00eda tres grandes ejemplares de pez trompeta. Ese es un nombre muy musical para un pez muy feo y bastante raro, de color rojo, pico muy parecido pero m\u00e1s largo que los de un alcatraz y cuerpo delgado y culebreante como los del tajal\u00ed, con un delicioso sabor a langosta. En La Castellana y la avenida Solano de Caracas, pagan a un alto precio la carne de langosta de ese pez tan excepcional. Benilde mi esposa, quien siempre fue una cocinera colosal, los gratin\u00f3 en el horno a la termidor, con abundante mantequilla y queso parmesano. Una exquisitez, rociada con Chablis franc\u00e9s, el vino de mi gran amigo cirujano Pedro Aristimu\u00f1o Palacios. Esa noche cenamos en mi casa como en el mejor restaurante de Par\u00eds.<\/p>\n<p>En Lecher\u00eda y por invitaci\u00f3n de Aristimu\u00f1o Palacios y de su esposa Mar\u00eda Auxiliadora, compartimos muchas veces con el m\u00e9dico y tenor Jes\u00fas Sevillano, famoso por haber formado parte del recordado quinteto musical Contrapunto. Sevillano tiene una gran predilecci\u00f3n por la cocina espa\u00f1ola. El placer de tenerlo como Chef, en algunos s\u00e1bados y domingos, no se nos olvida. Tampoco que en alguna oportunidad coincidi\u00f3 con ellos en mi casa, Misael Salazar L\u00e9idenz, connotado periodista. Jefe de los Corresponsales de El Nacionalcuando estaba de moda como escritor con su libro \u201cGeograf\u00eda er\u00f3tica de Venezuela\u201d. Misael era de madre falconiana y de padre margarite\u00f1o. Salazar Leidenz naci\u00f3 en Coro, pero vivi\u00f3 y convivi\u00f3 largamente desde muchacho con la familia de su padre Salazar, en Laguna de Raya, cerca de La Arestinga y de las Tetas de Mar\u00eda Guevara, en las vecindades de Macanao.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EVARISTO MAR\u00cdN | ROMMEL MAR\u00cdN&#8221;Considero algo muy fortuito y memorable haber disfrutado de una larga y genial conversaci\u00f3n con Jes\u00fas Soto. 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