{"id":69019,"date":"2026-05-28T17:38:44","date_gmt":"2026-05-28T20:38:44","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/05\/28\/un-nuevo-track-recien-descubierto-permite-unir-corona-del-inca-con-el-balcon-del-pissis-en-4x4\/"},"modified":"2026-05-28T17:38:44","modified_gmt":"2026-05-28T20:38:44","slug":"un-nuevo-track-recien-descubierto-permite-unir-corona-del-inca-con-el-balcon-del-pissis-en-4x4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/05\/28\/un-nuevo-track-recien-descubierto-permite-unir-corona-del-inca-con-el-balcon-del-pissis-en-4x4\/","title":{"rendered":"Un nuevo track reci\u00e9n descubierto permite unir Corona del Inca con el Balc\u00f3n del Pissis en 4&#215;4"},"content":{"rendered":"<p>                                              A las 4 de la ma\u00f1ana dejamos Vinchina. El cielo\u00a0estaba limpio, negro,\u00a0cargado de estrellas, y la caravana avanzaba con esa est\u00e9tica m\u00ednima de las expediciones verdaderas: luces rojas y blancas recort\u00e1ndose contra paredones inmensos que alguna vez fueron fondo de mar. La ruta alternaba el ripio de la quebrada de la Troya con el asfalto de la RN 76, buscando el corredor de Pircas Negras, ese paso internacional que lleva hacia Copiap\u00f3, Chile, y que durante d\u00e9cadas fue mucho m\u00e1s que una conexi\u00f3n entre dos pa\u00edses: fue camino de arrieros, ganado, comercio y supervivencia.<\/p>\n<p>    Atr\u00e1s quedaba Alto Jag\u00fc\u00e9, diminuto y \u00e1spero, con su sola calle y sus historias todav\u00eda vivas. Hacia 1850, cuando el ganado cruzaba caminando la cordillera rumbo a Chile, all\u00ed se preparaban los animales durante semanas y se ajustaba todo antes de enfrentar la monta\u00f1a. Tambi\u00e9n se herraban las pezu\u00f1as de las vacas para soportar el cruce. Hoy Jag\u00fc\u00e9 parece suspendido en otro tiempo. Cuando llueve fuerte, incluso, esa calle principal se convierte en el r\u00edo del pueblo.\u00a0<\/p>\n<p>       La quebrada del Pe\u00f1\u00f3n nos fue absorbiendo de a poco. Bordeamos el r\u00edo, cruzamos el arroyo Vaca Seca \u2013la \u00fanica referencia de agua dulce potable en caso de necesidad en medio de una regi\u00f3n dura y mineral\u2013 y, en la primera parada nocturna, a 3.200 m, descomprimimos los bidones con combustible extra para despu\u00e9s seguir ganando altura: pasar\u00edamos desde los 3.200 hasta los 4.500 m en cuesti\u00f3n de minutos, mientras todav\u00eda reinaba la oscuridad. La sensaci\u00f3n era la de meterse en un paisaje primitivo, pelado, cinematogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>       A las 6 de la ma\u00f1ana ya est\u00e1bamos cerca de los 4.000 m. El tablero marcaba 0 \u00b0C. Afuera, el viento obligaba a abrir las puertas con cuidado. A la izquierda, aunque no la vi\u00e9ramos, estaba laguna Brava, apenas a unos 200 m de sombra. Seguimos por ese largu\u00edsimo tramo de ripio al que muchos llaman \u201cel aeropuerto de laguna Brava\u201d, porque parece una pista de aterrizaje perdida en la nada. En un punto dejamos el asfalto y, ya sobre la huella de tierra, desinflamos neum\u00e1ticos hasta 20 libras. Ah\u00ed empez\u00f3 a amanecer de verdad. A las 11 de la br\u00fajula emergi\u00f3 el Veladero, nevado, imponente, arriba de los 6.000 m. Los primeros reflejos de luz hipnotizaban.<\/p>\n<p>    En estas monta\u00f1as aparece como una marca profunda el nombre de Pissis, en homenaje al ge\u00f3grafo y ge\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Joseph Aim\u00e9 Pissis, quien estudi\u00f3 la regi\u00f3n con una precisi\u00f3n admirable, cuando medir este desierto altoandino era una tarea mucho m\u00e1s cercana a la aventura que a la comodidad cient\u00edfica. Por esta zona tambi\u00e9n dej\u00f3 su huella Jorge Llanos -el Negro Llanos-, un personaje que en los a\u00f1os \u201980 se mov\u00eda en moto por estos territorios extremos y al que muchos se\u00f1alan como uno de los primeros en llegar hasta el cr\u00e1ter de Corona del Inca, abriendo \u2013sin propon\u00e9rselo\u2013 un imaginario que despu\u00e9s convertir\u00eda al lugar en \u00edcono tur\u00edstico.<\/p>\n<p>    La ruta hacia Corona del Inca tiene un tramo con fama merecida: el arenal. Ah\u00ed se ponen a prueba camionetas y pilotos. Conviene pasarlo temprano, antes de que el sol castigue el terreno y vuelva m\u00e1s traicionera la superficie, una mezcla de arena volc\u00e1nica, material suelto y huella cambiante. A esa altura no sobran ni potencia ni ox\u00edgeno ni margen para errores. Todo exige un poco m\u00e1s. Y mientras el paisaje crec\u00eda, por la radio VHF se repet\u00eda una orden decisiva. Ver\u00f3nica Roma\u00f1a, directora de Mainumby4x4, insist\u00eda una y otra vez con una consigna: \u201cVamos subiendo, vayan tomando agua, de a sorbos, pero de manera constante\u201d. En la monta\u00f1a, a veces, la diferencia entre pasarla bien y pasarla mal cabe en una frase corta dicha a tiempo.<\/p>\n<p>    Llegamos al mirador de Corona del Inca a las 8:46. Distancia parcial: 177 km. Altura: 5.400 m. Temperatura: -6 \u00baC. Sin viento. Cielo limpio. Sol pleno. Y ah\u00ed apareci\u00f3 el cr\u00e1ter. Hay paisajes que se miran. Y hay otros que directamente suspenden el pensamiento. La laguna de ese cr\u00e1ter de unos 5 km de di\u00e1metro, encajada en el coraz\u00f3n de la monta\u00f1a, mostraba un azul profundo, casi imposible, con sombras que se mov\u00edan apenas sobre la superficie como si el cielo hubiera decidido refugiarse all\u00ed abajo. No era s\u00f3lo el color. Era la escala. Era el silencio. Era esa sensaci\u00f3n tan poco frecuente de estar frente a algo que no necesita ninguna exageraci\u00f3n para conmover. A 5.400 m, la respiraci\u00f3n se vuelve protagonista, el pulso se escucha con claridad y el cuerpo recuerda que no est\u00e1 hecho para vivir tan arriba. Sin embargo, los ojos quieren quedarse un rato m\u00e1s.\u00a0<\/p>\n<p>    Nuevo track hacia el Balc\u00f3n del Pissis    Desde ah\u00ed comenz\u00f3 otra dimensi\u00f3n del viaje: un nuevo relevamiento hacia el Balc\u00f3n del Pissis, una huella que hasta ahora s\u00f3lo unas pocas decenas de personas tuvieron la posibilidad de recorrer. En tiempos donde casi todo parece haber sido visto, fotografiado y geolocalizado, avanzar por una traza tan reciente devuelve una sensaci\u00f3n extra\u00f1a y hermosa: la de estar yendo hacia un sitio todav\u00eda no domesticado por la costumbre. En el camino aparecieron Los Gemelos, monta\u00f1as nevadas que superan los 6.000 m, tambi\u00e9n el glaciar del Pissis y los penitentes, esas formaciones de nieve y hielo que parecen cuchillas blancas apuntando al cielo. Se crean por la combinaci\u00f3n de radiaci\u00f3n intensa, fr\u00edo seco y sublimaci\u00f3n, y pueden hacer desaparecer la huella, literalmente. Hay temporadas en las que no queda otra salida que dar la vuelta y regresar a Vinchina. La monta\u00f1a, cuando no quiere, no negocia.<\/p>\n<p>    Transitamos paralelos a ese campo de penitentes hasta llegar a un ca\u00f1ad\u00f3n donde dos monta\u00f1as parecen enfrentarse y marcan el l\u00edmite entre La Rioja y Catamarca. A las 12:15 est\u00e1bamos all\u00ed, en ese sitio ic\u00f3nico enmarcado por dos lagunas que le dan al entorno una belleza todav\u00eda m\u00e1s improbable. Despu\u00e9s el camino empez\u00f3 a ponerse minero: m\u00e1s duro, m\u00e1s seco, m\u00e1s funcional. Reci\u00e9n cerca de las 3 de la tarde, a lo lejos, volvi\u00f3 a aparecer el monte Pissis con su lengua glaciaria. Tras unos 80 km desde Corona del Inca entramos en Valle Ancho, un inmenso r\u00edo seco rodeado por monta\u00f1as grises en primer plano y cordones multicolores detr\u00e1s, como si el paisaje se hubiera ido pintando por capas. Ese valle, cuando recibe agua, desemboca en laguna Verde, de belleza inconmensurable. La dejamos atr\u00e1s, al igual que la laguna Negra. Y tras varios zigzags llegamos al Balc\u00f3n del Pissis.<\/p>\n<p>    All\u00ed, a unos 4.400 m, las apachetas levantadas por los viajeros agregan una se\u00f1al humana m\u00ednima en medio de una inmensidad que sigue siendo la verdadera due\u00f1a de la escena. Desde ese balc\u00f3n la vista es estupenda: salares blancos, lagunas oscuras, celestes y turquesas, laderas ocres, grises, rojizas, cenicientas. Todo parece dispuesto por un artista demasiado ambicioso, pero no: es apenas la cordillera trabajando sola. En medio de una jornada as\u00ed, la log\u00edstica tambi\u00e9n cuenta. Por tratarse de una traves\u00eda de altura, la organizaci\u00f3n no se detuvo a cocinar, como s\u00ed sucede en otras salidas de Mainumby4x4. Esta vez la decisi\u00f3n fue m\u00e1s pragm\u00e1tica que pintoresca: lunch box con frutas frescas y secas, barritas de cereal, turrones, un s\u00e1ndwich tranquilo, agua y bebidas saborizadas. En la semana previa, adem\u00e1s, se hab\u00eda sugerido a los participantes seguir una dieta de altura, evitando alcohol, grasas, salsas y frituras. Nada de hacerse el guapo donde la fisiolog\u00eda pide otra cosa. Porque en la altura el paisaje deslumbra, pero el cuerpo demanda.\u00a0<\/p>\n<p>    Estar gran parte del d\u00eda por encima de los 4.000 m oblig\u00f3 a tomar recaudos. La menor disponibilidad de ox\u00edgeno puede provocar dolor de cabeza, fatiga, n\u00e1useas, sensaci\u00f3n de pesadez. La organizaci\u00f3n llev\u00f3 tubos de ox\u00edgeno para quienes lo necesitaran, y varios pasajeros tambi\u00e9n acarrearon los suyos. Todos terminamos recurriendo a ellos en alg\u00fan momento: medio litro de caudal durante cinco minutos cada tanto, m\u00e1s alg\u00fan ibuprofeno para bajar el dolor de cabeza, adem\u00e1s de beber mucha cantidad de agua (algunos participantes optaron por medicaci\u00f3n previamente recetada por facultativos). No hubo dramatismo. Hubo prudencia. Y eso, en la monta\u00f1a, vale m\u00e1s que cualquier gesto heroico.<\/p>\n<p>    La traves\u00eda termin\u00f3 en Cortaderas, a 3.300 m, 16 horas y casi 400 km despu\u00e9s de la partida. Para entonces, la ducha, la cena y la cama ten\u00edan un valor casi filos\u00f3fico. Despu\u00e9s de un d\u00eda entero respirando fino, viendo monta\u00f1as imposibles y sintiendo c\u00f3mo el cuerpo iba negociando con la altura, el descanso dej\u00f3 de ser un detalle para convertirse en recompensa. Hay viajes que se hacen para conocer un lugar. Y hay otros, como este, que sirven para recordar cu\u00e1n peque\u00f1os somos cuando la naturaleza decide mostrarse sin filtros. Corona del Inca y el Balc\u00f3n del Pissis tienen esa clase de grandeza: no aplastan al viajero, pero lo ponen en su sitio. Y eso, en un mundo cada vez m\u00e1s ruidoso y artificial, no es poco. Menos a\u00fan si consideramos que acab\u00e1bamos de recorrer un track ni siquiera instagrameado.<\/p>\n<p>    La traves\u00eda fue organizada por Mainumby4x4. Calendario de pr\u00f3ximas salidas: mainumby4x4.com | Instagram: @mainumby4x4 | Celular\/WhatsApp: 11 6036 1111.<\/p>\n<p>    \u00bfTe apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?<br \/>\n  Recib\u00ed las mejores notas de\u00a0Weekend\u00a0directamente en tu correo.<br \/>\n  \u00a0Suscribite gratis al newsletter\u00a0\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A las 4 de la ma\u00f1ana dejamos Vinchina. El cielo\u00a0estaba limpio, negro,\u00a0cargado de estrellas, y la caravana avanzaba con esa est\u00e9tica m\u00ednima de las expediciones verdaderas: luces rojas y blancas recort\u00e1ndose contra paredones inmensos que alguna vez fueron fondo de mar. 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