{"id":6810,"date":"2025-11-05T19:10:01","date_gmt":"2025-11-05T22:10:01","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/05\/canta-en-medio-de-la-violencia-y-las-balas-la-historia-de-campesino-que-camina-por-el-plateado-azotado-por-la-guerra-entonando-letras-de-amor-y-paz\/"},"modified":"2025-11-05T19:10:01","modified_gmt":"2025-11-05T22:10:01","slug":"canta-en-medio-de-la-violencia-y-las-balas-la-historia-de-campesino-que-camina-por-el-plateado-azotado-por-la-guerra-entonando-letras-de-amor-y-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/05\/canta-en-medio-de-la-violencia-y-las-balas-la-historia-de-campesino-que-camina-por-el-plateado-azotado-por-la-guerra-entonando-letras-de-amor-y-paz\/","title":{"rendered":"Canta en medio de la violencia y las balas: la historia de campesino que camina por El Plateado, azotado por la guerra, entonando letras de amor y paz."},"content":{"rendered":"<p>       Por una de las calles de herradura de El Plateado que por estos d\u00edas son barrizales, debido a las fuertes lluvias, un labriego camina cantando. Lo hace en una tierra disputada a sangre y fuego. <\/p>\n<p>Nunca se separe de su sombrero de paja de ala ancha ni de sus botas de hule.<\/p>\n<p>Es \u00d3nier Sotelo Camilo, uno de los pocos habitantes que dice su nombre, pues los dem\u00e1s tienen miedo. <\/p>\n<p>  LEA TAMBI\u00c9N <\/p>\n<p>Pero, el campesino canta ante un visitante del pueblo que le pregunta sobre c\u00f3mo se vive en una de las localidades, cuya poblaci\u00f3n ha sido de las m\u00e1s golpeadas por el conflicto armado en un pa\u00eds como Colombia que lleva m\u00e1s de medio siglo desangr\u00e1ndose por los violentos. <\/p>\n<p>El Plateado, Cauca.  Foto:Carolina Boh\u00f3rquez Ram\u00edrez \/ EL TIEMPO<\/p>\n<p>Este es el corregimiento, con un total de 12.000 moradores al sumar las veredas del profundo ca\u00f1\u00f3n del Micay donde El Plateado est\u00e1 empotrado en esas imponentes monta\u00f1as caucanas de la cordillera Occidental, cubiertas por matas de coca dentro de la jurisdicci\u00f3n de lo que es el municipio de Argelia. <\/p>\n<p>El Plateado est\u00e1 separado por una carretera angosta de trocha, un trayecto de hora y media que de noche queda completamente a oscuras, aunque solo se iluminan cambuches que funcionan como laboratorios de coca.<\/p>\n<p>  LEA TAMBI\u00c9N <\/p>\n<p>Pese a la llegada de 1.400 militares de la operaci\u00f3n &#8216;Perseo&#8217; hace un a\u00f1o para custodiar a los argelinos desde la periferia, el corregimiento ha venido resistiendo a explosiones causadas por drones que desde el aire arrojan los artefactos ya r\u00e1fagas de disparos, estremeciendo cada una de las casas de los campesinos, en especial, los del pueblo en la parte baja, elevando plegarias por un cese al fuego en esa zona que rodea la agujereada iglesia del Divino Ni\u00f1o por los disparos de este a\u00f1o y en \u00e9pocas pasadas.<\/p>\n<p>Van m\u00e1s de 200 ataques con una cifra superior a los 30 hostigamientos y una docena de enfrentamientos con el Ej\u00e9rcito. <\/p>\n<p>  LEA TAMBI\u00c9N <\/p>\n<p>A pesar de esos bombazos y el miedo de la gente en El Plateado, don \u00d3nier asegura que ha sido un hombre que trata de ser feliz, en medio de la pobreza en la que vive y en la que ha vivido desde ni\u00f1o, cuando muri\u00f3 su padre en Argelia, a pocos metros de la Virgen de las Perlas. <\/p>\n<p>\u00c9l es \u00d3nier Sotelo, un campesino y juglar que asegura que para vivir feliz se requiere respeto.  Foto:Carolina Boh\u00f3rquez Ram\u00edrez \/ EL TIEMPO<\/p>\n<p>&#8220;A m\u00ed me dicen que estoy loco porque digo que vivo feliz&#8221;, pero explica que lo hace porque reitera el respeto a los dem\u00e1s, trabajar incansablemente por la familia y vivir del campo cuya tierra le permite a los suyos ya \u00e9l tener un plato de comida. Siembra fr\u00edjol, pl\u00e1tano y ma\u00edz para poner en su mesa. No alcanza para m\u00e1s. &#8220;Papa, yuca o repollo eso ya no se da&#8221;, dice.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed coca, como lo hacen en el resto del pueblo porque es la econom\u00eda que lleg\u00f3 a una regi\u00f3n donde su poblaci\u00f3n insiste en que no tiene agua potable, en que no tiene una planta de tratamiento, pues la artesanal no funciona y donde los ni\u00f1os van a estudiar temerosos de que les caiga alg\u00fan explosivo en uno de los ataques con drones de los armados. <\/p>\n<p>  LEA TAMBI\u00c9N <\/p>\n<p>Este es el caser\u00edo donde sus mismos pobladores se unen para recoger dinero en rifas y arreglar un parque o ponerle cemento a una calle a lo largo de una cuadra.<\/p>\n<p>El Plateado  Foto:Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO<\/p>\n<p>El Plateado est\u00e1 lleno de coca, pues el ca\u00f1\u00f3n del r\u00edo Micay concentra el 75 % de este cultivo il\u00edcito, donde en la cima de la cadena est\u00e1n los grupos ilegales, entre los disidentes de &#8216;Carlos Pati\u00f1o&#8217; y la &#8216;Segunda Marquetalia&#8217;, con el Eln, disput\u00e1ndoselo para producir, sacar y vender esa droga. <\/p>\n<p>La historia del campesino juglar de El Plateado&#8221;Mis hermanos y yo nacimos en una familia muy humilde, muy pobre, porque mi padre muri\u00f3 cuando yo ten\u00eda 2 a\u00f1os&#8221;. Ese campesino, el peque\u00f1o \u00d3nier estudi\u00f3 hasta cuarto de primaria, como asegur\u00f3 hasta que al cumplir los 7 a\u00f1os que dej\u00f3 su casa. <\/p>\n<p>  LEA TAMBI\u00c9N <\/p>\n<p>El entonces ni\u00f1o quer\u00eda que quedaran atr\u00e1s severos castigos y aunque ahora, siendo un hombre de 58 a\u00f1os entiende la preocupaci\u00f3n de la madre por \u00e9l, tambi\u00e9n comprende que la madurez le lleg\u00f3 a esa temprana edad. <\/p>\n<p>Plateado, Cauca. Al fondo, el ca\u00f1\u00f3n del Micay, tapizado por coca.  Foto:Carolina Boh\u00f3rquez Ram\u00edrez \/ EL TIEMPO<\/p>\n<p>Es el segundo de una familia de cinco hijos. Su hermana es la mayor. &#8220;Me ha tocado aguantar hambre, me ha tocado muchas veces perder lo que he tenido. Me he puesto a trabajar muchas veces en el campo, porque soy campesino y no me han pagado. Mi historia es amarga&#8221;, dice, amarga como la de muchos colombianos que nacen en hogares donde la esperanza se diluye entre los dedos. <\/p>\n<p>&#8220;Me ha tocado volar el machete, echar azad\u00f3n, pala, tumbando monta\u00f1a por ah\u00ed en el Putumayo, el Caquet\u00e1. Todos esos son trabajos que me ha tocado para poderme defender en la vida. Me fui a estudiar en un internado&#8221;, cuenta sobre su corta educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 luego a Nari\u00f1o donde trabaj\u00f3 para un hombre que lo contrat\u00f3 para levantar ranchos de tabla, entre ellos, el de \u00e9l. &#8220;Un se\u00f1or me dio un lote de tierra para que le hiciera un rancho. Entonces, yo me hice a esa tierra. Fui tan de malas que cuando ya acab\u00e9 de hacer la casa, entr\u00f3 en la violencia y lastimosamente, el terreno se perdi\u00f3, mi trabajo se perdi\u00f3, porque entraron asesinando a cantidades de gente por el r\u00edo&#8221;. <\/p>\n<p>La m\u00fasica en un pueblo azotado por las balas<\/p>\n<p>\u00d3nier Sotelo, campesino y juglar en El Plateado, Cauca.  Foto:Carolina Boh\u00f3rquez Ram\u00edrez \/ EL TIEMPO<\/p>\n<p>&#8220;A m\u00ed me gustaba mucho la m\u00fasica. Yo soy una persona que desde ni\u00f1o me ha gustado la m\u00fasica. Yo me acuerdo cuando estaba en la escuela, en el Caquet\u00e1, de camino a San Vicente del Cagu\u00e1n, nos sacaban a cantar cuando yo era ni\u00f1o. Nos sacaban a cantar y yo siempre ocupaba el primer lugar&#8221;, dice. &#8220;Me empez\u00f3 a gustar la m\u00fasica de Pedrito Fern\u00e1ndez&#8221;. <\/p>\n<p>&#8220;Empez\u00f3 a gustarme la m\u00fasica. Ten\u00eda 10, 11 a\u00f1os. Yo miraba a la gente c\u00f3mo tocaba y como miraba a la gente cog\u00ed un pedazo de tabla y empec\u00e9 a ponerle nylon y lo coloqu\u00e9. Empec\u00e9 a tocar eso. Esa fue la alegr\u00eda m\u00eda, escucha esa cosa y despu\u00e9s un se\u00f1or me mir\u00f3 y me regal\u00f3 una guitarra vieja, me dijo que le consiguiera cuerdas. Ten\u00eda tres cuerdas, un pedazo de chatarra vieja. No sab\u00eda posturas. No sab\u00eda nada. Me saqu\u00e9 un pescado, lo vend\u00ed y de eso compr\u00e9 las cuerdas de esa guitarra. Me valieron un peso con 50 centavos, me acuerdo. Yo miraba a la gente c\u00f3mo era tocar&#8221;, sigue con el relato.<\/p>\n<p>&#8220;Se me grab\u00f3 y empec\u00e9 a poner mis dedos, pero yo parec\u00eda una varilla. Empec\u00e9 a joder con eso, hasta que por fin me dieron los dedos&#8221;, contin\u00faa.<\/p>\n<p>&#8220;Ten\u00eda 16 a\u00f1os cuando hizo una que otra canci\u00f3n. La canta:<\/p>\n<p>Morena, linda Morena<\/p>\n<p>T\u00fa has marcado mi camino en la arena que me consiguiera con libertad al refugio de mi felicidad.<\/p>\n<p>Luego canta: A orillas del r\u00edo Pat\u00eda viven tres palomitas. Todas son muy bonitas (&#8230;) Si quieren saber su nombre se los voy a hacer saber. Una se llama Rubiela y la otra Maribel. Una se llama Rubiela y la otra Maribel.<\/p>\n<p>La otra me llena el alma y me llena el coraz\u00f3n. Y quiero hacerles saber en esta hermosa canci\u00f3n que la quiero con el alma y todito el coraz\u00f3n. Que la quiero con el alma y todito el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8220;Vea, no es por nada, si hay una persona necesitada, yo me saco el bocado. No importa si no tengo plata, no importa si no tengo nada, si la persona necesita, lo que tenga se lo entrego&#8221;, dice.<\/p>\n<p>El Plateado, Cauca.  Foto:Juan Pablo Rueda\/EL TIEMPO<\/p>\n<p>&#8220;Yo le digo a la humanidad, este mundo ser\u00eda un para\u00edso lleno de alegr\u00eda, lleno de paz, lleno de amor. Yo trato de ser eso&#8221;.<\/p>\n<p>\u00d3nier luego habla de que si el ca\u00f1\u00f3n de Micay no tuviera riqueza, el oro que motiva a que muchos busquen desentra\u00f1arlo, no habr\u00eda esa disputa entre unos y otros. No habr\u00eda disparos entre unos y otros. Lo dijo justamente cantando. <\/p>\n<p>Cuando se le pregunta sobre c\u00f3mo vive en El Plateado, en medio de la guerra contesta que, por ejemplo cuando fue el \u00faltimo que dej\u00f3 ocho civiles heridos hace una semana, por fortuna estaba en su vivienda fuera del pueblo. <\/p>\n<p>Mientras tanto, otros campesinos dicen que ya est\u00e1n cansados \u200b\u200bde esta guerra, de tanta bala, de tanta bomba, de buscar d\u00f3nde esconderse cuando cae alg\u00fan explosivo o de los disparos desde las monta\u00f1as. <\/p>\n<p>&#8220;En mi vida me he ido por all\u00e1, para ac\u00e1, volviendo a mi terru\u00f1o. Que mi Diosito d\u00e9 muchas bendiciones y que las guarde con todo su amor&#8221;, termina diciendo el labriego de sombrero de paja y botas, apurado para subir a su parcela que est\u00e1 afuera del pueblo, en lo alto de El Plateado, antes de que lo sorprenda la noche. <\/p>\n<p>CAROLINA BOH\u00d3RQUEZ<\/p>\n<p>Corresponsal de EL TIEMPO<\/p>\n<p>Cali<\/p>\n<p>Consulta m\u00e1s noticias<\/p>\n<p>Rechazan brutal golpiza a un estudiante de Los Andes.  Foto:<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por una de las calles de herradura de El Plateado que por estos d\u00edas son barrizales, debido a las fuertes lluvias, un labriego camina cantando. Lo hace en una tierra disputada a sangre y fuego. Nunca se separe de su sombrero de paja de ala ancha ni de sus botas de hule. 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