{"id":6808,"date":"2025-11-05T19:10:02","date_gmt":"2025-11-05T22:10:02","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/05\/38-anos-buscando-a-jorge-temilda-vanegas-desenterro-con-un-palustre-un-cuerpo-del-cementerio-calancala-de-barranquilla-para-exigir-verdad\/"},"modified":"2025-11-05T19:10:02","modified_gmt":"2025-11-05T22:10:02","slug":"38-anos-buscando-a-jorge-temilda-vanegas-desenterro-con-un-palustre-un-cuerpo-del-cementerio-calancala-de-barranquilla-para-exigir-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/05\/38-anos-buscando-a-jorge-temilda-vanegas-desenterro-con-un-palustre-un-cuerpo-del-cementerio-calancala-de-barranquilla-para-exigir-verdad\/","title":{"rendered":"38 a\u00f1os buscando a Jorge: Temilda Vanegas desenterr\u00f3 con un palustre un cuerpo del cementerio Calancala de Barranquilla para exigir verdad"},"content":{"rendered":"<p>       A las 5:30 pm el cielo de Barranquilla guardaba a\u00fan una luz tenue cuando Temilda Vanegas entr\u00f3 al cementerio municipal de Calancala con un plan que nadie m\u00e1s deb\u00eda conocer.<\/p>\n<p>Llevaba lo imprescindible: un palustre reci\u00e9n comprado en una ferreter\u00eda del sector, un foco de mano, guantes de farmacia y el tipo de determinaci\u00f3n que s\u00f3lo crece al ritmo de la desesperaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Hab\u00eda pasado m\u00e1s de un mes desde la desaparici\u00f3n de su esposo, Jorge Adalberto Franco Argumedra, visto por \u00faltima vez el 4 de noviembre de 1987y la incertidumbre no dejaba dormir.<\/p>\n<p>El sepulturero De turno, un se\u00f1or Rojas, le dijo que no pod\u00eda mostrarle el cuerpo. Cambio de turno, cansancio, la excusa que fuera. Temilda dej\u00f3 una piedra marcando el lugar exacto, por si acaso, y se propuso volver con autoridad judicial. <\/p>\n<p>Pero la angustia no sabe de procedimientos. Mientras el portero se distra\u00eda con el cierre, se escondi\u00f3 en una b\u00f3veda destapada y esper\u00f3. <\/p>\n<p>El silencio lleg\u00f3 con la noche y, cuando la oscuridad fue completa, empez\u00f3 a cavar con el foco en una mano y el palustre en la otra, gui\u00e1ndose por indicios: \u201cel sepulturero me dijo de este lado est\u00e1 la cabeza, de este lado los pies; cuando llegues vas a encontrar una bolsa pl\u00e1stica tapando las cuencas para que no se llenen de tierra\u201d, le cont\u00f3 a EL TIEMPO.<\/p>\n<p>El primer golpe seco contra un hueso la detuvo. All\u00ed estaba la bolsa. Se puso los guantes y retir\u00f3 con cuidado la cobertura pl\u00e1stica. Alumbr\u00f3. La cara aparec\u00eda sin tejidos blandos, verdosa por los d\u00edas en el agua. Un corte ancho, como una tajada de arena, atravesaba la frente. Le hab\u00edan echado \u00e1cido en la cara y en la espalda. Le faltaba un colmillo. No ten\u00eda u\u00f1as. &#8220;Los rasgos no se pierden, se dijo. Los p\u00f3mulos, el tabique, el frontal. Y \u00e9l ten\u00eda una caracter\u00edstica: arriba parec\u00edan cuatro dientes, pero eran tres, grandes, bien ubicados\u201d.<\/p>\n<p>Jorge Adalberto Franco Argumedo fue visto por \u00faltima vez el 4 de noviembre de 1987.  Foto:archivofamiliar<\/p>\n<p>Busc\u00f3 agua en las albercas. Lav\u00f3 con delicadeza. Encontr\u00f3 la cabeza separada de la columna; la acomod\u00f3, ajust\u00f3 las manos, recompuso los huesos en su sitio. Luego sigui\u00f3 cavando hasta encontrar la bolsa con la ropa y los zapatos: Saturno 86, talla 38, casi nuevos. El interior, la ropa con la que hab\u00eda salido de casa. Lo expandi\u00f3 todo en el suelo y, cuando se convenci\u00f3 de lo que ya sab\u00eda, devolvi\u00f3 cada cosa a su lugar, cubri\u00f3 la fosa con la misma tierra, alis\u00f3 la superficie y sali\u00f3.<\/p>\n<p>En la puerta, una pareja la mir\u00f3 p\u00e1lida. \u201c\u00bfT\u00fa eres de esta o de la otra vida?\u201dpregunt\u00f3 el hombre. Temilda, todav\u00eda con el pulso firme, respondi\u00f3 como quien no tiene tiempo para tonter\u00edas: \u201cDe esta. Y si esa es tu mujer, ll\u00e9vala a una cama\u201d. <\/p>\n<p>La ruta de la desaparici\u00f3n de JorgeLa vida de Jorge era la de un comerciante de artesan\u00edas que viajaba desde Cartagena a los pueblos donde ten\u00eda encargos. Ese 4 de noviembre de 1987 sali\u00f3 hacia Plato, Magdalena, a vender mercanc\u00eda recogida en San Jacinto, Bol\u00edvar. Militaba en un partido de izquierda, detalle peligroso en aquellos a\u00f1os de paramilitarismo creciente, rutas del narcotr\u00e1fico y pactos de silencio. Temilda y \u00e9l viv\u00edan en el barrio Los Calamares, en Cartagena, con sus tres hijos de 14, 10 y 8 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Temilda Vanegas ha librado una lucha contra la violaci\u00f3n de los derechos humanos.  Foto:Cortes\u00eda Zonacero.com<\/p>\n<p>La noticia de su muerte la encontr\u00f3 en un archivo de prensa. Lleg\u00f3 al diario El Heraldo de Barranquilla buscando el mes de noviembre. All\u00ed, una nota judicial afirmaba que el hombre hab\u00eda muerto \u201cpor inmersi\u00f3n\u201d, pescando, al perder el equilibrio en el Magdalena. \u201cEso no pod\u00eda ser, replic\u00f3 Temilda en su di\u00e1logo con el corresponsal de EL TIEMPO, m\u00e1s para s\u00ed que para nadie.. Mi esposo hab\u00eda ganado una marca nacional de nado bajo el agua, entr\u00f3 un kil\u00f3metro y sali\u00f3 un kil\u00f3metro sin respirar.\u201d. La versi\u00f3n oficial naufragaba con un dato.<\/p>\n<p>Pronto supo que la chalupa que deb\u00eda dejar a Jorge en Plato fue desviada hacia Tenerife (Magdalena) por paramilitares. &#8220;Habl\u00e9 con los hermanos Pi\u00f1a, Juan y Diomedes, recuerda. Me dijeron: &#8216;S\u00ed, ese es el se\u00f1or. Lo bajaron a cachetadas con otros tres. A todos se los llevaron. A todos los desaparecieron\u201d. <\/p>\n<p>A Jorge lo torturaron, lo asesinaron y arrojaron su cuerpo al agua. El cad\u00e1ver emergi\u00f3 enredado en tarulla cerca del ca\u00f1o de la Auyama, en Barranquilla, y fue levantado el 11 de noviembre por el Juzgado Tercero de Instrucci\u00f3n Criminal Ambulante. La funeraria del Siglo XX corrobor\u00f3 el traslado. En la Sij\u00edn, el libro de levantamiento hablaba de manos y pies amarrados con alambre de p\u00faas. &#8220;Quisieron que viera las fotos, dice. No quise: Prefer\u00ed guardar el recuerdo de su despedida, ese 4 de noviembre, que fue la \u00fanica vez que lo desped\u00ed.\u201d.<\/p>\n<p>En la b\u00fasqueda, hubo hasta una visita a una mujer que le\u00eda la suerte. Un t\u00edo de Jorge la llev\u00f3. La adivina, analfabeta, le habl\u00f3 de una finca con maquinaria \u201cmuy bonita\u201d\u201d y \u201cp\u00e1jaros grandes, rosados\u201d. Temilda hil\u00f3 el sentido: la Hacienda Santa M\u00e1rtica, en Real del Obispo, Tenerife, un feudo de narcotraficantes que alardeaba de barra giratoria y tecnolog\u00eda agr\u00edcola importada. \u201cTu esposo estuvo all\u00ed\u201d, dijo la mujer. La frase no probaba nada, pero calzaba con lo que luego confirmar\u00eda en voz de testigos: el tr\u00e1nsito de la chalupa desviada, los paramilitares en el camino, el r\u00edo como \u00faltimo escondite.<\/p>\n<p>El r\u00edo Magdalena ha sido testigo de la violencia que sacudi\u00f3 al Caribe colombiano.  Foto:ANI<\/p>\n<p>La Navidad sin juguetesEl 15 de diciembre de 1987. Jorge cumpli\u00f3 44 d\u00edas desaparecido. Temilda hab\u00eda armado sola el rompecabezas de su muerte y, aun as\u00ed, decidi\u00f3 llamarlo a sus hijos hasta enero, para que la Navidad no se les partiera en dos. Pero la vida no concede treguas ceremoniales. En la casa de una prima en el barrio Magdalena, sur de Barranquilla donde pasaba unos d\u00edas en casa de una prima, los ni\u00f1os vecinos jugaban con sus regalos mientras los suyos miraban sin preguntar. \u201cYo no ten\u00eda un peso\u201d, dice. <\/p>\n<p>La prima le ofreci\u00f3 comprar \u201cunos jugueticos\u201d, ella se neg\u00f3: le parec\u00eda demasiado cargar tambi\u00e9n esa cuenta. Hasta que el m\u00e1s peque\u00f1o habl\u00f3: &#8220;Aj\u00e1, mam\u00e1, igual que a mi pap\u00e1 se le olvid\u00f3 que tiene tres hijos. \u00bfPor qu\u00e9 este a\u00f1o no est\u00e1 con nosotros? \u00bfNo va a venir? Ni el Ni\u00f1o Dios trajo juguetes y \u00e9l tampoco ha venido&#8221;.<\/p>\n<p>Las AUC sembraron el terror y el luto en el Caribe colombiano.  Foto:Archivo particular.<\/p>\n<p>Temilda se quebr\u00f3 por primera vez. Llor\u00f3, y el llanto trajo consigo la pregunta de su prima: \u201cEse llanto no es s\u00f3lo tristeza por lo que dijo el ni\u00f1o; t\u00fa sabes algo\u201d. Y ella, entre sollozos, lo admiti\u00f3: sab\u00eda que estaba muerto. No pudo dec\u00edrselo a los hijos. No tuvo fuerza. Una psic\u00f3loga amiga de la prima lo hizo por ella. \u201cYo, que hab\u00eda abierto una fosa de noche, no pude decirles eso, recuerda.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os cargaron desde entonces con la ausencia y el miedo. Al tiempo, la madre trabaj\u00f3 en su taller de confecciones, los sostuvo, los educ\u00f3 hasta verlos profesionales, un abogado penalista con maestr\u00eda en derechos humanos, un ingeniero qu\u00edmico, un arquitecto.<\/p>\n<p>Amenazas, burocracia y el perd\u00f3n que no llegaEl d\u00eda despu\u00e9s de la exhumaci\u00f3n clandestina, Temilda fue a la Procuradur\u00eda. Entr\u00f3 a la oficina del abogado investigador y pregunt\u00f3 sin rodeos: \u201cSi yo me metiera al cementerio a abrir una fosa para convencerme de que el que est\u00e1 all\u00ed es mi esposo, \u00bfqu\u00e9 me pasar\u00eda?\u201d. \u201cLa pueden poner presa\u201d, respondi\u00f3 \u00e9l.. \u201cEntonces busque a la Polic\u00eda y d\u00edgale que me lleven presa, porque lo hice anoche\u201d. El funcionario la mir\u00f3 con asombro. \u201cUsted tiene coraje\u201d. S\u00ed, lo ten\u00eda, pero no por audacia sino por necesidad: \u201cCuando una est\u00e1 desesperada, hace cualquier vaina. No me arrepiento\u201d.<\/p>\n<p>Las consecuencias no tardaron. Los paramilitares supieron lo que hab\u00eda hecho. Empezaron los seguimientos, las llamadas, las amenazas. \u201cNo me mataron por la misericordia de Dios\u201d, dice. Lo que lleg\u00f3 fue un disparo ajeno: un estudiante de la Universidad del Atl\u00e1ntico cay\u00f3 asesinado tocando la puerta de su casa, ella mientras no estaba. <\/p>\n<p>Un a\u00f1o y medio despu\u00e9s, la Procuradur\u00eda la cit\u00f3. Pusieron frente a ella a un hombre que dijo ser uno de los asesinos de su esposo. \u201cVengo a pedirle perd\u00f3n\u201d, dijo. Temilda lo escuch\u00f3, inm\u00f3vil. \u201c\u00bfPor qu\u00e9 tengo que perdonarte?\u201d, respondi\u00f3. \u00c9l detall\u00f3 su parte. \u201cLe ech\u00e9 un saliv\u00f3n en la cara, se lo restregu\u00e9 con dos cachetadas\u201d. <\/p>\n<p>Temilda respir\u00f3 hondo y habl\u00f3 con furia: \u201cT\u00fa no me hiciste da\u00f1o a m\u00ed ni a mi esposo. A quien de verdad da\u00f1aste fue a mis tres hijos. Yo puedo volver a enamorarme, ellos no tendr\u00e1n otro pap\u00e1\u201d. Por un instante quiso lanzarle lo que encontraba una mano, pero la conten\u00eda. <\/p>\n<p>Temilda en un acto de reconocimiento como &#8220;Mujer Buscadora&#8221;, hecho por el Banco de la Rep\u00fablica.  Foto:Cortesia T Vanegas<\/p>\n<p>Casi cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s, el 28 de agosto del a\u00f1o pasado, extrajeron de Calancala restos que podr\u00edan ser de Jorge para cotejo gen\u00e9tico. Han pasado catorce meses y no hay respuesta. Temilda no se call\u00f3. Reclam\u00f3 ante la Unidad de B\u00fasqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD): &#8220;Siete a\u00f1os despu\u00e9s de los acuerdos de La Habana, \u00bftres cuerpos entregados? Ustedes est\u00e1n en oficinas con aire acondicionado mientras las v\u00edctimas buscamos en campos, ciudades y cementerios&#8221;. Elev\u00f3 un derecho de petici\u00f3n con copia a la Procuradur\u00eda. El coordinador regional sali\u00f3 del cargo a las pocas semanas. \u201cNo se justifica que no sepan ni d\u00f3nde est\u00e1n los restos: si en Barranquilla, Medell\u00edn o Bogot\u00e1. El puente entre Medicina Legal y las v\u00edctimas son ustedes\u201d, les repitieron. <\/p>\n<p>La b\u00fasqueda como oficioCon el tiempo, la b\u00fasqueda dej\u00f3 de ser s\u00f3lo personal. Temilda estudi\u00f3 Sociolog\u00eda en Cartagena hasta donde pudo y, en paralelo, se form\u00f3 en t\u00e9cnicas con el Equipo Argentino de Antropolog\u00eda Forense.. Trabaj\u00f3 con Asfaddes. En m\u00e1s de tres d\u00e9cadas de terreno, contribuy\u00f3 a encontrar e identificar a 33 de 34 personas que un grupo de familias buscaba. <\/p>\n<p>Intervenci\u00f3n en el cementerio Calancala.  Foto:Prensa UBPD<\/p>\n<p>No hab\u00eda magia ah\u00ed, sino que aprend\u00ed m\u00e9todo a pulso: escuchar, tomar nota, seguir rutas, entender la geograf\u00eda del miedo, leer en cementerios, en libros de registro, en habladur\u00edas de puerto, en contradicciones de testimonios. \u201cEl territorio habla\u201ddados.<\/p>\n<p>Hubo viajes a Centro y Suram\u00e9rica, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile, para denunciar y aprender otras formas de rastrear la desaparici\u00f3n forzada. <\/p>\n<p>Se encontr\u00f3 con madres que cavaron con las u\u00f1as, con hijos que hicieron de la hemeroteca un mapa, con abogados que entendieron que la prueba tambi\u00e9n es una lectura del tiempo.<\/p>\n<p>Cuando sus hijos fueron profesionales, le sugirieron que dejara el taller de confecciones, que descansara. \u201cAhora es cuando\u201d, les dijo. Porque la b\u00fasqueda, aprendi\u00f3, no se mide en cansancio sino en dignidad. Y porque a\u00fan faltaba lo m\u00e1s \u00edntimo: que el Estado, en nombre de la sociedad, confirmar\u00e1 con ADN lo que ella vio y reconoci\u00f3 aquella noche en Calancala. &#8220;Yo identifiqu\u00e9 la ropa, los tres dientes, los p\u00f3mulos, el tabique. Estoy convencida de que era \u00e9l. Pero quiero que me digan: s\u00ed, coinciden con el ADN de sus hijos&#8221;.<\/p>\n<p>Los d\u00edas que pesan como a\u00f1os.Treinta y ocho a\u00f1os son demasiados para un duelo en suspenso. temilda recuerda con nitidez el 15 de diciembre de 1987cuando lleg\u00f3 a Barranquilla en la madrugada, sali\u00f3 en la tarde \u201ccomo sin rumbo fijo\u201d y, camino al autob\u00fas, se desvi\u00f3 hacia las instalaciones del diario El Heraldo a pedir el archivo de noviembre. Recuerda tambi\u00e9n la Hacienda Santa M\u00e1rtica, descrita por la adivina, y luego confirmada por noticias y voces de pueblo. Recuerda al abogado renuente a visitar cementerios, a los funcionarios que no saben qu\u00e9 responder, a los sepultureros que cambian de turno como quien cambia de tiempo.<\/p>\n<p>Y recuerda, sobre todo, la primera despedida. El 4 de noviembre lo abraz\u00f3 en la puerta, un gesto raro en la rutina. \u201cNunca lo desped\u00edas, dice. Ese d\u00eda lo hice sin saber por qu\u00e9. Fue la \u00faltima vez\u201d. <\/p>\n<p>Jorge Adalberto Franco Argumedra no muri\u00f3 pescando. Muri\u00f3 asesinado y torturado por quienes hicieron del r\u00edo una tumba y de la mentira un tr\u00e1mite. Temilda Vanegas lo supo desde el principio y, cuando nadie quiso verlo, abri\u00f3 la tierra para que hablara.<\/p>\n<p>Le puede interesar<\/p>\n<p>Le tengo el remedio  Foto:<\/p>\n<p>LEONARDO HERRERA DELGANS periodista de EL TIEMPO leoher@eltiempo.com y en X:@leoher70<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A las 5:30 pm el cielo de Barranquilla guardaba a\u00fan una luz tenue cuando Temilda Vanegas entr\u00f3 al cementerio municipal de Calancala con un plan que nadie m\u00e1s deb\u00eda conocer. 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