{"id":54636,"date":"2026-04-21T05:47:18","date_gmt":"2026-04-21T08:47:18","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/04\/21\/la-disputa-por-el-esequibo-despues-del-3-de-enero-de-2026\/"},"modified":"2026-04-21T05:47:18","modified_gmt":"2026-04-21T08:47:18","slug":"la-disputa-por-el-esequibo-despues-del-3-de-enero-de-2026","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/04\/21\/la-disputa-por-el-esequibo-despues-del-3-de-enero-de-2026\/","title":{"rendered":"La disputa por el Esequibo despu\u00e9s del 3 de enero de 2026"},"content":{"rendered":"<p>Durante a\u00f1os, el diferendo del Esequibo se explic\u00f3 en Venezuela como un pleito jur\u00eddico mal llevado y peor defendido. Una disputa de mapas, tratados y arbitrajes ama\u00f1ados. Pero esa narrativa \u2014c\u00f3moda, casi escolar\u2014 siempre omiti\u00f3 lo esencial: que en el sistema internacional el derecho rara vez es \u00e1rbitro; m\u00e1s bien suele ser coartada.<\/p>\n<p>Hasta el 3 de enero de 2026, la presi\u00f3n de fuerzas era, en apariencia, inequ\u00edvoca. Guyana, convertida en potencia petrolera emergente gracias a su fachada atl\u00e1ntica, hab\u00eda logrado alinear en su favor a las grandes corporaciones energ\u00e9ticas y, con ellas, a los gobiernos que las respaldan. Venezuela, en cambio, persist\u00eda en su ya cr\u00f3nica condici\u00f3n de paria, aferrada a un discurso de soberan\u00eda mientras perd\u00eda influencia real. En ese contexto, una eventual sentencia de la Corte Internacional de Justicia adversa a Caracas no solo era plausible: resultaba casi natural. Una forma elegante \u2014jur\u00eddicamente presentable\u2014 de sancionar a un r\u00e9gimen inc\u00f3modo y, de paso, consolidar un nuevo orden energ\u00e9tico en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la historia, que suele moverse con lentitud geol\u00f3gica, a veces decide dar saltos abruptos. Y lo ocurrido tras la captura de Nicol\u00e1s Maduro por parte de Estados Unidos alter\u00f3, en cuesti\u00f3n de semanas, lo que parec\u00eda un destino sellado.<\/p>\n<p>El nuevo entendimiento entre Caracas y Washington \u2014sustentado, como no pod\u00eda ser de otra manera, en el negocio petrolero\u2014 ha reconfigurado el tablero. Venezuela ha pasado, sin demasiadas explicaciones intermedias, de actor indeseable a socio funcional. Un tr\u00e1nsito que no es ideol\u00f3gico ni moral, sino estrictamente pragm\u00e1tico. En pol\u00edtica internacional, como ense\u00f1aba Kissinger con su cinismo habitual, no hay aliados permanentes, solo intereses persistentes.<\/p>\n<p>En este nuevo escenario, la pregunta deja de ser jur\u00eddica y se vuelve inevitablemente pol\u00edtica: \u00bfsigue siendo conveniente para los centros de poder una decisi\u00f3n que despoje a Venezuela de una porci\u00f3n sustancial de su territorio con alto potencial energ\u00e9tico?<\/p>\n<p>La Corte Internacional de Justicia, por supuesto, no admite este tipo de consideraciones en sus fallos. Su lenguaje es otro: t\u00e9cnico, hist\u00f3rico, aparentemente as\u00e9ptico. Pero ser\u00eda ingenuo suponer que \u00f3pera en el vac\u00edo. Las grandes decisiones judiciales internacionales suelen moverse dentro de m\u00e1rgenes que, sin traicionar abiertamente el derecho, tampoco contradicen frontalmente las realidades de poder.<\/p>\n<p>Es all\u00ed donde la nueva relaci\u00f3n entre Caracas y Washington introduce una variable decisiva. No necesariamente para garantizar una victoria venezolana \u2014esa ilusi\u00f3n pertenece m\u00e1s al discurso pol\u00edtico que al an\u00e1lisis serio\u2014, pero s\u00ed para alterar los t\u00e9rminos del resultado. Una sentencia menos maximalista, una f\u00f3rmula intermedia, un reconocimiento parcial: opciones que hace apenas meses parec\u00edan improbables comienzan ahora a adquirir cierta l\u00f3gica.<\/p>\n<p>En este punto conviene recordar uno de los errores estrat\u00e9gicos m\u00e1s costosos de la pol\u00edtica exterior venezolana reciente. Durante el gobierno de Hugo Ch\u00e1vez se produjo lo que podr\u00eda describirse, con indulgencia, como una desmovilizaci\u00f3n estrat\u00e9gica del conflicto. Bajo la ret\u00f3rica de la integraci\u00f3n regional, se lleg\u00f3 incluso a invitar a Guyana a explorar conjuntamente los recursos del Esequibo, una se\u00f1al que fue interpretada \u2014previsiblemente\u2014 como debilidad m\u00e1s que como gesto de buena voluntad. En pol\u00edtica territorial, la ambig\u00fcedad rara vez se fortalece; Suele, m\u00e1s bien, erosionar.<\/p>\n<p>Hoy, parad\u00f3jicamente, es el propio chavismo \u2014o lo que queda de \u00e9l tras su mutaci\u00f3n reciente\u2014 el que podr\u00eda tener la oportunidad de corregir ese error. Y en el centro de esa posibilidad aparece una figura inesperada: Delcy Rodr\u00edguez.<\/p>\n<p>Arquitecta del viraje econ\u00f3mico que ha desmontado, pieza a pieza, algunas de las ortodoxias m\u00e1s r\u00edgidas del modelo chavista, Rodr\u00edguez encarna una versi\u00f3n m\u00e1s pragm\u00e1tica, menos doctrinaria del poder. El discurso sigue siendo revolucionario; la pr\u00e1ctica, en cambio, comienza a parecer peligrosamente a otra cosa. Propiedad privada, apertura selectiva, acuerdos con capital internacional: signos de una reconversi\u00f3n que habr\u00eda resultado impensable hace apenas unos a\u00f1os.<\/p>\n<p>En ese contexto, no resulta descabellado plantear que el Esequibo pueda entrar en la ecuaci\u00f3n de las negociaciones con Estados Unidos. No como un tema aislado, sino como parte de un paquete m\u00e1s amplio donde se entrelazan energ\u00eda, estabilidad pol\u00edtica y seguridad jur\u00eddica. El chavismo ha demostrado, con una consistencia casi admirable, que est\u00e1 dispuesto a entenderse con quien sea necesario con tal de preservar el poder. Si ese entendimiento pasa ahora por Washington, ser\u00eda ingenuo suponer que dejar\u00e1n fuera de la mesa uno de los activos territoriales m\u00e1s sensibles del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Queda, sin embargo, una inc\u00f3gnita mayor. Si el nuevo orden que emerge tras enero de 2026 logra consolidarse, la decisi\u00f3n de la CIJ dejar\u00e1 de ser un acto puramente jur\u00eddico para convertirse en una pieza m\u00e1s dentro de una arquitectura de poder en recomposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque al final, m\u00e1s all\u00e1 de los tratados y alegatos, el destino del Esequibo no se decidir\u00e1 \u00fanicamente en los salones de La Haya. Se decidir\u00e1 \u2014como casi todo lo importante en este mundo\u2014 en el punto donde convergen el petr\u00f3leo, el poder y la conveniencia.<\/p>\n<p>Y ese punto, hoy m\u00e1s que nunca, parece estar bastante lejos de cualquier tribunal.<\/p>\n<p>@humbertotweets<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante a\u00f1os, el diferendo del Esequibo se explic\u00f3 en Venezuela como un pleito jur\u00eddico mal llevado y peor defendido. Una disputa de mapas, tratados y arbitrajes ama\u00f1ados. Pero esa narrativa \u2014c\u00f3moda, casi escolar\u2014 siempre omiti\u00f3 lo esencial: que en el sistema internacional el derecho rara vez es \u00e1rbitro; m\u00e1s bien suele ser coartada. 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