{"id":51467,"date":"2026-04-11T06:16:09","date_gmt":"2026-04-11T09:16:09","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/04\/11\/liquidez-y-positividad-figuras-del-extranamiento\/"},"modified":"2026-04-11T06:16:09","modified_gmt":"2026-04-11T09:16:09","slug":"liquidez-y-positividad-figuras-del-extranamiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/04\/11\/liquidez-y-positividad-figuras-del-extranamiento\/","title":{"rendered":"Liquidez y positividad: figuras del extra\u00f1amiento"},"content":{"rendered":"<p>\u201cLo positivo es aquello que, siendo obra del esp\u00edritu<br \/>\nhumano, se le enfrenta luego como un poder extra\u00f1o\u201d.<br \/>\n\u201cEn lo positivo, el hombre ya no se reconoce en lo que \u00e9l mismo<br \/>\nha puesto, y su propia obra se convierte para \u00e9l en algo ajeno\u201d.<br \/>\nGWF Hegel<\/p>\n<p>La noci\u00f3n de \u201cmodernidad l\u00edquida\u201d, de Zygmunt Bauman, describe con sorprendente precisi\u00f3n esta fase de la sociedad contempor\u00e1nea en la que las estructuras sociales, pol\u00edticas y culturales en general, han perdido la solidez y estabilidad que en alg\u00fan momento llegaron a tener, haci\u00e9ndose flexibles, maleables, cambiantes e inciertas, tal como sucede con los cuerpos l\u00edquidos: un volumen constante sin forma fija que simplemente se adapta. A diferencia de la modernidad \u201cs\u00f3lida\u201d, basada en instituciones duraderas (el Estado, la familia, el trabajo estable, etc.), la modernidad l\u00edquida se caracteriza por la precariedad de los v\u00ednculos, la volatilidad de las identidades, la desmedida aceleraci\u00f3n del cambio y la primac\u00eda del consumo sobre la producci\u00f3n. En este contexto, el individuo queda cada vez m\u00e1s liberado de estructuras s\u00f3lidas, pero tambi\u00e9n m\u00e1s expuesto a la inseguridad, a la fragmentaci\u00f3n y al devenir de s\u00ed mismo en un mundo sin formas ni referencias estables. <\/p>\n<p>La noci\u00f3n propuesta por Bauman ha logrado captar, con notable precisi\u00f3n, la experiencia cotidiana de un mundo en crisis, en el que los v\u00ednculos humanos se disuelven con pasmosa vertiginosidad, las instituciones pierden consistencia y la propia identidad se vuelve un elemento fluctuante. Todo parece deslizarse y diluirse. Nada permanece. Da la impresi\u00f3n de haber reivindicado el \u201c\u03c0\u03b1\u03bd\u03c4\u03b1 \u03c1\u03b5\u03b9\u201d (todo fluye) de Her\u00e1clito, frente a la absoluta inmovilidad sentenciada por Parm\u00e9nides. Pero tal vez convenga preguntarse si la cr\u00edtica de este importante fen\u00f3meno social ser\u00e1 suficiente por s\u00ed misma como para exigir su sustituci\u00f3n por el a\u00f1o de una supuesta solidez perdida. M\u00e1s bien, cabe la posibilidad de que, en el fondo, se trate de una suerte de desgarramiento que, al poner de manifiesto su liquidez, se va cristalizando en el fen\u00f3meno de la positividad, ya denunciado por Hegel. Se tratar\u00eda, entonces, de dos t\u00e9rminos opuestos que son, en el fondo, correlativos, ya que forman parte de una misma complexi\u00f3n y de una misma formaci\u00f3n hist\u00f3rica y social.<\/p>\n<p>En sus escritos juveniles, Hegel desarroll\u00f3 el concepto de positividad (positividad) para designar aquello que, siendo originariamente producto de la actividad humana, se va presentando, progresivamente, como un algo otroes decir, un ser externo, fijo, ajeno, hostil y coercitivo. Lo positivo es lo que ha sido puesto (positum), pero olvidado como tal: una creaci\u00f3n similar a la que ocurre en el taller de el aprendiz de brujo de Goethe, en la que los objetos adquieren vida propia frente a su creador. Fen\u00f3meno que, si se examina con detenimiento, muestra c\u00f3mo la liquidez descrita por Bauman constituye, en realidad, la negaci\u00f3n abstracta de su propia positividad. Lo l\u00edquido no solo es la \u201cmateria prima\u201d de lo positivo, sino su resultado necesario. Si la liquidez es el estado en el que las formas no logran fijarse, la positividad es el estado en el que lo l\u00edquido fija las formas. Por eso, ambas determinaciones forman los elementos constitutivos de un mismo proceso. En el primer caso, la exteriorizaci\u00f3n pone en evidencia su incapacidad para alcanzar su consolidaci\u00f3n; en el segundo, la consolidaci\u00f3n patentiza de tal modo su exteriorizaci\u00f3n que la obliga a poner (setzen) su estado de enajenaci\u00f3n. <\/p>\n<p>La positividad \u201ccoagula\u201d la liquidez tanto como la liquidez \u201ccoagula\u201d positividad. Tal como ocurre con el coagulo en el torrente sangu\u00edneo, lo positivo interrumpe el flujo vital. Y sin embargo, ambos est\u00e1n hechos del mismo material. Solo cambia el estado. La positividad es, pues, negatividad encubierta: niega la libertad al presentarse como algo dado e incuestionable. La modernidad \u201cs\u00f3lida\u201d -la de las instituciones firmes, identidades estables y normas duraderas- es positivo: un mundo de formas \u201cpuestas\u201d que, por haber sido fijadas, contienen en s\u00ed la semilla de su disoluci\u00f3n. Pero la liquidez, entonces, es m\u00e1s que una condici\u00f3n sociol\u00f3gica: es el movimiento mediante el cual lo puesto revela su contingencia. Pero esa liquidez es tambi\u00e9n positiva, porque ha sido puesta hist\u00f3ricamente, como forma determinada del esp\u00edritu. Es negatividad abstracta, negatividad cristalizada, positiva, que se ha instalado como mundo. La positividad s\u00f3lida (lo que ha sido fijado) es negativa porque reprime la libertad bajo la forma de lo dado. Por eso, la liquidez moderna es positiva, porque es la forma hist\u00f3rica en la que esa negaci\u00f3n se manifiesta. Pero, al mismo tiempo, es negativa porque al carecer de forma, puede disolver las condiciones de posibilidad de la libertad efectiva. As\u00ed pues, dos momentos de la negatividad bajo diversas perspectivas: la una (la positividad) es negatividad que reprime; la otra (la liquidez) es negatividad desplegada. Pero ambos son momentos de la positividad: lo puesto como s\u00f3lido (que oculta su condici\u00f3n); lo puesto como l\u00edquido (que exhibe su condici\u00f3n contingente).<\/p>\n<p>A la luz de estas consideraciones, resulta insuficiente oponer a la fragilidad de las relaciones l\u00edquidas un ideal de relaciones \u201cs\u00f3lidas\u201d, estables, normativamente garantizadas, \u201cpositivas\u201d. Esta soluci\u00f3n, tan promovida por ciertas corrientes de la psicolog\u00eda y la sociolog\u00eda instrumentales, no hace m\u00e1s que desplazar el problema sin resolverlo. Las relaciones r\u00edgidas, institucionalizadas hasta la inmovilidad, no superan la liquidez. M\u00e1s bien la acaban y completan. Son su contra-cara, su \u201cotro del otro\u201d, su \u201cs\u00ed mismo\u201d. Ah\u00ed donde el v\u00ednculo se fija completamente, desaparece su car\u00e1cter vivo y deviene positividad. Norma exterior, deber sin interioridad, estructura sin reconocimiento. En este punto, Bauman converge con Hegel, quiz\u00e1s sin propon\u00e9rselo. El primero denuncia la disoluci\u00f3n de los v\u00ednculos; el segundo, su petrificaci\u00f3n. Pero ambas denuncias apuntan hacia un mismo fen\u00f3meno: el de la p\u00e9rdida de la mediaci\u00f3n viva de la acci\u00f3n ciudadana y su progresiva sustituci\u00f3n por la presuposici\u00f3n de individuos aislados.<\/p>\n<p>Liquidez y positividad son, pues, figuras del extra\u00f1amiento, de la enajenaci\u00f3n. En la primera, el sujeto no logra constituir formas duraderas de reconocimiento; en la segunda, esas formas se le imponen como algo extra\u00f1o. En ambos casos, las relaciones sociales quedan despose\u00eddas de su car\u00e1cter propiamente \u00e9tico. Por ello, la superaci\u00f3n de la modernidad l\u00edquida no puede consistir en el retorno a la positividad. No se trata de solidificar (o cristalizar) lo fluido, sino de restituir la capacidad de producir formas que permanezcan vivas, formas que no se separen de la actividad sensitiva humanade la praxis que las producen. Solo mediante la conformaci\u00f3n (Gebilde) de este dif\u00edcil equilibrio se puede conquistar una salida a la paradoja del tiempo presente. No es aguantando lo fluido (conservadurismo) ni disolviendo lo firme (progresismo) como se rescata el v\u00ednculo \u00e9tico de la humanidad, sino reconociendo que tanto la liquidez como la positividad no solo son rec\u00edprocas, sino que por eso mismo son formas abstractas de una misma. Porque all\u00ed donde la vida no se reconoce en sus propias determinaciones, o se disuelve en un flujo sin fin o se petrifica en el umbral de la inmovilidad.<\/p>\n<p>@jrherreraucv<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLo positivo es aquello que, siendo obra del esp\u00edritu humano, se le enfrenta luego como un poder extra\u00f1o\u201d. \u201cEn lo positivo, el hombre ya no se reconoce en lo que \u00e9l mismo ha puesto, y su propia obra se convierte para \u00e9l en algo ajeno\u201d. 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