{"id":44678,"date":"2026-03-21T01:30:31","date_gmt":"2026-03-21T04:30:31","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/21\/cuando-los-golpes-militares-eran-normales\/"},"modified":"2026-03-21T01:30:31","modified_gmt":"2026-03-21T04:30:31","slug":"cuando-los-golpes-militares-eran-normales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/21\/cuando-los-golpes-militares-eran-normales\/","title":{"rendered":"Cuando los golpes militares eran normales"},"content":{"rendered":"<p>   En ese momento, algunos llamaron a lo ocurrido el 24 de marzo de 1976 \u201cel golpe de un reloj\u201d, porque todo hab\u00eda sido muy predecible. Durante meses, los argentinos hab\u00edan dado por sentado que, m\u00e1s temprano que tarde, las fuerzas armadas dejar\u00edan de lado al tambaleante gobierno de Isabelita y lo reemplazar\u00edan con un r\u00e9gimen severo pero, en general, bastante sensato, dirigido por el general moderado de voz suave Jorge Rafael Videla.  <\/p>\n<p>    Pocos encontraron la perspectiva alarmante o incluso lamentable. En esta parte del mundo, era entonces normal que, despu\u00e9s de un per\u00edodo de caos populista, los hombres uniformados no tuvieran m\u00e1s remedio que intervenir y restaurar una apariencia de orden y hacer todo lo posible para modernizar una econom\u00eda notoriamente deficiente. En esta ocasi\u00f3n, tambi\u00e9n se esperaba que libraran al pa\u00eds de las bandas terroristas que, desde finales de la d\u00e9cada de 1960, se hab\u00edan acostumbrado a asesinar a pol\u00edticos y sindicalistas, secuestrar a empresarios para pedir rescate y organizar asaltos a comisar\u00edas de polic\u00eda y cuarteles del ej\u00e9rcito.  <\/p>\n<p>    Es imposible decir cu\u00e1ntas personas apoyaron al r\u00e9gimen que se apoder\u00f3 del pa\u00eds o (si ten\u00edan alg\u00fan escr\u00fapulo democr\u00e1tico, estaban dispuestas a darle el beneficio de la duda), pero es posible que haya contado con el respaldo de una mayor\u00eda. Sin embargo, desafortunadamente para ellos, los miembros de la junta no ten\u00edan inter\u00e9s en darle a su gobierno una p\u00e1tina de legitimidad convocando un refer\u00e9ndum; los jefes militares estaban en contra de las elecciones o cualquier cosa asociada con ellas por principio y desaprobaban las encuestas de opini\u00f3n. Esto signific\u00f3 que, a diferencia de sus hom\u00f3logos chilenos, despu\u00e9s de su ca\u00edda no pudieron recordar a sus cr\u00edticos que, al menos durante varios a\u00f1os, gran parte de la poblaci\u00f3n hab\u00eda estado de su lado.<\/p>\n<p>    En cualquier caso, pronto se hizo evidente que la junta de Videla no ser\u00eda como las administraciones mandonas y ligeramente conservadoras, pero en general bastante suaves, de Juan Carlos Ongan\u00eda o Alejandro Agust\u00edn Lanusse, presidentes (de factocomo se convirti\u00f3 de rigor se\u00f1alar) que parec\u00edan preocuparse m\u00e1s por los hombres con barba y las ni\u00f1as con minifaldas que por los problemas planteados por los extremistas violentos. A diferencia de tales antecesores, Videla y compa\u00f1\u00eda tuvieron que enfrentar los desaf\u00edos lanzados por organizaciones terroristas convencidos de tener la historia de su lado, siendo los principales los Montoneros, que luego de iniciar su vida en la extrema derecha del espectro ideol\u00f3gico hab\u00edan migrado hacia la izquierda tercermundista entonces de moda, y el marxista \u201cEj\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo\u201d o ERP.<\/p>\n<p>    Era evidente que tratar con ellos era necesario, pero la forma en que el r\u00e9gimen decidi\u00f3 hacerlo no podr\u00eda haber sido peor. En lugar de trabajar dentro de la ley, como podr\u00eda haberlo hecho, permiti\u00f3 que los terroristas establecieran las reglas aplicando m\u00e9todos que seguramente habr\u00edan merecido la aprobaci\u00f3n incondicional de Mao Zedong, Fidel Castro y los te\u00f3cratas iran\u00edes pero que, incluso en circunstancias dif\u00edciles, son repudiados por la mayor\u00eda de los occidentales civilizados.<\/p>\n<p>    Los estrategas militares estaban fuertemente influenciados por lo que hab\u00edan hecho los franceses en su fallido intento de hacer de Argelia una parte integral de su propio pa\u00eds, a pesar de que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n ten\u00eda muy poco en com\u00fan con ellos. Tambi\u00e9n fueron influenciados por el ejemplo dado por Juan Domingo Per\u00f3n quien, poco antes de su fallecimiento, hab\u00eda institucionalizado de hecho el terrorismo de Estado al patrocinar, junto con su gur\u00fa Jos\u00e9 L\u00f3pez Rega, la Triple-A, cuyos miembros fascistas inmediatamente demostraron ser tan sedientos de sangre como sus enemigos declaradamente izquierdistas.  <\/p>\n<p>    En cualquier caso, si bien los grupos terroristas resultaron atractivos para los intelectuales urbanos descontentos, nunca gozaron de mucho apoyo entre la poblaci\u00f3n en general, por lo que tratarlos como si lo tuvieran ten\u00eda poco sentido. Sin embargo, para los oficiales militares que quer\u00edan creer que estaban librando una guerra inmensamente importante en nombre de la naci\u00f3n, la tentaci\u00f3n de exagerar su importancia pronto se volvi\u00f3 irresistible. Fue un error que tendr\u00eda consecuencias atroces, no s\u00f3lo para sus enemigos sino tambi\u00e9n para muchos de sus propios camaradas, que pasar\u00edan d\u00e9cadas tras las rejas por obedecer \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>    Dos meses despu\u00e9s del golpe, en un art\u00edculo titulado &#8220;Civilizaci\u00f3n y salvajismo&#8221;, escrib\u00ed: &#8220;Un peligro especial que presenta el terrorismo de cualquier color pol\u00edtico es su efecto sobre las propias fuerzas de seguridad. Los hombres que luchan contra un enemigo traicionero, resbaladizo y con cabeza de hidra, que no tiene escr\u00fapulos en cuanto al m\u00e9todo, a menudo se sienten tentados a contraatacar de manera similar&#8221;. No hace falta decir que comentarios tan cautelosos y otros bastante m\u00e1s vehementes que siguieron en art\u00edculos con t\u00edtulos como &#8220;Cuidado con los carniceros&#8221; en agosto de ese a\u00f1o, no tuvieron ning\u00fan efecto en el pensamiento oficial. Aunque muchos militares estaban tomando conciencia de que si se restablec\u00eda la democracia, como insist\u00edan, ser\u00eda despu\u00e9s de haber purgado el sistema de sus muchos males, los altos mandos y muchos oficiales y suboficiales de menor rango tendr\u00edan que enfrentar una versi\u00f3n argentina de los Juicios de Nuremberg. Sin embargo, al cabo de unos meses la suerte ya estaba irrevocablemente echada.<\/p>\n<p>    Pero no fue el abuso sistem\u00e1tico de los derechos humanos b\u00e1sicos lo que acab\u00f3 con el \u201cProceso\u201d. Tuvieron que pasar varios a\u00f1os antes de que se convirtiera en un problema importante. Perdi\u00f3 apoyo debido a su incapacidad para mejorar el desempe\u00f1o econ\u00f3mico del pa\u00eds. Esto no fue sorprendente; muchos oficiales de alto rango compart\u00edan con sus contempor\u00e1neos civiles las creencias excesivamente optimistas de los l\u00edderes peronistas y radicales que hab\u00edan hecho de Argentina un sin\u00f3nimo de locura econ\u00f3mica miope y no ten\u00edan tiempo para nada que oliera a austeridad. Su incapacidad para derrotar la inflaci\u00f3n provoc\u00f3 malestar p\u00fablico y luego \u2013en un intento desesperado por distraer la atenci\u00f3n de sus problemas\u2013 comenzaron una guerra en el Atl\u00e1ntico Sur, que perdieron.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s de eso, supieron que el juego hab\u00eda terminado. Mientras se retiraban del poder, cruzaron los dedos y esperaron que el candidato peronista, Italo Argentino Luder, que hab\u00eda prometido olvidar todas esas cosas desagradables sobre los derechos humanos, derrotara al radical Ra\u00fal Alfons\u00edn en las pr\u00f3ximas elecciones.<\/p>\n<p>    Alfons\u00edn gan\u00f3 y, para su gran cr\u00e9dito, enjuici\u00f3 a los jefes militares responsables de lo sucedido, pero los principales beneficiarios del tard\u00edo inter\u00e9s del p\u00fablico por los derechos humanos, que hasta entonces hab\u00eda sido una preocupaci\u00f3n de nicho no s\u00f3lo aqu\u00ed sino en la mayor\u00eda de los pa\u00edses occidentales, no fueron los radicales sino los peronistas. Mientras dur\u00f3 el Proceso, N\u00e9stor Kirchner y su esposa Cristina Fern\u00e1ndez de Kirchner estuvieron entre sus amigos. Despu\u00e9s de ser enterrada, se convirtieron en guerreros de los derechos humanos de por vida, como lo hicieron, de hecho, muchos terroristas supervivientes que afirmaron haber tomado las armas en defensa de la democracia burguesa que hasta entonces hab\u00edan despreciado profundamente y, gracias al se\u00f1or y la se\u00f1ora Kirchner, fueron recompensados \u200b\u200bcon fondos p\u00fablicos por su supuesta contribuci\u00f3n a su restauraci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En ese momento, algunos llamaron a lo ocurrido el 24 de marzo de 1976 \u201cel golpe de un reloj\u201d, porque todo hab\u00eda sido muy predecible. 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