{"id":42817,"date":"2026-03-16T02:49:18","date_gmt":"2026-03-16T05:49:18","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/16\/la-vida-vale-un-celular\/"},"modified":"2026-03-16T02:49:18","modified_gmt":"2026-03-16T05:49:18","slug":"la-vida-vale-un-celular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/16\/la-vida-vale-un-celular\/","title":{"rendered":"\u00bfLa vida vale un celular?"},"content":{"rendered":"<p>Hay tragedias que no solo enlutan a una familia: extreman la conciencia de toda una sociedad. La noticia de que dos ni\u00f1os \u2014porque no han llegado a la adolescencia, el mayor tiene 12 y el otro 11 a\u00f1os\u2014 han sido asesinados a su padre ya su madre respectivamente, en este principio de a\u00f1o, tras ser castigados con la suspensi\u00f3n del celular y la consola de videojuegos, es una de esas realidades que nos obligan a mirarnos en el espejo colectivo.<\/p>\n<p>No se trata \u00fanicamente de dos cr\u00edmenes atroces: uno le dispar\u00f3 a su padre en la sien mientras dorm\u00eda y el otro le dio un batazo en la cabeza a la mam\u00e1. Se trata de un s\u00edntoma. Un s\u00edntoma de algo que, silenciosamente, ha venido gest\u00e1ndose durante a\u00f1os en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestras conversaciones \u2014o en la ausencia de ellas\u2014. Cuando la vida pierde valor frente a un objeto, cuando la frustraci\u00f3n se transforma en violencia letal, algo esencial se ha resquebrajado en el tejido moral de la convivencia humana.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s lo m\u00e1s perturbador no sea solo el hecho en s\u00ed, sino la frialdad con la que los ni\u00f1os habr\u00edan enfrentado las consecuencias de sus actos. Una frialdad que llev\u00f3 a los jueces a tomar la dif\u00edcil decisi\u00f3n de procesarlos como adultos. Esa determinaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 del debate jur\u00eddico que pueda suscitar, revela la magnitud del desconcierto social ante comportamientos que escapan a toda l\u00f3gica emocional conocida.<\/p>\n<p>Nos preguntamos entonces: \u00bfen qu\u00e9 momento nos queda de escuchar? \u00bfCu\u00e1ndo sustituimos la formaci\u00f3n del car\u00e1cter por la satisfacci\u00f3n inmediata? \u00bfEn qu\u00e9 instante permitimos que las pantallas se convirtieran en el principal interlocutor de la infancia? <\/p>\n<p>Vivimos en una \u00e9poca de avances extraordinarios y, parad\u00f3jicamente, de profundas carencias afectivas. La tecnolog\u00eda, que lleg\u00f3 para acercarnos, ha terminado muchas veces aisl\u00e1ndonos. Los hogares, que deben ser espacios de di\u00e1logo y contenci\u00f3n, se transforman con frecuencia en territorios fragmentados donde cada quien habita su propio universo digital. <\/p>\n<p>No se trata de demonizar a los padres, ni a los dispositivos, ni de idealizar un pasado que tampoco fue perfecto. Se trata de asumir la responsabilidad compartida de educar en l\u00edmites, en empat\u00eda, en tolerancia a la frustraci\u00f3n. Valores que no se descargan ni se actualizan con un clic, sino que se cultivan con tiempo, presencia y coherencia.<\/p>\n<p>La verdadera tragedia no es solo la p\u00e9rdida irreparable de dos vidas. Es la evidencia dolorosa de que estamos fallando en ense\u00f1ar a nuestros ni\u00f1os a vivir en sociedad, a reconocer el valor del otro, a comprender que la libertad no puede existir sin responsabilidad. <\/p>\n<p>Tal vez este comienzo de a\u00f1o nos deja una lecci\u00f3n que no deber\u00edamos ignorar. Porque cuando la violencia brota desde la infancia, no es \u00fanicamente la justicia la que debe actuar: es la sociedad entera la que tiene que replantearse sus prioridades.<\/p>\n<p>De lo contrario, seguiremos contando tragedias sin entender que, en el fondo, todos hablan de nosotros mismos.<\/p>\n<p>@cjaimesb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay tragedias que no solo enlutan a una familia: extreman la conciencia de toda una sociedad. 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