{"id":42394,"date":"2026-03-14T01:27:25","date_gmt":"2026-03-14T04:27:25","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/14\/el-vuelo-detenido-la-vida-en-una-gaveta\/"},"modified":"2026-03-14T01:27:25","modified_gmt":"2026-03-14T04:27:25","slug":"el-vuelo-detenido-la-vida-en-una-gaveta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/14\/el-vuelo-detenido-la-vida-en-una-gaveta\/","title":{"rendered":"El vuelo detenido: La vida en una gaveta"},"content":{"rendered":"\n<p>LILIANA LARA, AUTORRETRATO\u201cEl auto atraviesa pueblos desbaratados donde &#8216;el tiempo externo parec\u00eda haber sido abolido&#8217; y el espacio es &#8216;puro, sin reglas ni se\u00f1ales&#8217;. Sin puntos de referencias, la realidad m\u00e1s tangible se encuentra en el interior de una misteriosa y antigua m\u00e1quina\u201d<\/p>\n<p>Por MARIO MORENZA<\/p>\n<p>En el fondo de los objetos encontraremos las palabras cuando ya no las tengamos con nosotros. Cuando las guerras y distancias, las huidas y pandemias, y los recuerdos y migraciones hayan tensado tanto los morfemas como para deshacer una palabra sencilla, materna, natural. Ser\u00e1 \u201cel limbo de la lengua\u201d, con sus rituales vertidos en objetos, con sus mapas dispuestos de se\u00f1ales y flechas, se orientan los personajes de M\u00e9todo rumano para dejar de fumargenial relator de Liliana Lara.<\/p>\n<p>En \u201cUn viejo manuscrito\u201d, Esther dedic\u00f3 su vida burocr\u00e1tica a controlar y archivar los pendientes de sus jefes, pero en esos trajines sus propios recuerdos se traspapelaron. Entonces, cada vez que regresa de su siesta tautol\u00f3gica en un trono de la memoria en forma de mecedora de mimbre, registra, oscilante entre la vigilia y el sue\u00f1o, los rastros desperdigados de la descompuesta realidad. Explora compartimientos secretos, gavetas, para encontrar pistas y rearmar una biograf\u00eda improbable.<\/p>\n<p>\u201cExhibici\u00f3n permanente\u201d integra el relato policial con ecos cortazarianos \u00a1o felisbertianos! Seguimos la pesquisa de una escritora que ha pospuesto sus rituales creativos para encontrar un secreto oculto entre los objetos de una exposici\u00f3n. Las vitrinas custodios reliquias que fueron destinadas a ritos hebreos para nacimientos, matrimonios y muertes, aquellos que determinan \u201cel ritmo de la vida\u201d. Finalmente descubre que \u201cla vida era una secuencia de repeticiones, una exhibici\u00f3n permanente de rituales\u201d.<\/p>\n<p>\u201cUn paisaje alpino\u201d se presenta como una mezcla entre pel\u00edcula de carretera con trama rulfiana: la b\u00fasqueda insistente de la ciudad donde yace el padre de la protagonista \u201ca bordo\u201d de un \u201cFrankenstein\u201d autom\u00f3vil con aires de loco max y veh\u00edculo de Stakelum es cubagua. El auto atraviesa pueblos desbaratados donde \u201cel tiempo externo parec\u00eda haber sido abolido\u201d y el espacio es \u201cpuro, sin reglas ni se\u00f1ales\u201d. Sin puntos de referencia, la realidad m\u00e1s tangible se encuentra en el interior de una misteriosa y antigua m\u00e1quina. De modo similar una extranjera cruza la ciudad en \u201cGavetas que no abren\u201d. Desconoce el nombre de las calles pero intenta recurrir a sus gavetas mentales. En el interior de estas se resguardan las ciudades que ha habitado.  <\/p>\n<p>En \u201cMasada\u201d, \u201cMigdal Or\u201d y \u201cOjos de esmalte\u201d se remarca la b\u00fasqueda de objetos perdidos entre infinitos granos de arena, que devienen en escape de esas rutinas mecanizadas, presidiarias, en bucle. \u201cM\u00e9todo rumano para dejar de fumar\u201d nos lleva a reconocer la palabra como pr\u00f3fuga, donde los personajes permanecen \u201catrapados en el limbo de la lengua\u201d.<\/p>\n<p>Si leemos en uno de los cuentos \u201chay una casa en los rituales\u201d, es en \u201cCasas vivas\u201d, donde se afina la po\u00e9tica del conjunto: una cuidadora de casas recorre un inmueble deshabitado y desarrolla portales ps\u00edquicos con aquella otra casa vac\u00eda al otro lado del mundo, su casa de la infancia, cuyos objetos, joyas o m\u00e1s bien ollas, reposan y han dejado estancar las palabras. Esos objetos ajenos que mantienen pulcros, recomponen nombres, balbuceos, palabras entre esas paredes, como un alfabeto extraviado del antiguo hogar. El hombre que la contrata le entrega un mapa que facilitar\u00e1 su llegada a la casa: un papel atiborrado de flechas, garabatos, l\u00edneas con \u00e1ngulos que suponen esquinas, remedos de s\u00edmbolos, l\u00edneas sinuosas que son llamadas, pero ninguna palabra. Mientras tanto, la cuidadora se adentrar\u00e1 en aquella casa, y poco a poco se quedar\u00e1 sin palabras. En lugar de notas de voz, solo presionar\u00e1 emojis.<\/p>\n<p>La persistencia del lenguaje es posible entre gavetas (las de caoba y las mentales) que atesoran mundos, amuletos, una cartograf\u00eda en la incansable b\u00fasqueda por encontrar esa llave del armario que resguarda el altar secreto de la existencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LILIANA LARA, AUTORRETRATO\u201cEl auto atraviesa pueblos desbaratados donde &#8216;el tiempo externo parec\u00eda haber sido abolido&#8217; y el espacio es &#8216;puro, sin reglas ni se\u00f1ales&#8217;. 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