{"id":42070,"date":"2026-03-13T06:18:52","date_gmt":"2026-03-13T09:18:52","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/13\/las-canerias\/"},"modified":"2026-03-13T06:18:52","modified_gmt":"2026-03-13T09:18:52","slug":"las-canerias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/13\/las-canerias\/","title":{"rendered":"las ca\u00f1erias"},"content":{"rendered":"<p>Las sociedades no colapsan de un d\u00eda para otro. Se van deteriorando como una casa donde nadie revisa las tuber\u00edas. Al principio el agua sale clara, el sistema parece funcionar y nadie piensa demasiado en lo que ocurre detr\u00e1s de las paredes. Pero con el tiempo el metal se oxida, las conexiones se aflojan, los conductos se llenan de sedimentos invisibles. Un d\u00eda alguien abre el grifo y el agua sale turbia. Entonces se entiende algo elemental: el problema no era el agua, era el sistema por donde circulaba. Esa imagen dom\u00e9stica, casi trivial, ayuda a explicar uno de los dilemas m\u00e1s profundos que enfrenta hoy Venezuela. Cambiar a quienes ocupan el poder puede ser necesario, incluso urgente, pero si el sistema institucional sigue corro\u00eddo, el resultado terminar\u00e1 contamin\u00e1ndose otra vez. La democracia no es solamente la voluntad popular; es tambi\u00e9n la red de instituciones que permite que esa voluntad llegue limpia hasta el ejercicio real del poder.<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os Venezuela vivi\u00f3 un proceso de degradaci\u00f3n institucional que no fue arrepentido ni accidental. Fue lento, sistem\u00e1tico y profundamente corrosivo. Las reglas que deb\u00edan garantizar el equilibrio entre los poderes del Estado se fueron debilitando hasta convertirse en simples formalidades. Los tribunales dejaron de ser \u00e1rbitros para convertirse en instrumentos, las elecciones dejaron de ser competencia para transformarse en rituales controlados, y la Constituci\u00f3n \u2014que deb\u00eda funcionar como l\u00edmite al poder\u2014 termin\u00f3 reinterpretada seg\u00fan las necesidades del momento pol\u00edtico. Ese deterioro no destruy\u00f3 solamente normas jur\u00eddicas; Tambi\u00e9n erosion\u00f3 algo m\u00e1s dif\u00edcil de reparar: la confianza de la sociedad en la idea misma de la ley. Cuando la ley se vuelve irrelevante, el da\u00f1o no se queda en el plano institucional; penetra en la cultura c\u00edvica, en la forma en que los ciudadanos perciben la justicia, la autoridad y la posibilidad de convivir bajo reglas compartidas. Esa degradaci\u00f3n termina filtr\u00e1ndose en la vida cotidiana, de la manera en que la gente se relaciona con el poder, con las normas y con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo s\u00e9 tambi\u00e9n desde la experiencia personal del exilio. Aqu\u00ed en Chile, donde vivo forzadamente desde hace a\u00f1os como consecuencia de la persecuci\u00f3n pol\u00edtica desatada por grupos criminales que terminaron secuestrando las instituciones del Estado venezolano, se honra con justicia a Andr\u00e9s Bello como una de las grandes columnas intelectuales de la rep\u00fablica. Su idea de la ley -serena, racional, profundamente civilizadora- no es un adorno ret\u00f3rico en los libros de historia: se estudia con rigor en las facultades de derecho y se respira en la cultura c\u00edvica del pa\u00eds. Bello entend\u00eda que la ley no es una herramienta del poder sino el lenguaje com\u00fan de la convivencia. Cuando ese lenguaje se rompe, la sociedad entera pierde su br\u00fajula moral. Por eso la erosi\u00f3n de la legalidad nunca es un fen\u00f3meno abstracto: es una herida que termina afectando la conciencia colectiva de una naci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese contexto se entiende mejor uno de los momentos m\u00e1s intensos de la resistencia democr\u00e1tica venezolana: el proceso iniciado con el mandato ciudadano del 16 de julio de 2017. Aquella jornada represent\u00f3 un intento serio de reactivar la legitimidad constitucional en medio de una crisis institucional profunda. Millones de venezolanos participaron con la esperanza de que a\u00fan era posible reconstruir el Estado de derecho desde los propios mecanismos de la Constituci\u00f3n. De ese proceso surgi\u00f3, entre otras decisiones, la designaci\u00f3n de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia por parte de la Asamblea Nacional. Aquella designaci\u00f3n ten\u00eda un significado pol\u00edtico y jur\u00eddico evidente: intentar restituir la independencia del Poder Judicial frente a una estructura que hab\u00eda sido capturada por el poder pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Pero lo que sigui\u00f3 despu\u00e9s revelado hasta qu\u00e9 punto el sistema institucional venezolano hab\u00eda sido distorsionado. Muchos de aquellos magistrados juramentados en la accidentada ma\u00f1ana del 28 de julio de 2017 fuimos perseguidos, detenidos o empujados al exilio. En lugar de permitir la restauraci\u00f3n de la legalidad, el aparato del Estado reaccion\u00f3 con toda su capacidad de presi\u00f3n. El mensaje fue brutalmente claro: cualquier intento de reconstruir la institucionalidad ser\u00eda castigado. Sin embargo, lo que tambi\u00e9n dej\u00f3 al descubierto ese episodio fue algo m\u00e1s complejo y doloroso: la fragilidad del respaldo pol\u00edtico que acompa\u00f1\u00f3 esa decisi\u00f3n hist\u00f3rica. Algunos de quienes levantaron la mano para designar magistrados no estuvieron presentes cuando lleg\u00f3 el momento de defenderlos. Ese vac\u00edo no es solamente una an\u00e9cdota pol\u00edtica; es una lecci\u00f3n sobre el peso de las responsabilidades p\u00fablicas. No se puede convocar a un pa\u00eds a una lucha institucional sin asumir las consecuencias de esa convocatoria.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica venezolana reciente est\u00e1 llena de episodios donde la esperanza colectiva se encontr\u00f3 con la fragilidad del liderazgo. Ese contraste ha producido frustraci\u00f3n, cansancio y una sensaci\u00f3n de desorientaci\u00f3n en amplios sectores de la sociedad. Pero incluso en medio de ese desgaste, la voluntad democr\u00e1tica de los venezolanos ha demostrado una persistencia notable. Esa persistencia se manifest\u00f3 con claridad en otro momento que ya forma parte del calendario pol\u00edtico contempor\u00e1neo del pa\u00eds: el 28 de julio, cuando millones de ciudadanos acudieron a votar en condiciones adversas y con la conciencia de que estaban participando en un acto que trascend\u00eda la simple competencia electoral. M\u00e1s de 7 millones de venezolanos expresaron all\u00ed un rechazo n\u00edtido a un sistema que consideran agotado y autoritario. La elecci\u00f3n de Edmundo Gonz\u00e1lez Urrutia fue interpretada por muchos como una se\u00f1al de que el pa\u00eds todav\u00eda conserva una reserva moral capaz de impulsar un cambio pol\u00edtico real.<\/p>\n<p>Ese momento tiene una dimensi\u00f3n simb\u00f3lica que no deber\u00eda ser subestimada. Las sociedades necesitan actos fundacionales que reafirmen su voluntad de existir como comunidad pol\u00edtica. Sin embargo, tambi\u00e9n es necesario entender que esos momentos fundacionales no sustituyen el trabajo estructural que requiere la reconstrucci\u00f3n de un Estado. Las elecciones son el lenguaje natural de la democracia, pero no son su arquitectura. La arquitectura est\u00e1 formada por las instituciones, las normas y los equilibrios que permiten que la voluntad popular se transforme en gobierno leg\u00edtimo.<\/p>\n<p>Por eso resulta importante comprender que incluso ciertos movimientos diplom\u00e1ticos recientes deben ser interpretados con prudencia hist\u00f3rica. El reciente reconocimiento de Estados Unidos a Delcy Rodr\u00edguez como interlocutora institucional no representa el final del camino pol\u00edtico venezolano ni puede interpretarse como una legitimaci\u00f3n definitiva del sistema que ha gobernado al pa\u00eds durante los \u00faltimos a\u00f1os. Mucho menos significa que corresponde a quienes han formado parte de ese entramado autoritario organizar el cierre del ciclo democr\u00e1tico mediante elecciones controladas para luego entregar el poder como si se tratara de una transici\u00f3n natural. Los cr\u00edmenes pol\u00edticos, la destrucci\u00f3n institucional y el deterioro del Estado no pueden tener como desenlace una simple administraci\u00f3n electoral del final del r\u00e9gimen. La responsabilidad de la diplomacia democr\u00e1tica venezolana -y particularmente de quienes representan a la Asamblea Nacional Leg\u00edtima en materia de pol\u00edtica exterior- consiste en explicar con claridad a la comunidad internacional que Venezuela ya cuenta con un presidente electo. El obligatorio ciudadano existe y debe ser reconocido. Una vez que el pa\u00eds logra desmontar el aparato de control que ha distorsionado el sistema institucional, el orden pol\u00edtico deber\u00e1 reencauzarse por los canales constitucionales. Ese camino no deber\u00eda tener ambig\u00fcedades: la transferencia del poder, sin dilataciones ni maniobras, al presidente electo Edmundo Gonz\u00e1lez Urrutia para que encabece la transici\u00f3n democr\u00e1tica y conduzca la reconstrucci\u00f3n institucional del pa\u00eds.<\/p>\n<p>La met\u00e1fora de las ca\u00f1er\u00edas puede parecer demasiado directa, incluso \u00e1spera. Pero tal vez esa franqueza sea precisamente lo que necesita una sociedad que haya vivido demasiados a\u00f1os rodeada de discursos grandilocuentes y soluciones improvisadas. A veces la pol\u00edtica necesita volver a las im\u00e1genes simples para recordar verdades b\u00e1sicas. Si los habitantes de una casa quieren disfrutar de agua limpia, tarde o temprano tendr\u00e1n que cambiar las tuber\u00edas. No hay atajos para ese trabajo.<\/p>\n<p>Algo parecido podr\u00eda ocurrir con Venezuela. Si la sociedad decide limpiar y reconstruir sus conductos institucionales, el pa\u00eds finalmente podr\u00eda dejar atr\u00e1s d\u00e9cadas de deterioro pol\u00edtico y comenzar a entrar de verdad en el siglo XXI. Entonces el poder democr\u00e1tico podr\u00eda circular con normalidad, como agua limpia que atraviesa ca\u00f1er\u00edas nuevas, llevando estabilidad, dignidad y futuro a cada rinc\u00f3n de la rep\u00fablica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las sociedades no colapsan de un d\u00eda para otro. Se van deteriorando como una casa donde nadie revisa las tuber\u00edas. Al principio el agua sale clara, el sistema parece funcionar y nadie piensa demasiado en lo que ocurre detr\u00e1s de las paredes. 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