{"id":42025,"date":"2026-03-13T06:16:06","date_gmt":"2026-03-13T09:16:06","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/13\/un-viaje-marroqui-al-gran-desierto-del-sahara\/"},"modified":"2026-03-13T06:16:06","modified_gmt":"2026-03-13T09:16:06","slug":"un-viaje-marroqui-al-gran-desierto-del-sahara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/03\/13\/un-viaje-marroqui-al-gran-desierto-del-sahara\/","title":{"rendered":"Un viaje marroqu\u00ed al Gran Desierto del Sahara"},"content":{"rendered":"<p>                                              El Sahara es un desierto sin nombre: ese vocablo \u00e1rabe significa \u201cdesierto\u201d. Y mide lo que toda China, el m\u00e1s grande del mundo (salvo el \u00e1rtico y el ant\u00e1rtico que son otra cosa). Por eso su nombre propio solo podr\u00eda ser el sustantivo gen\u00e9rico: es el Desierto de todos los desiertos. Y es la g\u00e9nesis de un g\u00e9nero de viaje en s\u00ed, que naci\u00f3 con la domesticaci\u00f3n del camello. El mundo se recorre entre selvas, mares, cielos, monta\u00f1as o desiertos. Este ser\u00e1 un viaje a fondo por el Gran Desierto del Sahara, surcando Marruecos. Alquilamos un auto com\u00fan en la milenaria ciudadde Marrakech -cap\u00edtulo aparte- y nos lanzamos hacia ese paisaje donde \u201cla nada\u201d es \u201cel todo\u201d.<\/p>\n<p>    Por una ruta excelente trepamos la cadena del Atlas caracoleando hasta los 2.260 m\u00a0de altura: el paisaje de sedimentos rojizos me remite a Salta con sus pastores y chivos en la lejan\u00eda. Pero la arquitectura es otra: no hay capillas sino mezquitas de recto minarete llamando a los fieles con un canto l\u00e1nguido. En los pueblos y peque\u00f1as ciudades, todas las casas y edificios -m\u00e1ximo 4 pisos-son de color rojo claro. Ya hay pocas viviendas de adobe -de donde viene el gusto por lo rojizo- pero las de material mantienen el gesto, ese deseo de respetar el color de la tierra sin diferenciarse del otro, en una cultura marcada por la modestia del Islam: no se debe ostentar, en respeto al que tiene menos. Ninguna familia desentona: no vi una sola excepci\u00f3n en una decena de pueblos un\u00e1nimemente rojos. Y la mayor\u00eda de las casas tienen su peque\u00f1a muralla, no protectiva -es f\u00e1cil saltarla- sino contra la mirada, resguardando la intimidad.<\/p>\n<p>       Esta parte del viaje por el Atlas y el mundo bereber sigue la Ruta de las Kashbas a la vera del r\u00edo Dades, unas palaciegas fortalezas levantadas en adobe donde resid\u00eda un l\u00edder local -un pash\u00e1- que serv\u00eda como centro administrativo y de defensa en una regi\u00f3n. Aqu\u00ed paraban las caravanas de camellos del comercio de oro, especias y esclavos. Hoy est\u00e1n casi deshabitadas y algunas en ruinas (unas pocas son hotel de lujo). Alrededor brotaban los kasars, un pueblo laber\u00edntico -tambi\u00e9n de tierra y paja- cuyo emblema vemos aparecer al fondo de un desv\u00edo de tierra a las tres horas de viaje: es el monumental Ait Ben Haddou -Patrimonio de la Humanidad por la Unesco\u00a0con 1.000 a\u00f1os de existencia-,un rejunte de torres y casas escalonadas de manera superpuesta en una ladera con palmeras al pie. Son una escenograf\u00eda tan perfecta del pasado norafricano, que decenas de directores de cine tragaron polvo aqu\u00ed durante d\u00edas bajo el sol, con tal de ahorrarse el costo del decorado. Un resumen de filmaciones incluye Lawrence de Arabia (1962), La joya del Nilo (1985), Jes\u00fas de Nazaret (1977), Marco Polo (1982), La Momia (1999), Gladiador (2000) y TheGame of Thrones (2011).<\/p>\n<p>    Estacionamos en un poblado frente a las ruinas para caminar por el lecho de un r\u00edo que hoy es un hilo de agua y cruzar un puentecito hacia el majestuoso portal de adobe. Atravesamos el palmeral para subir la ladera por un sendero que zigzaguea en el laberinto deAit Ben Haddou, construido con la palma de la mano moldeando el barro. Las edificaciones que llegan hasta hoy son del siglo XVII y la m\u00e1s alta alcanza los 12 metros de alto. A\u00fan viven aqu\u00ed algunas personas y hay restaurantes con terraza hacia la inmensidad donde tomar un t\u00e9 de menta con baklaba, ese dulce mil hojas con nuez, alm\u00edbar y pistacho.<\/p>\n<p>    En tres horas llegamos a la ciudad de Ouarzazate: entramos por una ancha avenida con se\u00f1oriales postes de luz, un eco urban\u00edstico de la colonia francesa. Advertencia: unas pocas rotondas tienen un cartel de STOP. Aunque no haya un auto en kil\u00f3metros a la redonda, hay que frenar a cero. Suele haber polic\u00edas escondidos, listos para la multa.<\/p>\n<p>    Pasamos la noche en Oarzazate y al d\u00eda siguiente seguimos viaje. A 5 km llegamos al Estudio de cine Atlas, creado en pleno desierto en 1983 por una cuesti\u00f3n de comodidad: al terminar de filmar en Ait Ben Haddou, actores y productores se trasladan aqu\u00ed donde se han reconstruido dos templos egipcios, y aldeas b\u00edblicas y vikingas. En estos sets de filmaci\u00f3n bien manteniido donde se rodaron varias pel\u00edculas ya nombradas m\u00e1s Aladino, Asterix y Obelix misi\u00f2n Cleopatra\u00a0y Vikingos. El gu\u00eda nos filma a todos para un video de souvenir ,actuando en un rito fara\u00f3nico liderado por una Cleopatra elegida entre el p\u00fablico.<\/p>\n<p>    Seguimos viaje por el Valle de las Rosas y las dos noches siguientes dormiremos en la ciudad de Dades: la veo aparecer al fondo de la ruta en la parte baja de un valle arcilloso: rojas las laderas y rojas las casas. Desde all\u00ed recorremos las Gargantas del Todra y del r\u00edo Dades, una espacie de Quebrada de las Conchas salte\u00f1a con pueblos de adobe y kashbas mordisqueadas por el tiempo.<\/p>\n<p>    Aun en la monta\u00f1a, nos acercamos al Sahara y la arquitectura sigue siendo roja. Me detengo a cargar nafta en el pueblo de M&#8217;Semriry el encargado nos invita un t\u00e9 en su hotel La vall\u00e9e des n\u00f3mades -en Marruecos la mayor\u00eda sabe franc\u00e9s y muchos espa\u00f1ol- donde recibe motoqueros en traves\u00eda. En el patio hay una gran cig\u00fce\u00f1a, tan cari\u00f1osa o arisca como lo puede ser un gato. Hamid Achour cuenta en castellano que la rescat\u00f3 de una tormenta cuando ven\u00eda r\u00edo abajo, arrastrada por las aguas: \u201cse lastim\u00f3 las alas y no puede volar\u201d. Hoy habita como la mascota de la casa. Hamid le abre la canilla para que se acerque a beber y el ave se deja levantar a upa por su cuidador. Me la pasa y la abrazo como a un beb\u00e9.<\/p>\n<p>    En la jornada siguiente bajamos del Atlas para entrar al legendario Sahara. La arena invade por primera vez el borde de la ruta: ya estamos en el desierto. A los cuatro lados, planicies de arena y piedra casi sin arbustos, donde el escorpi\u00f3n vive un a\u00f1o entre una comida y la siguiente -hidratado con la sangre de su \u00fanica presa- y se oculta bajo la arena eludiendo el sol. El Sahara tiene 25% de dunas y el resto son hamadas, esta estepa \u00e1spera, dura y est\u00e9ril. Al desierto de dunas lo llaman erg y el m\u00e1s famoso es el Erg Chebbi, hacia el que rumbeamos hoy.<\/p>\n<p>    La primera gran duna la divisamos al atardecer, cuando el naranja cenital del mediod\u00eda pasa el rojo encendido por los rayos diagonales: acelero para poder arrojarme a una duna antes de que se apague. Ya estamos cerca y nos salimos de la ruta hasta el pie de la monta\u00f1a de arena, a treparla. Llego agotado a la cima y me derrumbo en \u00e9xtasis entre dos abismos. Me dar\u00e9 un postergado gusto: tomo un pu\u00f1ado de arena, lo dejo caer en cascada doblado por la brisa y digo en voz baja -recitando o plagiando a Borges- \u201cestoy modificando el Sahara\u201d.<\/p>\n<p>    Llegamos a nuestra base para empaparnos del seco Sahara: el pueblo de Hassi Labied, al pie del Erg Chebbi y su mar de dunas de 350 km\u00b2. Sus calles son de arena y un millar de personas -ex n\u00f3madas o hijos de- viven en casas color desierto levantadas aqu\u00ed y all\u00e1, sin orden ni cuadr\u00edcula. A un costado est\u00e1 el oasis de palmeras donde brotan aguas orientadas hacia una acequia en la arena para cultivar verduras: cada tarde los aldeanos vienen aqu\u00ed a cargar agua potable que sale filtrada desde abajo de las dunas.<\/p>\n<p>    Hassi Labied es un oasis, el para\u00edso de los beduinos. A nosotros, viajeros del asfalto,la armoniosa sonoridad de la palabra \u201coasis\u201d tambi\u00e9n nos eriza la piel frente al resplandor \u00e1ureo de los m\u00e9danos. En la ant\u00edpoda oriental de este oc\u00e9ano s\u00f3lido y movedizo, las pir\u00e1mides de Giza.<\/p>\n<p>    La primera noche nos alojamos en el Aiour Luxury Camp sobre la arena del Sahara en sus grandes tiendas como caba\u00f1as de paredes flexibles con cama doble, ba\u00f1o, agua caliente y ba\u00f1era con vista a las dunas por un ventanal. Despu\u00e9s de la cena \u2013tajine de cordero- nos citan en una fogata en la arena para una sesi\u00f3n de tambores bereberes que termina en baile colectivo junto al fuego bajo la luna.<\/p>\n<p>    Por la ma\u00f1ana salimos a recorrer las dunas en 4&#215;4 y conocer a una se\u00f1ora que vive con su hijo dentro del erg: tomamos un t\u00e9 en su tienda tradicional.La traves\u00eda sube y baja por un sector de dunas gigantes hasta un oasis con palmeras y una lagunita en medio de la nada. Luego hacemos sandboard y, al llegar al pie de una duna, hundo las manos en fin\u00edsimas arenas tibias: no hay nada m\u00e1s puro, l\u00edmpido y homog\u00e9neo que un desierto de dunas cuya aparente infinitud enloquec\u00eda a los caravaneros hasta matarlos de sed.<\/p>\n<p>    Volvemos a la tienda,a por una siesta: este desierto mudo refleja el 90% de la energ\u00eda solar que recibe: al caminarlo en horas cenitales, el sol ataca desde abajo entrando por las botamangas.<\/p>\n<p>    Al atardecer aparecen dos dromedarios junto a la puerta: los han tra\u00eddo ensillados para sumarnos a una caravana con viajeros de otros campamentos y recorrer el Sahara en su veh\u00edculo por excelencia. El m\u00edo se llama Shakiro: se posa en la arena condescendiente. Subo y el gu\u00eda nos ata al resto de la caravana. Comenzamos a trepar una duna en ordenada fila: los dromedarios la recorren por el filo con suprema elegancia. El gu\u00eda cuenta que un camello macho vale 3.000 euros y una hembra 10.000. Y explica que debajo de las dunas m\u00e1s altas, es donde hay m\u00e1s agua: solo se trata de cavar.<\/p>\n<p>    Alcanzamos una cima arenosa de 150 m\u00a0al atardecer: el horizonte es un mar de olas gigantes con su cresta petrificada. En kil\u00f3metros a la redonda, nada difiere con nada. Todo es monoton\u00eda milim\u00e9trica de piedrita infinitesimal. Y asistimos a un encuentro astral: el sol y la luna tienen pactada una extra\u00f1a cita. Durante 10 minutos, los dos astrosconviven y se fulminan como c\u00edclopes iracundos, neutraliz\u00e1ndose con un rayo mutuo a trav\u00e9s de la galaxia.<\/p>\n<p>    La segunda noche sahariana la pasaremos en un riad, una casa tradicional marroqu\u00ed decorada con arabescos y piscina, llamada Villa Amood. La atienden Mustaf\u00e1 -bereber nacido en el pueblo- y su pareja B\u00e1rbara, andaluza creadora de la gastronom\u00eda de alto vuelo que se cena aqu\u00ed: ensaladas con at\u00fan rojo de Almadraba, jam\u00f3n ib\u00e9rico de Huelva, filetes de solomillo y delicias marroqu\u00edes como la pastela: una empanada redonda de sabor agridulce con crujiente masa filo en capas, rellena con pollo, frutos secos, cebolla, miel de d\u00e1tiles, almendras tostadas, canela, azafr\u00e1n, jengibre y pimienta negra.<\/p>\n<p>    Nos quedamos un tercer d\u00eda a s\u00f3lo reposar en el desierto y retomamos viaje, siempre por asfalto y hacia el este: adi\u00f3s Sahara. Hacemos noche en Meknes \u2013antigua capital imperial con un gran palacio real- y luego otras dos en Chefchohuen, el famoso pueblo todo pintado de azul, un laberinto de callejuelas peatonales en una escarpada ladera de una zona de monta\u00f1as muy verde. Y el destino final -donde devolvemos el auto- es la milenaria Fez con su medina amurallada, que adentro tiene un zoco peatonal con 10.000 tienditas.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>    Abandono Marruecos con sensaciones superpuestas, una de ellas primigenia: he conocido un oasis, palabra de musicalidad griega y latina: \u201clugar verde con agua en el desierto\u201d. Es el \u00fanico rinc\u00f3n habitable en esa invivible inmensidad: en tiempos de las caravanas era la salvaci\u00f3n de la muerte m\u00e1s lenta y convulsionante: de sed. Llegar era el b\u00e1lsamo de no morir, el alivio supremo del beduino en el Sahara. Algo de ese eco remoto vibr\u00f3 en m\u00ed al cruzar el fresco umbral de palmeras, ese temblor ef\u00edmero de placidez que nunca volver\u00e1, propio de un oasis.\u00a0<\/p>\n<p>    Datos \u00f9tiles      \tCu\u00e1ndo ir:de marzo a mayo y de septiembre a noviembre  \tD\u00f3nde dormir en Hass Labied: Hotel Villa Amood(www.riadvillaamood.com)yAiourLuxury Camp (www.riadkasbahaiour.com) ambos desde US$ 220 la doble con media pensi\u00f3n.  \tPaquetes:Un tour de 9 d\u00edas por todo Marruecos en 4&#215;4 con gu\u00eda en espa\u00f1ol cuesta U$S 1.500 d\u00f3lares en base 4 personas (hoteles tradicionales riads 4 estrellas, camps de lujo y algunas cenas), web: www.viajespormarruecos.com, WhatsApp: +54 9 3329 474668  \tM\u00e1s informaci\u00f3n: www.visitmorocco.com, web oficial del Ministerio de Turismo.      \u00bfTe apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?<br \/>\n  Recib\u00ed las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.<br \/>\n  Suscribite gratis al newsletter.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Sahara es un desierto sin nombre: ese vocablo \u00e1rabe significa \u201cdesierto\u201d. 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