{"id":35416,"date":"2026-02-14T05:34:08","date_gmt":"2026-02-14T08:34:08","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/02\/14\/son-africano-34-anos-de-fuego-barrio-y-disciplina-la-historia-de-la-comparsa-que-se-convirtio-al-sur-de-barranquilla-en-territorio-de-baile\/"},"modified":"2026-02-14T05:34:08","modified_gmt":"2026-02-14T08:34:08","slug":"son-africano-34-anos-de-fuego-barrio-y-disciplina-la-historia-de-la-comparsa-que-se-convirtio-al-sur-de-barranquilla-en-territorio-de-baile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/02\/14\/son-africano-34-anos-de-fuego-barrio-y-disciplina-la-historia-de-la-comparsa-que-se-convirtio-al-sur-de-barranquilla-en-territorio-de-baile\/","title":{"rendered":"Son Africano, 34 a\u00f1os de fuego, barrio y disciplina: la historia de la comparsa que se convirti\u00f3 al sur de Barranquilla en territorio de baile"},"content":{"rendered":"<p>la historia de hijo africano cabe, al principio, en una sala estrecha del barrio El Pueblito, donde arrinconaban los muebles y los &#8216;ch\u00e9cheres&#8217; para poner a crujir el piso bajo los pies de 30 o 40 muchachos que repet\u00edan conteos hasta que hiperventilaban como un tambor. All\u00ed, quien antes fuese un adolescente de 14 a\u00f1os que se acababa de enamorar de la danza en la Escuela de Arte Marlene Jaramillo entendi\u00f3 que su destino no iba a ser otro que ense\u00f1ar a bailar ya vivir. Ese joven hoy es un maestro que se llama Misael G\u00f3mez y es el protagonista de nuestra historia.<\/p>\n<p>El Carnaval de Barranquilla se siente con fuerza en muchos lugares de la ciudad, pero muchas veces olvidamos que son hacedores como Misael G\u00f3mez los responsables de ese rugido.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>El primer intento se llam\u00f3 El Divino Ni\u00f1o. Con ese nombre, la comparsa debut\u00f3 en la Gran Parada bailando mapal\u00e9 y se llev\u00f3 un Congo de Oro que vali\u00f3 m\u00e1s como premonici\u00f3n que como trofeo. El triunfo dej\u00f3 claro que la propuesta exig\u00eda un nombre a la medida de su pulso afrocaribe\u00f1o.<\/p>\n<p>En esa b\u00fasqueda de identidad, coherencia y concordancia con sus ritmos, lleg\u00f3 el bautizo que afianz\u00f3 su horizonte: Son Africano. A \u00e9l le encantaba la palabra \u201cSon\u201d, as\u00ed que decidi\u00f3 complementarlo con la procedencia primaria de los ritmos y las danzas que animaban su comparsa.<\/p>\n<p>Profesor antes que core\u00f3grafoVer a Misael en ensayo es ver a un arquitecto del movimiento. Interrumpe la m\u00fasica para explicar de d\u00f3nde viene cada paso.por qu\u00e9 la cumbia se baila con esa postura, qu\u00e9 cuenta el cuerpo cuando el hombro cae y la cadera la sigue la corriente. De su boca sale una frase que define el m\u00e9todo: \u201cYo soy m\u00e1s profesor que core\u00f3grafo\u201d. No se limita a montar un baile, \u00e9l se esfuerza por educar y formar criterio.<\/p>\n<p>No se limita a montar un baile, \u00e9l se esfuerza por educar y formar criterio.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>Esa exigencia, puntualidad, respeto, estudio y actitud no es un capricho: es una escuela. Lo confirmo Valery Ruiz Guerrero, 19 a\u00f1osbailarina desde los ocho y una \u201chija art\u00edstica\u201d del proceso. Misael la conoci\u00f3 de tiempo atr\u00e1s, la tuvo en la mira, y hace casi cuatro a\u00f1os ella dio el salto a Son Africano. &#8220;\u00c9l es ordenado, demasiado correcto. Todo tiene que estar derechito. Yo era un poquito irresponsable; con \u00e9l, o lo hago bien o lo hago bien&#8221;.\u201d, dice.<\/p>\n<p>Pero la frase que mejor define su experiencia es que \u201cquiere que sus bailarinas sean hermosas, que destaquen siempre\u201d. Valery lo dice como quien ha entendido que la palabra \u201chermosas\u201d en boca de Misael no habla necesariamente de maquillaje, sino que habla de presenciade t\u00e9cnica, de limpieza corporal, de seguridad.<\/p>\n<p>Valery Ruiz Guerrero, 19 a\u00f1os, bailarina desde los ocho y una \u201chija art\u00edstica\u201d del proceso Son Africano.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>Para Valery que lleg\u00f3 \u201cimpuntual y medio desordenada\u201d, como confiesa entre risas, ese est\u00e1ndar se volvi\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en su carrera. La disciplina de Misael fue un molde que les inculc\u00f3 que su obligaci\u00f3n no es solo \u201cllegar bonitas\u201d, sino \u201csalir transformadas\u201d.<\/p>\n<p>El sur tambi\u00e9n es academiaEl coraz\u00f3n log\u00edstico de este proyecto est\u00e1 hoy en la Ciudadela 20 de Juliodiagonal al CAI del Estadio Metropolitano, donde se oye a ratos el murmullo del f\u00fatbol mezclar con la percusi\u00f3n. donde vive Lini Manjarrezmadre de Anthonella Estefanebailarina infantil de 9 a\u00f1os. Su testimonio revela una gran columna de la comparsa: la comunidad.<\/p>\n<p>Anthonella Estefane, bailarina infantil de 9 a\u00f1os y de quien su madre se siente orgullosa y honrada de haber sido llevada a la comparsa.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>\u201cSiempre quise estar en una comparsa, pero nunca se me dio\u201dconfiesa Lini. Ese anhelo encontr\u00f3 salida cuando en el colegio abri\u00f3 un curso de danza y Misael detect\u00f3 a la primera el talento de su hija. \u201cLl\u00e9vamela, ll\u00e9vamela, ll\u00e9vamela\u201dinsisti\u00f3 \u00e9l con una fe que la contagio. <\/p>\n<p>Hoy, Antonella hace parte del grupo base infantil y Lini ve los cambios en casa: una ni\u00f1a m\u00e1s responsable, m\u00e1s ordenada, m\u00e1s segura. \u201c\u00c9l les ense\u00f1a mucho m\u00e1s que baile \u2014dice\u2014; les ense\u00f1a a ser ni\u00f1os educados.\u201d Lini es parte de la comitiva de 60 padres que sostiene el andamiaje de esta comparsa sin \u00e1nimo de lucro: organizan rifas, bazares, bingos, levantan ollas comunitarias, gestionan donaciones y, en palabras de Misael, son su apoyo.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca es com\u00fan ver comparsas, cumbiambas, danzas y grupos folcl\u00f3ricos ensayar en p\u00fablico prepar\u00e1ndose para la recta final del pre carnaval y los cuatro d\u00edas de fiesta. La comparsa Son Africano es un ejemplo de como con el baile se contagio a toda una comunidad.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>Un a\u00f1o contrataron vestuario y fue demasiado costoso; al siguiente, pagaron dise\u00f1o, tomaron un taller y los propios bailarines decoraron sus trajes por turnos. De esa experiencia, varios surgen con una inquietud nueva: estudiar dise\u00f1o de toques y vestuario en la EDA para fortalecer el proceso.<\/p>\n<p>De El Pueblito pa&#8217;l mundo: 34 a\u00f1os en movimientoEl camino de Son Africano no ha sido una l\u00ednea recta. Naci\u00f3 en El Pueblito, hubo una etapa que se mud\u00f3 a Soledad 2000, regres\u00f3 a El Pueblito y hoy la Ciudadela le presta sus armas. De hecho, esto lo dice el mismo Misael sin adornos: \u201cLos bailarines son prestados\u201d. Muchos vienen, otros van, algunos vuelven; por eso el proyecto se centra en formar: que a quien le toque partir, se lleve t\u00e9cnica, m\u00e9todo y una \u00e9tica de trabajo que siempre recuerde al &#8216;profe&#8217; de El Pueblito.<\/p>\n<p>Muchos bailarines vienen, otros van, algunos vuelven; por eso el proyecto se centra en formar antes que cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n actual impresiona por la escala y por la organizaci\u00f3n para ser una comparsa sin patrocinios y con una sola persona a la cabeza: 80 bailarines y 60 padres activos en torno a un nombre. A\u00fan as\u00ed, hijo ocho congos de oro alcanzados en 34 carnavales por el director de 54 a\u00f1os que se cuida para preservar su arte.<\/p>\n<p>En Son Africano, la econom\u00eda es una coreograf\u00eda de solidaridad. Por supuesto que le gustar\u00eda tener patrocinadoreshacer menos sacrificios, no depender de las \u201cvacas\u201d para ayudar a qui\u00e9n no tiene los medios, pero \u201cas\u00ed es esto\u201d. Hubo temporadas de deudas poscarnaval, con la log\u00edstica cuesta arriba y madrugadas en las que el cuerpo le quer\u00eda pasar factura.<\/p>\n<p>Sin embargo, Misael lo resolvi\u00f3 de la mejor manera: &#8220;Yo dije: ya no puedo m\u00e1s&#8230; pero se me quit\u00f3 apenas mir\u00e9 a mis bailarines. Y aqu\u00ed voy, 34 a\u00f1os y en el nombre de Dios ser\u00e1n muchos m\u00e1s&#8221;concluye.<\/p>\n<p>Foto:GUILLO GONZ\u00c1LEZ<\/p>\n<p>ContenidoCamilo \u00c1lvarez Pe\u00f1aloza, periodista EL TIEMPO Barranquilla@camiloa.ap_20                                  Conforme a los criterios de                                      <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>la historia de hijo africano cabe, al principio, en una sala estrecha del barrio El Pueblito, donde arrinconaban los muebles y los &#8216;ch\u00e9cheres&#8217; para poner a crujir el piso bajo los pies de 30 o 40 muchachos que repet\u00edan conteos hasta que hiperventilaban como un tambor. 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