{"id":33747,"date":"2026-02-09T05:15:50","date_gmt":"2026-02-09T08:15:50","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/02\/09\/la-negacion-como-politica-de-estado-el-pais-donde-no-habia-presos\/"},"modified":"2026-02-09T05:15:50","modified_gmt":"2026-02-09T08:15:50","slug":"la-negacion-como-politica-de-estado-el-pais-donde-no-habia-presos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/02\/09\/la-negacion-como-politica-de-estado-el-pais-donde-no-habia-presos\/","title":{"rendered":"La negaci\u00f3n como pol\u00edtica de Estado: El pa\u00eds donde no hab\u00eda presos"},"content":{"rendered":"<p>Durante a\u00f1os, el poder jur\u00f3 \u2014con una solemnidad casi lit\u00fargica\u2014 que en Venezuela no hab\u00eda presos pol\u00edticos ni torturas. Lo repiti\u00f3 con la tranquilidad de quien sabe que los muros no hablan, que las celdas no escriben y que el dolor, mientras no tenga micr\u00f3fono, no existe. Pero el pa\u00eds aprendi\u00f3 tarde una verdad elemental: el silencio no es prueba de inocencia, sino una t\u00e9cnica. Y ahora que algunas puertas se entreabren, no es la libertad lo que primero sale de las c\u00e1rceles, sino algo m\u00e1s inc\u00f3modo: la memoria.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo \u2014demasiado largo\u2014 en el que negar fue una forma de gobernar. No negar un hecho aislado, sino negar la realidad entera: negar que existieran presos pol\u00edticos, negar que hubiera torturas, negar que el Estado pudiera convertir el encierro en un m\u00e9todo y el miedo en una pedagog\u00eda. La negaci\u00f3n fue tan constante que termin\u00f3 pareciendo una verdad administrativa, un tr\u00e1mite m\u00e1s en la maquinaria del poder.<\/p>\n<p>Incluso desde el m\u00e1s alto nivel del chavismo primitivo se construyeron narrativas que buscaban disolver la idea misma de persecuci\u00f3n pol\u00edtica. Durante los a\u00f1os del mandato de Hugo Ch\u00e1vez, cuando las denuncias de violaciones de los derechos humanos empezaban a tomar forma en informes de organismos internacionales, el propio presidente respondi\u00f3 a estas acusaciones poniendo en duda la existencia de tales problemas y deslegitimando a quienes las denunciaban. Seg\u00fan la organizaci\u00f3n Human Rights Watch, Ch\u00e1vez lleg\u00f3 a afirmar durante un episodio de Al\u00f3 Presidente que negaba que las fuerzas de seguridad cometieran violaciones de derechos humanos durante las protestas, desafiando a las v\u00edctimas a presentar nombres y defendiendo el \u201crespeto a los derechos de todos los detenidos\u201d.<\/p>\n<p>De esa forma, la negaci\u00f3n no solo fue ret\u00f3rica, sino una pr\u00e1ctica pol\u00edtica: redefinir los l\u00edmites de lo que pod\u00eda siquiera nombrarse como delito o abuso. La narrativa oficial no se limit\u00f3 a la frontera nacional. En el plano internacional, voces pol\u00edticas y medi\u00e1ticas tambi\u00e9n contribuyeron a esa versi\u00f3n institucionalizada del relato venezolano, muchas veces sin suficiente distancia cr\u00edtica. Por ejemplo, en 2010 la entonces ministra de Asuntos Exteriores de Espa\u00f1a, Trinidad Jim\u00e9nez, afirm\u00f3 ante la C\u00e1mara Alta de su pa\u00eds que \u201cno se hab\u00edan identificado presos pol\u00edticos en Venezuela; eso correspond\u00eda a informes de ONG\u201d, marcando una posici\u00f3n diplom\u00e1tica que negaba la existencia de presos por razones pol\u00edticas, pese a las denuncias recurrentes de organizaciones de derechos humanos.<\/p>\n<p>\u201cNo hemos identificado presos pol\u00edticos en Venezuela; eso corresponde a informes de ONG\u201d. Trinidad Jim\u00e9nez, ministra de Asuntos Exteriores de Espa\u00f1a (2010).<\/p>\n<p>Figuras del espectro pol\u00edtico internacional llegaron a sostener visiones a\u00fan m\u00e1s alejadas de la evidencia acumulada. En junio de 2025, Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista de Chile, se refiri\u00f3 a la situaci\u00f3n venezolana negando la presencia de violaciones graves, presos desaparecidos o torturas, desestim\u00e1ndolos como elementos del relato opositor.<\/p>\n<p>\u201cAll\u00ed no hay detenidos desaparecidos, no hay tortura ni ejecuciones\u201d. Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista de Chile (2025).<\/p>\n<p>Esa resonancia internacional, muchas veces con tintes ideol\u00f3gicos o diplom\u00e1ticos, termin\u00f3 dando cobertura a la narrativa de la negaci\u00f3n oficial, validando silencios que ocultaban historias dolorosas y cuerpos olvidados en centros de detenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde Caracas, la versi\u00f3n oficial fue siempre la misma: en Venezuela no se persegu\u00eda a nadie por pensar distinto; los detenidos no eran presos pol\u00edticos, sino conspiradores, terroristas, traidores. Esa explicaci\u00f3n \u2014repetida en comunicados, discursos y foros internacionales\u2014 tuvo una virtud inquietante: funcion\u00f3. Funcion\u00f3 porque muchos prefirieron creerla. Funcion\u00f3 porque la estabilidad suele ser m\u00e1s c\u00f3moda que la verdad. Funcion\u00f3 porque, mientras no hubiera cuerpos visibles, la violencia pod\u00eda presentarse como ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cVenezuela no tiene presos pol\u00edticos; estamos bajo pleno Estado de Derecho\u201d.  Yv\u00e1n Gil, ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela. Declaraci\u00f3n del 29 de octubre de 2024 ante medios, durante visita internacional, negando la existencia de presos pol\u00edticos pese a informes de la ONU y ONG.<\/p>\n<p>&#8220;En Venezuela hay justicia&#8230; no existen presos pol\u00edticos. Las acusaciones se caen con su propio peso de mentiras&#8221;.  Nicol\u00e1s Maduro, 28 de enero de 2025, en medio de una entrevista con el periodista brasile\u00f1o Breno Altman, en el programa 20 minutos Delaware \u00d3pera mundial.<\/p>\n<p>Durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas, familiares, organizaciones de derechos humanos y periodistas insistieron en una versi\u00f3n distinta: detenciones arbitrarias, juicios sin garant\u00edas, encierros prolongados, desapariciones, tratos crueles. Lo dijeron una y otra vez, como quien golpea una puerta que nadie quiere abrir. Cada denuncia era respondida con desd\u00e9n; cada informe, con descalificaciones; cada testimonio, con sospecha. El pa\u00eds se acostumbr\u00f3 a vivir en una paradoja: todos sab\u00edan algo, pero nadie parec\u00eda saberlo del todo.<\/p>\n<p>&#8220;Mi hijo sufri\u00f3 torturas que le dejaron secuelas emocionales de por vida. Hubo torturas con electricidad, amenazas constantes y tratos inhumanos que ning\u00fan ser humano deber\u00eda soportar&#8221;. Juan Caguaripano, padre del capit\u00e1n Juan Carlos Caguaripano Scott, detenido desde 2017.<\/p>\n<p>La negaci\u00f3n no fue solo ret\u00f3rica. Fue una arquitectura. Se construy\u00f3 en edificios que no parec\u00edan c\u00e1rceles, en s\u00f3tanos y celdas nombradas con la iron\u00eda del terror, donde el tiempo se volvi\u00f3 a una noci\u00f3n imprecisa. Lugares donde no hac\u00eda falta para imponer el castigo, porque matar bastaba con borrar. Borrar la identidad del detenido, borrar su rastro legal, borrar su voz del espacio p\u00fablico.<\/p>\n<p>&#8220;Dorm\u00edamos sobre estructuras de cemento, sin colchones ni mantas, en celdas de dos por cuatro metros donde las aguas residuales se desbordaban y el olor hac\u00eda imposible comer o dormir. Muchas de las torturas no dejaban marcas visibles, pero s\u00ed secuelas psicol\u00f3gicas de por vida&#8221;. Camilo Pierre Castro sobre su reclusi\u00f3n en la c\u00e1rcel de El Rodeo I.<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os, la palabra tortura fue expulsada del vocabulario oficial como si nombrarla pudiera contagio al Estado. Sin embargo, fuera del pa\u00eds \u2014ya veces dentro, a media voz\u2014 comenzaron a acumularse los registros: relaciones internacionales, informes de organizaciones, pronunciamientos de expertos que describ\u00edan patrones, sin excesos. La repetici\u00f3n es siempre un indicio. Cuando los mismos relatos aparecen en bocas distintas, en a\u00f1os distintos, en lugares distintos, ya no se trata de una coincidencia: es un sistema.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, la negaci\u00f3n persisti\u00f3. No porque faltaran pruebas, sino porque sobraba poder. El giro no lleg\u00f3 de golpe. Lleg\u00f3, como llegan las verdades inc\u00f3modas, por desgaste. Por acumulaci\u00f3n. Por filtraci\u00f3n. Por el golpe de la fuerza. En las \u00faltimas semanas, algunas excarcelaciones \u2014parciales, condicionadas, pol\u00edticamente calculadas\u2014 comenzaron a producir efecto: los liberados empezaron a hablar. No todos. No siempre. No con estridencia. Pero hablaron.<\/p>\n<p>&#8220;Llamar c\u00e1rceles a esos lugares es un error. Fuimos secuestrados en verdaderos campos de concentraci\u00f3n, donde la crueldad era una pol\u00edtica cotidiana y la dignidad humana no existe&#8221;. Camilo Castro, ex preso pol\u00edtico liberado de El Rodeo I, en declaraciones a la FIA.<\/p>\n<p>Y cuando hablaron, no trajeron grandes revelaciones t\u00e9cnicas ni secretos de Estado. Trajeron algo m\u00e1s devastador: detalles cotidianos. La rutina del encierro. La l\u00f3gica del castigo. La pedagog\u00eda del miedo. Relatos que no necesitaban adornos porque su fuerza estaba en la repetici\u00f3n de lo esencial: aislamiento, humillaci\u00f3n, amenaza, espera. Esperar como forma de condena.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s perturbador no fue lo que dijeron, ni lo que a\u00fan est\u00e1 por decirse, sino lo que confirmaron: que durante a\u00f1os se negoci\u00f3 algo que estaba ocurriendo a la vista de todos. Que la discusi\u00f3n no era si exist\u00edan presos pol\u00edticos o torturas, sino cu\u00e1nto tiempo m\u00e1s pod\u00eda sostenerse la ficci\u00f3n de que no exist\u00edan.<\/p>\n<p>Con las excarcelaciones y los testimonios que comienzan a circular \u2014sum\u00e1ndose a lo que durante a\u00f1os otros ya hab\u00edan contado\u2014 no solo se derrumba la arquitectura de la mentira con la que el r\u00e9gimen justific\u00f3 su permanencia en el poder; Tambi\u00e9n queda al desnudo una hipocres\u00eda m\u00e1s vasta y m\u00e1s inc\u00f3moda. La ca\u00edda del relato oficial arrastra consigo a un coro internacional de figuras y organizaciones pol\u00edticas que, por afinidad ideol\u00f3gica o devoci\u00f3n al discurso antiimperialista, prefirieron mirar hacia otro lado mientras se torturaba en nombre de una revoluci\u00f3n ajena. Son los mismos que, habiendo sido v\u00edctimas \u2014o herederos morales\u2014 de dictaduras pasadas, salieron a defensor a Nicol\u00e1s Maduro cuando la presi\u00f3n internacional lo arrincon\u00f3, envueltos en consignas sobre soberan\u00eda, derecho internacional o petr\u00f3leo, como si esas palabras bastaran para absolver el dolor ajeno. La acumulaci\u00f3n de testimonios, la crudeza de los m\u00e9todos revelados, la persistencia del sufrimiento, dejan en evidencia que muchas de esas defensas no fueron \u00e9ticas, sino t\u00e1cticas; no humanistas, sino partidistas. Defensores selectivos de los derechos humanos, indignados a conveniencia, capaces de denunciar el horror solo cuando el verdugo no pertenece a su bando. La tragedia venezolana expone as\u00ed una verdad m\u00e1s amplia: que para ciertos sectores de la izquierda global la dignidad humana tiene ideolog\u00eda, y que el dolor solo merece atenci\u00f3n cuando no contradice sus intereses. Cuba sigue ah\u00ed, romantizada; Venezuela estuvo aqu\u00ed, negada. Y entre una y otra, queda el retrato de una complicidad c\u00ednica que prefiri\u00f3 salvar un discurso antes que a las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>La historia venezolana entra ahora en su momento m\u00e1s inc\u00f3modo: aquel en el que ya no se discute si algo ocurri\u00f3, sino qu\u00e9 se har\u00e1 con aquello que durante a\u00f1os se fingio que no exist\u00eda. La negaci\u00f3n \u2014esa pol\u00edtica eficaz, met\u00f3dica, casi elegante en su frialdad\u2014 empieza a mostrar da\u00f1os. No ha sido derrotada, pero ha perdido su mayor fortaleza: la impunidad del silencio. Ya no gobierna sola. Ya no es inexpugnable.<\/p>\n<p>Lo que ocurre se parece demasiado a otros despertares tard\u00edos de la historia. No al instante heroico de la liberaci\u00f3n, sino al momento posterior, cuando se abren las puertas y lo que sale no es alivio, sino horror acumulado. Como cuando se abrieron los campos de concentraci\u00f3n nazis y el mundo entendi\u00f3, demasiado tarde, que el mal hab\u00eda sido administrado con eficiencia. Como cuando las hambrunas sovi\u00e9ticas dejaron de ser cifras y se volvieron nombres. Como cuando cayeron los muros de Europa del Este y se supo que del otro lado no hab\u00eda utop\u00eda, sino miedo organizado. En todos esos casos, la pregunta no fue qu\u00e9 pas\u00f3, sino c\u00f3mo fue posible negar durante tanto tiempo lo evidente.<\/p>\n<p>En Venezuela, ese instante comienza ahora. No con trompetas ni con actos solemnes, sino con voces cansadas, con relatos fragmentados, con sobrevivientes que no regresan del todo porque una parte de ellos sigue encerrada en los lugares que el poder jur\u00f3 que no exist\u00edan. Cada excarcelaci\u00f3n no clausura una herida: la abre. Cada testimonio no pacifica: incomoda. Cada palabra dicha desmonta un ladrillo del edificio de la mentira.<\/p>\n<p>Por eso, lo que empieza a salir de las c\u00e1rceles no es solo sobrevivientes del horror. Sale una memoria que no pidi\u00f3 permiso. Sale un inventario del da\u00f1o. Sale una verdad que ya no puede ser archivada como propaganda enemiga. Y con ella emerge una certeza perturbadora: la negaci\u00f3n no fue un error ni una exageraci\u00f3n ret\u00f3rica, sino una forma de tortura prolongada, ejercida no solo sobre los presos, sino sobre el pa\u00eds entero.<\/p>\n<p>Ahora no se trata solo de esa larga mentira que intentaron sostener, sino de aquello que la mentira intent\u00f3 cubrir. Vendr\u00e1n los relatos. Vendr\u00e1n los testimonios. Vendr\u00e1n los m\u00e9todos. Vendr\u00e1 el detalle \u2014ese enemigo implacable de toda negaci\u00f3n\u2014. Porque, si algo ense\u00f1a la historia, es que los reg\u00edmenes pueden sobrevivir a la denuncia abstracta, pero rara vez resisten cuando el horror adquiere forma, voz y nombre propio. Y en Venezuela, ese momento \u2014el m\u00e1s temido por el poder\u2014 acaba de comenzar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante a\u00f1os, el poder jur\u00f3 \u2014con una solemnidad casi lit\u00fargica\u2014 que en Venezuela no hab\u00eda presos pol\u00edticos ni torturas. Lo repiti\u00f3 con la tranquilidad de quien sabe que los muros no hablan, que las celdas no escriben y que el dolor, mientras no tenga micr\u00f3fono, no existe. Pero el pa\u00eds aprendi\u00f3 tarde una verdad elemental: [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":373,"featured_media":33748,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[737,252,332],"tags":[],"class_list":["post-33747","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-columnistas","category-opinion","category-venezuela"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33747","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/373"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33747"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33747\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/33748"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33747"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33747"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33747"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}