{"id":29470,"date":"2026-01-25T01:20:51","date_gmt":"2026-01-25T04:20:51","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/01\/25\/un-destello-silencioso-hiroshima-y-nagasaki-ocho-decadas-despues\/"},"modified":"2026-01-25T01:20:51","modified_gmt":"2026-01-25T04:20:51","slug":"un-destello-silencioso-hiroshima-y-nagasaki-ocho-decadas-despues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2026\/01\/25\/un-destello-silencioso-hiroshima-y-nagasaki-ocho-decadas-despues\/","title":{"rendered":"Un destello silencioso. Hiroshima y Nagasaki, ocho d\u00e9cadas despu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n<p>JOHN HERSEY, BIBLIOTECA DE AM\u00c9RICAEl ensayo que sigue fue publicado originalmente en la revista SIC (Centro Gumilla), el 18 de noviembre de 2025.<\/p>\n<p>Por GERM\u00c1N BRICE\u00d1O COLMENARES<\/p>\n<p>\u201cEl hombre de ahora no es como Dios deseaba.<\/p>\n<p>Ha ca\u00eddo en desgracia a trav\u00e9s del pecado\u201d.<\/p>\n<p>Wilhelm Kleinsorge<\/p>\n<p>\u201cDescansad en paz, pues no se repetir\u00e1 el error\u201d<\/p>\n<p>Inscripci\u00f3n en el cenotafio del monumento<\/p>\n<p>a las v\u00edctimas de Hiroshima<\/p>\n<p>Todav\u00eda recuerdo con nostalgia, al cabo de los a\u00f1os, la tarde que pas\u00f3 en el paseo mar\u00edtimo de Nagasaki. Despu\u00e9s de haber recorrido las calles de la ciudad, h\u00famedas, pulcras y desoladas por ser festivo, nos dirigimos all\u00ed a descansar. El sol tibio del oto\u00f1o se pon\u00eda lentamente entre los \u00e1rboles dorados, mientras la gente se solazaba sobre un c\u00e9sped inmaculado gozando de la fresca brisa marina: parejas con ni\u00f1os jugando, j\u00f3venes en bicicleta o sencillamente tumbados sobre la hierba verde, ancianos de un aspecto envidiable dando un paseo vespertino, gente de todo tipo disfrutando de la vida. Era un cuadro tan perfecto que invitaba a la gratitud ya la contemplaci\u00f3n: no hubiera querido estar en otro sitio en ese momento. Parec\u00eda el lugar m\u00e1s feliz y apacible del mundo. Y acaso lo fuera en aquel instante. Pero no siempre fue as\u00ed. No demasiadas d\u00e9cadas atr\u00e1s, un c\u00e1lido verano de 1945, ese id\u00edlico paraje, rebosante de vida y calma, fue un amasijo de fuego, escombros y ceniza, probablemente el lugar m\u00e1s desolado y triste del planeta.<\/p>\n<p>Hacia finales de 1945 y comienzos de 1946, poco despu\u00e9s de aquel fat\u00eddico agosto de 1945, hace ahora ochenta a\u00f1os, en que fueron lanzadas las bombas at\u00f3micas sobre Hiroshima y Nagasaki, John Hersey, corresponsal de guerra de las revistas Tiempo y Vidaque hab\u00eda descrito con lujo de detalles la cruenta batalla de Guadalcanal \u2014en la que tuvo que desempe\u00f1arse como camillero dada la abundancia de heridos y la escasez de personal\u2014 y el desembarco aliado en las costas de Sicilia \u2014sobreviviendo milagrosamente a cuatro accidentes de avi\u00f3n\u2014, en sendas novelas publicadas en 1943 y 1944[1]se encontr\u00f3 en Jap\u00f3n informando para El neoyorquino sobre la reconstrucci\u00f3n del pa\u00eds, cuando se top\u00f3 con la historia de un misionero jesuita alem\u00e1n que hab\u00eda sobrevivido al bombardeo de Hiroshima. El padre Wilhelm Kleinsorge hab\u00eda sido uno de los sobrevivientes despu\u00e9s de que Ni\u00f1o peque\u00f1o[2] detonara a 600 metros de altitud sobre el centro de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de la ma\u00f1ana, y su testimonio se estremeci\u00f3 a Hersey hasta tal punto que se puso inmediatamente en contacto con el editor de la revista, William Shawn, sobre la posibilidad de escribir un extenso art\u00edculo que narrar\u00eda la historia del bombardeo a trav\u00e9s de las experiencias de los sobrevivientes.<\/p>\n<p>Con el visto bueno de Shawn, Hersey viaj\u00f3 a Hiroshima en mayo de 1946, donde pas\u00f3 tres semanas entrevistando a numerosos testigos. Centr\u00f3 su relaci\u00f3n en seis sobrevivientes que se contaban entre los \u201cafortunados\u201d de Hiroshima, entre ellos dos m\u00e9dicos, un ministro, un sacerdote (el propio padre Kleinsorge), una oficinista y una costurera. Se inspir\u00f3 en la novela de Thornton Wilder, El puente de San Luis Reyque narra la historia de cinco personas que mueren al derrumbarse un puente, y decidi\u00f3 utilizar una estructura narrativa similar para contar las historias interconectadas de los sobrevivientes de Hiroshima. El exhaustivo reportaje de Hersey, que puso el \u00e9nfasis en el drama humano del bombardeo \u2014invitando a los lectores a asomarse, con lujo de detalles, exquisita delicadeza y magistral estilo literario, por la ventana del alma humana, con sus luces y sombras\u2014, se public\u00f3 completo en un solo n\u00famero de El neoyorquino en agosto de 1946, justo un a\u00f1o despu\u00e9s de los hechos. Fue la \u00fanica vez, hasta entonces y desde entonces, que la revista dedic\u00f3 sus p\u00e1ginas \u00edntegramente a un solo art\u00edculo.[3]. Muchos lo consideran el mejor reportaje del siglo XX.[4].<\/p>\n<p>El art\u00edculo de Hersey cay\u00f3 como una bomba en la opini\u00f3n p\u00fablica, en la que la narrativa oficial de la necesidad de la bomba para poner fin a la guerra y salvar millas de vidas, y la euforia de la victoria, amenazaban con soslayar los da\u00f1os y disipar los peligros que una carrera at\u00f3mica desatada a escala mundial entra\u00f1aba para el futuro de la humanidad. El gigantesco hongo, devenido en se\u00f1al de identidad de las explosiones at\u00f3micas, se convirti\u00f3 en una especie de met\u00e1fora sobre las distintas narrativas que aspiraban a contar la historia de los bombardeos nucleares. El hongo visto desde arriba, representaba el triunfo de una \u00e9pica belica y tecnol\u00f3gica que hab\u00eda puesto fin de una vez por todas a la guerra, evitando las decenas de millas de muertos de un potencial conflicto prolongado. El hongo visto desde abajo significaba una escena apocal\u00edptica de muerte y destrucci\u00f3n como el mundo jam\u00e1s hab\u00eda conocido. Una tragedia humana cuyas secuelas llegan hasta hoy[5].<\/p>\n<p>Al drama cotidiano y autoinfligido de la guerra, que ven\u00eda haciendo miserables las vidas de los japoneses desde hac\u00eda a\u00f1os, se le sum\u00f3 la hecatombe de una explosi\u00f3n nuclear. En una ciudad de doscientos cuarenta y cinco mil habitantes, m\u00e1s de cien mil murieron en el acto o sufrieron heridas mortales; otros cien mil resultaron heridos de diversa gravedad. Una de las cosas m\u00e1s impresionantes del suceso seg\u00fan contaban sus protagonistas, es que pocas veces en la historia un evento tan catastr\u00f3fico hab\u00eda sido precedido por tan escasas se\u00f1ales o advertencias de lo que estaba por venir.<\/p>\n<p>Era una c\u00e1lida ma\u00f1ana de verano, en la que, como era ya habitual, sonaron las alarmas antia\u00e9reas que buscaban prevenir o al menos anunciar un bombardeo a gran escala que se esperaba en cualquier momento, para el que la poblaci\u00f3n se hab\u00eda ido preparando material y psicol\u00f3gicamente. Pero nada de eso ocurri\u00f3. Al no detectar ning\u00fan peligro, cesaron las alarmas y se hizo una gran calma solo interrumpida por el vuelo de tres aviones solitarios en el inmenso cielo azul, que no pod\u00eda ser otra cosa que vuelos de reconocimiento. Muchos ni siquiera escucharon un gran estruendo. Tan solo fueron deslumbrados por un resplandor terrible y enceguecedor y, fracciones de segundo despu\u00e9s, hab\u00edan muerto o sus vidas hab\u00edan dado un vuelco infernal. Una bola de fuego de un mill\u00f3n de grados cent\u00edgrados se form\u00f3 en el centro de la ciudad, seguida por una onda expansiva que arras\u00f3 con todo a su paso. Edificios enteros fueron pulverizados y las personas que estaban cerca del epicentro se evaporaron en el acto. Seis kil\u00f3metros cuadrados borrados de la faz de la tierra. Una ciudad activa de un cuarto de mill\u00f3n de habitantes en la ma\u00f1ana, hab\u00eda quedado reducida a un mont\u00f3n de cenizas por la tarde. Aquellos que sobrevivieron la explosi\u00f3n inicial se enfrentaron a un infierno en la tierra: un tsunami de fuego que consumi\u00f3 la ciudad, seguido por una lluvia negra y radiactiva que ca\u00eda del cielo.<\/p>\n<p>Entre los supervivientes se encontr\u00f3 otro jesuita que no necesita presentaci\u00f3n: el m\u00edtico Pedro Arrupe, por aquel entonces maestro de novicios. No sabemos si Hersey lleg\u00f3 a cruzarse con \u00e9l, pues era materialmente imposible en el marco de su reportaje dar cabida a las voces de todos los supervivientes, pero no resulta improbable que lo haya hecho, dada la relaci\u00f3n que entabl\u00f3 con su correligionario el padre Kleinsorge. De hecho, el noviciado del que estaba a cargo el padre Arrupe, sus residentes y su an\u00f3nimo rector, y en general la labor de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en Jap\u00f3n, figuran como parte destacada de la historia.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda, Arrupe, en plena celebraci\u00f3n de la misa en el noviciado de Nagatsuka, fue arrojado al suelo por un estruendo y una luz infernal. Al levantarse aturdido y asomarse por la ventana, se dio cuenta de inmediato de que aquello no se trataba de un bombardeo m\u00e1s, sino de algo terrible nunca antes visto. Sin perder tiempo, env\u00eda a un grupo de novicios a buscar ayuda y alimentos, mientras \u00e9l y el resto de la comunidad marchan a la ciudad a rescatar a quien pueda. El noviciado de los jesuitas se convierte en un improvisado hospital de campa\u00f1a, donde se atiende a m\u00e1s de ciento cincuenta personas, abrasadas por la terrible radiaci\u00f3n. Con escasos medios y echando mano de sus antiguos conocimientos de brillante estudiante de medicina, Arrupe y los suyos se las arreglaron para atender a los heridos. A\u00f1os despu\u00e9s, \u00e9l mismo dejar\u00eda constancia de su excepcional testimonio en el libro. Yo viv\u00ed la bomba at\u00f3mica[6].<\/p>\n<p>Pero volviendo al relato de Hersey, el panorama durante las primeras horas y los primeros d\u00edas despu\u00e9s de la explosi\u00f3n era apocal\u00edptico y desolador. Filas interminables de seres fantasmales, desfigurados y harapientos, deambulando por un desierto de polvo y fuego. Apost\u00e1ndose a las afueras de lo que quedaba de los hospitales y cl\u00ednicas, en silencio, sin quejas ni lamentos, esperando con resignaci\u00f3n ser atendidos por un personal de salud que nunca llegar\u00eda, pues la mayor\u00eda hab\u00eda muerto. Los pocos que quedaron con vida pon\u00edan compresas y emplastos aqu\u00ed y all\u00e1, m\u00e1s por h\u00e1bito que por convicci\u00f3n. No ser\u00eda hasta el d\u00eda siguiente que comenzar\u00eda a llegar la ayuda desde fuera de la ciudad. Pero un d\u00eda era demasiado tiempo para muchos de los heridos graves. Con todo, muchos m\u00e1s habr\u00edan muerto aplastados por los escombros o quemados, de no haber sido por la ayuda que casi todo el que estaba en posici\u00f3n de hacerlo se apresur\u00f3 a prestar usando sus propias manos como herramientas para excavar desesperadamente entre las ruinas buscando supervivientes.<\/p>\n<p>La bomba de Nagasaki, que explot\u00f3 un 9 de agosto justo sobre aquel lugar en el que pas\u00f3 una tarde id\u00edlica, fue a\u00fan m\u00e1s terrible. No tanto por el da\u00f1o que provoc\u00f3 \u2014que de hecho fue algo m\u00e1s leve, a pesar de que la explosi\u00f3n fue m\u00e1s poderosa, gracias a la orograf\u00eda y al mal tiempo[7]\u2014, sino porque cuando fue arrojada ya se sab\u00eda del poder devastador de dichos artefactos: los estadounidenses hab\u00edan visto la tremenda explosi\u00f3n desde el aire y Truman no se anduvo con rodeos al identificar la bomba como at\u00f3mica.[8]; los japoneses, aunque todav\u00eda no sab\u00edan exactamente qu\u00e9 tipo de arma era, intu\u00edan que se trataba de una nueva bomba de inmenso poder. Fue, seg\u00fan muchos, un da\u00f1o totalmente innecesario e injustificado. Una reiteraci\u00f3n temible de que los Estados Unidos pod\u00edan seguir lanzando aquellas bombas sobre Jap\u00f3n indefinidamente hasta obtener la rendici\u00f3n. Hubiera bastado acaso una advertencia de otro tipo para transmitir el mismo mensaje. El 15 de agosto Jap\u00f3n ofreci\u00f3 su capitulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero como en medio de las circunstancias m\u00e1s terribles brilla la luz divina, fue tambi\u00e9n en Nagasaki donde ocurri\u00f3 un peque\u00f1o milagro, una prenda del amor maternal de Mar\u00eda que nunca abandon\u00f3 a sus hijos sufrientes. Por alguna misteriosa raz\u00f3n \u2014o quiz\u00e1s no tan misteriosa, pues los padres de Hersey hab\u00edan sido misioneros cristianos en China, donde \u00e9l mismo nacer\u00eda\u2014, varios de los personajes que protagonizan su relato son cristianos japoneses, una exigua minor\u00eda que sufri\u00f3 a lo largo de la historia sufrimientos y persecuciones, pero que a la hora de la gran tribulaci\u00f3n, supo dar testimonio de solidaridad y entereza.<\/p>\n<p>Tras un per\u00edodo de persecuci\u00f3n que culmin\u00f3 a finales del siglo XIX, los cat\u00f3licos japoneses de Nagasaki compraron unas tierras en el distrito del valle de Urakami, donde se hab\u00edan llevado a cabo interrogatorios. fumi-e[9]. All\u00ed construyeron la Catedral de Urakami, que se termin\u00f3 en 1895 y fue consagrada en 1925. Tres a\u00f1os despu\u00e9s se entroniz\u00f3 un busto de la Virgen Mar\u00eda, elaborado en Italia, inspirado en una pintura de Bartolom\u00e9 Esteban Murillo. Aquel aciago 9 de agosto de 1945, la catedral fue destruida por completo. Por esos d\u00edas, el monje trapense Kaemon Noguchi se acerc\u00f3 a orar en medio de las ruinas y se encontr\u00f3 con la escultura entre los escombros, sin ojos y con una grieta en el rostro, y decidi\u00f3 llevarla a su monasterio como reliquia. En 1975, Noguchi devolvi\u00f3 la estatua a Nagasaki para ser exhibida en un museo. M\u00e1s tarde, en 2005, la escultura fue trasladada de nueva a la reconstruida Catedral de Urakami. Desde entonces se ha convertido en un s\u00edmbolo de paz. Ha sido visitada por el secretario general de la ONU, llevada a la propia sede de la organizaci\u00f3n i\u00f3n en Nueva York y colocado cerca del altar durante una misa oficiada por el papa Francisco en su Viaje Apost\u00f3lico.[10]<\/p>\n<p>Claro que no se puede olvidar en esta historia que Jap\u00f3n fue el agresor en primera instancia, con su infame y cobarde ataque a Pearl Harbor. El causante de una guerra absurda y precipitada, condenada al fracaso desde su propio inicio. Hay quienes creen que los japoneses merec\u00edan lo que les pas\u00f3 como castigo por su ciega y servil lealtad a los demenciales delirantes del emperador y su c\u00fapula militar. Los japoneses, esa gente en apariencia apacible, laboriosa y honorable, hab\u00edan sido capaces de actuar con una crueldad despiadada hacia sus adversarios y cometer las mayores atrocidades como fuerzas invasoras en nombre de un imperialismo fatuo, llevando la guerra total hasta sus \u00faltimas consecuencias, incluso hasta el punto de no querer rendirse a\u00fan sabi\u00e9ndose derrotados. Como se sabe, despu\u00e9s de una derrota dolorosa y humillante, tras superar paulatinamente el trauma de la guerra, Jap\u00f3n resurgi\u00f3 de las cenizas, en buena medida por el enorme esfuerzo de reconstrucci\u00f3n promovido por los vencedores, y pens\u00f3, al menos as\u00ed hab\u00eda sido hasta el advenimiento de este nuevo tempus belliel compromiso solemne de no poseer, producir ni permitir la introducci\u00f3n de armas at\u00f3micas en su territorio.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os transcurridos desde el bombardeo, no han cesado los debates y las cr\u00edticas sobre el uso de la bomba at\u00f3mica: \u201c\u00bfAcaso no tiene como consecuencia un mal material y espiritual que por mucho excede cualquier bien que se logre?\u201d, se cuestionaba el padre Siemes, otro de los jesuitas sobrevivientes de Nagatsuka, en una carta dirigida a la Santa Sede. Las consecuencias de las bombas no terminaron con la rendici\u00f3n de Jap\u00f3n. Los supervivientes, conocidos como hibakusha[11], sufrieron (y muchos siguen sufriendo) enfermedades a largo plazo causadas por la radiaci\u00f3n, como c\u00e1nceres, leucemia y otras dolencias, adem\u00e1s de penurias, estigmas, olvido y abandono. El art\u00edculo de Hersey fue un detonante particularmente influyente, ofreciendo una visi\u00f3n de primera mano de los efectos devastadores de la bomba (el cuartel general de MacArthur hab\u00eda censurado toda menci\u00f3n de la bomba en las publicaciones cient\u00edficas japonesas y desplegado un enorme sistema policial para evitar filtraciones de material sensible), poni\u00e9ndole rostro humano a la tragedia.<\/p>\n<p>En 1955, durante la emisi\u00f3n del programa de televisi\u00f3n. Esta es tu vidaen el que se repasaba la trayectoria de Kiyoshi Tanimoto, superviviente de la bomba y uno de los protagonistas del relato de Hersey, se encontr\u00f3 presente Robert Lewis[12]el copiloto del Enola Gayqui\u00e9n record\u00f3 que mientras aquel B-29 sobrevolaba la zona para evaluar los da\u00f1os, escribi\u00f3 en el diario de a bordo una frase demoledora: \u201cDios m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 hemos hecho?\u201d. Koko, la hija menor de Tanimoto que hab\u00eda nacido junto con la bomba y ten\u00eda diez a\u00f1os en el momento de la entrevista, aseguraba tiempo despu\u00e9s que en ese momento vio el arrepentimiento en sus ojos: \u201cSiempre hab\u00eda pensado que era un monstruo, pero en ning\u00fan cuento los monstruos lloran\u2026 Ah\u00ed me di cuenta de que era un ser humano, como yo\u201d. Al final del programa busc\u00f3 colocarse lo m\u00e1s cerca posible de Lewis, para poder tocarlo. \u201c\u00c9l me agarr\u00f3 la mano con mucha fuerza y \u200b\u200bentonces entend\u00ed que no deb\u00eda odiarlo a \u00e9l, sino a la guerra en s\u00ed misma\u2026\u201d[13]. El propio Robert Oppenheimer, jefe cient\u00edfico del Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba, cuya reciente pel\u00edcula biogr\u00e1fica volvi\u00f3 a poner al asunto sobre el tapete, se mostr\u00f3 arrepentido, sintiendo que ten\u00eda las \u201cmanos manchadas de sangre\u201d, y se convirti\u00f3 en un firme defensor del control internacional de las armas nucleares, oponi\u00e9ndose al desarrollo de la bomba de hidr\u00f3geno, lo que le cost\u00f3 su puesto en el gobierno estadounidense y la desafecci\u00f3n de muchos de sus colegas.<\/p>\n<p>Henos aqu\u00ed ochenta a\u00f1os despu\u00e9s. Casi todos los hibakusha han muerto, pero nos quedan sus desgarradores testimonios y la sensaci\u00f3n de que el mundo no parece haber aprendido nada. La carrera armament\u00edstica s\u00f3lo se ralentiz\u00f3 cuando se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el arsenal nuclear existente era suficiente para destruir al mundo varias veces. Nada resulta m\u00e1s inhumano que la frase que resume toda la estrategia detr\u00e1s de la carrera nuclear: destrucci\u00f3n mutua asegurada. Es como si la humanidad se hubiera puesto a s\u00ed misma perpetuamente debajo de una espada de Damocles y hubiera cambiado de un plumazo la paz y la fraternidad que deber\u00edan imperar en el mundo por la zozobra y el miedo.<\/p>\n<p>La guerra es siempre un horror, pero la guerra en la que la completa aniquilaci\u00f3n del adversario depende de la voluntad de un solo hombre es un desprop\u00f3sito. A partir de la invenci\u00f3n de la bomba at\u00f3mica, y de su uso militar, ese ha sido el incierto destino del mundo: depender del humor de un hombre que tiene a su alcance un bot\u00f3n para destruirlo todo. Desde el advenimiento de la bomba, la humanidad \u2014o m\u00e1s bien unos pocos l\u00edderes y gerifaltes\u2014 ha tenido en sus manos la macabra llave de su propia destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Iglesia Cat\u00f3lica ha condenado desde el primer momento, de manera contundente y reiterada, el uso y la posesi\u00f3n de armas at\u00f3micas, consider\u00e1ndolas inmorales, y casi todos los papas desde entonces han tenido algo que decir al respecto. P\u00edo XII, que fue testigo directo de su uso, calific\u00f3 la bomba como \u201cel arma m\u00e1s terrible que la mente humana haya concebido\u201d. Juan Pablo II, el primer pont\u00edfice que visit\u00f3 Hiroshima en 1981, hizo un poderoso llamamiento por la abolici\u00f3n de las armas nucleares y la paz. Francisco fue todav\u00eda m\u00e1s all\u00e1, declarando al regreso de su Viaje Apost\u00f3lico a Jap\u00f3n en 2019 que no solo el uso, sino tambi\u00e9n la posesi\u00f3n de armas nucleares con multas de disuasi\u00f3n es inmoral, y su utilizaci\u00f3n un crimen contra la humanidad, y pidi\u00f3 que la condena de las mismas se incluya en el Catecismo de la Iglesia.[14].<\/p>\n<p>La historia de estas dos ciudades es un testimonio de la capacidad humana para la destrucci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de la resiliencia del esp\u00edritu humano. De las cenizas de la guerra, Hiroshima y Nagasaki se han reconstruido y se han convertido en poderosos s\u00edmbolos de paz y en un llamado a la abolici\u00f3n de las armas nucleares. Ojal\u00e1 que se cumpliera el deseo expresado hace unos d\u00edas por Shiro Suzuki, alcalde de Nagasaki, en el acto para conmemorar el 80 aniversario de la ca\u00edda de la bomba, de que su ciudad sea la \u00faltima ciudad en la historia que sufri\u00f3 un bombardeo at\u00f3mico.[15]. Tantas veces ocurren con los seres humanos, como sucedi\u00f3 con el m\u00edtico anillo de Tolkien, que no somos capaces de resistir el vil deseo de aquello que acabar\u00e1 por ser nuestra perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la guerra, Hersey comparti\u00f3 su faceta de escritor de \u00e9xito con las de profesor de Yale y activista del pacifismo y los derechos civiles. En 1985 regres\u00f3 al lugar de los acontecimientos y escribi\u00f3 Hiroshima: las consecuenciasuna continuaci\u00f3n de su relato original cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, en el que quiso saber qu\u00e9 hab\u00eda sido de sus seis protagonistas al cabo de los a\u00f1os, cuyas vidas hab\u00edan dado en algunos casos giros dram\u00e1ticos, sorprendentes, conmovedores. El neoyorquino public\u00f3 la secuela en su n\u00famero del 15 de julio de 1985, esta vez junto con otros autores. La secuela se agreg\u00f3 posteriormente a una edici\u00f3n revisada del libro. \u00abLo que ha mantenido al mundo una salva de la bomba desde 1945 no ha sido tanto la disuasi\u00f3n, en el sentido del miedo a armas espec\u00edficas, sino la memoria\u00bb, escribi\u00f3 Hersey. \u00abLa memoria de lo que ocurri\u00f3 en Hiroshima\u00bb. John Hersey muri\u00f3 a los 78 a\u00f1os de edad el 24 de marzo de 1993, a causa de un c\u00e1ncer, en su casa de Cayo Hueso.[16].<\/p>\n<p>En cuanto al padre Kleinsorge, cuentan que tras la bomba de Hiroshima continu\u00f3 sufriendo, como miles de hibakushas, \u200b\u200blas secuelas de la radiotoxemia, experimentando debilidad y requiriendo frecuentes hospitalizaciones. A pesar de sus llagas, en los d\u00edas posteriores al bombardeo, se dedic\u00f3 a asistir a los heridos ya los moribundos, a consolar, aconsejar y dar apoyo espiritual a quienes lo requer\u00edan. Y all\u00ed donde encontr\u00f3 el sufrimiento encontrar\u00eda tambi\u00e9n su propio destino: alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, se nacionaliz\u00f3 japon\u00e9s, cambi\u00f3 su nombre por el de Makoto Takakura e hizo suyo el esp\u00edritu nip\u00f3n del enrio: olvidarse de s\u00ed mismo, poner a los dem\u00e1s en primer lugar. Sigui\u00f3 cumpliendo diversas tareas eclesi\u00e1sticas en su nueva patria y ejerciendo su ministerio sacerdotal hasta retirarse a una diminuta iglesia de la zona de Mukaihara, llevando hasta el final una existencia modesta, discreta y llena de entrega y sacrificio. Aquejado de un agudo cuadro febril, un mes despu\u00e9s de la explosi\u00f3n, un doctor tokiota le hab\u00eda dado dos semanas de vida. Lo cierto es que, a pesar de sus m\u00faltiples dolencias, falleci\u00f3 m\u00e1s de tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, el 19 de noviembre de 1977 a los 71 a\u00f1os, tras entrar en coma, acompa\u00f1ado de un m\u00e9dico, un sacerdote y su fiel asistente de los \u00faltimos a\u00f1os. Su tumba se encuentra en medio de un pinar apacible, en la cima de una colina sobre el Noviciado de Nagatsuka, a unos seis kil\u00f3metros del epicentro de la explosi\u00f3n. Dicen que nunca falta sobre ella un ramo de flores frescas.<\/p>\n<p>Al inicio del Proyecto Manhattan, los cient\u00edficos desarrollaron una bomba larga y delgada de tipo ca\u00f1\u00f3n alimentada con plutonio. Este dise\u00f1o recibi\u00f3 el apodo de \u201cThin Man\u201d en honor al personaje hom\u00f3nimo de la novela y la serie de pel\u00edculas de Dashiell Hammett.<\/p>\n<p>Las dificultades t\u00e9cnicas con el dise\u00f1o de plutonio llevaron al abandono del proyecto \u201cThin Man\u201d. Sin embargo, el equipo continu\u00f3 trabajando en una bomba de tipo ca\u00f1\u00f3n similar, pero m\u00e1s peque\u00f1a y compacta, basada en uranio.<\/p>\n<p>La nueva bomba de uranio era mucho m\u00e1s corta y compacta que el concepto original de \u201cThin Man\u201d. Se dice que el apodo de \u201cLittle Boy\u201d se eligi\u00f3 como una alusi\u00f3n humor\u00edstica al dise\u00f1o, ahora abandonado, de \u201cThin Man\u201d, ya que la nueva bomba era esencialmente una versi\u00f3n m\u00e1s peque\u00f1a de ese concepto.<\/p>\n<p>La bomba de Nagasaki, un arma de implosi\u00f3n de plutonio m\u00e1s grande y redonda, recibi\u00f3 el apodo de \u201cFat Man\u201d, en honor al personaje Kasper Gutman de la misma novela de Dashiell Hammett.<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>[1] Intothe Valley: Marines en Guadalcanal (1943); Una campana para Adano (1944).<\/p>\n<p>[2] Se dice que el nombre en clave \u201cLittle Boy\u201d para la bomba at\u00f3mica lanzada sobre Hiroshima proviene de su dise\u00f1o y de un proyecto anterior.<\/p>\n<p>[3] Hiroshima | El neoyorquino https:\/\/share.google\/4H2hIawosNnyMwvHc<\/p>\n<p>[4] Los grandes \u00e9xitos del periodismo: dos listas de las principales historias de un siglo https:\/\/www.nytimes.com\/1999\/03\/01\/business\/media-journalism-s-greatest-hits-two-lists-of-a-century-s-top-stories.html?smid=url-share<\/p>\n<p>[5] Las im\u00e1genes de Hiroshima que el mundo no pudo ver<\/p>\n<p>  https:\/\/elpais.com\/cultura\/2025-08-06\/las-imagenes-de-hiroshima-que-el-mundo-no-pudo-ver.html<\/p>\n<p>[6] Pedro Arrupe \u2013 Wikipedia https:\/\/share.google\/prXAlq6txCNKazuls<\/p>\n<p>[7] Nagasaki, v\u00edctima olvidada del horror<\/p>\n<p>  https:\/\/elpais.com\/internacional\/2015\/08\/10\/actualidad\/1439158023_587177.html<\/p>\n<p>[8] Truman se refiri\u00f3 al poder de la bomba con crudeza, enfatizando su capacidad destructiva. Dijo: &#8220;Esa bomba ten\u00eda m\u00e1s potencia que 20.000 toneladas de TNT. Ten\u00eda m\u00e1s de dos mil veces la potencia explosiva de la bomba brit\u00e1nica &#8216;Grand Slam&#8217;, la bomba m\u00e1s grande jam\u00e1s utilizada en la historia de la guerra&#8221;.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la describi\u00f3 como \u201cun aprovechamiento del poder fundamental del universo\u201d y advirti\u00f3 que Estados Unidos estaba \u201cpreparado para destruir m\u00e1s r\u00e1pida y completamente cualquier empresa productiva que los japoneses tuvieran en la superficie, en cualquier ciudad\u201d.<\/p>\n<p>Comunicado de prensa del presidente Harry S. Truman del 6 de agosto de 1945, en el que anunciaba el uso de la bomba at\u00f3mica sobre Hiroshima.<\/p>\n<p>[9] Un fumi-e (\u8e0f\u307f\u7d75, fumi \u201cpisar\u201d + e \u201cimagen\u201d) era una imagen de Jes\u00fas o Mar\u00eda sobre la cual las autoridades religiosas del shogunato Tokugawa de Jap\u00f3n exig\u00edan que los sospechosos de ser cristianos (Kirishitan) se pararan para demostrar que no eran miembros de la religi\u00f3n prohibida; De lo contrario, ser\u00e1n torturados o asesinados. https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Fumi-e<\/p>\n<p>[10] Mar\u00eda bombardeada con \u00e1tomos https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Atom-bombed_Mary<\/p>\n<p>[11] Cuenta el propio Hersey que: &#8220;Al referirse a quienes pasaron por la experiencia de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, los japoneses tend\u00edan a evitar el t\u00e9rmino &#8216;supervivientes&#8217;, porque concentraci\u00f3n demasiado en el hecho de estar con vida pod\u00eda sugerir una ofensa a los sagrados muertos. La clase de personas a la que pertenec\u00eda Nakamura-san vino a ser conocida con un nombre m\u00e1s neutral, &#8216;hibakusha&#8217;: literalmente, &#8216;personas afectadas por una explosi\u00f3n'&#8221;.<\/p>\n<p>[12] Posteriormente Lewis ser\u00eda llamado por el Pent\u00e1gono para propinarle una buena reprimenda.<\/p>\n<p>[13] Koko Kondo, el superviviente de la bomba at\u00f3mica de Hiroshima que convirti\u00f3 el dolor en un mensaje de paz<\/p>\n<p>  https:\/\/elpais.com\/internacional\/2025-08-13\/koko-kondo-la-superviviente-de-la-bomba-atomica-de-hiroshima-que-convirtio-el-dolor-en-un-mensaje-de-paz.html<\/p>\n<p>[14] Los Papas y la amenaza at\u00f3mica, los llamamientos a la conciencia del mundo \u2013 Vatican News https:\/\/share.google\/HbGZmzYlSroFRc48u<\/p>\n<p>[15] Nagasaki advierte del riesgo creciente de una guerra nuclear 80 a\u00f1os despu\u00e9s de su bombardeo<\/p>\n<p>  https:\/\/elpais.com\/internacional\/2025-08-09\/nagasaki-advierte-del-riesgo-creciente-de-una-guerra-nuclear-80-anos-despues-de-su-bombardeo.html<\/p>\n<p>[16] John Hersey \u2013 Wikipedia https:\/\/share.google\/xSAW6JkYFF4kIfmu5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JOHN HERSEY, BIBLIOTECA DE AM\u00c9RICAEl ensayo que sigue fue publicado originalmente en la revista SIC (Centro Gumilla), el 18 de noviembre de 2025. Por GERM\u00c1N BRICE\u00d1O COLMENARES \u201cEl hombre de ahora no es como Dios deseaba. Ha ca\u00eddo en desgracia a trav\u00e9s del pecado\u201d. Wilhelm Kleinsorge \u201cDescansad en paz, pues no se repetir\u00e1 el error\u201d [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":110,"featured_media":29471,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1534,332],"tags":[],"class_list":["post-29470","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-papel-literario","category-venezuela"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29470","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/110"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29470"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29470\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/29471"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}