{"id":2740,"date":"2025-10-24T03:16:38","date_gmt":"2025-10-24T06:16:38","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/10\/24\/gestion-de-impresiones-y-quiebra\/"},"modified":"2025-10-24T03:16:38","modified_gmt":"2025-10-24T06:16:38","slug":"gestion-de-impresiones-y-quiebra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/10\/24\/gestion-de-impresiones-y-quiebra\/","title":{"rendered":"Gesti\u00f3n de impresiones y quiebra"},"content":{"rendered":"<p>En la pel\u00edcula Tootsie (1982), ganadora de premios Oscar y Globos de Oro, Dustin Hoffman interpreta a un actor desempleado que, desesperado por conseguir trabajo, se disfraza de mujer y logra ser contratado como supervisor en una telenovela hospitalaria. Lo que comienza como una estrategia de supervivencia se convierte en una transformaci\u00f3n inesperada: su personaje femenino cobra vida propia, establece v\u00ednculos, desaf\u00eda al director machista y se convierte en una figura de autoridad. El p\u00fablico, atrapado en la ilusi\u00f3n, olvida que detr\u00e1s de \u201cTootsie\u201d hay un hombre. Hasta que, en una escena memorable, Hoffman se quita la peluca en vivo y revela su verdadera identidad. El desconcierto es total.<\/p>\n<p>Esta escena no solo revela el poder de la actuaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la fragilidad de las percepciones sociales. En nuestras vidas cotidianas y en las organizaciones donde trabajamos, todos somos un poco Tootsie: interpretamos roles, adaptamos gestos, modulamos discursos. Somos actores aficionados en un escenario donde el juicio social determina reputaciones, ascensos y, en ocasiones, la supervivencia institucional.<\/p>\n<p>Desde mediados del siglo XX, esta idea ha sido formalizada en las ciencias sociales bajo el concepto de \u201cgesti\u00f3n de impresiones\u201d. Inspirado por la met\u00e1fora teatral, el soci\u00f3logo Erving Goffman (1922-1982) propuso que la vida social se asemeje a una obra en la que cada individuo desempe\u00f1a distintos papeles seg\u00fan el p\u00fablico que lo observa. su obra La presentaci\u00f3n de uno mismo en la vida cotidiana. (1956) se convirti\u00f3 en un cl\u00e1sico, al sostener que incluso los gestos m\u00e1s triviales pueden estar estrat\u00e9gicamente dise\u00f1ados para causar una impresi\u00f3n favorable.<\/p>\n<p>Aunque inicialmente criticada por su falta de evidencia emp\u00edrica, la teor\u00eda de Goffman ha sido ampliamente validada y extendida por investigaciones en psicolog\u00eda social y comportamiento organizacional. Hoy sabemos que las personas emplean t\u00e1cticas como explicaciones, excusas, conformidad de opiniones y otras estrategias para moldear la percepci\u00f3n que los dem\u00e1s tienen de ellas. En el \u00e1mbito corporativo, estas t\u00e1cticas se han c\u00f3modo y sistematizado.<\/p>\n<p>En las organizaciones, la gesti\u00f3n de impresiones no es solo una pr\u00e1ctica individual. Las empresas, como actores colectivos, tambi\u00e9n interpretan papeles. Manipulan narrativas, seleccionan indicadores, redactan informes. En la literatura contable-financiera, esto se denomina \u201cgesti\u00f3n de impresiones corporativas\u201d: el uso estrat\u00e9gico del lenguaje y la presentaci\u00f3n de informaci\u00f3n para influir en la percepci\u00f3n externa sobre el desempe\u00f1o empresarial.<\/p>\n<p>Los informes corporativos, especialmente los narrativos y particularmente las cartas a las partes interesadas (partes interesadas) en el reporte ESG o las cartas a los accionistas en los reportes anuales, se han convertido en escenarios privilegiados para esta actuaci\u00f3n. Las secciones descriptivas han ganado protagonismo, ofreciendo a las empresas la oportunidad de superar asimetr\u00edas de informaci\u00f3n mediante explicaciones detalladas. Pero tambi\u00e9n permiten maquillar resultados, omitir riesgos o exagerar logros. La abundante evidencia emp\u00edrica sobre estas narrativas es que las mismas facilitan el uso discrecional de la informaci\u00f3n, convirtiendo el informe en una pieza de dramaturgia m\u00e1s que en un documento t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>El caso es que, tal como se demostr\u00f3 en pasados \u200b\u200bart\u00edculos, la gesti\u00f3n de impresiones en los documentos corporativos est\u00e1 en aumento, y sus implicaciones \u00e9ticas, estrat\u00e9gicas y reputacionales son profundas. Las empresas no solo buscan parecer exitosas: buscan parecer virtuosas. De ah\u00ed el uso creciente de informes ESG como herramienta de relaciones p\u00fablicas y se\u00f1alizadora de virtud, m\u00e1s que como instrumento de transformaci\u00f3n. Tal teatralidad puede tener consecuencias graves, especialmente cuando la distancia entre la narrativa y la realidad se vuelve insostenible.<\/p>\n<p>Volvamos a Tootsie. La escena en la que Hoffman se quita la peluca no solo revela una identidad oculta, sino que exponen la tensi\u00f3n entre el personaje y el actor. En el mundo corporativo, \u00bfQui\u00e9n es el personaje?, \u00bfNo es acaso la empresa que se reporta sostenible mientras transita irreversiblemente hacia un curso de quiebra?<\/p>\n<p>La gesti\u00f3n de impresiones no es, en s\u00ed misma, una pr\u00e1ctica condenable. Todos necesitamos presentarnos de forma estrat\u00e9gica. Pero cuando la actuaci\u00f3n sustituye a la acci\u00f3n, cuando el maquillaje reemplaza la sustancia, el riesgo no es solo reputacional: es estructural. <\/p>\n<p>La quiebra, como veremos en los pr\u00f3ximos dos art\u00edculos, se gesta mucho antes del guion optimista y moralizante del reporte ESG. Sin embargo y parad\u00f3jicamente, dicho guion la anuncia.<\/p>\n<p>Declararse en quiebra es, precisamente, quitarse la peluca.<\/p>\n<p>Correo: [emailprotected]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la pel\u00edcula Tootsie (1982), ganadora de premios Oscar y Globos de Oro, Dustin Hoffman interpreta a un actor desempleado que, desesperado por conseguir trabajo, se disfraza de mujer y logra ser contratado como supervisor en una telenovela hospitalaria. 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