{"id":20742,"date":"2025-12-24T04:24:43","date_gmt":"2025-12-24T07:24:43","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/24\/de-la-dependencia-a-la-libertad\/"},"modified":"2025-12-24T04:24:43","modified_gmt":"2025-12-24T07:24:43","slug":"de-la-dependencia-a-la-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/24\/de-la-dependencia-a-la-libertad\/","title":{"rendered":"De la dependencia a la libertad"},"content":{"rendered":"\n<p>Foto: AFPVenezuela llegar\u00e1 al momento del cambio con una verdad inc\u00f3moda a cuestas, de esas que no admitir\u00e1n rodeos ni met\u00e1foras evasivas. \u00bfC\u00f3mo explicarle a Juan, a Pedro oa Guillermo -hombres de trabajo duro, de madrugadas interminables, de manos gastadas por el oficio, por la brega de sudor y paciencia, que mientras ellos sobreviv\u00edan con salarios pulverizados y hac\u00edan malabares para pagar la comida o los estudios b\u00e1sicos de sus hijos, el hijo de Nicol\u00e1s Maduro pod\u00eda cancelar en efectivo un doctorado de 12.000 d\u00f3lares en una reconocida universidad privada? La pregunta no es demag\u00f3gica ni busca provocar indignaci\u00f3n f\u00e1cil: es una interpelaci\u00f3n estructural, casi pedag\u00f3gica, que desnuda la fractura moral y econ\u00f3mica del modelo que se impuso en nombre de la justicia social. Esa escena resume, con crudeza t\u00e9cnica, la distancia abismal entre el discurso igualitarista y la realidad olig\u00e1rquica de un poder que se enriqueci\u00f3 a la sombra del empobrecimiento colectivo. El punto no radica en si posee o no el derecho al estudio, como cualquier ciudadano; lo verdaderamente contundente es que, en ese caso particular, dicho derecho se transform\u00f3 en un privilegio debido a la procedencia de los recursos.<\/p>\n<p>Todo fue un enga\u00f1o burdo para quienes lo aceptamos sin reservas: una aut\u00e9ntica p\u00edldora de cianuro social. Al comienzo de aquella historia del chavismo, el relato fue distinto. Se habl\u00f3 de humanismo, de dignidad, de saldar deudas hist\u00f3ricas con los excluidos. Muchos lo creyeron, no por ingenio, sino porque la promesa conectaba con una sensibilidad social leg\u00edtima. Luego vino el socialismo como f\u00f3rmula redentora, presentado no como una opci\u00f3n ideol\u00f3gica discutible, sino como un destino moral inevitable. En nombre de ese socialismo se desmontaron los equilibrios econ\u00f3micos, se destruy\u00f3 el aparato productivo, se anul\u00f3 la moneda y se convirti\u00f3 el salario en una ficci\u00f3n. Paralelamente, se construy\u00f3 una narrativa retrospectiva que se\u00f1al\u00f3 a los cuarenta a\u00f1os de democracia previa -con muchos errores, l\u00edmites y virtudes- como la causa de todos los varones, borrando deliberadamente que ese per\u00edodo fue, con luces y sombras, el de mayor movilidad social, expansi\u00f3n educativa y construcci\u00f3n institucional del pa\u00eds. No fue una reinterpretaci\u00f3n inocente hist\u00f3rica, sino una operaci\u00f3n pol\u00edtica destinada a eliminar cualquier punto de comparaci\u00f3n que evidenciara el fracaso del nuevo orden.<\/p>\n<p>La realidad termin\u00f3 imponi\u00e9ndose con la contundencia de los hechos. El colapso venezolano no fue producto de una fatalidad hist\u00f3rica ni de un complot externo omnipotente, sino de decisiones p\u00fablicas concretas y verificables: controles incompatibles con la producci\u00f3n, expropiaciones sin criterios t\u00e9cnicos, asfixia regulatoria, opacidad fiscal y una corrupci\u00f3n sist\u00e9mica que desvi\u00f3 recursos p\u00fablicos hacia redes familiares, militares y partidistas, tanto dentro como fuera del pa\u00eds. La pol\u00edtica dej\u00f3 de ser un espacio de deliberaci\u00f3n sobre el bien com\u00fan y se transform\u00f3 en un mecanismo de acumulaci\u00f3n privada. No se trata de desviaciones individuales, sino de una estructura de poder que oper\u00f3 con l\u00f3gica patrimonialista, donde el Estado fue capturado y utilizado como bot\u00f3n.<\/p>\n<p>Es en este punto donde el liberalismo, lejos de ser una consigna importada o un dogma abstracto, aparece como una tradici\u00f3n moral y pol\u00edtica profundamente relevante. El liberalismo cl\u00e1sico parte de una premisa sencilla y exigente: el individuo es un sujeto libre y responsable, no un engranaje al servicio del Estado ni un beneficiario pasivo de su caridad. En Venezuela, esa premisa fue negada de forma sistem\u00e1tica. La pobreza no solo fue una consecuencia, sino tambi\u00e9n una herramienta de control. Convertir a ciudadanos en dependientes fue funcional a la perpetuaci\u00f3n del poder. El giro liberal implica romper ese c\u00edrculo, no para abandonar a los m\u00e1s vulnerables, sino para ofrecerles algo mucho m\u00e1s digno: la posibilidad real de ascenso mediante el trabajo, el m\u00e9rito y la propiedad.<\/p>\n<p>El pa\u00eds est\u00e1 lleno de personas pobres en t\u00e9rminos materiales, pero ricas en habilidades pr\u00e1cticas. Hay saber productivo acumulado en la informalidad: gente que sabe sembrar, producir, reparar, cocinar, transportar, vender, construir. Ese capital humano fue empujado a la precariedad por un entramado de permisos arbitrarios, impuestos confiscatorios y una burocracia dise\u00f1ada para extorsionar. El liberalismo propone lo contrario: reglas simples y estables, protecci\u00f3n efectiva de la propiedad, acceso al cr\u00e9dito, seguridad jur\u00eddica. Cuando una persona sabe que el fruto de su esfuerzo no ser\u00e1 expropiado ni condicionado por su lealtad pol\u00edtica, la iniciativa florece. As\u00ed se transforman peque\u00f1os emprendedores en comerciantes s\u00f3lidos y, con el tiempo, en industriales. No por decreto, sino por acumulaci\u00f3n de paciencia, trabajo y confianza.<\/p>\n<p>Incluso el territorio refleja esta tragedia y esta posibilidad. Las viviendas precarias levantadas en zonas verdes y monta\u00f1osas no son producto de la maldad, sino de la desesperaci\u00f3n. Familias enteras construyeron donde pudieron porque el Estado era incapaz de ofrecer alternativas urbanas viables y la migraci\u00f3n descontrolada desbord\u00f3 las capacidades de organizaci\u00f3n demogr\u00e1fica. Un enfoque liberal no deber\u00eda proponer desalojos autoritarios ni soluciones traum\u00e1ticas, sino procesos voluntarios, incentivos bien dise\u00f1ados, programas de relocalizaci\u00f3n que permitan intercambiar precariedad por propiedad formal. Dejar respirar a las monta\u00f1as no es solo una consigna ambiental; es una expresi\u00f3n de orden civilizatorio: reconciliar desarrollo humano, legalidad y respeto por la naturaleza sin aplastar a quienes ya han sido demasiado aplastados.<\/p>\n<p>El turismo ofrece un ejemplo claro de lo que puede lograrse cuando se conf\u00eda en la sociedad. Venezuela posee una diversidad natural y cultural excepcional: playas, monta\u00f1as, selvas, desiertos, tradiciones, gastronom\u00eda. Sin embargo, la inseguridad, la desconfianza institucional y la ausencia de inversi\u00f3n privada lo mantuvieron en estado latente. Un enfoque liberal puede entender el turismo como una red descentralizada de oportunidades: posadas familiares, gu\u00edas locales, transporte, servicios, artesan\u00eda. Cuando se garantiza seguridad, se protege la propiedad y se facilita la inversi\u00f3n, el turismo se convierte en una escuela pr\u00e1ctica de emprendimiento y orgullo local. No necesita un Estado omnipresente; necesita un Estado que no estorbe y que haga cumplir la ley, pero que al principio sea como un buen padre de familia promotor de emprendimiento y apoyo financiero. <\/p>\n<p>La educaci\u00f3n, por su parte, fue degradada al convertirse en instrumento de adoctrinamiento y control. El liberalismo no desprecia la educaci\u00f3n p\u00fablica; la rescata de la mediocridad politizada. Una educaci\u00f3n liberal forma ciudadanos cr\u00edticos, trabajadores competentes y personas capaces de pensar por s\u00ed mismos. El cambio pasa por devolver autonom\u00eda a las instituciones educativas, dignificar al docente, vincular la formaci\u00f3n con el mundo productivo y permitir una convivencia virtuosa entre iniciativas p\u00fablicas y privadas. Una sociedad de propietarios comienza en el aula, cuando se ense\u00f1a que el esfuerzo tiene sentido y que el futuro no depende de la cercan\u00eda al poder. La generaci\u00f3n de docentes-empresarios en docencia es una idea capaz de abrir nuevos espacios de creaci\u00f3n de riqueza privada, orientados a promover empleos de alta calidad, bien remunerados y competitivos a nivel mundial.<\/p>\n<p>En el plano econ\u00f3mico, el tr\u00e1nsito desde un pa\u00eds construido sobre pilares socialistas hacia una sociedad de propietarios exige realismo y pedagog\u00eda. No se trata de un salto al vac\u00edo ni de una terapia de choque ideol\u00f3gica, sino de un retorno a principios que han demostrado su eficacia hist\u00f3rica: la estabilidad monetaria, el respeto a los contratos, la apertura al comercio, el fomento del ahorro y la inversi\u00f3n. El liberalismo no promete igualdad de resultados, sino igualdad de oportunidades. En una sociedad devastada, esta promesa es profundamente reparadora: cada uno puede avanzar seg\u00fan su talento y su trabajo, sin que el \u00e9xito ajeno sea visto como una amenaza moral.<\/p>\n<p>La vida personal, tantas veces intervenida y vigilada, tambi\u00e9n se ve transformada. El liberalismo defiende la esfera \u00edntima como un espacio inviolable: la familia, el proyecto de vida, las creencias, las decisiones cotidianas. Durante a\u00f1os, el poder intent\u00f3 sustituir incluso esos \u00e1mbitos, convirtiendo al ciudadano en dependiente emocional del Estado. Recuperar la libertad personal es recuperar la autoestima colectiva. Una sociedad libre no necesita salvadores permanentes ni l\u00edderes providenciales; necesita ciudadanos responsables, capaces de cuidarse a s\u00ed mismos y de participar en la vida p\u00fablica sin miedo.<\/p>\n<p>Nada de esto ocurre en aislamiento. El apoyo necesario para este tr\u00e1nsito es interno y externo. Internamente, se requiere una nueva \u00e9tica p\u00fablica, un pacto social que devuelva prestigio a la legalidad, al trabajo y al m\u00e9rito. Externamente, la comunidad internacional puede acompa\u00f1ar con inversi\u00f3n, cooperaci\u00f3n t\u00e9cnica y respaldo institucional, siempre respetando la soberan\u00eda de un pa\u00eds que decida reconstruirse desde la libertad. La di\u00e1spora venezolana, dispersa pero altamente calificada, constituye un puente natural para ese proceso: experiencia, capital, conocimiento y una memoria viva de lo que significa vivir en sociedades donde las reglas importan.<\/p>\n<p>El liberalismo que Venezuela necesita no es cruel ni indiferente; es profundamente social porque entiende que la mejor pol\u00edtica social es un empleo digno, una propiedad segura y un horizonte de progreso. Convertir a una sociedad de dependientes en una sociedad de propietarios no es un acto de insensibilidad, sino de confianza radical en la capacidad humana. Es decirle a Juan, a Pedro y a Guillermo que el esfuerzo vale la pena, que la ley los protegidos y que nunca m\u00e1s deber\u00e1n explicarles a sus hijos por qu\u00e9 unos pocos, en nombre del pueblo, vivieron como pr\u00edncipes mientras la naci\u00f3n entera se empobrec\u00eda.<\/p>\n<p>El cambio no se anuncia con consignas ni se impone con decretos. Se construye como se construyen las cosas que perduran: con reglas claras, con paciencia, con memoria hist\u00f3rica y con la convicci\u00f3n de que la libertad no es un privilegio, sino una costumbre que se aprende y se defiende todos los d\u00edas. Venezuela puede volver a ser un pa\u00eds donde el trabajo y los m\u00e9ritos personales tengan sentido, donde la ley sea un refugio y no una amenaza, y donde la pol\u00edtica deje de ser un instrumento de enga\u00f1o para convertirse, en un servicio p\u00fablico al bien republicano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto: AFPVenezuela llegar\u00e1 al momento del cambio con una verdad inc\u00f3moda a cuestas, de esas que no admitir\u00e1n rodeos ni met\u00e1foras evasivas. \u00bfC\u00f3mo explicarle a Juan, a Pedro oa Guillermo -hombres de trabajo duro, de madrugadas interminables, de manos gastadas por el oficio, por la brega de sudor y paciencia, que mientras ellos sobreviv\u00edan con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":288,"featured_media":20743,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[737,252,332],"tags":[],"class_list":["post-20742","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-columnistas","category-opinion","category-venezuela"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20742","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/288"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20742"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20742\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/20743"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20742"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20742"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20742"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}