{"id":19682,"date":"2025-12-21T01:21:19","date_gmt":"2025-12-21T04:21:19","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/21\/el-camino-del-jazz-memoria-de-una-praxis-fotografica\/"},"modified":"2025-12-21T01:21:19","modified_gmt":"2025-12-21T04:21:19","slug":"el-camino-del-jazz-memoria-de-una-praxis-fotografica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/21\/el-camino-del-jazz-memoria-de-una-praxis-fotografica\/","title":{"rendered":"El camino del jazz: memoria de una praxis fotogr\u00e1fica"},"content":{"rendered":"\n<p>SANDRO ORAMAS, AUTORRETRATO\u201cLas veladas mel\u00f3manas nocturnas entre vinilos y buen C\u00f4tes du Rh\u00f4ne se hicieron costumbre. En ellas trat\u00e1bamos de descifrar, cual idioma oculto, a veces impenetrablelas personalidades sonoras de los m\u00fasicos con sus instrumentos y atributos. Aquello fue literalmente escuela y c\u00e1tedra\u201d<\/p>\n<p>Por SANDRO ORAMAS<\/p>\n<p>Aqu\u00ed hablamos de magia, no solo de arte&#8230; algo as\u00ed como mi propia m\u00fasica dando vueltas, en una oleada rica y potente, en alg\u00fan lugar de mi cabeza.<\/p>\n<p>Haruki Murakami, retratos de jazz<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda y el jazz<\/p>\n<p>Para m\u00ed la fotograf\u00eda de jazz viene principalmente de una experiencia directa con la m\u00fasica, con el jazz. Es decir, primero vino el jazz y luego la fotograf\u00eda para materializar esa experiencia. Cuando la imagen coincide con el momento de la toma, una fracci\u00f3n de segundos basta para inmortalizar ese instante, dentro de un espacio visual y sonoro, que le es propio. <\/p>\n<p>Primera etapa: hacia el camino del jazz<\/p>\n<p>\u201cCaminante, son tus huellas el camino y nada m\u00e1s; Caminante, no hay camino,se hace camino al andar&#8230;\u201d, dice Antonio Machado en ese poema maravilloso que es \u201cProverbios y cantares\u201d en campos de castilla (1912), convertido magistralmente en himno por Joan Manuel Serrat, dando a entender, en su mensaje contra la dictadura franquista, que la vida es un camino surcado de espinas, que se traza a medida que lo transitamos, sin un prop\u00f3sito determinado. Un camino que para m\u00ed tiene muchos senderos, entre ellos, el de la fotograf\u00eda y el jazz.<\/p>\n<p>Han sido ya m\u00e1s de treinta y cinco a\u00f1os desde que comenz\u00f3 a recorrer el sendero del jazz y la fotograf\u00eda, sin otro \u00e1nimo que no fuese el placer puro y simple de escuchar y fotografiar. Algo emparentado con el estado de vac\u00edo mental al que se refer\u00eda Eugenio Herrigel en su libro Zen en el arte del tiro al arcocuando habla del arquero japon\u00e9s al momento de soltar la flecha. En cierta manera, similar al del m\u00fasico de jazz cuando improvisa; Sabe cuando empieza, pero no cuando termina.<\/p>\n<p>Este camino tiene como fecha y lugar de inicio el apartamento-taller de mi pap\u00e1 en Par\u00eds, 79 Bd. Romain Rolland, frente al cementerio de Montrouge, 1962. Una vivencia de infancia que resuena a\u00fan en mi trabajo en torno al jazz y que 20 a\u00f1os despu\u00e9s, excavando memorias con mi padre, me enter\u00e9 por \u00e9l que lo que escuch\u00e1bamos en aquel vetusto apartamento parisino, oloroso a trementina y Camembert, era a Duke Ellington, Charlie Parker y Gerry Mulligan, con algo de Sch\u00f6nberg y Johnny Hallyday. Era\/Fue el a\u00f1o del atentado a Charles De Gaulle y del rodaje de Vivir en la vidade Godard, por cierto, con m\u00fasica de Michel Legrand, connotado jazzista franc\u00e9s muy activo en esos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, est\u00e1bamos en Roma a dos cuadras de la Piazza de Espa\u00f1a. All\u00ed, el banda sonora de ese entonces lo asocio con Nel blu dipinto di blu de Domenico Modugno y los hits de Rita Pavone y Adriano Celentano, marcados con la sonoridad jazz y del saxof\u00f3n. Era la m\u00fasica de fondo de los d\u00edas soleados del verano romano. Pasolini ven\u00eda de rodar Mam\u00e1 Roma y comenzaba El Evangelio seg\u00fan San Mateo en Palestina; Antonioni estrenaba El eclipse y Herbie Hancock sonaba con Hombre Sand\u00eda. En ese contexto m\u00fasico-cinematogr\u00e1fico tuvo lugar mi primer encuentro con Lucho Ca\u00f1izales, amigo de la infancia, m\u00fasico en gestaci\u00f3n, de paso por Italia con su mam\u00e1 y sus dos hermanos. Una amistad entra\u00f1able, signada, sin saberlo, por el jazz. <\/p>\n<p>Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, ya de regreso a Venezuela, medianamente aclimatado y en proceso de adaptaci\u00f3n, entr\u00e9 a estudiar viol\u00edn con el maestro Antonio Urea, en la Escuela Popular de M\u00fasica en la esquina de Truco a Guan\u00e1bano y seguidamente en la Jos\u00e9 \u00c1ngel Lamas, despu\u00e9s de pasar satisfactoriamente la temible evaluaci\u00f3n del maestro Sojo. Continu\u00e9 el viol\u00edn con el maestro Mescoli y teor\u00eda y solfeo con Alba Quintanilla e Inocente Carre\u00f1o. Demasiado calibre musical para quien, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, desertara para entrar en la Escuela de Artes Pl\u00e1sticas Crist\u00f3bal Rojas y entregarse en alma y cuerpo al rocael cine y la fotograf\u00eda. Yo ten\u00eda apenas 16 a\u00f1os. La adolescencia tiene sus propias disonancias&#8230;<\/p>\n<p>En la tele, el jazz Era tambi\u00e9n tema recurrente, tanto en los seriados americanos como en las viejas comiquitas de Tex Avery y El gato F\u00e9lix, que saltaban al ritmo de las notas de Max Kortlander y Pete Wendling. De tal manera que, progresivamente pas\u00f3 de Bach a Beethoven y de Sarasate a Los Beatles y Jimi Hendrix, para poco tiempo despu\u00e9s de llegar a las catedrales s\u00f3nicas del roca brit\u00e1nico progresivo y sinf\u00f3nico: Emerson Lake y Palmer, Yes, King Crimson, Rick Wakeman, Deep Purple, Black Sabath, Mahavishnu John McLaughlin, y por supuesto, Carlos Santana, que era lo que todos escuch\u00e1bamos. El mal estaba hecho y mi camino de m\u00fasico desertor de la academia, firmado inevitablente, una vez m\u00e1s, por el sendero del jazz.<\/p>\n<p>Para colmo, por aquellos a\u00f1os de b\u00fasquedas sensoriales y revelaciones espirituales me hab\u00eda encontrado con Ilan Chester, en los Krishnas de Bello Monte, donde me invita a acompa\u00f1arlo, junto con otros compa\u00f1eros kirtaneros bien versados \u200b\u200ben el toque de la mridangam y los kartalespara abrir el concierto de Santana en el Universitario, la memorable noche del 7 de octubre de 1973. Apenas cantamos la primera canci\u00f3n, entre conchas de cambur y pitazos salimos del escenario dando paso al gur\u00fa Carlos con su guitarra. El impacto de ver la propia banda de Abraxas tan de cerca, los equipos, los intrumentos, los cables y roadies por todos lados, fue brutal. Subir en aquella tarima inmensa abierta en un estadio de beisbol repleto de peludos envueltos en humo y luces de colores fue como una visi\u00f3n maravillosa y apocal\u00edptica al mismo tiempo. All\u00ed constat\u00e9 que la m\u00fasica pod\u00eda ser la vez v\u00e9rtigo, sangre, sudor y l\u00e1grimas y que la perfecci\u00f3n de lo que uno busca no siempre es del destino, sino un punto de partida hacia el infinito.<\/p>\n<p>Segunda etapa: encuentro con el jazz<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde me encontr\u00e9 de regreso en Francia despu\u00e9s de catorce a\u00f1os. La vida universitaria en Montpellier me ofrec\u00eda otro giro de improvisaci\u00f3n en clave de jazz. Daniel, Alain y Philippe, mis grandes amigos de la universidad, conformaban una especie de cofrad\u00eda inici\u00e1tica de jazz\u00f3filos eruditos, que me iniciaron en la cultura del jazz. Entender y perfeccionar el c\u00f3modo arte de escuchar esta m\u00fasica era para ellos un ejercicio iniciado, filos\u00f3fico, una manera de ser y de vivir. Las veladas mel\u00f3manas nocturnas entre vinilos y buen C\u00f4tes du Rh\u00f4ne se hicieron costumbre. En ellas trat\u00e1bamos de descifrar, cual idioma oculto, a veces impenetrable, las personalidades sonoras de los m\u00fasicos con sus instrumentos y atributos. Aquello fue literalmente escuela y c\u00e1tedra. A esto se agregaron los conciertos locales y grandes festivales de jazz del verano meridional en N\u00eemes, Cap d&#8217;Agde, Antibes, etc. All\u00ed se pod\u00eda ver, escuchar y, en mi caso, fotografiar, las grandes leyendas: Miles Davis, Dizzy Gillespie, Art Blakey, McCoy Tyner, Stan Getz, Chic Corea, John McLaughlin,Weather Report y Herbie Hancock, entre muchos otros. Este panorama marc\u00f3 una etapa crucial en mi trabajo fotogr\u00e1fico con el jazz. <\/p>\n<p>Puedo decir que, a partir de ese momento, una de mis b\u00fasquedas en la fotograf\u00eda se situar\u00eda definitivamente entre dos pulsiones: la imagen y el jazz. La fotograf\u00eda no solo como un producto documental, sino como un medio para hacer visible el esp\u00edritu invisible del jazz. El lenguaje de las luces, de los reflectores y los gestos perform\u00e1ticos de los m\u00fasicos suspendidos en los negros profundos de los escenarios. Un l\u00e9xico visual que ve\u00eda en las caratulas de los discos y de los grandes maestros de la fotograf\u00eda de jazz: Herman Leonard, William Claxton, Lee Tanner, Milt Hinton, Giuseppe Pino, y los paladines de la disquera Blue Note Francis Wolff y Red Miles, para nombrar algunos de mis preferidos.<\/p>\n<p>Tercera etapa: el jazz hecho en Venezuela<\/p>\n<p>La pen\u00faltima etapa de este viaje que a\u00fan recorro comienza en Venezuela en agosto de 1983, con mi reencuentro con Lucho Ca\u00f1izales. Yo ven\u00eda de Francia con mis fotograf\u00edas de Art Blakey, Miles, Dizzy, McCoy Tyner, Stan Getz, Chic y Jaco Pastorius, entre otros, y Lucho llegaba de Boston despu\u00e9s de graduarse en Berklee, donde era asistente del pianista, compositor y arreglista George Russell. Despu\u00e9s de nuestro encuentro en Roma en el 62, mucha agua hab\u00eda corrido debajo de los puentes del Tevere, el Sena y el Guaire. El clic fue inmediato. Yo inaugur\u00e9 una exposici\u00f3n en la Galer\u00eda Durban junto con los hermanos Manaure y lo invit\u00e9 a tocar en el inauguraci\u00f3n. Se present\u00f3 con Rodolfo Reyes, tambi\u00e9n reci\u00e9n llegado de Berklee, y Danilo Aponte. Al d\u00eda siguiente fue una sesi\u00f3n improvisada en la sede de la galer\u00eda Cierrismo, un espacio cultural alternativo ubicado frente a la plaza de La Candelaria que se dirig\u00eda Andr\u00e9s Salazar entre pinturas tailandesas, vinos y textos er\u00f3ticos de Rub\u00e9n Monasterios. Lucho llev\u00f3 el tr\u00edo M\u00fasica Viva, un grupo de \u201cjazz indoamericano\u201d con ra\u00edces afrovenezolanas, integrado por Lucho alpiano Defensa Rodhes, William \u201cel oso\u201d Capecci en el contrabajo, y Gustavo Calle, exbaterista de Daiquir\u00ed.<\/p>\n<p>Ese mismo mes fuimos a visitar su reci\u00e9n abierta escuela M\u00fasica Viva, decorada con mis fotos de jazzy pocos d\u00edas despu\u00e9s me llev\u00f3 a ver a su amigo de andanzas neoyorquinas Paquito D&#8217;Rivera en el Teatro Municipal. All\u00ed estaban Pedrito L\u00f3pez, el Gallo Vel\u00e1squez, su hermano Pat\u00fao y el Pavo Frank en la bater\u00eda. Fue el inicio del cap\u00edtulo venezolano que faltaba en mi trabajo con el jazzjusto antes de irme a San Francisco (California), donde continu\u00e9 fotografiando, durante doce a\u00f1os, los escenarios del jazz local.<\/p>\n<p>Lucho Ca\u00f1izales falleci\u00f3 inesperadamente en 1988 dejando un vac\u00edo enorme en el medio jazz\u00edstico venezolano, que muchos de sus compa\u00f1eros, alumnos y amigos como Rodolfo Reyes, Nen\u00e9 Quintero, Roberto Gir\u00f3n, \u00c1lvaro Falc\u00f3n, Silvano Monasterios, Rolando Brice\u00f1o, Pedrito L\u00f3pez y Gerry Weil, entre otros, a\u00fan lamentan. A Lucho se lo llev\u00f3 la vida con la misma intensidad con la que viv\u00eda el jazz.<\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, tuve la fortuna de contar con amigos que, de una u otra forma, compartieron mi mirada fotogr\u00e1fica sobre el. jazz. Despu\u00e9s de mis amigos franceses, Lucho Ca\u00f1izales fue uno de los primeros espectadores admirativos y entusiastas de ese trabajo. Su comprensi\u00f3n musical y est\u00e9tica de las im\u00e1genes fue un est\u00edmulo esencial en mis inicios. M\u00e1s tarde, en 2006, tuvo lugar otro encuentro significativo con Jacques Braunstein. Recib\u00ed de \u00e9l la generosa disposici\u00f3n para escribir la presentaci\u00f3n de un proyecto de libro de mis fotograf\u00edas de jazzque no lleg\u00f3 a realizarse, pues parti\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s. M\u00e1s recientemente, Federico Pacanins ha retomado ese impulso, interes\u00e1ndose en mi trabajo sobre el jazz y apoyando un proyecto de exposici\u00f3n en el Centro Venezolano Americano, espacio emblem\u00e1tico de la historia del jazz en Venezuela. Su amistad, cultivada en conversaciones sobre el jazzel cine y la poes\u00eda, es producto de una sincera complicidad creativa.<\/p>\n<p>Entre estas afinidades, una de las m\u00e1s profundas fue la que me uni\u00f3 a Gerry Weil, figura esencial del cap\u00edtulo venezolano de mi historia con el jazz. Una amistad que comenz\u00f3 casualmente, en un almuerzo en los chinos de El Bosque, y se transform\u00f3 con los a\u00f1os en una relaci\u00f3n entra\u00f1able y fecunda. Compartimos, en su apartamento de Sabana Grande, largas conversaciones sobre m\u00fasica y espiritualidad, sobre los v\u00ednculos secretos entre el jazzel budismo zen y la energ\u00eda vital que habita en todo acto creativo. Gerry me adopt\u00f3 de manera efectiva como su \u201cfot\u00f3grafo oficial\u201d, un gesto que me permiti\u00f3 acompa\u00f1arlo en proyectos como Gerry Weil Sinf\u00f3nico (nominado a los Premios Grammy Latinos 2022) con El Sistema, y Gerry toca Bachcuya portada tuve el privilegio de realizar. En \u00e9l encontr\u00f3 un maestro de vida, que me record\u00f3 que la m\u00fasica, como la fotograf\u00eda, debe ser siempre una forma de expresar gratitud ante lo ef\u00edmero de la vida.<\/p>\n<p>coda<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda de jazz es un camino, una praxis de vida, una forma gestual de escuchar con los ojos, con el coraz\u00f3n. Es un \u201carte fotogr\u00e1fico\u201d que no se estudia, sino que se aprende escuchando, pateando los escenarios, interactuando con los m\u00fasicos. Es principalmente una experiencia visual y vivencial con la m\u00fasica, con sus actores y sus momentos, que busca capturar, en unos pocos segundos lo inasible del jazz. En suma, si no hay pasi\u00f3n por el jazz no hay fotograf\u00eda de jazzpues como dijo el gran Eugene Smith, fot\u00f3grafo humanista y gran fot\u00f3grafo de jazz:<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n est\u00e1 presente en todas las grandes b\u00fasquedas y es necesaria para todos los esfuerzos creativos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANDRO ORAMAS, AUTORRETRATO\u201cLas veladas mel\u00f3manas nocturnas entre vinilos y buen C\u00f4tes du Rh\u00f4ne se hicieron costumbre. En ellas trat\u00e1bamos de descifrar, cual idioma oculto, a veces impenetrablelas personalidades sonoras de los m\u00fasicos con sus instrumentos y atributos. 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