{"id":15331,"date":"2025-12-06T06:15:41","date_gmt":"2025-12-06T09:15:41","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/06\/historia-libertad-estado\/"},"modified":"2025-12-06T06:15:41","modified_gmt":"2025-12-06T09:15:41","slug":"historia-libertad-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/12\/06\/historia-libertad-estado\/","title":{"rendered":"Historia, Libertad, Estado"},"content":{"rendered":"\n<p>Giambattista Vico\u201cEl hombre conoce y comprende s\u00f3lo algunas<br \/>\ncosas, precisamente las que \u00e9l mismo hace\u201d.<br \/>\nGiambattista Vico<\/p>\n<p>En la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura, Immanuel Kant, heredero leg\u00edtimo de una honorable tradici\u00f3n filos\u00f3fica, sostiene que la metaf\u00edsica tradicional posee tres objetos de estudio: Dios, Alma y Mundo. En efecto, en el cap\u00edtulo dedicado a la Dial\u00e9ctica Trascendental, el autor de la cr\u00edtica afirma que \u201cla metaf\u00edsica dogm\u00e1tica\u201d se divide en tres partes: \u201cla Psicolog\u00eda racional, que estudia el Alma, la Cosmolog\u00eda racional, que estudia el Mundo, y la Teolog\u00eda racional, que estudia a Dios\u201d. Son, como ya se ha sugerido, campos y objetos de estudio que derivan de una noble tradici\u00f3n filos\u00f3fica, la que, por cierto, contrasta con el m\u00e1s modesto y menos ambicioso argumento que, apenas medio siglo antes, desarrollara, en la soledad de N\u00e1poles, Giambattista Vico en su Ciencia nuevav\u00edctima de la \u201cnarrativa\u201d -como se dice ahora- del cartesianismo. S\u00f3lo se puede saber lo que se hace, observaba Vico: \u201cSe non si fa, non si sa\u201d.Y si los hombres no han hecho a Dios, al Alma o al Mundo, entonces, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan saberlos? Kant, atrapado en la irresolubilidad de las ant\u00edtesis de su dial\u00e9ctica trascendentaltermin\u00f3 recurriendo a la figura del no\u00fameno. \u201cEl que no cabe en el cielo de los cielos -acotar\u00e1 Hegel- se encierra en al claustro de Mar\u00eda\u201d. A diferencia de Vico, quien sugiere modificar -en realidad, superar conservando- los objetos de estudio de la metaf\u00edsica. Se trata de reflexionar sobre objetos \u201cfactura humana&#8221;: la Historia, la Libertad y el Estado, es decir, sobre objetos que constituyen el n\u00facleo articulador del sentido profundo de la experiencia humana. Es el pasaje de la metaf\u00edsica a la filosof\u00eda de la praxis, es decir, a la ontolog\u00eda del ser social, que es, por cierto, un esfuerzo de restituci\u00f3n de la unidad de pensamiento y realidad, de teor\u00eda y acci\u00f3n, de sujeto y objeto. Una restituci\u00f3n, una Aufhebensiempre hist\u00f3rico, que comporta un fundamento tridimensional.<\/p>\n<p>Para la filosof\u00eda de la praxis, la historia, en su sentido originario, no es concebida como un repertorio de acontecimientos, ni como el registro neutro de lo que ha ocurrido. Es, ante todo, el modo humano de existir. La humanidad hace su historia, la produce y la padece. De continuo la construye, la deconstruye y la reconstruye. Su ser no es un dato natural, sino un hacerse incesante. Por eso, la historia es la forma suprema de la praxis, el \u00e1mbito en el cual se expresa, con toda la crudeza de sus contradicciones, la unidad del ser y del pensar. Lo que aparece como un simple \u201checho\u201d ha sido siempre mediado por el juicio, por la valoraci\u00f3n, por la experiencia social acumulada en el tiempo. El \u201checho\u201d no es algo que \u201cest\u00e1 ah\u00ed\u201d: es algo que ha sido producido, interpretado, tejido por las manos y las conciencias de generaciones enteras.<\/p>\n<p>Esa es la raz\u00f3n por la cual esta concepci\u00f3n de la historia no admite la separaci\u00f3n entre objetividad y subjetividad. La objetividad hist\u00f3rica no es una cosa exterior a la humanidad, sino la objetivaci\u00f3n de su propia actividad. Y la subjetividad no es el refugio intimista del individuo aislado, sino la expresi\u00f3n consciente de un proceso colectivo. Este nuevo modo de concebir la metaf\u00edsica -una ontolog\u00eda que se identifica con el historicismo filos\u00f3fico-, muestra que toda ruptura entre sujeto y objeto es el resultado de un extra\u00f1amiento. Y ah\u00ed donde la historia aparece como algo ajeno o como una fatalidad, act\u00faan las abstracciones del entendimiento reflexivo: esa negaci\u00f3n del pensamiento que fija y separa lo que solo puede existir en unidad.<\/p>\n<p>De all\u00ed nace la alienaci\u00f3n, no como un accidente moral o psicol\u00f3gico, sino como una forma hist\u00f3rica de vida. El desgarramiento moderno de individuo y comunidad, econom\u00eda y pol\u00edtica, raz\u00f3n y sensibilidad, se traduce en la separaci\u00f3n y unidimensionalidad del trabajador y del producto de su trabajo. El trabajo deviene trabajo abstracto, extra\u00f1ado, no la realizaci\u00f3n del g\u00e9nero humano sino su mutilaci\u00f3n. La naturaleza, extensi\u00f3n inmanente del hombre, es fijada y puesta. -satz und setzen-; la vida se reduce a medios de vida; la creatividad se convierte en mercanc\u00eda; la universalidad del g\u00e9nero queda obnubilada por la inmediatez del inter\u00e9s privado. La historia aparece, entonces, como una fuerza externa y hostil, cuando en realidad es la objetivaci\u00f3n del hacer humano, que ha sido puesta de espaldas a la propia humanidad.<\/p>\n<p>Por eso mismo, la libertad no puede ya concebirse como una simple propiedad innata del individuo. No es un atributo natural ni un obsequio metaf\u00edsico. Tampoco es el puro arbitraje de la voluntad. La libertad es, en sentido riguroso, el resultado consciente de la necesidad hist\u00f3rica. Ser libre es comprender las determinaciones que nos constituyen -econ\u00f3micas, sociales, culturales, pol\u00edticas- y actuar sobre ellas. La libertad es una consecuencia, una conquista, no un punto de partida. Y ese resultado es obra de la historia, no su excepci\u00f3n. Es una producci\u00f3n del esp\u00edritu social, no una emanaci\u00f3n espont\u00e1nea de los individuos aislados. Por eso mismo, la libertad no puede confundirse con el mero deseo o con la mera elecci\u00f3n. Elegir sin comprender es repetir la alienaci\u00f3n bajo formas subjetivamente confortables. La libertad comienza all\u00ed donde se reconoce que no hay pensamiento sin realidad ni realidad sin pensamiento. La libertad es la aprehensi\u00f3n racional de la objetividad; es el saber del ser social sobre s\u00ed mismo. De ah\u00ed que la libertad solo pueda realizarse plenamente en condiciones sociales determinadas, es decir, en el interior de un tejido de relaciones sociales en el que cabe s\u00ed la autoconciencia del individuo como miembro activo, responsable de la totalidad.<\/p>\n<p>La libertad no es una isla, sino el horizonte problem\u00e1tico dentro del cual la sociedad se reconoce como creadora de s\u00ed misma. Es en este punto donde emerge la necesidad del Estado, condici\u00f3n frecuentemente malinterpretada tanto por las presuposiciones del liberalismo abstracto como por la dogm\u00e1tica de las teolog\u00edas pol\u00edticas tradicionales. El Estado moderno surge como el intento de concretar e institucionalizar la antigua eticidad perdida de la polispero, ahora, dentro de un mundo marcado por la individualidad, la propiedad privada y la complejidad de las relaciones econ\u00f3micas emergentes. Su tarea es reunir consensualmente lo diverso, mediar entre lo universal y lo particular, organizar la vida p\u00fablica de manera racional e impartir justicia.<\/p>\n<p>Cuando los Estados fracasan en esta misi\u00f3n, es porque su universalidad se ha vuelto abstracta, su racionalidad aparente, su legalidad formal. El individuo privado ya no se reconoce en \u00e9l y el Estado ya no reconoce a los individuos como portadores de universalidad. Esa es la escisi\u00f3n contin\u00faa, bajo la apariencia de una forma pol\u00edtica acabada. La ciudadan\u00eda se proclama universal, pero la vida concreta se rige por particularidades que niegan esa universalidad. La libertad se promueve como valor supremo, pero el orden material la limita y condici\u00f3n. Esta es la contradicci\u00f3n fundamental del Estado moderno: querer representar la totalidad sin haber superado las condiciones que fragmentan a los individuos que la componen.<\/p>\n<p>El Estado no es ni debe ser una sustancia trascendente. No es un \u00e1rbitro neutral ni un ente autosuficiente. Es una construcci\u00f3n hist\u00f3rica, el resultado del trabajo, de los conflictos, de las necesidades y de las posibilidades de la vida social. Su transformaci\u00f3n depende de la transformaci\u00f3n de la propia sociedad. All\u00ed donde cambian las condiciones productivas, culturales y pol\u00edticas, cambia tambi\u00e9n la forma estatal. Pretender que el Estado permanezca fijo es subestimar la historia y negar la libertad.<\/p>\n<p>Historia, libertad y Estado no son, pues, tres objetos distintos. Son tres momentos de una misma realidad: es el proceso del ser social que se hace a s\u00ed mismo. La Historia, el ser social en venir. La libertad, la autoconciencia. El Estado, la conformaci\u00f3n institucional. Y donde los tres momentos entran en armon\u00eda, el ser con-crece. Y ah\u00ed donde se escinden, reaparece el extra\u00f1amiento. Comprender este movimiento es comprender la tarea misma del pensamiento: la restituci\u00f3n de la compensaci\u00f3n de lo real y lo racional, de la acci\u00f3n humana y sus formas objetivadas, de lo que se hace y lo que se es. Ese es el objetivo de la filosof\u00eda de la praxis comprendida como historicismo filos\u00f3fico.<\/p>\n<p>@jrherreraucv<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Giambattista Vico\u201cEl hombre conoce y comprende s\u00f3lo algunas cosas, precisamente las que \u00e9l mismo hace\u201d. 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