{"id":13517,"date":"2025-11-29T01:23:49","date_gmt":"2025-11-29T04:23:49","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/29\/la-iliada-en-clave-filosofica\/"},"modified":"2025-11-29T01:23:49","modified_gmt":"2025-11-29T04:23:49","slug":"la-iliada-en-clave-filosofica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/29\/la-iliada-en-clave-filosofica\/","title":{"rendered":"La Il\u00edada en clave filos\u00f3fica"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;La aret\u00e9 hom\u00e9rica es esencialmente b\u00e9lica. As\u00ed pues, el hombre virtuoso es aquel que m\u00e1s haza\u00f1as ha acumulado y, por ende, el que merece recibir el \u03ba\u03bb\u03ad\u03bf\u03c2 (kleos, &#8216;fama&#8217;). Cuando H\u00e9ctor decide enfrentarse a P\u00e9lida, lo hace seguro de que no perecer\u00e1 &#8216;sin esfuerzo y sin gloria&#8221;<\/p>\n<p>Por JER\u00d3NIMO ALAY\u00d3N<\/p>\n<p>1. Homero y los or\u00edgenes del pensamiento occidentalLa Il\u00edada Suele concitar tanto la fascinaci\u00f3n literaria de sus lectores como el entusiasmo por las cuestiones filos\u00f3ficas que abordan. Si bien no se trata de una obra filos\u00f3fica, t\u00f3picos como el destino, el libre albedr\u00edo, la \u1f00\u03c1\u03b5\u03c4\u03ae (aret\u00e9excelencia), lo tr\u00e1gico, el sufrimiento, la mortalidad, la condici\u00f3n humana y la b\u00fasqueda de un sentido existencial perfilan \u2014desde la cosmovisi\u00f3n hom\u00e9rica\u2014 una concepci\u00f3n tanto de la propia existencia como del lugar del hombre en el cosmos, cuya influencia ha configurado parte de la identidad del pensamiento filos\u00f3fico occidental desde Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles hasta los grandes pensadores contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>L\u00f3gica antin\u00f3mica de la Il\u00edadaLa prerrogativa del pensamiento ili\u00e1dico que m\u00e1s ha impactado la historia de la filosof\u00eda occidental es la l\u00f3gica antin\u00f3mica: una marcada tendencia a organizar categorialmente el mundo en opuestos. En este sentido, el influjo de la Il\u00edada cristaliza primeramente en los presocr\u00e1ticos. Bajo la influencia hom\u00e9rica, Her\u00e1clito desarrolla la noci\u00f3n de los opuestos y su evoluci\u00f3n a la \u1f10\u03bd\u03b1\u03bd\u03c4\u03b9\u03bf\u03b4\u03c1\u03bf\u03bc\u03af\u03b1 (enantiodrom\u00eda&#8217;tendencia hacia lo opuesto&#8217;): \u00abLo opuesto es concorde y de las cosas discordes surge la m\u00e1s bella armon\u00eda\u00bb (1). Este fragmento es casi un ep\u00edtome del encuentro entre Pr\u00edamo y Aquiles en el canto XXIV. <\/p>\n<p>3. El destino como arquetipo filos\u00f3fico de OccidenteDe las antinomias ili\u00e1dicas, la que m\u00e1s ha marcado el pensamiento de Occidente es la oposici\u00f3n destino\/libertad. En la Il\u00edadatodos, incluso los dioses, est\u00e1n bajo la regencia de la \u03bc\u03bf\u1fd6\u03c1\u03b1 (moira&#8217;destino, fatum&#8217;). Aquiles es la excepci\u00f3n. En el canto IX, la P\u00e9lida narra que su madre Tetis le ha revelado que puede elegir entre dos destinos: la muerte temprana y gloriosa en Troya o la longevidad sin honor en su patria (2). Puede, por tanto, ejercer plenamente la \u03c0\u03c1\u03bf\u03b1\u03af\u03c1\u03b5\u03c3\u03b9\u03c2 (prohairesis&#8217;libre albedr\u00edo, capacidad de elegir&#8217;). En este sentido, Aquiles es un h\u00e9roe enantiodr\u00f3mico: pasa de decidir retirarse sin honor a asumir la muerte honorable en el combate (3).<\/p>\n<p>H\u00e9ctor, en cambio, tiene un solo destino: morir a manos de Aquiles (4), destino que ni el propio Zeus consigue cambiar (5), y la \u00fanica prohairesis posible para \u00e9l es afrontar con honor su fatum. La antinomia moira\/prohairesis se resuelve en Aquiles y en H\u00e9ctor de manera divergente, pues el primero la agencia en la prohairesis exterioren tanto que el segundo lo hace en la interior.<\/p>\n<p>El impacto de la prohairesis hom\u00e9rica en Arist\u00f3teles ser\u00e1 relevante, pues introduce el t\u00e9rmino en \u00c9tica a Nic\u00f3maco (6), pero la prohairesis interior de H\u00e9ctor ser\u00e1 liminar en el estoicismo, doctrina que copa la escena filos\u00f3fica grecolatina desde el siglo III a. C. hasta el siglo III d. DO.<\/p>\n<p>Zen\u00f3n de Citio, padre de esta corriente, hace suya la noci\u00f3n ili\u00e1dica de la aceptaci\u00f3n virtuosa del destino: dado que este es inexorable, la libertad consiste en aceptarlo honorablemente. Lo mismo que H\u00e9ctor, el estoico admite su destino con entereza, ejerciendo la prohairesis sobre sus reacciones (7). Cuando H\u00e9ctor, enfrent\u00e1ndose a Aquiles, reconoce pr\u00f3xima la muerte, exclama: \u00ab\u00a1Ay! Sin duda los dioses ya me llaman a la muerte (\u2026); pero ahora el destino me ha llegado. \u00a1Que al menos no perezca sin esfuerzo y sin gloria, sino tras una proeza cuya fama llegue a los hombres futuros!\u00bb (8). Cinco siglos despu\u00e9s de Zen\u00f3n, Ep\u00edcteto (s. II d. C.) rescata expl\u00edcitamente el t\u00e9rmino prohairesis como una facultad de la razon que no puede esclavizarse ni subordinarse (9), y que es esencial para alcanzar la virtud estoica. Esta es la v\u00eda por la que la prohairesis hom\u00e9rica entra a la cristiandad.<\/p>\n<p>Durante la Edad Media, la Il\u00edada fue un texto de \u00e9lites, y se la conoci\u00f3 m\u00e1s por sus adaptaciones latinas. La antinomia moira\/prohairesis se complica en este per\u00edodo al entrar en relaci\u00f3n con la noci\u00f3n de Divina Providencia. Esta, seg\u00fan san Agust\u00edn, no solo ha creado el cosmos, sino que cuida de \u00e9l y lo rige conforme a un plan perfecto (resonancia de la moira ili\u00e1dica) (10), en el que los seres humanos deben cumplir su voluntadsin que ello signifique necesariamente una anulaci\u00f3n de la libertad humana. Para santo Tom\u00e1s de Aquino (lo mismo que para san Agust\u00edn), la libertad humana es una propiedad de la voluntad que, fundada en el libre albedr\u00edo, capacita para elegir, perfeccion\u00e1ndose en la medida en que se orienta a la verdad y el bien (11).<\/p>\n<p>Tanto la patr\u00edstica (ss. II-VIII) como la escol\u00e1stica (ss. IX-XIII) consiguieron armonizar la moira y la prohairesis en la noci\u00f3n de historia de la salvacion. La centralidad categorial de Jes\u00fas de Nazareth, al respecto, resignifica al h\u00e9roe hom\u00e9rico: la gloria hom\u00e9rica, capitalizada por la fama, ahora deviene en gloria celestial, ganada por hacer la voluntad de Dios en el marco de las virtudes teol\u00f3gicas y cardinales.<\/p>\n<p>Con el advenimiento del Renacimiento y la Modernidad, la antinomia moira\/prohairesis se carg\u00f3 de diversos significados, siempre con mayor o menor resonancia hom\u00e9rica. En 1781, Kant publica en su Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura sus c\u00e9lebres antinomias, de las que la tercera (espontaneidad\/determinismo causal) aborda el conflicto moira\/prohairesis. Kant zanja el asunto en una perspectiva moderna muy pr\u00f3xima a la de H\u00e9ctor: el mundo de la experiencia (exterior) est\u00e1 regido por leyes inexorables, pero en el mundo inteligible (interior) hay la libertad necesaria para realizar el ser moral (12).<\/p>\n<p>El dilema filos\u00f3fico moira\/prohairesis ha mantenido una vigencia esencial durante veintiocho siglos, y sigue siendo actual. Spinoza, Descartes, Nietzsche, Poincar\u00e9, Bergson, Russell, Sartre, Camus, Laplace, Feigenbaum, Ruelle, Prigogine, Mandelbrot, Haken, Einstein, etc., se han ocupado del determinismo de tantas maneras como se pueda imaginar. La angustia determinista de la Il\u00edada parece haber sido resultado, de momento, por el indeterminismo intr\u00ednseco de la f\u00edsica cu\u00e1ntica\u2026<\/p>\n<p>3. La excelencia no es un acto, sino un h\u00e1bitoLa \u1f00\u03c1\u03b5\u03c4\u03ae (aret\u00e9&#8217;excelencia&#8217;) es una virtud principal\u00edsima en la Il\u00edada y, por extensi\u00f3n, en la filosof\u00eda y la cultura de la Grecia Antigua, conforme fue evolucionando. Tambi\u00e9n ha tenido un impacto significativo en la historia del pensamiento occidental.<\/p>\n<p>La aret\u00e9 hom\u00e9rica es esencialmente b\u00e9lica. As\u00ed pues, el hombre virtuoso es aquel que m\u00e1s haza\u00f1as ha acumulado y, por ende, el que merece recibir el \u03ba\u03bb\u03ad\u03bf\u03c2 (kleo&#8217;fama&#8217;). Cuando H\u00e9ctor decide enfrentarse a P\u00e9lida, lo hace seguro de que no perecer\u00e1 \u00absin esfuerzo y sin gloria\u00bb (13). Un rato antes, tras los ruegos de su madre, H\u00e9ctor ha respondido: \u00abEn ese caso, para m\u00ed habr\u00eda sido mucho mejor enfrentarse contra Aquiles y regresar despu\u00e9s de matarlo o perecer yo mismo con gloria delante de la ciudad\u00bb (14). La aret\u00e9 Hom\u00e9rica es, no pocas veces, el gatillo que acciona el desenlace tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>Aquiles, por su parte, renuncia a la aret\u00e9 y se retira a su tienda, encolerizado por el rapto de Briseida y los desmanes de Agamen\u00f3n, cierto, pero lo hace porque se siente \u00abdeshonrado\u00bb (15). Le ha sido arrebatado su kleode modo que su aret\u00e9 sentido, en cuyo caso no pierde considera justo defensor la causa de quien lo ha despojado de su honor. Solo cuando Patroclo muere y el duelo eclipsa su ira, se opera en \u00e9l la enantiodrom\u00eda y opta por recuperar su aret\u00e9 y su kleo asumiendo su destino fatal. La \u00e9tica hom\u00e9rica, como se echar\u00e1 de ver, es bastante b\u00e1sica, anclada a la fuerza f\u00edsica, el coraje, la destreza y el honor.<\/p>\n<p>Arist\u00f3teles le da un giro de tuerca a esta concepci\u00f3n hom\u00e9rica en la \u00c9tica a Nic\u00f3maco haciendo venir la aret\u00e9 como virtud heroica en otra \u00e9tica y racional. En este sentido, deben concitarse tanto las virtudes \u00e9ticas (valent\u00eda, justicia, templanza, prudencia) como las intelectuales (sabidur\u00eda, conocimiento). Esta aret\u00e9 hom\u00e9rica formidablemente remozada por Arist\u00f3teles ser\u00e1 la que fungir\u00e1 de soporte a la aret\u00e9 caballeresca del Medioevo ya la aret\u00e9 prusianista del s. XVIII. Hay, sin embargo, reminiscencias muy actuales de aquella primigenia aret\u00e9 hom\u00e9rica en, por ejemplo, el kleo que los buques de guerra presumen al ostentar el palmar\u00e9s de batallas ganadas y premios obtenidos. Debe recordarse que los objetos tambi\u00e9n eran susceptibles de la aret\u00e9 hom\u00e9rica.<\/p>\n<p>Tanto en la aret\u00e9 aristot\u00e9lica como en la plat\u00f3nica hay una antinomia de origen ili\u00e1dico que es esencial al h\u00e9roe virtuoso, incluso actualmente: la \u03c3\u03c9\u03c6\u03c1\u03bf\u03c3\u03cd\u03bd\u03b7 (sofrosina&#8217;moderaci\u00f3n, templanza), considerada una virtud cardinal, en oposici\u00f3n a la \u1f55\u03b2\u03c1\u03b9\u03c2 (hibris&#8217;soberbia, desmesura&#8217;). El canto I con que inicia la Il\u00edada representa la hibris de Agamen\u00f3n y Aquiles. El primero arrebata al segundo su parte del bot\u00f3n que le corresponde, mientras que el segundo reacciona con soberbia. Valga recuerda que la hibris es tanto la falta por la cual alguien arrebata a otro su trozo de moira como el desafuero en las emociones, especialmente el orgullo. En consecuencia, a toda hibris corresponder a una justicia.<\/p>\n<p>Estos rasgos de la aret\u00e9 Hom\u00e9rica, perfilados \u00e9ticamente por Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, tendr\u00e1n tambi\u00e9n notable influencia en el estoicismo, primero, y en el cristianismo, m\u00e1s tarde, configurando la arquitectura nocional de la teolog\u00eda del pecado y la vida en gracia y virtud.<\/p>\n<p>4. Conclusi\u00f3n: la Il\u00edada y el sentido existencialLa Il\u00edada es, por antonomasia, el poema del sufrimiento humano. Simone Weil, es La Il\u00edada o el poema de la fuerzamedita sobre el poder destructivo de la violencia: \u00abEl verdadero h\u00e9roe, el verdadero tema, el centro de la Il\u00edada es la fuerza. La fuerza manejada por los hombres, la fuerza que somete a los hombres, la fuerza ante la cual la carne de los hombres se crispa. (\u2026). Cuando se ejerce hasta el fin, hace del hombre una cosa en el sentido m\u00e1s literal, pues hace de \u00e9l un cad\u00e1ver\u00bb (16). Ciertamente, la Il\u00edada es una vitrina de la violencia humana, pero tambi\u00e9n concita el sentido existencial en medio de la barbarie.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que el h\u00e9roe absurdo no es S\u00edsifo, sino Pr\u00edamo. Cuando Pr\u00edamo consulta con H\u00e9cuba la proposici\u00f3n de la mensajera de Zeus, ella admite que \u00e9l ya ha cruzado al dominio del absurdo: \u00ab\u00bfA d\u00f3nde se te ha ido el juicio que antes te hizo famoso?\u00bb (17). \u00c9l tambi\u00e9n reconoce su absurdidad: \u00abHe osado hacer lo que ning\u00fan mortal hasta ahora\u00bb (18), dice ante Aquiles. El absurdo no es inherente al universo, nace de la fuerza que \u00abhace del hombre una cosa\u00bb. Pr\u00edamo no tiene alternativa digna, y asume su responsabilidad ejerciendo su prohairesisincluso a costa de su vida. La libertad de Pr\u00edamo es hermosa porque es infinitamente interior al invocar la universalidad de la dignidad humana en medio del horror, y en ello radica su propio sentido existencial.<\/p>\n<p>Notas 1 Her\u00e1clito, Los fragmentos de Her\u00e1clitocomercio. y ed. de \u00c1ngel Cappelletti (Caracas: Nuevo tiempo, 11972), 67, \u00a7 8.<\/p>\n<p>2 Homero, Il\u00edadacomercio. y ed. de Emilio Crespo (Madrid: Gredos, 1991), IX, 410-416.<\/p>\n<p>3 Il\u00edadaIX, 356-367 y 68-71.<\/p>\n<p>4 Il\u00edadaVI, 407-413.<\/p>\n<p>5 Il\u00edadaXXII, 168-185.<\/p>\n<p>6 Arist\u00f3teles, \u00c9tica a Nic\u00f3maco11.a ed., trad. y ed. de Mar\u00eda Araujo y Juli\u00e1n Mar\u00edas (Madrid: Centro de Estudios Pol\u00edticos y Constitucionales, 2018), III, 2.<\/p>\n<p>7 Hans von Arnim, Los estoicos antiguoscomercio. y ed. de \u00c1ngel Cappelletti (Madrid: Gredos, 1996), 116.<\/p>\n<p>8 Il\u00edadaXXII, 297-305.<\/p>\n<p>9 Epicteto, Disertaciones de Arrianocomercio. y ed. de Paloma Ortiz (Madrid: Gredos, 1993), 185, X, 1-2.<\/p>\n<p>10 San Agust\u00edn, \u00abDel orden\u00bb, en Obras de San Agust\u00edn4.a ed., trad. de Victorino Cap\u00e1naga, vol. I (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1969), I, 1, 2.<\/p>\n<p>11 Santo Tom\u00e1s de Aquino, Cuestiones disputadas sobre la verdadcomercio. de Jes\u00fas Garc\u00eda et al., vol. I (Pamplona: Ediciones de la Universidad de Navarra, 2016), XXIV, 1-15.<\/p>\n<p>12 Immanuel Kant, Cr\u00edtica de la raz\u00f3n puracomercio. de Pedro Ribas (Barcelona: Taurus, 2005), 299 y ss.<\/p>\n<p>13 Il\u00edadaXXII, 304.<\/p>\n<p>14 Il\u00edadaXXII, 108-110.<\/p>\n<p>15 Il\u00edadayo, 171.<\/p>\n<p>16 Simone Weil, \u00abLa Il\u00edada o el poema de la fuerza\u00bb, en La fuente griegacomercio. de Agust\u00edn L\u00f3pez et al. (Madrid: Trotta, 2005), 9.<\/p>\n<p>17 Il\u00edadaXXIV, 201-202.<\/p>\n<p>18  Il\u00edadaXXIV, 478-479 y 505.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;La aret\u00e9 hom\u00e9rica es esencialmente b\u00e9lica. 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