{"id":13098,"date":"2025-11-27T07:02:10","date_gmt":"2025-11-27T10:02:10","guid":{"rendered":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/27\/sobre-analisis-sin-fundamento-y-opiniones-aereas\/"},"modified":"2025-11-27T07:02:10","modified_gmt":"2025-11-27T10:02:10","slug":"sobre-analisis-sin-fundamento-y-opiniones-aereas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/service.codeus.ca\/index.php\/2025\/11\/27\/sobre-analisis-sin-fundamento-y-opiniones-aereas\/","title":{"rendered":"Sobre an\u00e1lisis sin fundamento y opiniones a\u00e9reas"},"content":{"rendered":"<p>Es natural que las noticias o las opiniones no sean s\u00f3lidas, ni estables, cuando se viven situaciones de incertidumbre. La realidad no muestra su cara como lo hace cuando se desenvuelve en el vaiv\u00e9n simple de la rutina. Uno se atiene entonces a los testimonios esenciales sin mirar a los rincones, en el entendido de que tales evidencias no pretenden mover el agua para su playa con oscuras intenciones. Entonces el libro de p\u00e1ginas sin tachaduras permanece abierto para la lectura de la confianza y para buscar o plantear conclusiones que no son urgentes, o de las que no dependen ni el destino personal ni el de los allegados. Nada qu\u00e9 ver con la situaci\u00f3n que hoy vivimos en Venezuela. <\/p>\n<p>No hay certezas en el pa\u00eds de nuestros d\u00edas. Nadie est\u00e1 en capacidad de examinar una realidad que ofrece sin ambages las huellas de su comportamiento para que se consideren con tranquilidad, y para que orienten los pasos de quienes la forman. Todo lo contrario: la realidad es una mara\u00f1a insondable que conduce a prevenirse frente a sus se\u00f1ales porque seguramente son equ\u00edvocas, o dirigidas expresamente tras el objeto de invitar a los errores ya la vacilaci\u00f3n. En consecuencia, todo lo que se afirma o propone sobre su desenvolvimiento es una conclusi\u00f3n condenada al fracaso, o una muestra de irresponsabilidad o, m\u00e1s peligroso, un plan deliberado con el objeto de aumentar la confusi\u00f3n. <\/p>\n<p>En la \u00e9poca ya lejana de la democracia representativa cont\u00e1bamos con una prensa peri\u00f3dica que cumpl\u00eda cabalmente su obligaci\u00f3n con el p\u00fablico. Hecha por profesionales formados en la universidad para el desempe\u00f1o de su funci\u00f3n y manejada por propietarios que generalmente conten\u00edan su inter\u00e9s frente a las obligaciones del oficio, los lectores naveg\u00e1bamos sin prevenci\u00f3n en sus folios. Lo mismo pasaba con las emisoras de radio, en cuyos estudios se hac\u00edan buenos espacios informativos y secciones de opini\u00f3n dignas de encomio. No era entonces cuesti\u00f3n de leer o de sintonizar con cautela, sino de entregar la confianza a un elenco de comunicadores a quienes el compromiso con su profesi\u00f3n libraba de sospechas. Supongo que el lector siente que hablamos de un pasado muerto y enterrado, con alguna excepci\u00f3n, y que tambi\u00e9n sabe exactamente lo sucedido con esa realidad expulsada del juego por los designios de una autocracia que persigue dos prop\u00f3sitos esenciales: el silencio y la unanimidad. <\/p>\n<p>El vac\u00edo ha sido llenado por unos peri\u00f3dicos esmirriados que obedecen las \u00f3rdenes de la dictadura que los paga, y por unos programas de radio y televisi\u00f3n a los cuales solo un idiota o un fan\u00e1tico sintonizado o celebra sin la debida prevenci\u00f3n. Los cuatro dedos de la frente son el escudo adecuado frente a sus emisiones, pero a veces, lamentablemente, es m\u00e1s estrecha la medida para el c\u00e1lculo de las dimensiones de la cabeza de los usuarios desprevenidos. Todo un reto para ellos, la verdad sea dicha en su disculpa, por la multiplicaci\u00f3n de expertos, peritos, especialistas y eruditos sin diploma a los que se entregan en busca de luz cuando frecuentan las redes sociales; es decir, cuando se aferran el \u00fanico elemento que tienen una mano para salir del limbo. Pero no salen de su seno, debido a que lo cambian por una sensaci\u00f3n o por una ilusi\u00f3n de conocimiento que no les permite tocar tierra. No se trata de un fen\u00f3meno nacional, sino de una invasi\u00f3n mundial de beb\u00e9s con \u00ednfulas, pero en lo que se ajusta a nuestro caso conduce a la creaci\u00f3n del imperio redondo de las afirmaciones sin fundamento, avaladas por una falsa sabidur\u00eda, que le dan mayor profundidad a un agujero oscuro e inmenso. <\/p>\n<p>El problema aumenta debido a las dificultades que tienen las fuerzas opuestas a la dictadura para comunicar ideas y decisiones. Se les hace cuesta arriba debido a la inclemente persecuci\u00f3n que soportaron, al riesgo que corren de la libertad y de la vida; o debido a la interferencia de factores que se muestran como piezas de la resistencia cuando en realidad son muletas del madurismo. Pero el rompecabezas se vuelve m\u00e1s arduo por las presiones cada vez m\u00e1s inminentes y descarnadas del gobierno de los Estados Unidos en nuestras decisiones pol\u00edticas, que alimentan fantas\u00edas salvacionistas y pasiones nacionalistas que hac\u00eda tiempo no sonaban. El T\u00edo Sam en la cabeza de Juan Primito, o la resurrecci\u00f3n de don Cipriano porque volvi\u00f3 el gran garrote, como para no salir de la impresi\u00f3n. O lo que faltaba para que la mara\u00f1a creciera y para que la broza nos asfixiara del todo. <\/p>\n<p>De lo cual se desprende la necesidad de leer y escuchar con cautela, de separar el grano de la paja, de no adelantar el reloj y de no echarse de bruces en el regazo de los opinantes, incluyendo a quien termina ahora su art\u00edculo semanal.<\/p>\n<p>Art\u00edculo publicado en La Gran Aldea<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es natural que las noticias o las opiniones no sean s\u00f3lidas, ni estables, cuando se viven situaciones de incertidumbre. La realidad no muestra su cara como lo hace cuando se desenvuelve en el vaiv\u00e9n simple de la rutina. 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