Entre un local de reparación de calzado y el edificio José Jesús, ubicado en la tercera avenida de Las Delicias, justo al frente de la Alianza Francesa de Sabana Grande, Caracas, existe un santuario laberíntico con una discreta entrada.
Se trata de La Gran Pulpería del Libro Venezolano, un recinto icónico fundado el 26 de junio de 1981 por el filósofo e historiador. Rafael Ramón Castellanos. En ese sótano la literatura se ha mantenido un buen resguardo desde hace 45 años, hasta que el pasado 24 de junio los estantes también cedieron tras el doble terremoto de 7.2 y 7.5 ocurrido en Venezuela.
“Libros a 5$”. Eso es lo primero que se lee al frente de las puertas de La Gran Pulpería del Libro, en una pequeña mesa con ejemplares a la venta. Al ingresar, las vitrinas con objetos históricos del lugar, muchos de ellos de vidrio, permanecen intactas. Las columnas, paredes, techos y frisos, esos en los que más dejaron su huella el doblete sísmico, no lucen ni una sola grieta.
El caos de los terremotos se puede apreciar en el fondo, pasando varios pasillos, justo donde están los libros de derecho. Cuando el doblete sísmico azotó al país, causando centenares de edificios afectados en Caracas y La Guaira y un saldo oficial de 4.829 muertos, esos títulos fueron los primeros en caer. Las estanterías de derecho constitucional, laboral, mercantil y procesal cedieron. Al hacerlo, se desató un inevitable. efecto dominó.
En la entrada los clientes podrán comprar libros por 1 dólar | Ezequiel Carías @ezevisualMientras el país temblaba, se desplomaban también los estantes de psicología, psicoanálisis y esoterismo. En un local que resguarda más de 3 millones de libros en sus 832 metros cuadrados, el doble terremoto pudo haber sido devastador. Sin embargo, el desplome se detuvo en la estantería dedicada a Simón Bolívar y la sección de Caracas.
“Bolívar y Caracas sostuvieron a todos los demás. Aguantaron”, cuenta Rómulo Castellanos, actual dueño y guardián de La Gran Pulpería del Libro. “Yo siempre he dicho que la librería es un oráculo. Voy a escribir algo sobre eso. Esto tiene un mensaje histórico”, añade. Para él, hijo de un historiador y mítico librero que defendió con celo su biblioteca y legado, los Los libros tienen un significado. simbólico. El desplome le ha hecho comprender que necesita abrir más espacio en el lugar.
Rómulo Castellanos ha estado trabajando desde el jueves 25 de junio para levantar las estanterías | Ezequiel Carías @EzevisualEl terremoto arrasó con 35% de los objetos dispuestos en La Gran Pulpería del Librocalcula Castellanos, alrededor de 42 estantes, aproximadamente. Ese miércoles 24 de junio, día feriado, el lugar estaba cerrado. Él regresó el jueves y vio las montañas de libros caídos. Sintió un nudo en el estómago. Se preguntó cómo seguir adelante. Tres semanas después, el susto persiste.
El 25 de junio lo primero que hizo fue cerrar todo de nuevo e irse sin tener una respuesta. Comenzó a caminar. Por El Rosal se detuvo. “Me pregunté a mí mismo ‘¿qué voy a hacer? ¿Qué haría mi papá?’. Pensé: ‘Mi papá estaría trabajando’. Así que me devolví a trabajar”. Mientras Venezuela intentaba entender aún la magnitud de la tragedia, él volvió, abrió una nueva entrada del local para despejar lo que se había caído de la puerta principal. Desde entonces, no ha parado. Tampoco ha estado solo.
En las vitrinas con objetos históricos del lugar no hubo daños | Ezequiel Carías @EzevisualLos daños del terremotoLa Gran Pulpería del Libro es memoria. Entre sus estantes no solo está la historia de Venezuela sino también la del mundo. El doblete sísmico le confirmó a Rómulo Castellanos algo que ya sabía: el libro fisico siempre va a sobrevivir. A pesar de las estanterías caídas, solo cuatro ejemplares sufrieron daños considerables. “No hay libros malos, cada libro tiene su lector. Para mí ninguno de estos libros es viejo, los conozco desde siempre”.
Lo que pocas personas saben es que hay más libros detrás de los títulos que se ven en las repisas. Cada estante tiene una doble fila: están los que se exhiben para la venta y, detrás de esos, el depósito de otros ejemplares. Por eso lo que ocurrió fue catastrófico. Además, al desplomarse los estantes, los cables del sistema eléctrico del lugar se vieron afectados.
Los libros dedicados a Bolívar soportaron a todos los demás | Ezequiel Carías @Ezevisual”Las estanterías se llevaron la luz por delante, menos mal que vino el electricista. Si yo lo hubiera hecho me habría quedado pegado porque había cables sueltos. No prendí las luces sino hasta dos semanas después del terremoto. Desde el jueves 25 de junio estuvimos trabajando con focos”.
Hasta ahora, Castellanos ha podido solventar los daños, pero le ha tomado dos semanas de arduo trabajo. Los estantes que se cayeron los ha reparado él mismo: sus estructuras son viejas, pero están bien hechas. Ahora está enfocado en recolocar los entrepaños, la parte de la estructura que sostiene los libros. También cuenta con los parales que, tras lo ocurrido, está fijando a las paredes. “Vi que hubo algunos problemas con los estantes, no estaban bien pegados en la pared, pero, ¿quién espera un movimiento como el que hubo? Ya tomé previsiones y los estoy pegando. Si se caen es porque se cayó la pared”.
En las primeras semanas no hubo electricidad | Ezequiel Carías @ezevisualLa parte eléctrica, por los cables afectados, es lo único que, hasta ahora, le ha generado gastos. “Creo que me va a quedar un costo”, comenta. La Gran Pulpería del Libro es un espacio alquilado. Ante la tragedia, los arrendadores se han mostrado empáticos con la situación y, por los momentos, no tiene que pagar el alquiler.
Sin embargo, para mantener el local abierto de martes a sábado, desde las 9:00 am a las 5:00 pm, sí tuvo que pagar la electricidad. También ha tenido que despejar las áreasorganizar y volver a colocar los libros en su sitio. Aunque no hay daños estructurales y ya un ingeniero inspeccionó el edificio, por ahora, como medida de seguridad, los clientes no tienen permitido caminar libremente por los pasillos laberínticos.
Rómulo Castellanos ha contado con la ayuda de voluntarios para organizar y levantar libros | Ezequiel Carías @EzevisualManos dispuestas a levantar librosLa estructura de La Gran Pulpería del Libro no sufrió absolutamente ningún daño por estar construida con puro cemento. Además, como es el sótano del edificio, no presenta ninguna grieta. “Hemos contado con las manos maravillosas de los voluntarios que han acudido a la librería por el amor al libro. Gracias a Dios, mucha gente llegó para colaborarnos, pero igual hay que pagar ciertas cosas. Pagué la electricidad porque venían a cortarla y menos mal tenía el dinero para hacerlo”.
La respuesta de los amantes del libro fue inmediata una vez que se dio a conocer lo ocurrido. Desde el viernes 26 de junio Castellanos contó con manos dispuestas a ayudar. Sin embargo, la magnitud de la labor era tan titánica que la siguiente semana acudió a las redes sociales para mostrar el panorama desolador de libros caídos y pedir más ayuda.
La respuesta de los voluntarios fue tal que Castellanos tuvo que cerrar la convocatoria | Ezequiel Carías @ezevisualSe hicieron dos convocatorias. En la primera, los interesados debían escribirle directamente a Castellanos; en la segunda, publicada el martes 15 de julio, se debía completar un formulario de Google. Tras recibir la respuesta de 100 personas, se cerró la convocatoria. “Fueron tantas las respuestas que ahora nos toca a nosotros organizarnos y planificar cómo vamos a proceder”.
Debido a las dimensiones de La Gran Pulpería del Libro y los pequeños pasillos, sería incómodo tener a tantas personas ayudando a la vez. En un día se puede contar con un grupo de hasta 10 voluntarios que clasifican los libros caídos, muchos de ellos estudiantes de Ciencias Políticas o Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV). “Tener a los 100 voluntarios aquí al mismo tiempo no sería eficaz”.
Castellanos está aprovechando lo sucedido para abrir espacio en la librería | Ezequiel Carías @ezevisualSer un refugio para sanarCon el terremoto, La Gran Pulpería del Libro entra en un período de reorganización. Una vez que se levanten los libros caídos, habrá que remodelar, mover algunos estantes y fortalecer estructuras. Incluso, Castellanos sueña con la idea de abrir espacio para montar una tarima y presentar obras de teatro, justo en la zona donde los estantes se cayeron. En sus pasillos ya se han hecho conciertos.
“Cada día vemos cómo organizar mejor la librería y que el espacio sea apto para tener más visitas diarias. Sé que mucha gente va a quedar con miedo a los espacios cerrados, por eso quiero hacerla más cómoda”. Por ahora está consciente de que debe abrir espacio y también sabe que hay muchos libros que no va a lograr vender.
Foto Ezequiel Carías @ezevisualComo abogado, reconoce que los libros de derecho ya no se están moviendo tanto en el mercado y está contemplando la opción de regalarlos. Hará una jornada en la que los estudiantes de derecho o los egresados puedan acercarse y llevárselos. “Los estudiantes no compran libros ahora porque las carreras no se los permiten. Si pagan la inscripción, ya no pueden pagar otra cosa. La Pulpería va a ayudarles a que puedan adquirir los libros de la carrera. Voy a empezar a regalarlos”.
Actualmente, Castellanos sabe que el sector del libro es la parte de la cadena económica más débil de todas. Los libros, para muchos, no son un objeto de primera necesidad, sobre todo ante un panorama tan desolador como el que se vive en el país con más de 17.000 personas sin hogar. Pero también sabe que, como él, hay gente que considera los libros un refugio fundamental para drenar y sanar.
La Pulpería seguirá abierta y regalará libros para ayudar a la reconstrucción del país | Ezequiel Carías @ezevisual“La gente necesita comer, pero también hay quienes necesito leer tanto como comer; no es una mayoría, pero existe”, asegura. Lo aprendió durante la pandemia, cuando en medio de la crisis, las personas comenzaron a leer más, y él llevaba los libros en bicicleta a sus casas. “Muchas personas son lectoras hoy en día después de la crisis del covid-19. Eso demuestra que el libro físico, como decía Umberto Eco, nunca va a dejar de existir”.
Los libros han salvado a la humanidad durante siglos. Ahora, ante la tragedia, a los lectores caraqueños les toca levantarlos del sueloreorganizarlos y volver a refugiarse entre s us páginas para sanar poco a poco la herida de una tragedia profunda. Castellanos, tal como le enseñó a su padre, un ávido lector, no tiene dudas: “Lo importante es que estamos vivos, eso es lo que siempre digo. Hay mucha gente que perdió todo, y uno tiene vida y ganas para poder levantar esto. Invito a la gente a leer, ya que vengan a La Gran Pulpería del Libro. Leer es la mejor manera de vivir en estos momentos de crisis. Leyendo podremos sanar un poco el dolor que todos tenemos como venezolanos. Todos estamos de luto. Hay que reconstruir el país en honor a la memoria de todos aquellos que ya no están”.