La administración del presidente estadounidense, Donald Trump, intensificó su postura contra el gobierno de Cuba tras publicar este lunes un extenso informe oficial en el que describe al país caribeño como una “amenaza singular” para la seguridad nacional de Estados Unidos.
El documento de 100 páginas, titulado “Cuba. La capital del comunismo en el siglo XXI”, realiza un recorrido histórico desde la revolución de 1959 para justificar el endurecimiento de las presiones diplomáticas y económicas orientadas a forzar reformas estructurales en la isla.
El informe, elaborado bajo la gestión del secretario de Estado Marco Rubio, sostiene que La Habana ha mantenido durante 67 años una estrategia deliberada para “socavar, degradar y desestabilizar a Estados Unidos” mediante actividades de inteligencia, entrenamiento a grupos radicales y la infiltración en esferas políticas, académicas y de la sociedad civil.
Asimismo, la diplomacia estadounidense denuncia que el territorio cubano alberga un número creciente de instalaciones militares y centros de inteligencia de potencias extranjeras como Rusia y China, así como refugio para fugitivos de la justicia estadounidense.
“El régimen cubano ha entrenado a terroristas, dado refugio a fugitivos y se ha infiltrado en el gobierno de Estados Unidos con un éxito que sus fundadores difícilmente habrían imaginado”, señala el informe difundido por la cancillería estadounidense.
La divulgación del expediente se produce días después de que Marco Rubio encabezara una cumbre ministerial en Washington enfocada en contrarrestar el extremismo de extrema izquierda en el continente, espacio donde se señaló a La Habana como un eje de desestabilización regional.
A esta ofensiva retórica se suma el severo bloqueo energético impuesto por Washington tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, medida que ha agravado la crisis económica y los apagones en la isla, mientras la Casa Blanca mantiene sobre la mesa amenazas de acciones más drásticas si no se concretan aperturas democráticas.
Por su parte, el gobierno de La Habana ha rechazado enfáticamente las acusaciones de albergar bases militares extranjeras o promover actos de desestabilización, asegurando que las afirmaciones de Washington carecen de sustento.
Las autoridades cubanas reiteraron que la soberanía del país corresponde únicamente a sus ciudadanos y denunciaron que la difusión de este informe busca construir un relato de propaganda para justificar una eventual agresión militar directa o un sofocamiento total de su economía.