Tres organizaciones civiles de Venezuela y Colombia se aliaron para crear el Fondo Humanitario 77: Fe sin fronteras, proyecto médico y social diseñado para dotar de prótesis, sillas de ruedas y terapias de rehabilitación especializada a las personas que sufrieron la amputación de sus extremidades debido a los terremotos del 24 de junio.
La iniciativa surge para atender la pérdida de movilidad de cientos de afectados, incluidos niños, considerada por los promotores como una crisis silenciosa derivada de la catástrofe.
La coalición está integrada por la Fundación Hospital Ortopédico Infantil de Venezuela -que aporta más de 80 años de trayectoria en ortopedia-, la Fundación Juan Pablo Dos Santos y la Fundación Cirec de Colombia, institución científica con medio siglo de experiencia en la rehabilitación integral de víctimas del conflicto armado.
Para iniciar las operaciones del fondo, Cirec destinó un capital inicial de 1.000 millones de pesos colombianos (aproximadamente 277.000 dólares), aunque la meta final es alcanzar los dos millones de dólares mediante donaciones internacionales.
El plan contempla no solo la entrega de los dispositivos de asistencia, sino también el establecimiento de un centro de rehabilitación especializado en territorio venezolano para garantizar el seguimiento médico continuo y las terapias físicas de los pacientes.
Juan Pablo Dos Santos, líder de la fundación homónima y sobreviviente de una doble amputación, destacó que el proyecto busca replicar la cadena de solidaridad que a él le permitió recuperar su movilidad.
Para canalizar la ayuda, los promotores habilitan una plataforma de registro digital en la página web de la Fundación Cirec, donde los pacientes, familiares o cuidadores pueden postular formalmente sus casos.
Esta respuesta del sector humanitario privado complementa los esfuerzos sanitarios en el país, donde el último balance del gobierno nacional reporta un saldo de 5.069 fallecidos y 16.740 heridos, aunque las autoridades aún no han desglosado la cifra oficial de personas que sufrieron pérdidas anatómicas durante los sismos.