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    El periodo en el cual Rafael Núñez gobernó desde su casa en el barrio El Cabrero de Cartagena de Indias: gracias al telégrafo, el país funcionó

    Noticia

    Óleo de Rafael Núñez realizado por el artista Epifanio Garay. Foto: Museo Nacional de Colombia

    PERIODISTA15.07.2026 08:56 Actualizado: 15.07.2026 08:56

    Entre 1886 y 1894, el centro de gravedad política de Colombia no estuvo en Bogotásino a más de mil kilómetros de distancia, en una casa de madera rodeada de jardines frente al mar Caribe.

    En una época sin tecnologías de comunicación y viajes. aquel episodio no dejó de ser visto con recelo por los poderes concentrados en Bogotá.

    Allí, en el barrio El Cabrero de Cartagena, el presidente Rafael Núñez gobernó la República, y Desde allí consolidó su proyecto de ‘Regeneración’ y demostró que, pese a las críticas, con la suma de voluntades y el respaldo de una figura clave, el poder puede ejercerse desde cualquier periferia.

    Cartagena era entonces un puerto más en el Caribe sin las luminarias y reconocimiento universal de hoy. De hecho, las murallas centenarias ‘estorbaban’ el progreso y cerraban las puertas al progreso.

    Cientos de familias que habitaban el llamado ‘Corralito de Piedra’ buscaron nuevos horizontes en los extramuros y se trasladaron a barrios como Manga y el Cabrero donde comenzó la edificación de bellas casonas republicanas.

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    Después de la guerra civil de 1885 y de la intensa labor que culminó con la Constitución de 1886, Núñez sufrió un marcado deterioro físico y nervioso. Los médicos le recomendarán un clima más benigno y reposo. Por ello se retiró primero a Anapoima y luego a El Cabrero, su residencia en Cartagena.

    Jorge Dávila PestanaPresidente de la Academia de Historia de Cartagena de Indias

    Un gobierno desde las
    regiones en el siglo XXI

    Abelardo De La Espriella Foto:Abelardo De La Espriella

    El tema de un gobierno impartido desde las regiones hoy de nuevo lo pone sobre la mesa el presidente electo Abelardo De La Espriellaquien tiene previsto gobernar principalmente desde Barranquilla, planeando declarar el complejo de la antigua Aduana de la capital del Atlántico como sede alterna oficial del Gobierno Nacional a partir de su posesión el 7 de agosto.

    De hecho, en las últimas horas el presidente electo se reunió con el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano De La Rosa, quien le propuso, además, gobernar desde el Batallón Paraíso (histórica instalación militar ubicada en el norte de Barranquilla), que le ofrecería mayor seguridad.

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    Esta decisión, que hoy promete descentralizar el poder y mantener un mayor contacto directo con las regiones, ha sido respaldada por el alcalde local, Alejandro Char.

    “Después de la guerra civil de 1885 y de la intensa labor que culminó con la Constitución de 1886, Núñez sufrió un marcado deterioro físico y nervioso. Los médicos le recomendaron un clima más benigno y reposo. Por ello se retiró primero a Anapoima y luego a El Cabrero, su residencia en Cartagena”, señala Jorge Dávila Pestana, presidente de la Academia de Historia de Cartagena.

    La historia ha sido benévola al justificar esta estadía prolongada mediante los quebrantos de salud del mandatario, quien no toleraba el frío clima andino.

    “Núñez decidió gobernar desde Cartagena principalmente por una combinación de razones de salud, confianza personal y conveniencia política, más que por un deseo de trasladar de manera permanente la capital de la República”, agrega Dávila Pestana.

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    La capital frente al mar

    Barranquilla movilizó 6,7 millones de toneladas de carga durante el primer semestre de 2026. Foto:Archivo EL TIEMPO

    Aquella fórmula de este gobierno a distancia fue posible gracias a una de las Tecnológicas que cambiaron las innovaciones del siglo XIX: el telégrafo.

    Mientras la Constitución de 1886, el pilar central del nuevo Estado, se consolidaba en Bogotá bajo la lupa de Miguel Antonio Caro, las directrices políticas emanaban de la casa en el barrio El Cabrero.

    “Una cosa es que Núñez por razones de salud tuvo a Cartagena como eje vital de su carrera política, razón por la cual puede decirse que en la práctica gobernó desde Cartagena, pero otra cosa muy distinta es que oficialmente Núñez nunca cambió la sede de gobierno de Bogotá por Cartagena”, agrega Moisés Álvarez, director del Museo de Historia de Cartagena.

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    Los ministros, gobernadores y altos dignatarios de la época aprendieron pronto que el despacho presidencial ya no estaba en la sede oficial, sino en la residencia donde Núñez recibió a los viajeros que desembarcaban en el puerto cartagenero.

    “La reacción del Congreso fue, en términos generales, de aceptación y no de censura. Esto se explica porque después de la victoria de la Regeneración en 1885 y la promulgación de la Constitución de 1886, el Congreso quedó dominado por la coalición nacionalista que respaldaba a Rafael Núñez”, recuerda Dávila Pestana.

    El país funcionó, entonces, mediante mensajes telegráficos que viajaban en horas, una agilidad que permitió a Núñez mantener el control centralista —paradójicamente— desde la costa.

    “En casi todos sus períodos dejaba el poder en manos de sus designados y se venía para Cartagena, desde donde seguía timoneando su movimiento político”, agrega Moisés Álvarez.

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    La paradoja de un centralista en la periferiaEl proyecto de Núñez se resumió en su célebre sentencia: ‘Regeneración o catástrofe’. Su objetivo era desmontar el federalismo radical y construir un Estado unitario fuerte.

    Sin embargo, su propia gestión se convirtió en una anomalía: El hombre que diseñó el sistema más centralista de la historia republicana terminó gobernando desde la periferia.

    Al fin, no hubo una protesta por gobernar desde El Cabrero. La Constitución de 1886 no exigía que el presidente residiera permanentemente en Bogotá. Por lo tanto, el hecho de que Núñez despachara desde su quinta en El Cabrero no fue considerada una violación institucional, recuerda Álvarez.

    Para sus detractores, esta contradicción era un síntoma de debilidad; para la historia, fue la demostración de que la autoridad de Núñez no depende de su ubicación física, sino del peso político acumulado tras derrotar las guerras civiles y liderar una transformación institucional profunda.

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    Mientras Miguel Antonio Caro asumía la administración cotidiana en Bogotá, Núñez mantenía desde El Cabrero el mando estratégico. Fue un periodo donde Cartagena, lejos de ser un asunto privado, se convirtió en una variable política capaz de alterar la geografía del poder nacional, y la ciudad inició su modernización.

    Hoy, la casa de El Cabrero permanece en la memoria de los cartageneros no solo como la sede alterna de un gobierno, sino como el recinto donde se tomó la decisión definitiva de cerrar el capítulo del federalismo y escribir el futuro centralista de Colombia.

    Una lección de historia que nos recuerda que, a veces, los grandes cambios nacionales se podrían ejecutar lejos de los escritorios oficiales, al ritmo del Caribe y bajo la influencia de quienes se atreven a desafiar las convenciones de su tiempo.

    Además, te invitamos a ver:

    Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:

    cartagena

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    Esta crónica se escribió gracias a entrevistas con historiadores del Museo de Cartagena y de la Academia de Historia.

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