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Thursday, July 9, 2026
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    Arte y risas, un espacio de contención para la infancia afectada por los terremotos

    No conocen tragedias. Tampoco de colapsos o fallas estructurales. Algunos ni habrán escuchado la palabra terremoto hasta ahora. Solo saben que ya no están en casa y no podrán volver, en el mejor de los casos, por un buen tiempo. Otros quizás nunca. El hogar que conoció no sólo cambió de lugar, también de forma. Muchos lo viven como una aventura, una suerte de vacaciones junto a familiares y conocidos. Los niños y niñas juegan, ríen y hacen nuevos amigos sin saber, o sabiendo muy poco, lo que ocurre fuera del campamento lleno de diversión y actividades en el que ahora viven.

    Poco después de los terremotos de 7,2 y 7,5 que sacudieron y devastaron zonas de Caracas y La Guaira el pasado 24 de junio, muchos se abocaron a ayudar. Recolectar insumos, cocinar, donar; metere entre los escombros para ayudar en las labores de búsqueda y rescate. En esa gran ola de apoyo y solidaridad otros decidieron hacer una pausa y ver más allá. Buscar en medio del desastre esas necesidades que no se estaban cubriendo.

    El primer fin de semana posterremoto muchos artistas, recreadores y docentes decidieron salir a las calles para ofrecer un poco de diversión y distracción a los niños afectados. Con el paso de los días, más voluntarios y organizaciones, desde sus posibilidades y espacios, se fueron sumando a llevar un poco de alegría a los más pequeños.

    De acuerdo con cifras de Unicef, se estima que 680.000 niños necesitan asistencia humanitaria tras los sismos en Venezuela.

    Sí, los juegos no borran lo que pasó, pero le dan a los niños un espacio para olvidar, aunque sea por un rato, el dolor y la tristeza que han atravesado estos días y volver a disfrutar, sonreír e incluso ver a sus padres sonreír con ellos.

    Foto Tairy Gamboa El arte como terapiaA las afueras de la iglesia de Santa Rosalía, que permanece cerrada tras los sismos, un grupo de niños de entre 2 y 8 años espera ansioso mientras Carlos Tizamo, de 24 años de edad, saca los materiales que llevó para su iniciativa Manitas de Vida, con la que ha llevado actividades artísticas a niños de distintos refugios de Caracas.

    Después del terremoto, Tizamo salió a ayudar, como muchos, con el traslado de insumos, pero vio que había muchas personas haciendo lo mismo. Se tomó un momento para pensar qué más podía aportar. Es fundador de la academia de artes Raku Harts, dedicada a la cerámica y pintura, con sede en Chacao. Decidió ayudar a través del arte. Ofrecer a los niños un espacio de expresión a través del dibujo y la pintura.

    “Hemos hecho origami, pintamos y dibujamos. Han hecho banderas, muñecos y se han hecho a sí mismos. Hasta ahora son las únicas actividades que hemos podido implementar”, dice Tizamo, a quien le gustaría continuar realizando más actividades que le permitan a los niños expresarse y canalizar sus emociones a través del arte.

    Voluntarios, recreadores y artistas han visitado varios refugios en Caracas para llevar alegría a los niños | Foto Tairy GamboaEste tipo de iniciativas no solo son un momento de alegría y diversión para los niños, sino que también son un respiro para los padres, quienes agradecen la distracción que se le ofrece a los más pequeños.

    “Se han hecho muchas actividades. Han venido personas a hacer globomagia, gente del circo, pintacaritas. Nos han apoyado mucho en ese sentido. Ha sido algo excelente tanto para ellos como para nosotros los adultos porque, a pesar de todo lo que ha pasado, ver una sonrisa en cada niño es algo que nos motiva a seguir adelante”, dice Jaquelin Palacios, madre de una de las afectadas del edificio OP10 – 4 de febrero, en la parroquia Santa Rosalía.

    Aunque el edificio sigue en pie, sufrió muchos daños en su estructura, por lo que alrededor de 100 familias tuvieron que desalojar sus hogares y trasladarse a los alrededores de la iglesia Santa Rosalía. Piden a los voluntarios y organizaciones hacer algo especial para el Día del Niño si aún siguen allí.

    “Ellos (los niños) son inocentes, ellos brincan y juegan, pero no saben la magnitud de lo que está sucediendo. Y eso es lo que queremos, que se diviertan, que se distraigan, que sean felices a pesar de las circunstancias. Queremos hacerles algo diferente para que se sientan motivados”, agrega Palacios.

    Las actividades y juegos les permiten a los más pequeños distraerse y volver a ser niños | Foto Tairy GamboaAntes de que trasladaran a las familias a refugios en otros puntos de Caracas, el Parque del Este albergó a un gran número de sobrevivientes de Caracas y La Guaira. También a cientos de voluntarios que se dedicaron a ayudarlos, tanto en las necesidades más básicas, como abrigo y alimento, como en actividades de esparcimiento para los más pequeños.

    Allí, con su toldo naranja, se instalaron Amarillo Piña y Manuel Dorado, dos artistas que –con el apoyo de colegas y amigos– recolectaron materiales para ofrecer un espacio de terapia a través de la pintura y el dibujo. Una forma de darles un poco de luz entre tanta oscuridad.

    “Ahora estamos haciendo una estructura donde podamos presentar tres talleres diarios. La idea es ayudar a los niños a que puedan tener un momento de terapia, porque el arte es terapia”, dice Piña. “Los niños están en un episodio de La vida es bella (La película de Roberto Benigni.). Se mudaron al parque y quizás es bueno que no tengan una dimensión de la tragedia”, agrega Dorado.

    El arte les brinda a los niños contención emocional y una forma de canalizar sus sentimientos | Foto Tairy GamboaAmbos han estado solo en el Parque del Este, pero en vista de los traslados de las familias a otros refugios, les gustaría visitar otros espacios para seguir acompañando. “Queremos hacerles seguimiento, queremos visitarlos adonde vayan porque ya es parte; somos familia. Nos hicimos familia, ya conocemos. Nos dicen: ‘Dorado, Amarillo, llegaron tarde hoy’. Queremos saber dónde van a ir para poder ir a esos sitios y seguir haciendo el trabajo”, dice Amarillo.

    El Parque del Este también recibió al gremio del cine venezolano, que se sumó para apoyar a las familias. Gran Cine, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), Cine Jardín y Zona de Descarga se unieron para llevar proyecciones a algunos refugios.

    Desde que se instaló el inflable del Gran Cine Móvil en el skate park del Parque del Este, no faltaron algunos curiosos que se acercaban a ver y preguntar qué harían. “Proyectaremos Kaporitouna película animada venezolana”, respondieron los organizadores a quienes preguntaban.

    Gran Cine, junto a otras organizaciones del gremio cinematográfico venezolano, proyectan películas familiares en los refugios | Foto Tairy GamboaCuando cayó la noche y las luces de las canchas cercanas se apagaron, comenzó la proyección. Había pocas personas en las sillas, pero poco a poco comenzaron a ocuparse. Algunos padres se acercaron con sus hijos y algunos grupos de niños miraban a lo lejos.

    “Este tipo de actividades me parecen muy buenas, sobre todo para los niños, que ya para esta hora no tienen mucho que hacer porque parte del parque está oscuro”, dice Juan Gutiérrez, quien vivía alquilado en uno de los edificios afectados de Los Palos Grandes.

    La intención de Gran Cine es continuar realizando proyecciones de películas en otros refugios de la ciudad. “Es importante que tengan alternativas culturales, recreativas, y tratar de brindarles esa opción para hacer más llevadera una situación tan penosa y complicada. Es un acto de solidaridad, un gesto de humanidad que estamos brindando desde la comunidad cinematográfica venezolana a nuestra gente que está sufriendo”, dice Bernardo Rotundo, presidente del Circuito Gran Cine.

    Reír y jugar para sanarUn grupo de payasos con batas de doctor recorre los pasillos de un edificio de la Unidad Educativa Gran Colombia, en la parroquia Santa Rosalía. Entretienen a los niños con globos y juegos. Algunos hasta cuentan chistes con los más grandes. Regalan un momento de distracción en medio de la tragedia.

    Desde el primer momento, el Doctor Yaso convocó a todos sus voluntarios en Caracas a hacer lo que mejor saben: sacar risas a grandes y pequeños. La organización que nació en la vagada de Vargas en 2005 ha visitado los principales refugios de Caracas tras los terremotos del 24 de junio.

    “Nosotros tenemos una labor bastante específica que es el acompañamiento y la desdramatización de espacios vulnerables en este caso. Sin embargo, debido al momento que estamos viviendo, nos hemos aliado con muchas personas, otras ONG, personas particulares, para hacer cosas que normalmente no hacemos. Hemos tenido la apertura de coordinar con personas que quieren acompañarnos y ser partícipes de este pequeño movimiento”, dice Ivonne Tovar, coordinadora de Doctor Yaso sede Caracas.

    Los padres de los niños también agradecen las actividades y poder ver, de nuevo, a los niños reír | Foto Tairy GamboaConscientes de la compleja situación que enfrentan las personas más afectadas por los sismos, destacan la importancia, tanto para niños como para adultos, de la risa como distractora. “La afectación emocional y psicológica que tienen tanto niños, adolescentes, adultos, adultos mayores es compleja. Hacer ese acompañamiento, desenfocarlos un poco del dolor que están viviendo por el momento actual, es nuestro principal motivo. Es súper importante que, aun cuando sabemos que están pasando por un momento extremadamente doloroso, se tomen un pequeño espacio de tiempo para sonreír, para olvidarse de todo lo que se están viviendo y poder entretenerse y jugar. Eso es invaluable”, afirma Tovar.

    Alejandra Otero y Jorge Parra, conocido como Domingo Mondongo, también fueron de las primeras personas que visitaron los refugios. Tras el terremoto, los comediantes se trasladaron a La Guaira para ayudar a los más afectados. Lo que vieron los dejaron sin palabras y con una desazón en el corazón. “Ese día llegué a mi casa con la sensación de que no quería volver a La Guaira, sentí que no había sido tan útil, sentí que yo era más útil en otro lado”, cuenta Otero.

    Ambos decidieron organizar, junto con amigos y colegas, visitas a refugios en Caracas y La Guiara porque saben que las personas afectadas no solo necesitaban alimentos y cobijo, sino también salud emocional, contención, alivio, distracción. “Buscamos brindar ese rato de esparcimiento, de alegría, de conexión para que los niños vuelvan a ser niños y para que los padres vuelvan a ver sonreír por un rato a sus hijos porque eso se transforma en su propia alegría”, dice Parra, quien asegura que los niños y padres le han agradecido mucho las visitas. “Los hemos visto aliviados y transformados”.

    Otero y Parra consideran que este tipo de iniciativas orientadas al bienestar emocional de la infancia son vitales en este tipo de situaciones. “La alegría no es un lujo. La alegría es eso que le permite drenar a las personas. Es como el primer auxilio psicológico que se le está brindando a esta gente que está pasando este momento. Por eso es tan importante darles estos momentos de esparcimiento”, dice Domingo Mondongo.

    “En estos momentos me parece demasiado importante tener estos espacios para conectar con la alegría porque, además, es algo que nos caracteriza a los venezolanos. Incluso en los momentos más difíciles, como lo hemos visto en los videos de los rescatistas, hay momentos de alegría infinitos, de hacer chistes. Es algo que nos caracteriza a todos los venezolanos y que no se va a perder. Nosotros que trabajamos con eso, con las risas, podemos potenciarlo”, agrega Otero.

    Foto Tairy GamboaEn una de sus visitas a La Guaira, los comediantes y voluntarios que los acompañaban llevaban tortas para celebrar los “cumpleaños” de todos, aunque no estuvieran cumpliendo años. Era una forma de celebrar esta nueva oportunidad que les dio la vida. “Fue espectacular porque, por un lado, simboliza el hecho de que todas esas personas volvieron a nacer y lo celebramos. Ver que había una fiesta en un lugar donde podrías pensar que había tristeza era algo muy bonito”, dice el comediante.

    Todas las visitas a los refugios han sido especiales, comparten. Han conocidos personas con historias profundamente desgarradoras. Niños que perdieron a sus padres o sus ex tremidades, pero que a pesar de todo siempre tienen una sonrisa en la cara. “En una de las actividades vi a un rescatista y me acerqué para agradecerle por lo que estaba haciendo y él me dio su brazalete y me dijo: ‘Nosotros estamos rescatando vidas y vos estás rescatando sonrisas'”, recordó Parra.

    Como todos, Alejandra Otero y Jorge Parra no pueden dejar de pensar en lo que pasará en el futuro con los afectados, cuánto tiempo les tomará recuperar sus vidas. Saben que será un proceso complejo y largo. Por eso, piden no olvidar a estas familias, a estos niños. Recalca Otero: “Ahora más que nunca, aunque se activen los negocios, los trabajos y la vida continúan, es necesario que no dejemos de ayudar a estas personas porque lo necesitan más que nunca. Hay que pensar a largo plazo.

    Aunque iniciativas como estas se repiten en muchos refugios de la ciudad, hay pocas con enfoque pedagógico. Por eso, un grupo de maestras caraqueñas decidió ofrecer actividades didácticas para los niños afectados. Así comenzaron Docentes Solidarias.

    Mientras cocinaba para ayudar a las personas afectadas por los sismos, Ximena Gutiérrez pensó que nadie se estaba preocupando por los niños que no podrían volver a la escuela. Decidió contactar a algunos colegas para armar un pequeño grupo de maestras que llevaran el aula de clase a los refugios.

    “Cuando me di cuenta, ya teníamos un Instagram, un grupo de WhatsApp y éramos 119 maestras activas para poder llevar a los niños un poco de distracción, un poco de actividades y llevar las escuelas a los sitios, a los parques”, cuenta Gutiérrez.

    Comenzaron en el Parque del Este, pero han visitado el Parque del Oeste y el Polideportivo La Trinidad. Llevan actividades orientadas a llevar estructura, actividades pedagógicas y de contención emocional.

    “Entendemos que el aula de clases no es aquí en el Parque del Este, pero con el fin de mitigar un poco esa dispersión y poder potenciar este trabajo que estamos haciendo, trabajamos la motricidad fina, la parte cognitivo-social, la parte sensorial y hemos hecho bastante esfuerzo en poder trabajar un poco la parte del lenguaje y la parte afectiva, esa porque son niños y nos hemos dado cuenta de que algunos tienen problemas de lenguaje. También hacemos actividades con cuentos infantiles, cantamos para poder trabajar un poco socialización porque, de cierta manera, los papás están metidos en las carpas y están hablando con el adulto de la otra carpa. De repente, los niños no están recibiendo esa parte más personal de ellos”, detalla Ximena Gutiérrez sobre las actividades.

    Cuando todo pase, Gutiérrez asegura que no podrá olvidar las caras y nombres de los niños que acompañaron durante estos días. “Voy a añorar y atesorar aquí en mi corazón siempre sus sonrisas. Saber que acompañamos, sostuvimos y ayudamos con colores, pinturas y plastilina a muchos niños es invaluable. Ese es nuestro regalo. Cuando pase el tiempo, seguiré recordando sus caritas. Cuando una es madre, es madre de todos los niños del mundo”, dice la maestra.