Luego de que ciudadanos reportaron la descarga de escombros -dejados por los terremotos del 24 de junio- en un terreno a la orilla del mar entre Tanaguarena y Naiguatáen el estado La Guaira, especialistas en ambiente e ingeniería advirtieron que esto podría generar consecuencias ambientales a largo plazo.
Durante una entrevista en el con Román Lozinski para Unión Radioel ingeniero agrícola y ambiental Joaquín Benítez, director de Sustentabilidad Ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y vicepresidente de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat, explicó que la gestión de los residuos de un desastre de esta magnitud requiere criterios técnicos específicos.
“No son masas homogéneas”, advirtió al referirse a los escombros. Explicó que entre los restos de edificios colapsados no solo hay concreto y acero, sino también combustibles, aceites, pinturas, solventes, materiales hospitalarios y otros residuos potencialmente contaminantes cuya disposición debe planificarse cuidadosamente.
Alertan sobre riesgos para el ecosistema marino de La GuairaBenítez señaló que las recomendaciones internacionales establecidas que los centros de acopio de escombros deben ubicarse lejos de cursos de agua, de la línea de costa y de zonas pobladas.
A su juicio, el manejo de estos residuos debe contemplar una primera etapa de despeje de vías para facilitar las labores de rescate, seguida por una fase de clasificación y caracterización antes de su disposición definitiva.
“Hay que saber qué hay allí”, insistió el especialista, al explicar que cada edificio genera residuos distintos dependiendo de su uso y de los materiales presentes en su estructura.
La preocupación fue compartida por la naturalista Karen Bruegger, quien alertó que utilizar el borde costero de La Guaira como depósito puede alterar el equilibrio ecológico del litoral central.
Explicó que el vertido de grandes cantidades de concreto, yeso y otros materiales modifica el relieve submarino y las corrientes marinas, favoreciendo procesos de erosión que podrían afectar playas cercanas.
Indica que las partículas suspendidas reducen el paso de la luz solar, afectando a los arrecifes coralinos, ecosistemas fundamentales para la reproducción de numerosas especies de peces.
“Si nosotros lanzamos todos esos escombros ahí estamos poniendo en riesgo el futuro de nuestro país porque dependemos de nuestras costas”, afirmó.
El ambientalista pidió que las decisiones sobre la reconstrucción fueran tomadas con base en criterios científicos. y no únicamente por la urgencia de la emergencia.
Pidieron clasificar los materiales y preservar evidencias para determinar las causas de los colapsos| Foto Tairy Gamboa/El NacionalClasificar los escombros también ayudará a reconstruirMás allá del impacto ambiental, Benítez destacó que una adecuada clasificación de los materiales permitirá aprovechar parte de ellos durante la reconstrucción.
Indicó que el concreto puede triturarse para producir agregados utilizados posteriormente en pavimentos o nuevas edificaciones, mientras que los elementos metálicos también pueden reciclarse.
Sin embargo, advirtió que antes de reutilizar cualquier material es indispensable separarlo de residuos peligrosos y realizar inspecciones técnicas.
Resaltó que algunos elementos estructurales deben preservarse para efectuar análisis forenses que permitan determinar por qué colapsaron determinadas edificaciones.
“Hay que seleccionar aquellos elementos que luego pueden servir para hacer el análisis de la construcción”, explicó.
Estos estudios, agregados, permitirán establecer si existieron fallas estructurales, problemas de diseño o condiciones particulares que contribuyeron al derrumbe de edificios durante el doble sismo.
Persistir riesgos para el aire, el agua y el sueloEl especialista alertó que la remoción de escombros seguirá generando grandes cantidades de polvo fino que pueden afectar la salud respiratoria de trabajadores y habitantes de las zonas cercanas.
Por ello recomendó el uso permanente de equipos de protección personal, especialmente mascarillas y protección ocular.
Planteó la necesidad de detectar posibles daños en tuberías de aguas servidas, redes de inspección de distribución de agua potable y drenajesya que las fracturas provocadas por el movimiento sísmico podrían generar contaminación del suelo y de los acuíferos.
Benítez sugirió revisar las obras hidráulicas construidas en La Guaira después de la tragedia de Vargas de 1999 para verificar que presas, canales y sistemas de contención continúen operativos antes del inicio de la temporada de lluvias.