Pocos imaginaban que tres años después de mudarse a Miami, Lionel Messi lideraría la ofensiva de Argentina para defender el título y batir récords en su sexta Copa del Mundo.
El jugador de 39 años regresa a la ciudad de Florida, a la que ahora llama hogar, para enfrentarse el viernes a octavos de final contra la sorpresa del torneo, Cabo Verde, tras marcar seis goles en la fase de grupos.
Al hacerlo, Messi se convirtió en el máximo goleador de todos los tiempos en la historia de la Copa del Mundo con 19 y está en una racha récord de siete partidos goleadores en la competición.
Muchos creían que el ocho veces ganador del Balón de Oro se dirigía a un semi-retiro cuando cambió el fútbol europeo de primer nivel por la Major League Soccer después de poner fin a su larga espera para ganar la Copa del Mundo en Qatar.
Pero Messi ha desafiado las expectativas, tanto por su impacto en el fútbol estadounidense como por su capacidad para seguir decidiendo partidos a nivel internacional.
El Inter Miami, copropiedad de David Beckham y formado recién en 2018, nunca había ganado un trofeo antes de su llegada.
La llegada de Messi convirtió instantáneamente a una de las franquicias más nuevas de la MLS en un destino ideal para las estrellas europeas.
Con la ayuda de sus excompañeros del Barcelona Sergio Busquets y Jordi Alba, Messi llevó al Inter a la victoria en la Leagues Cup, una competencia eliminatoria entre clubes de la MLS, las ligas mexicana y canadiense, en su primera temporada.
El año pasado, Messi y Miami dieron un paso más al asegurar el primer título de la MLS del club.
El efecto Messi
La influencia de un jugador considerado el mejor de todos los tiempos se extiende mucho más allá del campo.
“Messi marcó un antes y un después de lo que significa el fútbol aquí. A partir de 2023, todo el mundo se hizo hincha del Inter”, explica Juan Pugin, entrenador de la academia Revo Soccer en Doral, cerca de Miami.
“También lo hemos notado en la academia. Muchos más niños se han inscrito para practicar este deporte”.
Esa pasión le hace sonreír a Lily Díaz, una bonaerense de 69 años, que estaba de paseo por Miami con una gorra de la selección nacional.
Dijo que estos días se siente más cerca del país que dejó hace cuatro décadas para establecerse en Florida.
“Es una emoción enorme que Messi venga a jugar con Argentina. Es un orgullo, es un modelo a seguir como deportista y como ser humano”, dijo Díaz, que ya ha visto al astro jugar cuatro veces con el Inter.
Cerca de allí, Johnny Fortes, de 62 años, viajó desde Buenos Aires para seguir a Argentina durante su viaje por la Copa del Mundo hasta una posible final.
“Trabajo en una oficina, pero durante un año y medio conducía un automóvil de noche para poder permitirme venir a Estados Unidos”, dijo. “Hice sacrificios, pero valió la pena”.
En Buenos Aires Bakery, un popular restaurante argentino, una mezcla de fervor por la selección nacional y habilidad para los negocios ha llevado a una entrada de 15 dólares y un gasto mínimo de 20 dólares para aquellos que quieran ver los partidos de los campeones del mundo en un lugar abarrotado.
En el interior, Julián Franco disfruta de la comida argentina que no encuentra en la ciudad estadounidense de Buffalo, donde se instaló hace tres meses tras mudarse desde la provincia de Catamarca.
Al igual que miles de personas que llegarán a Miami, él no tiene entradas para el partido del viernes, pero quería empaparse de la atmósfera del sur de Florida.
“Uno se siente muy emocionado viendo jugar a Messi”, dice. “Sobre todo sabiendo que él también se ha enfrentado a fracasos.
“Te da la esperanza de que no todo está perdido, de que siempre hay que dar un poquito más para lograr lo que quieres”.
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por Gerard Martínez, AFP