Un exhaustivo estudio llevado a cabo por un equipo de investigación del CONICET del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP, CONICET-UNPSJB), en colaboración con investigadoras del laboratorio de Química de la empresa INVAP, reveló datos alarmantes acerca de las numerosas y graves consecuencias secundarias que causan los incendios forestales en la Naturaleza, especialmente en los espejos de agua.
El estudio que fue publicado recientemente en la revista Science of The Total Environment demostró que las llamas no solo destruyen la vegetación boscosa, sino que, también, alteran drásticamente los ecosistemas acuáticos. Los expertos analizaron las cuencas de la Patagonia argentina tras el devastador incendio forestal que tuvo lugar en el año 2021, y los resultados confirmaron que se produjeron modificaciones severas en la calidad del agua que abastece a numerosas poblaciones de la región andina.
Incendios forestales vs. espejos de agua El histórico siniestro ambiental que tuvo su origen en las ercanìas de las localidades de El Hoyo y Las Golondrinas, en Chubut, arrasó de forma violenta con más de 13.000 hectáreas de valioso y milenario Bosque Patagónico. Las científicas aprovecharon la proximidad geográfica de sus laboratorios para iniciar un monitoreo continuo e inmediato del terreno, y, al comparar cuatro arroyos quemados con otros 4 que no fueron afectados por las llamas. detectaron aumentos muy marcados en la conductividad eléctrica general, en tanto que los cuerpos de agua sufrieron una altísima turbidez debido a la gran cantidad de sólidos suspendidos arrastrados.
“El estudio nos permitió identificar y comprender la denominada ventana de perturbación -periodo temporal crítico inmediatamente posterior al fuego caracterizado por una alta vulnerabilidad ambiental-, que, generalmente, se inicia con las primeras lluvias posteriores al incendio. En esta etapa observamos incrementos muy marcados en la conductividad eléctrica y en la cantidad de sólidos suspendidos que se evidenciaron como un aumento de la turbidez del agua en los arroyos quemados”, explicó la científica y co-autora del estudio, Yanina Assefa.
“Durante este período inicial, las concentraciones de fósforo llegaron a ser hasta 17 veces más altas que las de los sitios de referencia. Posteriormente, a medida que los niveles de fósforo comenzaron a disminuir observamos un aumento sostenido y muy importante de los compuestos nitrogenados, especialmente de los nitratos, una tendencia que se mantuvo hasta el final del estudio”, agregó la especialista.
Por último, el estudio señala que los efectos de los incendios forestales en los ecosistemas acuáticos de la región patagónica varían según la extensión y la severidad del fuego, las dimensiones del arroyo, la topografía y el tipo de cobertura vegetal. “Tenemos que tener en cuenta que a medida que crecen las poblaciones y se expanden las zonas habitadas hacia áreas naturales, los incendios forestales afectan cada vez con mayor frecuencia cuencas utilizadas como fuentes de agua para consumo humano. Esto hace que el monitoreo regular de la calidad del agua sea una herramienta esencial para identificar posibles impactos del fuego y garantizar la seguridad sanitaria de las comunidades”, concluyó su colega, Cecilia Brand.
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