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Wednesday, July 1, 2026
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    Lluvias agravan condiciones de los damnificados en Caracas: “Estamos a la deriva”

    Cientos de damnificados que pernoctan en las plazas, calles y parques de Caracas fueron sorprendidos este martes en la madrugada por las fuertes lluvias que azotaron la ciudad. Entrada la mañana, el panorama seguía marcado por la incertidumbre, aunque algunos intentaban mantener el ánimo. En la plaza Francia de Altamira (Chacao), en el Área Metropolitana, resaltan los colores azul y negro de las decenas de carpas instaladas allí. Son refugios improvisados ​​donde familias que lo perdieron todo, o que aún no pueden regresar a sus hogares, pasan los días tras los terremotos del 24 de junio.

    “Ha sido fuerte porque no solamente perdimos nuestras casas, sino que quedamos aquí a la deriva, con lluvias y frío. Las carpas se mojan, a pesar de que son impermeables, y se nos han mojado los colchones, los niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas y hasta los animales”, manifestó Francesca Vargas, de 17 años de edad, quien se encontraba en la plaza junto con su madre Yenny Suniaga y Polo, su pequeño gato de 3 meses.

    Vargas, quien habló con El Nacional con la autorización de su madre, contó que No han podido conseguir muchos cartones, que sirven como un aislante para mitigar el frío y la humedad. Lamentó que muchos se enfocan “solamente” en La Guaira –el estado más afectado por los terremotos– y se olvidan de que hay personas en otras entidades que atraviesan momentos de necesidad. “A veces también niegan las carpas y la comida, y eso no nos parece bien. Todos necesitamos, todos tenemos necesidades y más ahora que no tenemos casa ya algunos los han sacado de sus edificios porque también están en peligro de que haya otra réplica y se caigan”, expresó.

    La vivía en una adolescente en una casa en San Bernardino, y el miércoles, hace una semana, se percató de unos movimientos eran inusuales, por lo que agarró a su gato y alertó a su madre.

    Francesca Vargas y su gato Polo, mientras su madre, Yenny Suniaga, seca la carpa donde duermen en la plaza de Altamira | Foto: Tairy Gamboa / El Nacional”Le grité: ‘¡Mamá, salte! ¡Mamá, por favor, salte de la casa que está temblando!’. Salí corriendo y mi mamá me siguió, y cuando salimos empezó el terremoto. La calle se movía como una ola y los edificios iban de allá para acá. Todo retumbaba por el zumbido. Me quedé en shock porque no procesaba lo que estaba pasando”, recordó.

    “Lo que hice fue quedarme así, agarrando mi gato, y mi mamá abrazándome, y los vecinos empezaron a salir, personas mayores, mujeres con niños en los brazos y eso me dio tanta tristeza. es sorprendente todo lo que hemos pasado”, añadió Vargas, quien indicó que, hasta la fecha, no les han informado sobre una posible reubicación en un lugar más cómodo y seguro.

    Durante la entrevista, el ambiente era caluroso y con sol, aunque a ratos el cielo se cubría de nubes y luego volvía a despejarse. Horas más tarde, esa nubosidad ganó fuerza y ​​cubrió gran parte de la ciudad, dejando la posibilidad de nuevas lluvias, lo que podría prolongar la angustia de quienes aún no pueden regresar a sus hogares.

    En el lugar, sobre las carpas, se observaba ropa y sábanas tendidas para secarse, así como colchones y colchonetas ubicadas en las escaleras que conectan la plaza con la estación del Metro de Caracas, donde el sol pegaba con más intensidad.

    “La lluvia empezó a una hora en la que estábamos durmiendo. Vamos a darle gracias a Dios porque, por lo menos, llovió y no pasó más nada. Pero a mí me dan pesar los niños porque son indefensos”, manifestó Haydeé Cáceres, una mujer de 61 años de edad que aseguró presentar afecciones de salud generadas por la situación.

    Cáceres recordó el día de la tragedia: “No pude viajar a La Guaira porque Dios no lo permitió”.

    Haydeé Cáceres dijo que Venezuela no estaba preparada para los terremotos | Foto: Tairy Gamboa / El NacionalDeclaró que “pernoctaba” en ese estado devastado por los terremotosdonde cientos de edificios quedaron hechos escombros y donde se registra el mayor número de muertos, heridos y desaparecidos.

    “Me iba el lunes, pero Dios no lo permitió. El martes tampoco, y cuando me iba a ir, ya cuando me di cuenta, era 24 de junio, Día de la Batalla de Carabobo. Entonces dije ‘no, eso debe estar (lleno) allá, la gente tomando, la fiesta; mejor me voy mañana’. Vamos a darle las gracias a Dios porque estamos vivos, aunque estoy un poco nervioso”, manifiesto.

    Cáceres dijo que el día de los terremotos se encontraba en la calle y que cerca de ella estaba un hombre sentado orando.

    “Me quedé con él orando, pidiéndole a Dios, porque fueron dos terremotos seguidos. Horrible, horrible, horrible. Esa noche no dormí porque pensaba que iba a haber otro y, uno dormido, imagínate tú. Dios hace todo, yo creo tanto en Él y Él me toca y me comunica las cosas a través de sueños. Dios no permitió que me fuera para allá porque yo, de verdad, no quiero más tragedias”.

    La mujer, quien aseguró ser licenciada en Educación Preescolar, afirmó que su casa “desapareció” y que “más nunca” quiere regresar a La Guaira, donde, aseguró, también perdió a un hijo en la tragedia de 1999.

    “En Venezuela hay recursos como para solucionar el problema que tiene ahorita cada venezolano, (aunque) esto no es culpa de nadie. Esta es la naturaleza, que no podemos contra ella. Es como cuando uno va a dar a luz: cuando vienen los dolores es que vas a tener el bebé, y eso no lo para nadie”, dijo.

    Consideró que la ayuda de las autoridades “esta vez ha sido lenta” y que lo entiende porque el país no estaba preparado para una situación así. “Y, de verdad verdad, ahorita no tenemos ni presidente. Todo es un poquito delicado porque nos estábamos preparando para unas elecciones y no estábamos preparados para esto. Bueno, hay que seguir confiando en Dios”, añadió.

    Tairy Gamboa/El ​​NacionalDamnificados pusieron sus pertenencias al sol | Foto: Tairy Gamboa / El NacionalA pocas cuadras de Altamira, sobre las aceras y refugiados en carpas, duerme un grupo de vecinos de Los Palos Grandes. Aunque algunos inmuebles sufrieron daños leves, la mayoría de los habitantes no perdieron sus hogares; sin embargo, el temor a otras réplicas les impide regresar.

    Mientras tanto, las autoridades han comenzado a evaluar las estructuras mediante un sistema de etiquetas de colores –verde, amarillo y rojo– para determinar qué residencias vuelven a ser habitables.

    Keilyn Barreto vivía en el edificio San José, ubicado junto al Petunia, y tras los sismos ha permanecido en sus adyacencias. Primero, indicó, ella y sus vecinos pernoctaron en la plaza Francia y luego se instalaron a escasos metros de su residencia, donde pueden estar atentos no solo a la edificación, sino también apoyarse como comunidad con alimentos, “guardias” y la búsqueda de insumos en los centros de acopio.

    Foto: Tairy Gamboa / El NacionalSu familia tenía una carpa y los vecinos les han ayudado con cobijas, almohadas y productos de higiene personal. La madrugada del martes Pasaron momentos incómodos por la lluvia, que no solo mojó la carpa, sino también los artículos que tenían alrededor.

    “El olor pega”Barreto dijo que su hermano amaneció resfriado y que, hasta el momento, están “llevando la situación como pueden”.

    “Le agradecemos a todas las personas que han prestado su colaboración, que han sido solidarios, que han demostrado esa parte humana porque, sinceramente, de estar un día en tu casa, cubierta, protegida a luego estar en la calle es algo duro y traumático, pero estamos vivos y es lo que estamos agradeciendo, y por lo menos en mi caso, en mi familia nadie salió afectado, más que unos golpecitos por resbalarse, por caerse, pero estamos juntos y es lo que agradecemos”, manifestó.

    Keilyn Berroterán pernocta cerca del edificio donde vivía | Foto: Tairy Gamboa / El NacionalUn edificio completamente destruido en Los Palos Grandes | Foto: Tairy Gamboa / El Nacional”Ya por lo menos al edificio de nosotros le pusieron el color amarillo. Podemos entrar pocas veces porque está muy cerca del edificio Petunia, que fue el que se desplomó. Por lo menos esta mañana pudimos ingresar, pero el olor (a cadáveres en análisis) pega y no podemos estar adentro. Todavía estamos a la deriva y estamos con la incertidumbre de que pasen estos días, de que eso lo terminen de despejar y limpiar, si hay sobrevivientes todavía, que no sabemos”, declaró.

    “Fue darnos ese último abrazo”Barreto relató que el día de la tragedia no lograron salir del edificio debido a que la reja no abría. En ese momento se encontró junto con su madre y su hermano.

    “Cuando pasó todo esto lo primero que hicimos fue abrazarnos y fue como darnos ese último abrazo, pero que estamos en familia, porque realmente vimos cómo las paredes se iban agrietando, cómo todo se movía, cómo los vecinos de arriba y de abajo también gritaban. Cuando pudimos salir, vimos el humo, todo marrón, todo rojo, porque el edificio de enfrente se había desplomado”, relató.

    El Paraíso es la urbanización del oeste de Caracas más afectada por los terremotos, especialmente el sector Las Fuentes, donde se registró el colapso total del edificio San Judas Tadeo. Allí fallaron siete de las ocho personas que se encontraban dentro al momento del derrumbe.

    Keila Manrique, habitante del adyacente edificio Miranda, no puede dormir en las carpas y toldos instalados frente a su residencia debido a sus limitaciones de movilidad. Durante el día, sin embargo, permanezca junto con otros vecinos a la espera de que finalmente les confirmen que pueden regresar a sus viviendas. El edificio sufrió graves daños y su apartamento resultó afectado por el colapso del San Judas Tadeo.