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Sunday, June 28, 2026
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    Las mujeres gestionan el 20% de los campos en Argentina

    El sector agroalimentario global enfrenta una contradicción estructural insostenible: mientras las mujeres representan el motor indispensable de los sistemas alimentarios del planeta, continúan atrapadas en una red de desigualdad económica, exclusión tecnológica y precarización laboral.

    Esta es la principal conclusión de “La situación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios”, el último y más profundo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el cual evalúa de manera integral desde la producción primaria en el campo hasta el procesamiento, la distribución y el consumo minorista.

    El informe arroja una cifra monumental que saca la discusión de la perspectiva puramente moral para llevarla al centro de la macroeconomía: si se eliminaran las brechas de género en la productividad laboral y en los salarios agrícolas, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial aumentaría en un billón de dólares (1 trillion en la medición anglosajona). Esta inyección económica global vendría acompañada de un impacto humanitario sin precedentes: reduciría los niveles de inseguridad alimentaria global para sacar de la hambruna a 45 millones de personas. Una Argentina entera.

    El informe expone que las mujeres se enfrentan a un “techo de cristal de la tierra”: la proporción de mujeres entre los propietarios de tierras sigue siendo críticamente baja a nivel mundial. En América Latina, por ejemplo, las unidades productivas lideradas por mujeres suelen concentrar las superficies más pequeñas y los suelos de menor calidad.

    Campo Mujer

    Crecimiento del rol femenino en la gerencia agro.

    El informe de la ONU concluye con una advertencia contundente a los gobiernos del mundo: las políticas agrícolas tradicionales han fallado porque asumen que los productores son un bloque homogéneo. Aunque muchos países reconocen el rol de la mujer en sus agendas nacionales, la asignación presupuestaria y la aplicación de inversiones específicas siguen siendo deficientes. La FAO exige pasar de una asistencia pasiva a intervenciones con un “enfoque de género transformador”. Esto implica diseñar programas de titulación de tierras comunitarias exclusivamente para mujeres, digitalizar el acceso a créditos bancarios rurales sin requerir avales masculinos y fomentar la asociatividad y la acción colectiva de las productoras.

    “Igualar las condiciones de juego en los campos del mundo no es solo una cuestión de justicia social”, concluyen los expertos de Naciones Unidas, “es la estrategia económica más inteligente y urgente para erradicar el hambre del planeta de una vez por todas”.

    Mujeres de la argentina profunda Un informe especial del INDEC, basado en los datos definitivos del Censo Nacional Agropecuario, que se publicó en octubre de 2022 “Mujeres agropecuarias argentinas. Dosier estadístico”, traza una radiografía inédita sobre el rol de las productoras rurales en el país. El 22% de ellas maneja minifundios de hasta 5 hectáreas, y solo el 4% cuenta con formación técnica específica en el sector.

    El campo argentino, históricamente asociado a una matriz de decisión masculina, transita un proceso de visibilización de sus liderazgos femeninos. Según el “Dosier de Mujeres Agropecuarias”: sobre un total de 210.664 Explotaciones Agropecuarias (EAP) gestionadas por personas humanas en el país, 43.108 están lideradas por mujeres. Esto significa que 1 de cada 5 establecimientos productivos (el 20,5%) está bajo la conducción de una productora, abarcando una superficie total que supera los 13,4 millones de hectáreas a nivel nacional.

    Sin embargo, detrás del dato general, la estadística oficial expone una marcada brecha de escala. El arraigo femenino en la toma de decisiones es inversamente proporcional al tamaño de la tierra: el 22% de las productoras rurales gestiona unidades pequeñas de hasta 5 hectáreas —vinculadas mayormente a la agricultura familiar o minifundista—, mientras que el porcentaje se desploma a un marginal 0,5% cuando se analizan los establecimientos de gran escala, superiores a las 10.000 hectáreas.

    Tabla Mujeres Campo

    El mapa del liderazgo: del minifundio norteño a la pampa húmeda. El informe revela que la distribución de las mujeres al frente de los establecimientos no es uniforme en el mapa nacional. Las tasas de participación femenina más altas se concentran en las regiones del Noroeste (NOA), Noreste (NEA) y la Patagonia. En estas zonas, la estructura agraria está fuertemente ligada a economías regionales de subsistencia y cría de ganado menor, como el caprino y el ovino (donde las mujeres conducen rodeos que suman más de 550.000 y 910.000 cabezas, respectivamente).

    Por el contrario, en el corazón de la región pampeana, donde predomina la producción extensiva de commodities como los cereales y las oleaginosas para exportación, el porcentaje de explotaciones a cargo de mujeres es comparativamente menor, reflejando una barrera de acceso más rígida en los sistemas de alta capitalización. Sin embargo, en términos de superficie total, los campos liderados por mujeres destinan más del 60% de sus tierras implantadas a la soja, el maíz y el trigo, seguidos por la producción de forrajeras para el ganado bovino, que representa su principal actividad pecuaria con 3,4 millones de cabezas bajo su gestión.

    Retrato de la productora: arraigo, veteranía y el desafío educativo

    El perfil sociodemográfico trazado por el INDEC muestra una población madura y profundamente ligada al territorio. El 83% de las productoras tiene 40 años o más (el 52% se ubica en el rango de 40 a 64 años y el 31% supera los 65), dejando en evidencia una escasa participación de la juventud en el relevamiento de titulares de explotaciones (solo el 16% es menor de 39 años).

    El arraigo es una de las notas más destacadas del informe: el 57% de ellas reside de forma permanente en el propio campo que trabaja, y el 72% combina las tareas de gestión y administración con el trabajo físico y operativo diario en la tierra. En cuanto al régimen de tenencia, predomina la estabilidad: el 79% es propietaria directa de la tierra, mientras que el 8% trabaja bajo arrendamiento y un 6% gestiona en el marco de sucesiones indivisas.

    El principal llamado de atención para el diseño de políticas públicas sectoriales se encuentra en el plano formativo. Aunque el 20% del universo educativo de estas mujeres alcanzó estudios superiores (11% terciario y 9% universitario), apenas el 4% de las productoras totales recibió una educación con orientación agropecuaria específica. La gran mayoría adquirió sus conocimientos mediante la práctica empírica y la transmisión intergeneracional, lo que marca un desafío clave en materia de asistencia técnica y transferencia tecnológica.

    Impulsoras de la transición sustentable Uno de los hallazgos más significativos del dosier es la fuerte vinculación de las mujeres con los nuevos paradigmas productivos sustentables. A nivel nacional, las explotaciones conducidas por mujeres tienen un protagonismo marcadamente superior en los modelos alternativos en comparación con la media del sector tradicional:

    * Gestionan el 19% de los campos dedicados a la agricultura orgánica en el país.

    * Tienen a su cargo el 18% de las explotaciones con prácticas agroecológicas.

    * Lideran el 15% de los establecimientos orientados a la agricultura biodinámica.

    Estos indicadores sugieren que la conducción femenina en el ámbito rural está jugando un rol estratégico en la diversificación productiva, el cuidado ambiental y el desarrollo de alimentos con valor agregado, transformando silenciosamente el entramado social y económico del interior argentino. Un tema no menor para un país agrario y que precisa debatir su proyecto agrario nacional.