En jerga futbolera, a propósito del Mundial de fútbol que se desarrolla en Norteamérica, serán pocas las quinielas de analistas que tendrían el nombre de Dinorah Figuera como la figura que haría el movimiento más sorpresivo en la política venezolana, en especial a menos de 30 días de un cónclave en Panamá que culminó con un acuerdo para avanzar hacia la ruta democrática.
La presencia de Figuera sorprende, no solo por lo rápido e inesperado de su regreso, sino también por las reuniones que en menos de 24 horas logró sostener (con John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos, y Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento) y por el resurgimiento de una figura que muchos ya daban por olvidada: la Asamblea Nacional de 2015.