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Wednesday, June 17, 2026
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    Las barajitas del Mundial: una fiebre de papel que perdura en un mundo de información digital

    Es ponerle el micrófono de El Nacional y Eduardo —que reserva su apellido— exclama que acaba de completar el álbum Panini del Mundial. Es sábado 6 de junio cerca del kiosco principal de Santa Rosa de Lima y celebra alzando la última barajita que le faltaba: la del inglés Phil Foden.

    En realidad, Foden no fue convocado entre los 26 de Inglaterra para jugar en Norteamérica 2026: hay selecciones como Ghana que tienen hasta 8 de 18 rostros de Panini que tampoco estarán en el Mundial, según estadísticas que recopiló el periodista deportivo colombiano Samuel Vargas.

    A veces parece que no hay mucha relación entre el torneo que se inauguró el jueves 11 —el de verdad— y el álbum, aunque este último puede verse como una manera de incluir a todos en la fiesta. Es uno de los subproductos de una calentura que, durante un mes, hace que casi todo otro tema se vuelva insignificante incluso en un país que no va al Mundial.

    La pasión por las barajitas del Mundial no tiene sexo ni edad en espacios como la plaza Los Palos Grandes | Foto Ezequiel CaríasEn niños puede entenderse más, pero… ¿qué motiva a hombres, mujeres y adultos mayores, ya hechos y derechos, a agolparse en algunos de los principales espacios públicos de Caracas a intercambiar calcomanías con caritas viriles y símbolos nacionales, en una época en que casi toda la información que se procesa es digital y el papel casi se vuelve estorbo en muchas casas?

    “Soy fanática del fútbol y jugué fútbol muchos años. Este es el último Mundial en que estarán (Lionel) Messi, Cristiano Ronaldo y (Luka) Modric y ese recuerdo quiero tenerlo”, contesta Andreína Castro, que se llegó desde Lomas del Ávila hasta la Plaza Los Palos Grandes, el principal “mercado persa” de barajitas en la capital (puede reunir 800 o más personas cambiando barajitas en horas de la noche, según un policía de Chacao).

    Coleccionistas agotando la pasión de las barajitas (una subdivisión de la fiebre de cada cuatro años) en la plaza Los Palos Grandes, Santa Rosa de Lima y la plaza Alfredo Sadel en Caracas | Foto Ezequiel Carías”Tengo guardados todos los álbumes desde Suráfrica 2010, los colecciono. Cuando tenga hijos, se los voy a mostrar para que sepan en qué andaba su papá”, contesta Eduardo, el de la barajita de Foden.

    Ir calentando la fiebre del Mundial antes de que suene el pitazo inicial. La inigualable sensación de destapar un sobre que, como un juego de azar, nunca sabes qué va a deparar: te puede salir de primero Lionel Messi, y de segundo, un tal Matthew Garbett, mediocampista de Nueva Zelanda del que probablemente jamás hablaremos en el resto de nuestras vidas (un caso real). Socializar entre desconocidos que comparten unos códigos y quién sabe si hacer un amigo. La satisfacción —casi una experiencia religiosa— de llenar el álbum. Preservar una tradición que viene de la familia.

    Son algunas de las razones que expresan venezolanos que, tarde tras tarde, traspasan en un imaginario mercado de fichajes a jugadores de 48 selecciones entre las que, por un Mundial más, no está la Vinotinto.

    A diferencia de otros Mundiales, ahora estos coleccionistas cuentan hasta con una aplicación que les dice de manera instantánea las calcomanías que tiene tu “partner” y no tienes tú, y viceversa.

    Cuando hay más de 980 barajitas en salsa, una aplicación facilita ahora el clásico “muéstrame las tuyas y te muestro las mías” | Foto Ezequiel CaríasIncluso hay un “mercado negro” que es tema tabú, o del que se habla poco de manera abierta. En Los Palos Grandes, en voz baja, se escuchan ofertas a partir de dos barajitas muy cotizadas a cambio de un dólar (por abajo). Y, según algunos coleccionistas, el precio extraoficial por barajita puede llegar a $50 a medida que avanza el Mundial. Además, la empresa oficial del álbum ha denunciado falsificaciones.

    Es un vicio costoso, en un país en el que oficialmente se paga un salario mínimo de menos de un cuarto de dólar. Generalmente para personas de clase media, o lo que queda de ella en Venezuela. El Panini de 2026 trae páginas en blanco para 980 barajitas (un incremento de 53% con respecto a Qatar 2022) y los sobres, con siete caritas masculinas o símbolos de selecciones cada uno, cuestan $2,2: es decir, una inversión mínima de alrededor de $300 si se cumpliera la probabilidad —prácticamente imposible— de no repetir ninguna barajita.

    De allí la trascendencia financiera de los intercambios, junto a las ganas de vivir de manera colectiva algo que solo ocurre cada cuatro años y afecta hasta a los más indiferentes. Es también una manera de rebajar los costos. De todos los modos, la mayoría de los coleccionistas calcula la inversión mínima en $500, incluyendo el álbum que tiene opciones de tapa blanda ($7) y dura ($25).

    “No me hago rico pero me divierte y hablo con la gente”: un señor apodado Juan Barajita, persona típica de Santa Rosa de Lima, comercializa las caritas de futbolistas famosos que colecciona desde Francia 1998: en sus carpetas, Messi y Cristiano aparecen desde su versión más imberbe hasta la de los cuarentones que son hoy. “Tengo cualquier cantidad de maleteros llenos de barajitas en mi casa. Para todos nosotros, será una gran emoción cuando tengamos a la Vinotinto en un álbum del Mundial. Confío en que ocurrirá en 2030”, suspira quien también extraña la participación de Italia, ausente desde Brasil 2014.

    Las edades de Cristiano: el inminente retiro de algunos de los mejores futbolistas de la historia incentiva la fiebre del álbum en 2026 | Foto Ezequiel CaríasEl próximo Mundial, por cierto, abre una era de incertidumbres: en 2031 terminará la era del matrimonio FIFA-Panini. Una nueva firma, Fanatics, se supone, se encargará de los álbumes cuando llegue la cita de Arabia Saudita en 2034. ¿Otra razón para juntar futuras reliquias?

    “Mi objetivo es completar Portugal primero y ya después vendrán los otros equipos”: Ernesto Da Rocha, acompañado de su amigo Augusto Salazar —dos venezolanos de raíces portuguesas— no es muy aficionado a comprar cajas completas de sobres. “Cada quien con su gusto, pero yo prefiero ir poco a poco. Para mí parte de la diversión es abrir el sobrecito y ver qué trae adentro, así sea una vez cada cuatro días”.

    “No estoy de acuerdo (con los que hacen un mercado negro vendiendo barajitas individuales)”, lamenta Gabriel Carrero en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes. “Hay códigos en el intercambio de barajitas, no me parece ético. Hay que aguantar un poquito la fiebre”, aconseja y reconoce que su presupuesto para el Panini es “ajustado”: “Pero para eso son los cambios”.

    Aunque algunos “barajiteros” creen que todo es un mito y que ninguna calcomanía es más difícil de conseguir que otra, otros coleccionistas sospechan que las caritas de jugadores famosos se vuelven las más cotizadas e inaccesibles: Cristiano, Messi, Kylian Mbappé, Neymar —duda hasta última hora en la convocatoria de Brasil— e incluso la del neocelandés que se volvió un fenómeno en redes prácticamente por capricho de un influencer: Tim Payne.

    ¿Los más cotizados o todo es un mito? | Foto Ezequiel CaríasTambién se especula que algunas selecciones son más complicadas de llenar que otras: emergen teorías, por ejemplo, sobre Argentina, México o Ghana.

    “En el fondo, en el fondo, lo que te llevas de cada álbum del Mundial son los momentos que vives aquí con la gente. Cuando abres el sobre y te salen los futbolistas más famosos. Las barajitas son una renta, sí, pero mi familia y mis amigas me ayudan”, le brillan los ojos a Andreína, la exfutbolista, mientras se esconde el sol la tarde en Los Palos Grandes.

    Como tantas otras cosas del fútbol —empezando con los adultos en shorts detrás de un balón—, aquel gentío intercambiado rostros tiene mucho de absurdo, pero cobra sentido cuando una persona se sumerge entre tanta pasión y consigue una excusa para romper el hielo: mira, tengo la que te falta.