La final de la Superliga Profesional de Baloncesto reanuda la acción este lunes, con Marinos de Anzoátegui buscando un triunfo que los acerque a sellar en casa su título número 12. Los dirigidos por Néstor Salazar vencieron en los dos primeros partidos de la fase decisiva, que se disputaron en el Guaiqueríes Arena, y ahora tienen un escenario favorable.
Una cesta de Malik Dimé en el último segundo del Juego 2, el viernes, le dio a Marinos el segundo triunfo en la final con pizarra de 71-70. Pero la victoria fue sufrida, porque Margarita logró reparar una desventaja que llegó a ser de 20 puntos y se fue arriba en los últimos parciales.
“Guaiqueríes jugó mucho mejor hacia la final y nosotros estábamos muy relajados”, dijo Dimé a ByM Sports. “Pero agradezco a mis compañeros, que lucharon”.
La Caldera del Diablo volverá a albergar una final 9 años después desde su última vez y lo hará con el tercer juego de la serie de sus Marinos frente a Guaiqueríes.
Presentado por: @BymSport
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— SPB 🇻🇪 (@spbvenoficial) 15 de junio de 2026 Para Guaiqueríes es clave conseguir la victoria esta noche en un Gimnasio Luis Ramos que suele ser hostil para los visitantes. Un triunfo le daría un respiro al técnico Fernando Duró, aunque la situación seguiría siendo comprometida para los insulares. Margarita ya sabe de remontadas, porque perdía 0-2 con Cocodrilos en las semifinales y terminó avanzando en siete juegos.
duelo de estrategiasTanto Néstor Salazar como Fernando Duró saben lo que es ganar en el baloncesto venezolano. De hecho, ambos buscan en esta final coronarse con un tercer equipo. Salazar ha ganado seis campeonatos con Cocodrilos y Trotamundos, mientras que el argentino tiene dos: con Guaros y Marinos.
Para el estratega del quinteto de Anzoátegui una corona significaría, además, superar a Pedro Camagüey Espinoza como el técnico con más finales ganadas en la historia del baloncesto local.
Esta es la segunda final entre Guaiqueríes y Marinos y la única otra ocasión en la que lucharon por el título fue en 1991. El Luis Ramos vuelve a albergar una batalla por el campeonato después de casi una década de espera.