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Saturday, June 13, 2026
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    La IA llegó para expandir la creatividad en las artes venezolanas.

    Cada vez que la humanidad inventa una nueva tecnología, el arte responde y se expande a pesar del pánico que genera lo desconocido. Sucedió cuando la fotografía irrumpió como una amenaza contra la pintura o cuando el cine prometió la muerte del teatro. Hoy, el recelo se viraliza en las redes sociales bajo el nombre de inteligencia artificial (IA), una tecnología que no debería considerarse un dios capaz de crear artistas de la nada. No, la IA llegó para expandir las fronteras del arte que, a lo largo de la historia, ha aprovechado los avances tecnológicos para transformarse.

    “Si un tonto copia exactamente una fotografía, le sale una tontería. Si Dalí copia fielmente una fotografía, le sale un Dalí. La personalidad es absolutamente imposible de evitar”. Esta reflexión, dada por Salvador Dalí en una entrevista en 1977, cobra más fuerza que nunca frente a quienes temen que la IA reemplace a los artistas. O aquellos que critican esta tecnología por “automatizar” la imaginación con un inmediato (instrucción o texto que se escribe a la IA para que realice una tarea). La máquina, lejos de ser un enemigo de la creatividad, se ha convertido en una extensión de los creadores.

    La inteligencia artificial se convierte en un doble, un compañero, un asistente de trabajo o un cómplice de la creatividad. Ese, a juicio del curador e investigador Humberto Valdivieso, sería su papel en el arte. “Cuando hablamos de arte, hablamos de arte serio y esto no tiene nada que ver con la gente que utiliza la IA para que le haga todo o para copiarse. Antes existía el plagio y sigue existiendo. Aquí lo interesante es en qué se convierte la robótica y la inteligencia artificial como extensión del ser humano y como cómplice”, explica.

    Cada vez son más los que, poco a poco, incorporan el uso de la IA en sus creaciones artísticas. Incluso el reconocido cineasta Martin Scorsese la ha utilizado para la creación de guiones gráficos. En Venezuela, la lista de artistas que la implementan aumenta cada día: la fotógrafa Mafe Izaguirre, Thomas Noya, Ana Mirabal Mujica, Miguel Noya, Luis Negrón, Nelson Garrido o Sebastián Llovera son algunos de los que la emplean.

    Reinterpretación de los Diablos de Yare hecha por Sebastián Llovera | archivoPor ejemplo, en su trabajo Buscando el futurismo venezolanoLlovera explora los límites entre el ritual, la memoria construida por la IA y la cultura venezolana. En su creación, reinterpreta los diablos de Yare y los giros de San Benito con inteligencia artificial mostrando como resultado una versión robotizada de los icónicos diablos tradicionales. Su trabajo desdibuja la línea entre la tradición y la percepción que la máquina puede tener de ella. En lugar de documentar, busca reconfigurar.

    Los fotógrafos venezolanos. Ricardo Arispe y Aarón Sosa También figuran en el grupo que, en vez de temerle a las nuevas tecnologías, se siente atraído por la idea de crear con ellas. En el caso de Arispe no podía ser de otra manera: es analista de sistemas egresado en el año 2000 de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA).

    Parte de la obra creada por Ricardo Arispe con IA | cortesia”Mi interés con la inteligencia artificial no es meramente estético. A mí me interesa más entender cómo nos percibe la máquina, qué hace o qué piensa. Tengo un libro que se llama Migraciónque está hecho en coautoría con la inteligencia artificial, por ejemplo. Esto también te ayuda a entender dónde están los límites ya demostrar que no estamos preparados para eso. Mi trabajo, más allá de mostrar una imagen, es también demostrar dónde están los bordes, dónde está la tecnología, hacia dónde va, de dónde venimos”, comenta el artista visual.

    A Aaron Sosa, artista visual y docente radicado en Montevideo desde hace 16 años, siempre le ha gustado incursionar en las nuevas tecnologías. Con el boom de la IA, decidió indagar un poco y, de inmediato, le pareció una herramienta interesante a pesar de que algunos, desde la ignorancia, la “satanizaban”, tal como pasó con el Photoshop en un inicio. Ahora todo el mundo lo usa.

    El descenso Aarón Sosa | cortesia​“Me animé mucho a usarla, me gustó, me pareció que podía usarla para ciertas cosas que no podía decir con la cámara Y pensé en decirlo con IA. El problema no es la inteligencia artificial, el problema es la gente que la usa. Tampoco existe un inmediato ni una herramienta mágica que te haga o que te ayude a crear una obra”, sentencia.

    La máquina y el hombre.Las tecnologías no hacen al artista, pero el artista sí puede ampliar su creatividad con los nuevos avances que surgen. Una vez que la IA estuvo al alcance, en las redes sociales comenzaron a viralizarse las sesiones de fotos generadas de manera artificial o imágenes con el reconocido estilo gráfico del Studio Ghibli. Su popularidad encendió el debate y la indignación por partes iguales: ¿la IA llegó para reemplazar a los fotógrafos, diseñadores y dibujantes?

    A juicio de Valdivieso, el problema ético que se planteó corresponde a un tema humano y no tecnológico porque quien comete la falta es el hombre, no la máquina. “No es que la máquina esté ahora abriendo un espacio no ético o antiético. Antes ya existía el plagio. Y el arte es tan extraordinario que finalmente logra convertir incluso el plagio en una forma estética”, comenta.

    Autorretrato intervenido con IA de Ricardo Arispe | cortesiaLas máquinas están para trabajar como una extensión del ser humano, insiste. Por ejemplo, la artista china. Sougwen Chung trabaja con robots y con inteligencia artificial que pintan con ella al utilizar un dispositivo que es capaz de leer sus pensamientos y sus emociones. “Son extensiones de ella misma ya la vez son compañeros de trabajo”, explica el curador.

    Tampoco se trata de un tema de modas o tendencias. Por lo menos en el caso de Arispe es así: su interés siempre ha estado enfocado en estudiar qué ocurre cuando los sistemas artificiales comienzan a interpretar, reconstruir o proyectar el mundo. “Crear es mucho más que el oficio. La obra no es solamente el objeto final, es todo lo que existe detrás de ella. La creatividad humana no desaparece porque aparece una nueva herramienta. Lo que cambia es la relación que tenemos con los procesos de creación”, confiesa.

    Toro, de Ricardo Arispe, presentado en el CCAM | cortesiaPara él, al final lo que vale es la idea detrás del uso de la IA porque ella, por sí misma, no va a crear una obra de arte. “La tecnología solamente está ejecutando lo que tú le estás dando. Decir que cuando usas inteligencia artificial te desmerita sería el equivalente a decir que la Ciudad Universitaria no es de Carlos Raúl Villanueva, sino de los obreros que pegaron los ladrillos”, ejemplifica.

    Con él concuerda Aaron Sosa, para quien el arte es un proceso que puede suceder sin la IA. Crear, a su juicio, es un largo camino de ensayo, trabajo y mucha dedicación. No se trata solo de pedirle la imagen a un sistema que es capaz de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana. Se trata de, una vez se tiene la imagen, alimentarla con ediciones propias. En su caso, utilice referencias de cuadros clásicos que después vuelve a intervenir para darles la textura que le gusta. Es todo un proceso.

    Sueño Bolivariano de Aarón Sosa | cortesia​“Yo he hecho dos trabajos con inteligencia artificial: uno fue más experimental, llamado El hombre nuevo. Lo usé en una aplicación que daba muchos errores y, precisamente, esos errores eran los que me interesaban. Luego nació en 2024, Analogías sintográficas. Son imágenes que están en mi cabeza pero que no puedo decir con la cámara por el simple hecho de que no estoy en Venezuela. Es una forma de poder sacar de mi cabeza y poder visualizar eso que tengo allí”, cuenta.

    En una de sus piezas, Sosa ofrece una reinterpretación de La torre de Babel en la que se adueña del mito clásico y las representaciones pictóricas históricas (como la famosa obra de Pieter Brueghel el Viejo) para anclarlas en una vibrante realidad contemporánea venezolana. En lugar de la estructura cónica tradicional de la pintura renacentista, la torre de Sosa se erige mediante la superposición orgánica y caótica de viviendas autoconstruidas. En otra de sus sintografías (término que utiliza para referirse a las imágenes creadas con IA), Sosa ofrece su propia versión de la obra.

    La torre de Babel de Aarón Sosa | cortesiaEntonces, el uso de la IA en las artes tiene que ver más con la disposición humana a convivir éticamente y de forma creativa con la tecnología. Cualquier otro problema que surja, como el plagio o las apropiaciones deshonestas o la minimización del arte y de las ideas detrás de las grandes obras, corresponden al ámbito humano y solo los humanos pueden resolverlos.

    Valdivieso añade: “Hay una pregunta que utilizan los filósofos Deleuze y Guattari en el libro mil mesetas cuando habla del artista como un artesano cósmico. Ellos se preguntan si habitamos como asesinos o habitamos como poetas. Son dos formas de habitar el mundo. ¿Para qué utilizamos la tecnología? Ahí es donde está el verdadero dilema de todo esto”.

    La muestra Histeria de Ricardo Arispe está a medio camino entre concierto expandido, instalación y simulación perceptiva | cortesiaMiedo al Frankenstein Cada vez que irrumpe una tecnología, la respuesta natural es que haya miedo a que suplante lo que ya existe pero, al final, todo termina conviviendo. En la cultura, explica Valdivieso, el arquetipo del frankenstein siempre está muy presente. “La gente tiene esos arquetipos en su imaginario. Piensa que cuando nace una tecnología, esta se irá en contra del ser humano y lo va a destruir. Eso no ocurre. La tecnología la incorporamos, se transforman los modos de trabajar y termina siendo nuestra aliada para mejorar”, comenta.

    Negarse a la tecnología, añade Arispe, es negarse al progreso. La historia está plagada de ejemplos en los que las grandes invenciones fueron temidas al inicio: el internet, la televisión, la imprenta, el Photoshop o la fotografía. “La gente siempre le tema a lo desconocido y siempre va a tratar de minimizar lo que le cambia el status quo. La tecnología llega y, si te paras enfrente de mal puesto, te aplasta. Las profesiones mutan, las habilidades cambian, porque la tecnología no está hecha para suplantar personas. La tecnología está hecha para que tú hagas más con los mismos recursos”, asevera.

    Parte de la última muestra, llamada Botanik, de Ricardo Arispe en el CCAM | cortesiaHoy en día un artista no se define solo por pintar, usar una cámara o escribir. El artista, a su parecer, investiga, crea, piensa de una manera diferente y madura una coherencia o un hilo conceptual en su trabajo. “Tú sencillamente no eres artista porque le das clic a una cámara. Eso es engañarte a ti mismo. Hay un tema de criterio también”, comenta.

    Arispe propone en BotaniK una investigación visual y sensorial donde el paisaje natural se deconstruye a través de lo digital. En sus creaciones, lo natural interactúa con estímulos luminosos, errores de pantalla e interferencias sincronizadas. En lugar de usar la tecnología de forma puramente estética, la fuerza gráfica de sus series radica en evidenciar las “costuras” del algoritmo: el error digital, el fallael enjambre y la distorsión de la figura humana.

    Par te de la última muestra, llamada Botanik, de Ricardo Arispe CortesíaHace dos años, los miembros del gremio artístico fueron los primeros en mostrar sus reservas con el uso de la IA en las artes. A Aaron Sosa algunos colegas le decían que las imágenes que él generaba con esa tecnología no eran fotografía. Él se mostró de acuerdo: no se debe llamar así porque es otro proceso, es una imagen diferente. “En el arte contemporáneo todavía hay mucho recelo aunque ha pasado bastante rápido; en cuestión de 2 años he visto aperturas increíbles en torno a la inteligencia artificial. Cada vez está más aceptado y normalizado”, opina.

    Ahora le resulta curioso que esos mismos colegas, hoy en día valoren su trabajo. “Me contactan para hacer cosas con IA que ellos no saben cómo hacer. Son más las críticas positivas que las negativas”, revela. Incluso la fundación El Archivo decidió incluir su trabajo, Analogías sintográficas, en sus registros. Eso demuestra que, poco a poco, ya se está aceptando e institucionalizando esta nueva herramienta en las artes.

    La hora que nos cayó el mundo de Aaron Sosa | cortesiaEso sí: siendo transparente con el proceso de creación detrás de la obra. “Hay salones de artes visuales acá en Uruguay que ya tienen la categoría de la inteligencia artificial. Le piden al artista que coloque allí qué plataforma nosotros y también qué software pudo haber usado para el retoque, para manipular la imagen una vez creada con la inteligencia artificial. Eso me parece buenísimo porque ahí es donde está la transparencia. Para que se sepa con qué se hizo”, señala.

    Una de sus obras favoritas utiliza la imagen del Purgatorio que en la tradición pictórica se representa como un lugar de tránsito, purificación, espera y sufrimiento. Sosa reinterpreta este espacio como la experiencia cotidiana con personajes atrapados en un limbo social entre las dificultades del día a día, la búsqueda de supervivencia y el anhelo de una vida mejor. Fiel a las influencias de maestros como El Bosco o Brueghel, Sosa satura el espacio con una narrativa fragmentada llena de simbolismo.

    El purgatorio de Aarón Sosa | cortesiaLa IA es un aliado poderoso no solo en los procesos creativos, sino también en la investigacion porque permite llegar a archivos, lecturas e incluso artistas que antes estaban muy lejanos. Para Valdivieso la inteligencia artificial como aliada para una investigación resulta interesante porque permite tener un diálogo para confrontar sus propias ideas. “Para un curador es perfecto, porque se convierte en algo con lo cual revisa lo que estás pensando. Sirve para investigar y confrontarte con tu propio proceso de trabajo”, explica.

    ​Sin embargo, la inteligencia artificial por sí misma no realiza la curaduríaporque eso implica un proceso de selección basado en el gusto, la sensibilidad y la empatía con la obra del artista. El proceso está marcado por las preguntas que el curador se hace sobre el mundo, y la máquina no tiene esa capacidad.

    Histeria, de Ricardo Arispe, propone una inmersión en un territorio donde imagen, sonido, lenguaje y sistemas artificiales comienzan progresivamente a contaminarse entre sí | cortesia​El futuro de la IA en las artesA futuro, la relación entre las artes visuales y la IA solo se hará más evidente porque, desde su llegada, esta tecnología revolucionó la forma de crear. Siempre se debe tener presente el papel que desarrolla como asistente eficiente que ayuda a materializar la idea de los creadores. Arispe considera: “Al final es un cambio que llegó para quedarse, y va a permear. No solo la inteligencia artificial, van a venir cosas posteriores que también van a formar parte del arte. Al final, el arte siempre está casado con la innovación”

    El artista visual considera que en la actualidad el ser humano está entrando en un momento particularmente incómodo, porque la ia está obligando a entender que la creación contemporánea ya no siempre ocurre de manera individual ni lineal.

    Pueblo a la deriva de Aarón Sosa | cortesiaSin embargo, aunque Sosa se muestra de acuerdo con eso, insiste en que el aporte que hace el artista es lo que resalta en las creaciones con ia. “Si no eres capaz de conceptualizar, de construir una narrativa, una visión clara de lo que quieres hacer, por más que la IA tenga la capacidad incalculable, no podrá dar el mensaje, ni representar tus intenciones”, sentencia.

    Para Valdivieso no hay dudas: la IA será una expansión tan grande como fue como la creación de la imprenta. Su llegada y su uso supondrán un cambio radical de expansión de la manera en cómo se crea y comunica. “El arte mismo como proceso, como ocurre en la historia, irá decantando lo que no sirve y nos dejará lo que sí. Apenas está comenzando. Todavía vamos a sorprendernos”, augura.

    A su juicio, todo se reduce a la decisión fundamental de cómo se decide habitar este momento de la historia. “Si nos aproximamos a la tecnología desde el prejuicio, el miedo y el tabú, nos estamos perdiendo de una dimensión creativa fascinante. En cambio, si la asumimos con rigurosidad, con honestidad y con una mirada poética, la inteligencia artificial se convierte en un espejo de nuestra propia mente y en una extensión de nuestras capacidades para seguir haciendo arte en el siglo XXI”.