Hay una casa que huele a guardada. Sus paredes están llenas de cuadros vacíos y destaca el colorido diseño de una pintura de una gata negra. En un mueble hay figuras de porcelana. Los sofás son de mimbre y el piso de madera. Hay un bol de vidrio para guardar las llaves y una mesita de centro con una fotografía de antaño cuando todos los miembros familiares estaban juntos. Es la casa del señor Pedro (interpretado por Luis Carlos Boffill), quien está postrado en una silla de ruedas después de sufrir un ACV. A pesar de sus circunstancias mantiene intacto su sentido del humor, su risa estridente y su voz profunda para cantar boleros.
Pedro le insiste a sus hijos, Dimas (Antonio Delli) y Josué (Ignacio Marchena), en que todavía puede mover los brazos y valerse por si mismo. Sus hijos insisten, por su parte, en no dejarlo solo y contratan a una enfermera llamada Celeste (Sandra Moncada) para que lo cuide. El señor Pedro pasa sus días al cuidado de unos y otros, mientras extraña, con nostalgia y pesar, a su hija Serena (Marla Flores), la única que emigró a Australia en busca de un mejor futuro.
Pedro insiste en que no es un inútil como sus hijos creen. Su terquedad se mezcla con su melancolía y su tristeza por la pérdida de su esposa Concepción. El luto lo llevó a intentar acabar con su vida y, aunque sobrevivió, parece que su castigo es estar ahora en una silla de ruedas. Su incapacidad ha llevado a la familia a una encrucijada: ¿qué es lo mejor? ¿Dejar que se queda en la casa bajo los continuos cuidados de sus hijos o internarlo en una casa de reposo?
Aunque antaño fue el patriarca de la familia que les enseñó a tomar decisiones, sin importar cuán difíciles fueran, ahora Pedro no tiene potestad. sobre su futuro y está resignado a aceptar lo que sus hijos deciden para él. Mientras, los tres hermanos discuten todos los días, sin descanso, los pros y los contras de llevar a su padre a un sitio llamado El último camino. ¿Es realmente lo mejor ingresar a un ser querido de la tercera edad en una casa de reposo?
La pintura de la gata en casa de Pedro | Foto Ezequiel Carías @ezevisualEn el fondo, Pedro solo quiere una cosa: Volver a la casa de la gata. Así se llamaba el prostíbulo en el que terminó de crecer cuando era adolescente. Al lugar llegó luego de que huyó de su pueblo, caminando, rumbo a Caracas. En esa casa conoció mujeres que terminaron de forjar su carácter, creció y se convirtió en un hombre de familia. Por eso, en su vejez, solo sueña con volver a donde fue tan feliz. Sus hijos, por su parte, solo quieren lo mejor para él aunque, como ocurre en muchas familias, no saben qué es lo mejor.
Escrita por Ramón Suárez Árabe y dirigido por Jayler Romero, Volver a la casa de la gata Actualmente tiene su segunda temporada en el Trasnocho Cultural, tras un estreno exitoso en la Sala La Viga del Centro Cultural Chacao. La pieza tendrá su último fin de semana este 12, 13 y 14 de junio: los viernes y sábados a las 8:00 pm, y el domingo a las 7:00 pm
Dimas y Josué discuten sobre el futuro de su padre | Foto Ezequiel Carías @ezevisualUna historia familiarVolver a la casa de la gata fue el resultado del primer Diplomado de Dramaturgia Audiovisual dictado en el Centro Cultural Chacao el pasado mes de noviembre. En este programa académico, impartido por Javier Vidal, Xiomara Moreno y Martín Hahn, Suárez Árab escribió el personaje de Josué pensando en que Jayler Romero -actor, director y productor de teatro- lo interpretaría. Desde la primera vez que escuchó una lectura dramatizada de la obra, como parte del diplomado, Romero mostró interés en actuar y dirigir el proyecto. Lo que le cautivó del texto fue la historia familiar.
“Lo que más me llamó atención la fue la historia familiar y lo necesario que es que la gente conozca este texto porque nos modela a todos. Todos tenemos un familiar enfermo, un familiar que es necesario cuidar, una persona mayor, que necesita un médico… Ese tipo de conexiones me gusta y es lo que quiero contar como director”, confiesa Romero.
En la mesa del centro hay una foto familiar | Foto Ezequiel Carías @ezevisualEl texto ofrece una visión realista de un hogar. marcado por las decisiones difíciles, así como por las vicisitudes de la vida y la precaria economía venezolana, que afecta más a las personas de la tercera edad. Con una pensión de 0,30 centavos de dólar, Pedro no cuenta con los recursos para mantenerse solo: depende de sus hijos. Esa crudeza al retratar los matices de La vida en Venezuela cautivó a Romero. Quería asumir la dirección y la actuación pero, el destino tenía otros planos para él.
Tras algunas semanas ensayando como Josué y dirigiendo la obra, Romero sufrió una aparatosa caída que lo dejó, al igual que Pedro en la historia, inmovilizado. Tuvo que usar un yeso en su pierna izquierda hasta la rodilla tras romperse los ligamentos. Se deslizaba con muletas y, aunque se desplazaba con muletas, tuvo que sacar adelante el proyecto de esa forma.
Pedro quedó postrado en una silla de ruedas tras una ACV | Foto Ezequiel Carías @ezevisual”Yo principalmente soy actor, me formé en el Gimnasio de Actores y uno siempre quiere actuar. El actuar para el actor es alimentar el alma. Este texto estaba escrito y pensado para mí, tuve que dejarlo. Decisiones son decisiones, como bien lo dicen en la obra”, asegura. Al igual que Pedro en la pieza, Romero hizo frente a lo que le deparó el destino.
Como actor y director, Romero considera que es posible fortalecerse en los momentos de debilidad. Él no lo dudó: siguió adelante con o sin yeso. Llamó a Ignacio Marchena para que asumiera el papel de Josué, siguió dirigiendo y, desde afuera, como director, empezó a comprender algunos detalles que como actor no había podido notar. Hoy en día, después de todo el proceso -el duelo de dejar el personaje sin poder interpretarlo y verlo en escena con otro actor-, Romero se siente más fuerte.
La familia contrata a Celeste para que lo cuide | Foto Ezequiel Carías @ezevisual”Eso me fortaleció. Me alegra haber tomado esa decisión de buscar otro actor y quedarme yo solo en la dirección. Los lazos emocionales que hay en esta familia me motivaron a seguir. Yo soy una persona muy familiar, y leer este tipo de texto me movió muchísimo”, confiesa.
Serena vuelve de Australia para discutir el futuro de su padre | Foto Ezequiel Carías @ezevisualDecisiones y recuerdosSi Romero tuviera que describir de qué trata Volver a la casa de la gatadiría que la historia se centra en las decisiones y recuerdos familiares. Pedro le cuenta la historia de su juventud a Celeste en las tardes que pasan juntos, rememorando el pasado. Sus hijos, mientras intentan decidir qué es lo mejor, no pierden oportunidad de discutir sobre sus traumas de infancia, sus costumbres familiares, sus vidas actuales y su familia en general.
Ya de adultos, los tres hijos deben decidir que hacer con su padre y, a la vez, buscar la manera de que esa decisión no afecte la nueva familia que están formando como adultos. No es una decisión sencilla. Hay muchas emociones de por medio: reproches, defectos e incluso el terco orgullo que los caracteriza. Alguien, al final, tendrá que ceder para llegar a un consenso en una historia llena de detalles y una puesta en escena que resulta cotidiana.
Pedro trata de mantener el buen humor a pesar de su situación| Foto Ezequiel Carías @ezevisual”La puesta en escena se me fue dando mientras ensayábamos. Tenía ciertas cosas conceptualizadas, pero mis procesos creativos se van dando. No soy tan cuadrado, yo voy viendo qué me aporta el actor, les doy libertad creativa. Eso sí, quería enfocarme mucho en lo actoral porque mi base es actoral. Entonces quería llevar la dirección de actores más la apuesta”, comenta Romero.
El resultado ha sido una propuesta bastante comentada en las redes sociales que incluso agotó sus seis funciones en su primera temporada en la Sala La Viga. Para Romero esa fue una experiencia maravillosa. “Hubo gente cuyas reacciones eran muy espontáneas y como La Viga es más pequeña, era una cuestión de que parecía público viendo una telenovela: reaccionaban, lloraban, reía”, cuenta.
Los hijos también quieren hacer su propia vida | Foto Ezequiel Carías @ezevisualEl público, en el Trasnocho Cultural, también disfrutó de Volver a la casa de la gata y, en más de una oportunidad, comentaba las discusiones de los tres hijos de pedro. “Ese tipo de cosas me motivan. Yo estaba en el público, era parte del público y sentía las reacciones. Yo decía: ‘lo estamos haciendo bien’. Eso nos motivó a seguir haciendo”, añade.
Para el director, la clave detrás del éxito de la pieza está en la simbiosis lograda entre el equipo de dirección, el de producción y el elenco. “Cuando los ambientes de trabajo se crean positivamente y desde el amor, eso lo recibe el público; además, es una obra que habla sobre el amor y sobre la familia. Entonces tenemos unos componentes ahí que van a hacer que el público esté atraído”, explica.
Jayler Romero junto a Antonio Delli | Foto Ezequiel Carías @ezevisualYa se está negociando una tercera temporada de Volver a la casa de la gata. Está contemplado que la pieza regrese a la Sala La viga, donde se estrenó y también que vaya a otros teatros con los que todavía están negociando posibles fechas. Romero, por su parte, insiste en promover este tipo de historias que conmueven al público y, además, tienen firma venezolana.
“Esta obra es dramaturgia venezolana hecha por venezolanos y tenemos que apoyar todo lo nuestro principalmente. Eso es lo que lo que nos mueve y es el día a día. Todos se va a sentir completamente identificados con alguno de los personajes o con la historia como tal, y eso es lo que me interesa mostrar”.