La autopista Gran Mariscal de Ayacucho (GMA), una de las principales arterias viales que conecta a la Gran Caracas con el oriente de Venezuela, de nuevo atraviesa uno de sus momentos más críticos debido a la falta de iluminación. Transitar por esta vía se ha convertido en una auténtica regla rusa para los conductores, quienes deben sortear la oscuridad casi total cuando transitan de noche.
Aunque en 2022 el Ministerio de Energía Eléctrica afirmó haber recuperado el sistema de alumbrado con cientos de luminarias desde el Distribuidor Metropolitano hasta Guarenas, la realidad es que la falta de mantenimiento y atención en varios tramos ya da cuenta de otra historia. Tramos enteros carecen de alumbrado público, obligando a los conductores a manejar apoyados únicamente en los faros de sus propios vehículos.
Por otra parte, a esta crisis de infraestructura se le suma la falta de fiscalización del Instituto Nacional de Transporte Terrestre y los cuerpos de seguridad viales, lo que provoca que muchos conductores incumplan las normas mínimas de circulación.
Urge una intervención contundente. Las autoridades del Ministerio del Poder Popular para el Transporte no pueden limitarse a cierres parciales para asfaltado, sino que deben abordar de inmediato la iluminación del túnel y la seguridad integral antes de que la desidia cobre vidas.