“El anti-voto más grande en el Perú no es contra Keikoes contra Lima” me dice el periodista y analista político español Román Cendoya. Keiko niega que sea su estratega cada que se lo han preguntado, pero lo considera como un buen amigo cuyos consejos escucha con atención.
LEE TAMBIÉN: Ay mamá, las nuevas bancadas, una crónica de Fernando Vivas sobre el nuevo CongresoLa versión de Cendoya es igual a la de ella. “Lima ha cambiado políticamente desde Castillo pero el odio hacia Lima y todo lo que ella implica como centro del sistema, no ha cambiado”, remata Román anticipando que en la segunda vuelta, que en la práctica ya arrancó, Roberto Sanchez echará a la ‘China’ toda la pica antilimeña encima.
Los fujimoristas hacen sus propias encuestas. Gracias a estas, ya tenían previsto, desde hace varias semanas, que López Aliaga sería desplazado por otro candidato en la segunda vuelta, cosa que estamos verificando al 99% del conteo.
No sabía quién sería pero temían que ello pasara. No solo había pánico ante algún izquierdista colado en el duelo final, sino que sentían que les sería más fácil ganar a quien acumulaba, desde que promovió la censura a José Jerí, demasiados errores y enemigos gratuitos. Además, la historia marca una constante: desde 1912 cuando el ex alcalde de Lima, Guillermo Billinghurst, fue elegido presidente; ningún alcalde metropolitano ‘la ha hecho’. Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes, Ricardo Belmont, Alberto Andrade y Luis Castañeda, lo intentaron sin éxito. Valga el recuento histórico para confirmar que Rafael López Aliaga no la tenía consigo tras ser alcalde y las regiones la tienen contra Lima.
También conversé con el politólogo Rodrigo Barrenechea, quien acertó en su predicción de que, a pesar de haber crecido la identificación ciudadana con la derecha al punto que muchos creyeron en una segunda vuelta entre derechistas, el clivaje entre Lima y el resto del Perú iba a lanzar contra Keiko un candidato que encarnara el antilimeñismo. Por lo general, este se expresa en la izquierda. Le preguntó a Rodrigo si coincidía con la frase de Cendoya sobre el anti voto Delaware Lima. “Es correcto. Ahora bien, hay un clivaje social que es ese entre lo que yo llamo Lima y la periferia, o lo urbano y lo rural; pero además hay un clivaje político que se activa cuando entra a tallar el fujimorismo y el antifujimorismo. Y te voy a decir algo que sonará extraño: el fujimorismo incrementa la polarización política pero modera la polarización social”.
Rodrigo hace un pequeño silencio y, antes de que se lo pida, se explica: “El recuerdo de Alberto Fujimori está presente en la periferia del país. Keiko no es ‘la candidata limeña’, ese es López Aliaga. Keiko y Sánchez compite por votos rurales. López Aliaga quiere anular votos rurales. Imagínate si el enfrentamiento fuese entre Sánchez y López Aliaga en segunda vuelta. La polarización sería total”.
Keiko tiene votaciones destacables en varias regiones, sobre todo en la Costa Norte y el Oriente. En Cajamarca, a pesar de ser bastión castillista por excelencia, Fuerza Popular (FP) ha logrado colocar un diputado. Puno, eso sí, se muestra ‘cerrado’ a los ‘candidatos del sistema’ que respaldaron a Dina Boluarte y no marcaron distancia con la masacre del 9 de enero del 2023 en Juliaca. López Aliaga Tuvo que suspender una mitin que tenía previsto allí. Keikomás prudente, hizo una actividad cerrada para sus partidarios cerca a Ayaviri, capital de la provincia puneña de Melgar. Uno de sus retos es cómo poner en escena el encuentro con sus bases en regiones que le sean hostiles. Sus giras, inevitablemente, tendrán algunas fronteras territoriales. En los últimos días emprendió una gira por la Amazonía, terreno que le es más amable. Abrazar al Sur antifujimorista le ayudaría mucho; pero un huevazo o un desplante viralizado podría costarle demasiado. Dilemas de campaña a tientas, con diferencia probablemente ajustada, peleando lo que Barrenechea llama ‘los márgenes’.
LEE TAMBIÉN: César, lo que queda de APP, una crónica de Fernando Vivas sobre la derrota de Acuña en las eleccionesLa polaridad entre Lima y las regiones es ineludible y pesará en los resultados. La incitará Sánchez porque le conviene, “pero tampoco se puede ganar desconociendo a Lima, pues es muy grande y tiene mucho peso”, advierte Rodrigo. Le pregunto si, como en el 2016, Keiko podría dar señales hacia el centro para disminuir su antívoto. “No creo que esté en condiciones de intentar lo del 2016. No tendría credibilidad. En su posición, no tiene sentido convencer a la gente de que no eres lo que eres; lo que tiene sentido es mostrar cuáles son tus virtudes siendo lo que eres.
En su caso, está esa promesa de orden frente al desorden que pasamos estos años y que ya asoma en la campaña de Sánchez en las tensiones con Antauro [Humala]”. He ahí una clave de lo que se viene y que puede instalarse más allá de lo ideológico y del clivaje social: la rivalidad entre una candidata que, más allá de declamar el orden como promesa, buscará exhibirlo en su entorno y en sus gestos; frente a un candidato que tiene que manejar una alianza entre partidos, caudillismos e independientes de izquierda que se le pueden ir de las manos.
El orden no es el fin
Lo ideológico ha perdido peso emocional, pero sin duda alentará la polarización. “Keiko se equivocaría si trazaría una línea, como lo hace Fernando Rospigliosi, entre comunismo y anticomunismo. Esa no será la polarización principal”, me dice Barrenechea. Ciertamente, aliento ese discurso ideológico es del mismo calibre que promueve el clivaje fujimorismo/antifujimorismo. En esta campaña se pueden ensayar otras aproximaciones a las emociones de un electorado harto de inestabilidad y desorden.
Cendoya tampoco se entusiasma con la polaridad netamente ideológica. Confía en que la promesa de orden rinde mejor. “El orden es transversal y en la campaña se podrá ver desarrollado en salud, en educación, en seguridad”. Le comentario que los candidatos militares también prometían orden. “Prometían orden como fin, pero el orden es el medio, no es el fin. Necesitamos orden como el medio para lograr lo que queremos”. Le doy la razón recordando la campaña de José Williams invitándonos a cuadrarnos como si ansiáramos vivir en un cuartel. “A Adriana Tudela, pobre, la hicieron cuadrarse”, ríe Román. Detrás de esa risa hay historia naranja que contar. El creativo de los spots de Williams como comando ‘Chavín de Huántar’ fue Carlos Raffo, quien estuvo en las anteriores campañas de Keiko y se ligó al fujimorismo desde la célebre campaña albertista de ‘El Baile del Chino’ en el 2000. Esto nos lleva a hablar de alguien fundamental, que está y no está en la campaña, Alberto.
un favor de Keiko está – perdonen mi crudeza- la muerte de su padre en septiembre del 2024. Alberto Fujimori es ahora memoria y acervo de Fuerza Popular, un capital político que Keiko y su entorno dirigencial pueden administrar con cálculo. Ya no es una presencia impredecible, con ideas, cohorte y colaboradores ajenos a Keikoque se le iban de las manos como se le van los antauristas a Sánchez y como quizás se le irán los castillistas. Cendoya me mencionó tres acontecimientos en la vida de Keiko que la han hecho madurar y adquirir mejor dominio de sí misma. Coinciden exactamente con los tres acontecimientos que menciona Martín Tanaka, insospechable de keikismoen un post en X sobre lo que ve como ventajas de Keiko.
¿Cuáles son los tres hitos íntimos del quinquenio keikista según Cendoya y Tanaka? Son estos: la cárcelería que sufrió por el Caso Cocteles, su divorcio de Mark Vito Vilanella y la muerte de Alberto. Tres pérdidas que, en la dialéctica vital, le han hecho ganar aplomo. La suma de esos hitos merece un ‘storytelling’ personal que es algo que ‘humaniza’ a un candidato mucho más que la emoción o espontaneidad que le ponga a su discurso político. No me refiero al ‘storytelling’ indirecto, forzado, de ‘libreto’, que le oímos en el debate de primera vuelta, contando que habló con tal o cual ciudadano que le refirió un tema; sino al testimonio de vida, al ‘sé lo de que hablo porque he pasado por eso’ que suele conseguir más empatía que cualquier frase hecha.
El candidato presidencial de Perú por el partido Juntos por el Perú, Roberto Sánchez (i), llega para dar una conferencia de prensa en su oficina de campaña en Lima el 16 de abril de 2026. El 16 de abril, el aspirante presidencial de derecha de Perú, Rafael López Aliaga, ofreció una recompensa de 5.800 dólares a cualquier funcionario electoral que presentara pruebas de su afirmación de que las elecciones del 12 de abril fueron fraudulentas. (Foto de Ernesto BENAVIDES/AFP)
/ ERNESTO BENAVIDESPor supuesto, Roberto Sanchez podrá hacer lo mismo, hablando de su esposa e hijos pequeños, de sus padres, de su tierra huaralina a la que retorna regularmente; pero también tendrá que hablar de una presencia viva que le es difícil de administrar: Pedro Castillo, el dueño del sombrero que lo hizo llegar a la segunda vuelta, pero que pesa como si fuera de hierro.
Si Sánchez se presentara como es, conoceríamos al costeño que ha socializado como funcionario del gobierno regional de Chiclayo (base del Partido Humanista de su mentor Yehude Simon, que él heredó y fue rebautizado como Juntos Por el Perú) y en el Ejecutivo limeño cuando Simon fue PCM de Alan García; Todo muy lejos de Chota y de Barbadillo. Llegaríamos al congresista y ex ministro de Comercio Exterior y Turismo que adquirió en 5 años un estatus socioeconómico que lo aleja de la imagen que proyecta Pedro en su electorado.
Keiko Podrá compartir más de sí misma y no solo las incidencias de sus giras proselitistas, que graba y difunde en sus redes. A diferencia del 2021, ahora le da más importancia al Facebook, la red más popular en el Perú, desestimada por muchos entusiastas del Tiktok.
Fue en el 2021, precisamente, que Castillo reinó en el FB y en los grupos de Whastapp promocionados allí. La campaña keikista no quiere dejarles ese reino al neocastillismo. En FB y en cualquier otro red, eso sí, no ganas con puro equipo sino con participación espontánea (sino hay eso, no hay nada). El aprendizaje de Keiko no solo tendrá que ser de sus tres derrotas sino de los aciertos de sus tres vencedores. A menos que tenga vocación de tropezar con las mismas piedras.