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Wednesday, June 17, 2026
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    30 años de trauma: sobreviviente denuncia presunto abuso infantil de profesor de la UCV

    El asco no es una sensación que se disipe con los años. Es un sedimento que se queda pegado al paladar y no desaparece ni con el paso de 30 años. Para quien ha sufrido el abuso en el seno de la confianza familiar, la memoria no es un refugio, sino una “llama que no soporta un dedo que hurgue en ella”. Según el testimonio, el victimario no fue un extraño, sino el hombre que sus padres se sentaron en su mesa bajo la promesa de una amistad fraternal. Aquel hombre, que la llevaba a su primer McDonald’s como el “tío” entrañable, habría sido el arquitecto de un estado de alarma permanente que le robó la infancia.

    Hoy, la herida ha dejado de sangrar para convertirse en una denuncia frontal. Giovelisse Herrera ha decidido que el silencio ya no le pertenece. “Sufrir en silencio, lidiar con tus pesadillas en la oscuridad de tu propia soledad no es para nada fácil ni mucho menos agradable”afirma Herrera, al romper un pacto de impunidad que se extendió por más de tres décadas a través de un detallado escrito de denuncia.

    “El cuerpo no miente”: Herrera relata en su denuncia que el contacto físico con el profesor en 2018 reactivó las secuelas del presunto abuso. Foto referencial de Dmitriy Frantsev/ UnsplashEl escudo de la vulnerabilidadEl relato describe a un agresor que utilizaba el afecto como una soga y el llanto como escudo. Rómulo Antonio Orta Cabrera, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), habría vulnerado el cuerpo de la denunciante y aniquilado su voluntad mediante una manipulación psicológica. “Me causaste pesadillas, insomnio, ansiedad, vulneraste mi niñez, mi cuerpo”le reclama Herrera directamente en su texto.

    Esa dureza cínica para presentarse como la parte vulnerable obligaba a la niña a sentir que ella tenía un “poder inexplicable” sobre el adulto. “Me decías que estabas enamorado de mí, que te perdonara, incluso llorabas frente a mí”recuerda Herrera sobre aquellos momentos cuando, con apenas 12 años de edad, tuvo que lidiar con la crisis emocional de un hombre adulto.

    El refugio de los títulosRómulo Orta Cabrera es doctor en Ciencias Sociales, egresado de la Universidad Central de Venezuela en 1979, y profesor titular de la Escuela Luis Razetti desde 2008. Ejerció como representante profesoral ante el Consejo Universitario y ha sido una voz activa en el área de Salud Pública. Durante años, este prestigio académico habría servido de blindaje. Mientras él ascendía en el escalafón docente, su víctima lidiaba con el horror para poder sobrevivir.

    Para Herrera, la imagen pública de Orta es una construcción falsa que hoy decide demoler. En su denuncia, lo define con desprecio: “Eres un intento fallido de hombre, un viejo infeliz que será recordado a partir de hoy como un abusador de menores.”. La fachada del profesor se enfrenta ahora al peso de un testimonio que lo acusa de convertir la confianza en una trampa contra la inocencia.

    El estallido en la camillaEn 2018, en una clínica en Caracas, el trauma saltó el cerrojo. Giovelisse Herrera acompañaba a Orta a un examen médico. Ante el pánico del profesor por el procedimiento, ella le tomó la mano. Ese contacto físico fue el detonante. El roce del hombre que, según denuncia, le robó la niñez, provocó una reacción visceral.

    “Tuve que salir corriendo al baño de la clínica a vomitar; el cuerpo no miente, el cuerpo tiene memoria”confiesa Herrera. Fue el momento en que entendió que el tiempo del secreto había terminado.

    El juicio de la palabraLa denuncia de Giovelisse Herrera busca exponer el daño causado hace 30 años. “Hoy estoy aquí, públicamente plantándote cara, porque estoy segura de que no mereces terminar de envejecer tranquilo en tu casa”sentencia.

    Consultado sobre estos señalamientos, el profesor Rómulo Orta Cabrera prefirió no emitir declaraciones. Herrera, por su parte, lo invitó a desmentir su denuncia.