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Monday, June 22, 2026
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    El Último barril de petróleo en ARCOmadrid 2026

    EL ÚLTIMO BARRIL DE PETRÓLEO, ALESSANDRO BALTEO-YAZBECK, BEATRIZ YABUR ADDIEGO, CORTESÍA CARMEN ARAUJO ARTE”La obra introduce una operación conceptual decisiva: no se limita a representar un commodity, sino que incorpora la lógica especulativa de los mercados financieros dentro del propio campo del arte. El valor del objeto fluctúa siguiendo el precio del índice bursátil de petróleo a futuro en la bolsa de Nueva York: NYMEX, de modo que la pieza no solo alude a un recurso estratégico del sistema energético global, sino que se comporta o se apropia de él, asumiéndose como un producto financiero derivativo”

    Por ELISEO SIERRA

    ARCOmadrid, celebrada anualmente en los pabellones de IFEMA, reúne 206 galerías y aproximadamente 1.300 artistas provenientes de distintos contextos geográficos y generacionales. En ese entorno, el visitante se enfrenta a un paisaje visual de gran intensidad: pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y dispositivos conceptuales de diversas escalas. Todo esto se sucede sin pausa, colmando un campo de estímulos que compiten simultáneamente por la atención. Como ocurre en las grandes ferias internacionales, la experiencia del recorrido se caracteriza por una densidad perceptiva distintiva, en la que las obras se superponen en una constelación heterogénea de lenguajes y estrategias visuales muy particulares.

    Este año la feria conmemora su 45ª edición, y tiene como eje la propuesta curatorial ARCO2045: El futuro, por ahoracomisariada por Magalí Arrioladirectora del Museo Tamayo en Ciudad de México hasta el año pasado, y José Luis Blondetcurador en jefe del Museo de Arte Contemporáneo en Los Ángeles. Este dúo nos invita a reflexionar sobre futuros posibles y nuevas gramáticas del arte contemporáneo. Dentro de este contexto destaca una pieza de dimensiones mínimas: un pequeño barril de petróleo que, pese a su escala reducida, atrae la mirada con una fuerza inesperada. Formalmente evoca la economía visual del minimalismo, aunque su dimensión referencial remite con claridad a un objeto del mundo real. Concebida por el artista venezolano Alessandro Balteo-Yazbeck (1972), en representación de la Galería Carmen Araujo Artela obra Último barril de petróleo introduce una pausa dentro del bullicio visual de la feria. Su austeridad formal (posiblemente potenciada por la museografía) obliga al espectador a detenerse y observar con mayor atención.

    Entre la contemplación y el diálogo con el artista, la pieza se activa performativamente, y la presencia del autor resulta fundamental en la construcción de su sentido. El barril funciona como una coartada perceptiva que atrapa inicialmente la mirada, para conducir al espectador hacia la trama conceptual que sostiene la obra. Durante el recorrido por la feria fue posible observar con claridad este mecanismo. Una pareja se detuvo frente a la pieza, atraída por su escala inusual en medio de la saturación visual del recinto y el desproporcionado espacio vacío destinado por los curadores a tan inusual propuesta. Tras un breve intercambio con el artista —en el que se explicaba la vinculación del objeto con la fluctuación del precio del petróleo en los mercados financieros internacionales— se produjo un momento de comprensión repentina: ambos parecieron advertir de golpe la amplitud del dispositivo conceptual contenido en aquel objeto diminuto. Esa revelación introdujo una breve pero intensa emoción intelectual, una suerte de euforia cognitiva: la intuición de que el barril condensaba una roja mucho más vasta de fuerzas económicas, históricas y políticas. Luego continuaron su recorrido por los pabellones y, tiempo después, regresaron con la intención de adquirir la pieza.

    La obra introduce una operación conceptual decisiva: no se limita a representar una productosino que incorpora la lógica especulativa de los mercados financieros dentro del propio campo del arte. El valor del objeto fluctúa siguiendo el precio del índice bursátil de petróleo a futuro en la bolsa de Nueva York: NYMEX, de modo que la pieza no solo alude a un recurso estratégico del sistema energético global, sino que se comporta o se apropia de él, asumiéndose como un producto financiero derivativo. El barril se convierte así en una suerte de indicador simbólico del mercado petrolero o en una estafa, trasladando al campo artístico las dinámicas especulativas que regulan la economía contemporánea. En ese desplazamiento, el valor de la obra deja de sustentarse en los mecanismos habituales del mercado del arte —la reputación del artista o el interés que la pieza suscita— para quedar indexado a la fluctuación del precio del petróleo.

    La miniatura actúa primero como foco perceptivo, pero es la comprensión del dispositivo conceptual lo que acaba activando plenamente la obra y, paradójicamente, ello termina siendo un gesto de comunión (o complicidad) sellado por una transacción especulativa más, pero no en el mercado financiero energético, sino en el mercado del arte. La irónica escalada del barril no constituye un simple recurso formal: el objeto concentra la atención en el detalle y suspende momentáneamente la lógica expansiva del espacio expositivo, permitiendo experimentar el contexto desde una perspectiva reflexiva, asociada al entendimiento de fenómenos como el mercado financiero global que, normalmente, escapan a nuestro nivel perceptivo.

    Las dimensiones de este pequeño barril son: 3,5 cm de altura por 2,5 cm de diámetro. La ficha técnica (que se encuentra inscrita en su interior, así como en la ficha museográfica provista por la curaduría) especifica que su fecha queda lógica e irónicamente pospuesta tal y como su título lo sugiere y también que está constituida por madera, tinta china, papel, mercados financieros y performance. La indeterminación se extiende incluso al tiraje de la pieza, que permanece abierto. La decisión de mantener en suspenso la edición y evitar una inscripción cronológica forma parte de la estrategia conceptual del proyecto, pues impide fijar temporalmente aquello que, por definición, pertenece a un horizonte incierto: el momento en que se extraiga o se venda el último barril de petróleo.

    La propuesta se inscribe dentro de una vertiente del arte venezolano interesada en la exploración de estructuras y sistemas de relaciones. A diferencia de las corrientes cinéticas y abstractas que investigan la percepción mediante lenguajes formales, el trabajo de Balteo-Yazbeck se aproxima más a las búsquedas desarrolladas por artistas como Gego, Antonieta Sosa, Rolando Peña, Claudio Perna y Eugenio Espinoza, cuyas prácticas exploran configuraciones relacionales, espaciales y conceptuales alejadas de la espectacularidad tecnológica del cinetismo. En un horizonte latinoamericano más amplio, estas investigaciones dialogan también con las estrategias críticas desarrolladas por el artista brasileño Cildo Meireles, particularmente por su interés en los sistemas económicos, los circuitos de circulación y las estructuras invisibles que organizan la vida social. En esta genealogía, la obra no se define únicamente por su forma visible, sino por el dispositivo conceptual que articula relaciones entre objeto, contexto y espectador.

    En este marco, la pieza condensada, desde una forma mínima, el entramado de poder, energía y temporalidad que atraviesa el mundo contemporáneo. Este escenario invita finalmente a reflexionar sobre la relación entre arte y política. Lejos de transformar directamente la realidad, algunas prácticas del arte contemporáneo buscan alterar la manera en que percibimos las fuerzas que la organizan. En ese sentido, el arte no revela una verdad oculta en sentido metafísico, sino que vuelve perceptibles los mecanismos que estructuran nuestra experiencia del mundo. En la obra de Balteo-Yazbeck, ese gesto adopta una forma particularmente elocuente: un microbarril de petróleo condensa una historia mucho más amplia de energía, poder y economía global. Al trasladar la lógica del mercado petrolero al espacio del arte, la pieza convierte ese objeto mínimo en un indicador simbólico de las tensiones que atraviesan nuestro tiempo. Más que ofrecer una denuncia explícita, la obra introduce un nivel pero decisiva altera en la percepción del espectador: una vez comprendido su dispositivo, resulta difícil volver a mirar ese microbarril sin anunciar en él la compleja maquinaria histórica que lo sostiene.

    En este punto, la obra introduce también una distancia histórica respecto a una tradición central del arte venezolano. Las corrientes cinéticas y abstractas desarrollaron investigaciones fundamentales sobre percepción, color y movimiento, integrándose en arquitectura y espacios públicos, y acompañando el imaginario de progreso de una Venezuela apuntalada por la renta petrolera. El microbarril de Alessandro Balteo-Yazbeck introduce una inflexión distinta: en lugar de trazar la imagen luminosa del futuro, desplaza la mirada hacia el barril de petróleo como fuente generadora, cuando ese horizonte modernizador ya se ha desvanecido, dejando a la vista los engranajes rotos —y aún por reconstruir— de una economía petrolera que mantuvo un modelo de desarrollo finalmente insostenible. Habrá que proyectar también una arquitectura simbólica capaz de albergar la emergencia de un proyecto compartido, pues ninguna transformación profunda ocurre sin la construcción de un nuevo imaginario colectivo.