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Wednesday, June 24, 2026
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    Bolivia atraviesa su mayor cambio agrario en décadas y la lucha por lo que realmente hace ha comenzado

    Puntos clave — El presidente Rodrigo Paz firmó la Ley 157 el 8 de abril en una feria de genética ganadera en Santa Cruz, que permite a los pequeños propietarios reclasificar voluntariamente sus tierras como propiedad mediana a través del INRA en 10 días, sin costo alguno. La conversión es voluntaria, gratuita y no aplica a territorios comunales indígenas.

    — La compensación es explícita: las pequeñas propiedades en Bolivia están protegidas constitucionalmente: no pueden venderse, dividirse, embargarse ni gravarse. Las propiedades medianas pueden ser hipotecadas, vendidas y embargadas por deudas. La reclasificación desbloquea el crédito bancario al 6-7,5% en lugar del 15-25% que cobran los prestamistas informales, pero elimina permanentemente la red de seguridad legal.

    — Las federaciones campesinas de Pando, Beni y Cochabamba marchan contra la ley, exigiendo su anulación. La Defensoría del Pueblo pidió a Paz que lo devuelva al Congreso para consulta. Dos bloques del Congreso han presentado recursos de inconstitucionalidad.

    La ley ofrece a los agricultores un beneficio real: crédito barato en lugar de préstamos informales usureros. La pregunta es si los agricultores que aceptan el acuerdo entienden que la protección a la que renuncian es lo único que se interpone entre ellos y perder la tierra por completo.

    La reforma agraria de Bolivia bajo la Ley 157 es el cambio más significativo en el marco legal agrario del país desde la Ley INRA de 1996, y fue firmada en una feria de genética ganadera frente a los actores más poderosos del sector agroindustrial. El Rio Times, el medio de noticias financieras latinoamericano, informa que el presidente Rodrigo Paz, cinco meses después de su presidencia en un país en el que el FMI proyecta una contracción del 3,3% este año, está apostando a que desbloquear el crédito rural impulsará la producción agrícola en una economía que se está quedando sin opciones.

    La mecánica de la reforma agraria en Bolivia La Constitución de Bolivia reconoce seis tipos de propiedad agraria, y la distinción entre “pequeña” y “mediana” no es sólo una etiqueta: define un régimen legal completamente diferente. Las pequeñas propiedades (menos de 500 hectáreas trabajadas por la familia) están protegidas constitucionalmente: no pueden venderse, dividirse, hipotecarse, embargarse para endeudarse ni gravarse. Esto los hace seguros pero económicamente inertes: ningún banco prestará contra un activo que no pueda ser embargado como garantía.

    Bolivia atraviesa su mayor cambio agrario en décadas y la lucha por lo que realmente hace ha comenzado. (Foto reproducción de Internet) Las propiedades medianas operan bajo las reglas del mercado: pueden ser hipotecadas, vendidas y están sujetas a la verificación de la Función Económico-Social cada 10 años, que verifica si el suelo está siendo utilizado productivamente. La Ley 157 permite al titular de una pequeña propiedad titulada solicitar la conversión a mediana propiedad a través del INRA, con una declaración jurada como único requisito y un plazo de procesamiento de 10 días. La conversión es libre, voluntaria y –críticamente– permanente e irreversible.

    La brecha crediticia que creó la demanda Los partidarios de la ley presentan un argumento económico sencillo. Los pequeños agricultores que necesitan capital (para semillas, equipos, riego o para sobrevivir a una mala cosecha) actualmente sólo tienen una opción: prestamistas informales y empresas de insumos agrícolas que cobran entre 15% y 25% de interés. El sistema bancario formal ofrece crédito agrícola al 6-7,5%, pero requiere garantía, y una propiedad constitucionalmente inembargable no puede servir como garantía.

    El senador Branko Marinkovic, principal promotor de la ley y figura importante del agronegocio de Santa Cruz, la formuló como una cuestión de derechos: un agricultor debería tener el mismo derecho a hipotecar propiedades y acceder a créditos que cualquier propietario urbano. El ministro de Desarrollo, Oscar Justiniano, lo llamó “poner fin a la discriminación que condenaba a los pequeños productores a buscar financiación más cara”. La Cámara Agropecuaria del Oriente y la asociación de productores de oleaginosas ANAPO respaldaron públicamente la ley.

    El riesgo que creó la oposición La oposición no es irracional: una vez que un agricultor se convierte en propiedad mediana e hipoteca la tierra, una sola mala temporada, una sequía o una deuda impagable pueden resultar en una ejecución hipotecaria, algo que antes era legalmente imposible. La Defensoría del Pueblo solicitó a Paz devolver el proyecto de ley al Congreso para su adecuada consulta con los sectores campesinos, señalando la “ausencia de un proceso de socialización amplio, transparente y participativo”. Lo firmó de todos modos.

    Las federaciones campesinas de Pando, Beni y Cochabamba declararon emergencias y comenzaron a marchar, mientras que 56 organizaciones de la sociedad civil presentaron peticiones contra la ley antes de que fuera firmada. Dos bloques del Congreso –los Demócratas Cristianos y Alianza Popular– han presentado recursos de inconstitucionalidad. El temor central no es el texto de la ley sino sus efectos de segundo orden: que los intereses de los agronegocios eventualmente adquieran propiedades medianas embargadas de agricultores que no pagaron préstamos que no podrían haber tomado antes.

    El panorama más amplio Bolivia se está contrayendo un 3,3% este año según el FMI, sin que se haya publicado ningún pronóstico para 2027 debido a una “incertidumbre significativa”, y la segunda vuelta de las elecciones para gobernador del domingo pondrá a prueba si la reacción rural tiene peso electoral. Paz firmó la Ley 157 junto con una ley separada contra el robo de ganado, ambas en una feria ganadera organizada por la élite agroindustrial de Santa Cruz; la óptica por sí sola cuenta una historia sobre qué visión económica está persiguiendo el nuevo gobierno de Bolivia. Si esa visión produce la modernización agrícola que Bolivia necesita desesperadamente, o la concentración de tierras que temen sus críticos, dependerá de detalles regulatorios que el proceso de 10 días, de sólo declaración jurada, actualmente no proporciona.

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