UMBERTO ECO (1933-2016), VASCO SZINETAR“Umberto Eco pidió a sus anfitriones conocer a esa especie de anacoreta que era Juan Félix Sánchez. Había quedado fascinado con sus construcciones de piedra, madera y barro, elaboradas con técnicas tradicionales-artesanales, en una obra no institucionalizada integradora de lo popular con lo religioso. El encuentro duro entre diez y quince minutos dominados, sobre todo, por el silencio. Sánchez le preguntó si era italiano y le envió saludos al Papa. En su lecho de enfermo, el artista ya muy envejecido quedó adormilado; Eco salió sin hacer ruido de la habitación para no despertarle”
Por MARÍA DEL MAR RAMÍREZ ALVARADO (1)
Milán, Piazza Castello 13, 19 de febrero de 2016. Hace justo ahora diez años decenas de flores amanecieron en la puerta del elegante edificio que albergaba, en su segunda planta, el “Studio UE”. Atesoraba aquel inmueble milanés una inmensa biblioteca laberíntica, con estantes en niveles, ala que su dueño había bautizado como “Bibliotheca semiologica curiosa, lunática, mágica y neumática”. Coleccionaba ejemplares raros, desde códices medievales hasta valiosas obras incunables e impresas en los siglos XVI al XIX, incluyendo un ejemplar autografiado por James Joyce de la primera edición de su Ulises. Tenía 84 años ya muchos les tomó por sorpresa porque no se había hecho público el cáncer de páncreas que padecía. “È morto lo scrittore Umberto Eco. Ha modernizzato la cultura italiana”, tituló el Corriere della Sera.
Hace 22 años…
Caracas, Complejo Cultural Teresa Carreño, 28 de junio de 1994. Todas las localidades de la Sala Ríos Reyna se llenaron a rebosar, unas 2.500. Los asistentes hicieron una larga cola para entrar al recinto. La conferencia iba a celebrarse originalmente en el Ateneo de Caracas pero la demanda de asistencia superó todas las expectativas por lo que hubo que buscar un espacio con mayor aforo. La Fundación para las Artes y la Cultura – Fundarte, a través de su Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, contaba con un célebre invitado. La iniciativa había sido de su entonces director, Tulio Hernández, que había logrado traer a este lado del Atlántico a uno de los más afamados intelectuales del momento. Venía a impartir una conferencia en el marco de un ciclo en el que participarían, además, otros grandes pensadores. El acto contó con traducción simultánea y con programa impreso de mano. La entrada era libre y gratuita… cultura accesible y de alto nivel en la Venezuela de aquellos tiempos. El invitado era Umberto Eco y habló de “Personajes imaginarios y ciudades reales” a través de notables intersecciones entre ficción, realidad y sus significados. Durante su visita a Caracas, Eco conoció la Universidad Central de Venezuela y admiró el mural cóncavo de Fernand Léger ubicado en la plaza cubierta del Rectorado. También reparó en las nubes flotantes de Calder del Aula Magna y alabó, expresamente, el marco conjunto de la Ciudad Universitaria diseñado por Carlos Raúl Villanueva. Fue agasajado por unos y por otros, visitó la maravillosa Librería Ludens y, en busca de lo común y corriente, comió en una tasca en La Candelaria encontrando ser un turista italiano cualquiera.
Maracaibo, Centro de Bellas Artes, 29 de junio de 1994. En su más temprana juventud, Umberto Eco había leído todas las novelas de aventuras del escritor italiano Emilio Salgari. En el Corsario Negro aparecía referenciada Maracaibo, lugar al que el señor de Ventimiglia, Emilio di Roccanegra, viaja ya como pirata para vengar la muerte de su hermano a manos del gobernador de la ciudad. Los filibusteros de La Tortuga habían quedado grabados a fuego en su memoria literaria, así que tenía interés en conocer aquellos espacios tropicales de ficción. Sombrero de ala, Eco paseó aun sin su bastón por la ciudad recordando aquellos corsarios de tierras calientes. De hecho, al parecer la visión del Lago de Maracaibo le aportó inspiración para finalizar su novela La isla del día de antes. que aparecería a finales de ese mismo año. De nuevo tuvo un enorme éxito de público con la conferencia que dictó bajo el título “Los límites de la interpretación”.
San Rafael de Mucuchíes, 30 de junio de 1994. El siglo XX dio la entrada con el nacimiento en 1900 de Juan Félix Sánchez, uno de los artistas más originales y polifacéticos de las artes plásticas en Latinoamérica. Nació en el corazón del Páramo y desde allí construyó un universo propio con expresión en la arquitectura, el muralismo y otras manifestaciones pictóricas, escultura y la talla, tejidos y tapices y piezas de carácter utilitario. Umberto Eco pidió a sus anfitriones conocer a esa especie de anacoreta que era Juan Félix Sánchez. Había quedado fascinado con sus construcciones de piedra, madera y barro, elaboradas con técnicas tradicionales-artesanales, en una obra no institucionalizada integradora de lo popular con lo religioso. El encuentro duro entre diez y quince minutos dominados, sobre todo, por el silencio. Sánchez le preguntó si era italiano y le envió saludos al Papa. En su lecho de enfermo, el artista ya muy envejecido quedó adormilado; Eco salió sin hacer ruido de la habitación para no despertarle. Cuenta Tulio Hernández, su principal anfitrión en aquel periplo, que al momento de la despedida en el Aeropuerto de Maiquetía le preguntó a Umberto Eco qué era lo que más le había impresionado de este viaje a Venezuela. Él le contestó sin titubear que había sido la visita a Juan Félix Sánchez en el páramo merideño, a quien definió como un genio.
Mérida, Universidad de Los Andes, 1 de julio de 1994. El programa de la visita incluyó tres actos: una recepción en el Rectorado, un encuentro con académicos en la Facultad de Humanidades y Educación en el Campus de Liria y un acto central en el Aula Magna. En esta ocasión la conferencia se titulaba “La búsqueda de la lengua perfecta en la cultura europea”. En la misma Eco hizo un recorrido por una de sus reflexiones recurrentes sobre la cultura occidental: la aspiración a una lengua perfecta, originaria y adánica, pérdida tras la confusión de la Torre de Babel.
Salto en el tiempo… La primera vez que escuché hablar de Umberto Eco era yo muy joven y fue a mi querida Gioconda Espina, profesora de la Universidad Central de Venezuela. Creo, si no me equivoco, que transcurría el año 1986. Gioconda recomendó efusivamente en clase la novela El nombre de la Rosa (1980), obra que daría a Eco fama internacional con su traducción a más de cuarenta idiomas y millones de copias vendidas. Compré de inmediato el libro en los pasillos de Ingeniería y lo leí con voracidad, quedando atrapado en aquel fascinante. suspenso detectivesco de la Edad Media protagonizado por Guillermo de Baskerville, fraile franciscano y por el joven novicio Adso de Mel. Umberto era un experto medievalista. Aquella serie de asesinatos en una abadía italiana, con secretos escondidos en una biblioteca prohibida, me pareció una obra excepcional.
Después de Umberto Eco y su brillante producción teórica formaron parte de mi vida académica, no siendo yo una excepción porque su obra ha sido siempre referencia obligada para quienes investigan en el ámbito de la Comunicación. ¡Cuánto debemos en mi opinión a sus! Apocalípticos e Integrados (1964) sí La estructura ausente (1968)! Cuando hice mi tesis doctoral sentí un profundo agradecimiento en especial por su Tratado de Semiótica General (1975). Allí Eco resolvía con enormes problemas de clarividencia que me atormentaban entonces estudiando imágenes situadas en esa frontera entre la Edad Media y la Modernidad: el juicio de semejanza entre la imagen y su referente se pronuncia en función de criterios de pertinencia establecidos social y culturalmente. Los seres humanos vemos e interpretamos de acuerdo a modelos estereotipados preexistentes y transmitidos. Mi investigación no utilizaba como metodología la Semiótica pero el Profesor me dejó sus claves. Ver es haber visto…
Sevilla, Universidad de Sevilla, 18 de febrero de 2010. La Universidad de Sevilla dispone de un Reglamento específico sobre concesión de Doctorados Honoris Causa que estipula que quienes lo reciban sean “personalidades excepcionalmente cualificadas en los ámbitos académico, científico, artístico, cultural, social o político”. La iniciativa de proponer a Umberto Eco fue promovida en aquella ocasión desde la Facultad de Comunicación, en la que imparto docencia desde hace más de veinte años. El espacio más solemne de la universidad hispalense, su Paraninfo, acogió aquel día el acto de investidura. Ese día soleado Eco, ataviado con toga y birrete, recibió todos los elementos característicos de este acto cargado de simbolismo. Así, el rector le hizo entrega del libro de la Ciencia, de la medalla doctoral, del birrete laureado (en este caso gris, color de los estudios en Comunicación), del anillo académico y de los guantes blancos. La laudatio introductoria estuvo a cargo del catedrático Manuel Ángel Vázquez Medel, que le definió como el “último gran humanista europeo” destacando su capacidad integradora de la erudición medieval y la cultura contemporánea y su enorme aportación como teórico de la comunicación y como novelista. Umberto Eco habló con profunda sabiduría de libros, cultura y memoria, pasando por Internet, por la crisis del periodismo y por la necesidad de pensamiento crítico para ser libres. Esta máxima distinción universitaria vino a sumarse a los otros más de treinta Doctorados Honoris Causa de distintas universidades que el insigne Eco recibió a lo largo de su vida.
Sevilla, dieciséis años más tarde, 2026. Ha pasado una década desde el fallecimiento de Umberto Eco. Había nacido en la ciudad piamontesa de Alessandria en 1932, hijo de Giulio y de Giovanna. Aquel 19 de febrero sus admiradores colmaron la entrada de su edificio de flores en recuerdo de ese hombre que lo sabía todo… de ese intelectual total al que le agradeceremos siempre su trabajo y obra.
1 Catedrática de la Universidad de Sevilla. Consejera del Consejo Audiovisual de Andalucía. X @marramirez – IG @marramirez0