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Tuesday, June 23, 2026
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    ¿Es moralmente justo?

    Foto: ArchivoLa Casa Blanca, no pregunta sobre ecuanimidad, solo le importa lo que es factible. El analista debe comenzar con un rito humilde. El juicio moral, ese viejo hábito de preguntar ¿qué debe o debería pasar?, es un lujo para pensadores en salones académicos de sabios y eruditos; porque en la gestión de crisis, no cuenta ni vale nada. En tiempos de incertidumbre, la justicia es un susurro seductor; la probabilidad, en cambio, es la única realidad que paga dividendos.

    En Venezuela no se validan deseos, se gestionan posibilidades. No se entonan cánticos o aleluyas, se interpretan caracteres. Y si una noticia no mueve un barril de petróleo ni resquebraja la cadena de mando, no es información, es ruido, y se desecha.

    Aquí la herejía. No consideramos a los políticos como héroes o villanos de opereta; Tratémoslos como lo que son en el entorno del poder, activos financieros. En este portafolio, al gestor no le interesa la pureza ideológica; busca, como regente responsable de fondos, optimizar la relación riesgo-retorno para impedir el colapso.

    María Corina Machado es una opción maravillosa, pero el costo de entrada es alto; no obstante, ofrece alternativas deslumbrantes en un futuro de excelencia. Sin embargo, las expectativas, cuando se ejercen sin red protectora, pueden liquidar la casa entera.

    Delcy Rodríguez es un bono de renta fija, fastidiosa, sin movimientos bruscos, predecible, de bajo interés y rendimiento modesto. Pero, en la tormenta, la inversión abraza lo aburrido.

    La FANB es el activo extremo, que cuando cruje, rechina todo. Y el gestor de la tutela lo mira como Winnie observaba su whisky, con respeto, desconfianza y la certeza de que, sin él, no hay noche que valga la pena.

    Washington ha identificado la transición administrada. Una frase que suena a burocracia, pero es pura y dura cirugía geopolítica. Se sacrifica la democracia para evitar la desgracia. Se elige la estabilidad como activo subyacente, y la libertad pasa a ser el carruaje, al que se le pincha una rueda, para evitar que el motor explote. Estados Unidos no es el sheriff, sino el director del portafolio. No busca una democracia perfecta; sino controlar las pérdidas.

    El británico, premio Nobel de Literatura, sabía de sacrificios estratégicos. Si tienes que elegir entre una asamblea constituyente ideal y un país que no se desangra, elige el país. La asamblea puede esperar. La sangre no.

    Una victoria aplastante califica como un evento de cola. Sueña feo, horrible. Pero en lenguaje de mercados, es aquel que, aunque glorioso, tiene viabilidad baja y poder de destrucción altísimo.

    Los mercados predictivos, a diferencia de los columnistas, no se embriagan de retórica. En la transición pactada, la casa no apuesta a la revolución; juega al arreglo, aunque no se soporten. La coexistencia tensa, es el statu quo con analgésico. La ruptura abrupta, es la victoria total sin red de contención. Hermosa en las calles, plazas y ciudades, pero aterradora en los despachos.

    ¿Qué mueve? No el reciclaje funcionarárial ni las arengas. Si, las fracturas en la cadena de mando, movilizaciones que paralizan, y licencias que se amplían. Primero se negocian las desavenencias; luego se redacta el contrato y al final, elecciones para firmar.

    Estados Unidos mide conflictos y su prioridad no es el sufragio, su pesadilla, la caída estrepitosa que convierte un país en un agujero negro. Por ello, actúan como gestores de cobertura, no misioneros ni monjas de caridad.

    La elección es el epílogo, no el clímax. Se pacta la distribución del poder en las sombras del mercado de inseguridades; para luego, poner sello a la legitimidad. Como dijo alguna vez Winston Churchill: Nunca dejes que una buena ceremonia arruine un acuerdo ya hecho.

    La democracia no es el fin, es un instrumento que se introduce cuando el precio del autoritarismo, el peligro de ruina y hundimiento, supera el costo de apertura. Suena impúdico, pero el impudor, en la política de riesgos, solo es realismo.

    Cuando vean titanes enfrentarse, y escuchen defender la democracia como valor absoluto, recuerden, al fantasma británico que dictaba entre la nube del habano y la copa de coñac: “En la gestión de crisis, no se pregunta qué es justo, sino qué es probable. La justicia es un lujo de tiempos estables. La probabilidad es el pan nuestro de cada día. Y si parece frío, esperen a ver el termómetro cuando el sistema se desplome”.

    En ese tablero, la democracia no es el objetivo. Es solo un activo más, y con suerte, bien valorado, pero nunca, jamás, el único.

    @ArmandoMartini