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Wednesday, June 17, 2026
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    La batalla por el liderazgo del exilio cubano se intensifica a medida que aumentan las esperanzas de transición

    Puntos clave La captura de Nicolás Maduro y las repetidas predicciones de Trump de que el régimen de Cuba “caerá pronto” han revitalizado a la comunidad de exiliados de Miami, reavivando debates de décadas sobre quién lideraría una Cuba post-Castro.

    La Asamblea de la Resistencia Cubana y la coalición Pasos de Cambio de Rosa Mara Pay firmaron un Acuerdo de Liberación que propone un consejo provisional de 51 miembros para gobernar Cuba durante dos años, con la mayoría de los miembros provenientes del interior de la isla.

    Mientras tanto, el Secretario de Estado, Marco Rubio, ha estado negociando directamente con el régimen de Castro, incluyendo nombres vinculados a la familia Castro, generando un fuerte rechazo por parte de los exiliados que rechazaron cualquier diálogo en un mitin en Hialeah.

    Una inusual ola de expectación ha barrido Miami en las últimas semanas. Con el principal aliado de La Habana destituido del poder en Caracas y Donald Trump insistiendo en que los días del régimen cubano están contados, la comunidad de exiliados se enfrenta a una pregunta que la ha perseguido durante décadas: ¿quién lideraría una Cuba libre?

    El debate sobre el liderazgo del exilio cubano se ha intensificado desde principios de año. Figuras de la oposición, empresarios y personas influyentes posicionados con distintos grados de claridad como posibles arquitectos de una transición están siendo observados de cerca desde ambos lados del Estrecho de Florida. Sobre todos ellos se cierne la cuestión de hasta qué punto dependerá de Washington el futuro liderazgo cubano, en una isla que sufre la peor crisis de su historia reciente y sin elecciones libres desde hace 70 años.

    La batalla por el liderazgo del exilio cubano se intensifica a medida que aumentan las esperanzas de transición Un plan de transición diseñado en el exilio Orlando Gutiérrez-Boronat, de 61 años, lidera la Asamblea de la Resistencia Cubana, una coalición de más de 50 grupos de oposición con sede en Miami que afirma tener contacto con la administración Trump. Está convencido de que Cuba está “cerca de un cambio real”. El mes pasado, la Asamblea unió fuerzas con Pasos de Cambio, una coalición lanzada en 2019 por Rosa María Pay, hija del fallecido disidente Oswaldo Pay, para firmar un Acuerdo de Liberación. El documento prevé un consejo provisional de 51 miembros que actuará como parlamento, además de un poder ejecutivo con un presidente y dos vicepresidentes, que gobernará durante dos años sin reelección.

    La mayoría de los miembros del consejo provendrían del interior de Cuba, dice Gutiérrez-Boronat, incluso los miembros actuales del gobierno comunista, siempre que no tengan las manos manchadas de sangre y hayan contribuido a la liberación. Pay, que fue elegido miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos el año pasado tras una nominación del gobierno estadounidense, plantea el asunto en términos de agencia cubana: “El pueblo cubano es uno, y actuamos como tal. Aquellos de nosotros que vivimos en el exilio tenemos la oportunidad y la responsabilidad de participar en la transición a la democracia”.

    El multimillonario, el influencer y el factor Washington La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), fundada en 1981 por el fallecido Jorge Mas Canosa, la figura exiliada más influyente en la política estadounidense hasta su muerte en 1997, sigue siendo una fuerza poderosa. Su hijo, el multimillonario Jorge Mas Santos, de 63 años, ahora dirige la fundación y recientemente declaró que la riqueza de su familia estaba “al servicio de una Cuba libre” después de visitar la Casa Blanca con el Inter Miami FC. Según se informa, Trump le dijo que los cubanos podrían regresar “muy pronto”.

    Mientras tanto, Alexander Otaola, de 46 años, un influencer digital cuyo programa “¡Hola! Ota-Ola!” combina chismes de celebridades con críticas al régimen y atrae grandes audiencias tanto en Florida como en Cuba, se ha convertido en una de las voces de oposición más visibles. Se postuló para alcalde de Miami-Dade en 2023, finalizando tercero, y recientemente organizó el mitin de Hialeah. Otaola dice que no aspira a un cargo en una Cuba futura, pero advierte sobre un problema más profundo: los cubanos comunes y corrientes están completamente desconectados de la política. “La gente no tiene conexión con nadie, dentro o fuera, sólo con el dólar y las remesas de familiares en el exterior”, afirma.

    Al margen, el propio Trump ha sugerido que le gustaría “poner” a cargo de Cuba al Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos nacido en Miami. Sin embargo, Rubio ha estado negociando con el régimen de Castro, incluidas figuras vinculadas a la familia Castro como el nieto de Raúl Castro, Guillermo Rodríguez Castro. Estos contactos han provocado un fuerte malestar en la comunidad del exilio.

    La autoridad del sacrificio No todas las figuras de la oposición están de acuerdo sobre qué confiere legitimidad. José Daniel Ferrer, de 55 años, fundador de la Unión Patrítica de Cuba (UNPACU), fue uno de los 75 disidentes encarcelados durante la Primavera Negra de 2003. Detenido repetidamente y liberado el año pasado bajo condición de exilio, Ferrer sostiene que el liderazgo debe ganarse a través de la resistencia interna, no de acuerdos firmados en el extranjero. “El pueblo recordará a quienes lucharon por su libertad, desde las cárceles, desde las calles, desde el exilio. Sabrán preguntar: ¿dónde estabas cuando me golpeaban, cuando me acostaba sin comer?”.

    Ferrer reconoce que el resultado puede depender en última instancia de si Washington fuerza un cambio de régimen, como lo hizo en Venezuela. Su ex colega de la UNPACU, Carlos Amel Oliva, de 38 años, que huyó de Cuba en 2020 tras amenazas contra su familia, cree que la brecha entre la isla y Miami se ha reducido gracias a las redes sociales. “La gente ya no recibe sus noticias del Noticiero Nacional, abren Facebook y ven a su primo que estuvo allí ayer y está aquí hoy. Por eso ya no vemos a los cubanos protestando por el hambre o la electricidad. Exigen libertad, exigen cambio”.

    El riesgo de vender una fantasía Los analistas piden cautela. Ted Henken, profesor de sociología y experto en Cuba en la City University de Nueva York, advierte que la postura agresiva de Washington y la crisis de la isla han producido expectativas infladas, alimentando lo que él llama “la industria de ser un líder del exilio cubano”. La dinámica, dice, se asemeja a una campaña electoral permanente en la que se hacen promesas sin rendir cuentas y cualquier fracaso se atribuye a la dictadura existente.

    Ricardo Herrero, del Grupo de Estudio de Cuba, que aboga por una transición a través del diálogo, lo expresa sin rodeos: “Si tiras una piedra en Miami encontrarás varias personas que quieren ser presidente” de Cuba. Insiste en que los próximos líderes deben provenir de dentro de la isla. “Podemos nombrar un gobernante, pero habrá una desconexión masiva con el cubano común y corriente”.

    Rubio, añade Henken, parece estar preparando a la comunidad cubanoamericana para la decepción, señalando que cualquier acuerdo alcanzado podría no ser el que ellos habrían elegido. “Es posible que el gobierno cubano vuelva a resistir, o incluso si se produce un cambio, muchas promesas no se cumplirán, al menos no de inmediato”. La aspiración del exiliado es real y profundamente sentida. Si esto se traducirá en poder político en la isla sigue siendo la cuestión abierta de esta generación.