VÍA CRUCIS. El Vía Crucis del fraile menor es una reflexión sobre el mundo contemporáneo. En sus meditaciones para la tradicional cita del Viernes Santo en el Coliseo, reflexiona sobre el poder ejercido por los hombres: al igual que en la época de Jesús, también hoy algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo, decidiendo, por ejemplo, iniciar una guerra.
Noticias del Vaticano
La Vía Dolorosa se despliega por las callesjuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén y nos hace recorrer el camino de Jesús desde su condena a muerte hasta el Gólgota, lugar de su crucifixión. Así era hace dos mil años y así lo es hoy: “un ambiente caótico, alborotado y bullicioso, entre personas que comparten la fe en Él, pero también entre otros que se burlan e insultan. Así es la vida de todos los días”. Y es un Vía Crucis en el mundo actual —donde se abusa demasiado del poder ya menudo se falta el respeto a la dignidad humana— el que se desprende de las meditaciones escritas por el padre Francesco Patton para la ceremonia vespertina del Viernes Santo en el Coliseo con León XIV, quien llevará la cruz a lo largo de las 14 estaciones desde el Anfiteatro Flavio hasta el cercano Monte Palatino.
El poder de los hombres y el poder de Jesús
El fraile menor, ex Custodio de Tierra Santa, combina los Evangelios de la Pasión con textos de San Francisco de Asís, en conmemoración del octavo centenario de su muerte que se celebra este año, y desarrolla sus reflexiones releyendo en la realidad actual lo que vivió Cristo, trayendo sus enseñanzas al presente y comparando el poder que ejercen los hombres con el poder del amor de Jesús. En primer lugar, en la primera estación, donde Jesús, en su diálogo con Pilato, desenmascara «toda presunción humana de poder». “También hoy algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo”, destaca el padre Patton, pero «toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido»: «el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia oa la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla”.
El autentico poder
El auténtico poder nos los muestra Jesús clavado en la cruz, en la XI estación: “No es el de quien considera que puede disponer de la vida de los demás al causar la muerte, sino el de quien realmente puede vencer la muerte dando la vida y puede dar la vida incluso aceptando la muerte”. “El verdadero poder no es el de quien usa la fuerza y la violencia para imponerse, sino el de quien es capaz de cargar sobre sí el mal de la humanidad”. Cristo es Rey y reina desde la cruz, evidencia Patton, pero “no te sirves del poder aparente de los ejércitos, sino de la aparente impotencia del amor, que se deja clavar”. Lo que vence “no es el amor por la fuerza, sino la fuerza del amor”.